
«A pesar de todo» Temporada II
Capítulo 4: Descubriendo la Verdad
Podría jurar que su corazón se detuvo por un momento. Encontró a Chantelle, ella era su primer testigo. Seguramente tendría buena información sobre los planes de Georg, dónde estaba, y qué le estaba haciendo a Bill. Era un alivio, le salvó la vida encontrarla ahí, a pesar de su aspecto, ella sería buena ayuda. Pero en eso, llegan las malas noticias. Simone estaba muerta. ¿Qué iba a hacer ahora? ¿Cómo pasó? ¿Por qué? Estaban a un paso de encontrarlo y muere. Y si lograra salvar a Bill, ¿cómo se pondría al saber la noticia? Le rompería el corazón. Primero su padre al engañar a su madre y torturar al pobre, y luego ella. No. Todo esto se estaba poniendo muy descabellado. Era como si todo en el mundo estuviera yendo contra él, como si no quisiera que al encontrarlo sea feliz. ¿La vida debía ser así? ¿Era el destino de Bill tener una vida tan miserable? ¿Por qué todas las cosas malas le pasaban a él? ¿Habría una razón? Sí, tenía que haber una, pero no sabía cuál. Tal vez el pelinegro lo sabía, pero se lo había guardado todos estos años esperando a que lo peor pasara para revelarlo al mundo. Y si eso era de ayuda, debería hacerlo ahora, debería sacarlo todo. Pero tal vez esa no era la razón.
Tom pidió llevar a Chantelle a que la bañaran, la vistieran, le dieran de comer y que un médico la revisara para saber si todo estaba bien con ella para después hablar seriamente. Mientras que el rastudo y otros más iban al lugar de la muerte de Simone a investigar. Tal vez fue otra obra de Georg. Quizá él era el culpable.
Al llegar al lugar, no fue más que un terrible choque en la carretera. El conductor del otro vehículo estaba vivo y preocupado. No era Georg, simplemente fue el destino. La mujer estaba conduciendo hacia el lugar donde encontraron a Chantelle. Al enterarse se pudo tan emocionada de estar tan cerca de su hijo que quiso ir con ellos. Pero no logró llegar. El otro vehículo apareció de la nada y chocaron. Dejándola a ella muerta. ¿Por qué solo a ella? Se veía que en la ventana había manchas de sangre, y al abrir la puerta del auto comenzaban a salir chorros de sangre fresca haciendo un perfecto charco en el suelo. Fue justo como el padre del pelinegro había muerto, de la misma forma. ¿A qué se debía? Tom ignoró eso, y simplemente sintió pena. Ya no había marcha atrás, tenía que aceptarlo. Dejó salir unas cuantas lágrimas, la señorita le caía bien, pero lo que más le daba tristeza, era imaginar a su Bill llorando sin control al saber lo que pasó. Ahora era huérfano. Pero al encontrarlo, el rastudo se aseguraría de que fuera feliz, para siempre.
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La habitación era de metal y solo había una débil luz en el techo que no paraba de parpadear. Sentado frente a él, Chantelle se encontraba mejor que hace algunas horas. Estaba listo para interrogarla. Solo esperaba que ella fuera honesta y no le escondiera nada.
—Por favor, responde todas las preguntas sin negaciones y sin mentiras. Eres importante en este caso y te necesitamos más que nada. Si llegaras a mentirme o a negar algo que sea verdad, inmediatamente, me desharé de ti sin importarme de que hayas sido mi amiga alguna vez, ¿entendido?— dijo seriamente mientras le mostraba un arma de fuego que se encontraba a su lado derecho sobre la mesa de metal. –Lo lamento, pero, tendré que hacerlo, de otra forma, no me servirías de nada— terminó de decir mientras cargaba el arma delante de ella. Chantelle tragó saliva.
—Está bien, puedes confiar en mí, pero, si hay algo que no sé, por favor, no me mates por eso— dijo de la misma forma seria con la cabeza bien firme.
—Bien— respondió. –Ahora, antes que nada. ¿Sabes cuál fue el plan de Georg?
