
«A pesar de todo» Temporada II
Capítulo 3: Cerca del Enemigo
—¡Guau, que hermoso lugar!— dijo el pelinegro mientras saltaba de felicidad al ver su nueva casa.
—¿Te gusta?— preguntó el castaño.
—¡Me encanta! Esta casa es hermosa, y Bolivia es un lugar muy bonito— dijo Bill mientras se dirigía a Georg para darle muchos abrazos y dejar besitos por todo su rostro.
—Me alegra que te guste.
Últimamente ellos habían estado alojados en un hotel por mucho tiempo, Georg consiguió un buen trabajo y comenzó a ahorrar para comprarse un auto, y otra sorpresa más, la cual era la hermosa casa. Ahora eran como otros ciudadanos comunes y corrientes, nadie sabía que los estaban buscando en Alemania, ni el terrible acontecimiento en la fiesta.
La casa era grande y elegante, estaba un poco alejada entre la naturaleza cruceña. Había una laguna, ríos rocosos, árboles llenos de hojas verdes, flores silvestres, animalitos, era un lugar hermoso. Tranquilo y pacífico.
Georg siempre quiso lo mejor para Bill, y como sabía que a él le encantaba las cosas naturales y tranquilas, se puso a buscar el lugar perfecto para el pelinegro. Le tardó unos meses, pero lo logró, y ahora tenía lo que quería, la dulce sonrisa de Bill. Era lo que necesitaba. Todo lo que había hecho, fue simplemente para recibir al menos una sonrisa, solo quería ver su sonrisa. Porque, sabía que cada vez que Bill sonreía, demostraba una alegría única, una alegría la cual no se puede comparar. Una sonrisa que muestra agradecimiento. Esa sonrisa era especial.
Entraron a la casa y el castaño le dio un recorrido al pelinegro mostrándole cada habitación. Bill estaba en verdad muy feliz, era el lugar más lindo que había visto.
—Bebé.
—¿Sí?— preguntó el pelinegro mirando con una sonrisa a Georg.
—Cuando terminemos de desempacar y acomodar las cosas, ¿te gustaría ir la laguna conmigo?
Bill respondió de inmediato. —¡Me encantaría! Empecemos a acomodar todo ahora, no perdamos más tiempo— dijo buscando su maleta.
Desempacar les resultó muy divertido, jugaban con las cosas que se encontraban divirtiéndose juntos entre risas, caricias, abrazos, y dulces besos.
Al terminar, se pusieron sus trajes de baño y fueron de la mano a la laguna. Bill puso un pie ahí y tembló de pies a cabeza. El agua estaba un poco fría. Decidió ser valiente y corrió hasta que el agua llegó a su pecho. Comenzó a sentir frío y se abrazó a sí mismo haciéndose una bolita. En eso, sintió unos brazos que lo tomaban por detrás, era Georg.
—¿Frío?— preguntó.
—Sí— dijo el pelinegro con voz temblorosa, lo cual hizo al castaño reír.
—Tranquilo, mientras más te muevas, más rápido se irá el frío.
—Okey— dijo el pelinegro saltando sobre Georg mientras ambos caían sobre el agua. Bill aprovechó cuando estaban ahí debajo, para besarlo debajo del agua. En cuanto subieron a la superficie otra vez, el castaño le sonrió y llevó una de sus manos a los oscuros cabellos mojados del otro y se acercó a él para dejarle otro beso en esos suaves labios.
—Mmm, Georg— gimió el pelinegro entre el beso.
—Mmm, Bill— le siguió el castaño haciendo reír a Bill.
De repente, el pelinegro sintió algo raro que le recorría las piernas, se sentía extraño le empezaba a dar cosa, no sabía lo que era, miró hacia abajo, al mismo tiempo que la cosa que lo tocaba subió a su entrepierna haciendo saltar a Bill, quien corrió del susto hasta la playa de la laguna.
—¿Qué pasó?— preguntó Georg confundido.
—Hay una cosa ahí que me estaba tocando— dijo el pelinegro con voz asqueada mientras temblaba del asco.
El castaño comenzó a buscar alrededor de él la cosa que tocaba a su novio. Hasta encontrarlo, y lo agarró con sus manos hasta tenerlo inmóvil. –Así que fuiste tú el pervertido que tocaba a mi chico— le dijo enojado al pez.
—¿Qué es eso?— preguntó el pelinegro.
—Es un pacú.
—¿Un qué?— preguntó.
—Pacú, es un pez muy común aquí en Bolivia.
—¿Y se puede comer?— preguntó.
—Claro que sí, de hecho, ya tenemos cena— anunció.
—¡Genial!
Al llegar el mágico anochecer pintando el cielo de anaranjado, los dos se encontraban disfrutando de su rica cena en la terraza de la casa mirando ese romántico paisaje. Era algo tan bello.
—¿De cómo sabías sobre el “pacú”?— preguntó Bill.
—Bueno, un día cuando estaba en el mercado, fui a comprar carne, y me quede charlando con el carnicero, el cual se hizo un buen amigo mío. Le dije que era nuevo en esta ciudad, y que si podía contarme algo sobre la cultura y tradición se lo agradecería muchísimo. En eso comenzó a contarme un poco sobre los peces comestibles de aquí, y bueno, aprendí mucho— dijo el castaño.
—Ah, qué bien— dijo el pelinegro. —¿Podrías contarme a mí también lo que aprendiste?
—Claro, es muy interesante, te va a encantar. Este país es increíble.
&
Volviendo a Alemania. Los policías que Georg había visto cerca del bosque comenzaban a aburrirse, no sabían que hacer y empezaban a pensar que el lugar que les había tocado era el peor, no encontrarían nada ahí, difícilmente alguna pista estuviera cerca, al menos eso creían.
En una de esas, cuando uno de los policías apoyó su espalda contra uno de los árboles, un mapache tomó su gorra y huyó al bosque. Los dos hombres fueron detrás de él, quien los envió directo a la cabaña en la que estaban anteriormente Georg y Bill. Decidieron investigar un poco el lugar. Parecía una cabaña abandonada cualquiera. Pero al llegar a la puerta y darse cuenta que estaba abierto, entraron, dándose cuenta de que ese lugar no era un sitio cualquiera.
Investigaron el lugar con cuidado. Las habitaciones estaban vacías, pero había una que les atrajo la atención. La puerta estaba oculta detrás de un estante viejo y lleno de polvo, entraron. El cuarto era completamente blanco, pero había una cama ahí dentro, y solo unas cuatro cintas rojas entre las sábanas desordenadas.
—¿Qué crees que sea esto?— preguntó uno de los policías.
—No sé— respondió. –Pero hay que seguir investigando.
Hicieron lo que dijo, e investigaron más detenidamente el lugar. Entraron a otra habitación, la cual estaba completamente deshabitada. Había una enorme y rara pared a un lado de ellos, pero no le dieron importancia. Uno de los policías miró de reojo un armario frente a él. Y lo abrió, adentro, se encontró con algo que nunca creyó, cadáveres. Los dos hombres comenzaron a verlos impresionados y con temor. Tomaron una hoja con la copia de los alumnos muertos en la fiesta, y muchos de ellos estaban ahí. Lo habían encontrado.
Llamaron a los demás, quienes llegaron de inmediato al lugar. Tom y Gustav observaron bien cada detalle de la cabaña buscando más pistas, pero no encontraban nada, hasta que el rastudo comenzó a analizar esa enorme pared. Tenía extrañas grietas, pero se dio cuenta que esas gritas, no era lo que creía, en realidad, era una puerta.
—Chicos, vengan a ver esto— los llamó. Todos se le acercaron mientras abría esa misteriosa puerta. Al entrar, se encontraron con varias manchas de sangre en el suelo y en las paredes, había un enorme charco de sangre alrededor de varios huesos con algo de carne y tripas pegadas a las blancas paredes. Vieron unas gotas de sangre que llevaban a un rincón oscuro y no se veía nada. Algunos policías entraron para ver que había ahí, encontrándose con algo bastante inesperado. Se llevaron a esa cosa con ellos tratando de sacarlo, pero gritaba y no se dejaba, estaba aterrado. Al estar fuera y en la luz, pudieron verlo bien.
Tom estaba en shock. —¿Chantelle?— dijo con asombro y miedo al verla en ese estado.
—Hola Tomi— respondió con voz ronca. Después de tanto tiempo, la chica había perdido la razón. Estaba bastante delgada por la falta de comida, tenía ojeras, sus ojos estaban rojos, su cabello ya no era tan lindo como antes, estaba sucio y hecho un asco. Su boca estaba cubierta de sangre al igual que sus rojos dientes. No podía soportar la luz.
Había estado tanto tiempo entre la oscuridad, comiéndose a su mejor amiga por la falta de comida, bebiendo su sangre como si fuera agua, chupando sus huesos como si fueran caramelos. Tanto tiempo así la volvió loca. No pudo soportarlo más, de vez en cuando se terminaba golpeando la cabeza al intentar romper las paredes con su propio cuerpo, lastimándose a sí misma. Todos estos meses ahí, encerrada. Perdió el control.
Tom, a pesar del miedo y todo, supo que había encontrado lo que necesitaba, ella sabría dónde estaría Georg y qué le hizo a Bill. Estuvo a punto de decir algo, hasta que Gustav se interpuso.
—Tom, me acaban de informar, que Simone, la madre de Bill Kaulitz, está muerta.
& Continuará &
Qué?!