—Sí— Comenzó con la historia, mencionando cada parte que sabía sin olvidar alguna, después de todo, su vida estaba en juego.
—Ahora lo entiendo, ¿dices que ese veneno o “droga” servía para borrarle la memoria a Bill?— preguntó.
—Sí, Georg usó a mucha gente inocente para hacer las pruebas sin tener éxito, hasta lograrlo conmigo. Estaba confundida en eso entonces, así que no sé exactamente lo que pasó. Solo recuerdo que me dijo que era mi amo y tenía que comer el cadáver de Natalie. Le obedecí creyendo todo lo que decía. Supongo que en cuanto se fue, le dio a Bill esa droga, así se olvidaría de ti y se quedaría con Georg, creyendo cada una de sus sucias mentiras— respondió.
—Ya veo— dijo comenzando a entenderlo todo. —¿Qué color tenía la droga?
—Era roja como la sangre.
Tom comenzó a darse cuenta que tenía razón, desde el primer momento estuvo en lo cierto. Sonrió para sus adentros. –Y, supongo que, no dura para siempre, ¿verdad?
—No, el efecto solo funciona por 24 horas, después lo recuerdas completamente todo, incluyendo lo que pasó mientras la droga estaba haciendo su trabajo.
—Ya veo. Georg debe darle cada 24 horas la droga, ¿verdad?
—No lo sé, siempre estuve encerrada en esa habitación, pero, Georg no sería tan tonto, debe de hacer eso.
—Entonces, por ahora Bill no sabe completamente nada sobre mí, ni sobre su familia, ni sobre su vida pasada.
—Así es, cada día Georg se inventa una nueva mentira haciéndole creer que Bill siempre fue suyo y de nadie más, no sabe que existes, tampoco lo deja salir al exterior, siempre lo deja solo en casa. Recuerdo escuchar a Bill cantar cada vez que estaba solo, y siempre, antes de las tres en punto, vuelve a tomar la droga, supongo que Georg inventó algo para convencerlo de hacer eso.
—Ya veo— se dijo el rastudo. —¿Y hay algún antídoto para eso?
—No, simplemente, cuando pasan las 24 horas y no volviste a tomarla, todos tus recuerdos vuelven.
—Entonces, para hacer que Bill logre recordarlo, tendríamos que encontrarlo y obligarlo a no beber eso hasta que pasen las tres, así sus recuerdos volverían, ¿o me equivoco?
—Es un buen plan, y todo está bien, pero, no sé dónde están, un día se fueron y nunca volvieron, tampoco fui capaz de escucharlos.
—¿Cómo sé que no me mientes?
—Puedes confiar en mí, te juro que no tengo idea de a dónde fueron, pero supongo que era un lugar bastante alejado en el cual no los encontrarán tan fácilmente, eso es todo lo que sé.
Tom se levantó lentamente de la silla y tomó el arma. Caminó dando vueltas rodeando la mesa y las sillas. Chantelle seguía con el semblante serio y la cabeza firme. El rastudo la miró un momento.
—Bien, creo que eso es todo, nos fuiste de mucha ayuda— dijo mientras acariciaba con una mano la cabeza de la rubia. Ella no dijo absolutamente nada. –Pero, si hubieras sabido un poco más sobre el tema, tal vez, nos habrías ayudado un poco más— se quejó alejándose de ella.
Chantelle apretó los ojos y se mordió fuertemente los labios esperando. –Lo siento, Tom. Siempre fui una tonta, me merezco esto por todo lo que hice—terminó la frase. –El plan era que Bill se quedara con Georg, y tú conmigo, te amo— susurró la última palabra, pero Tom logró escucharla.
—En verdad estabas muy mal— comenzaron a brotarle lágrimas. Eras una buena amiga, pero también era una perra. –Adiós.
Disparó a su cabeza. La bala le atravesó el cerebro y salió junto a chorros de sangre por su frente. Después de todo, ella no le servía de nada.
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—Díganle a alguien que vaya inmediatamente a limpiar la maldita sangre del cadáver en la sala de interrogaciones — mandó el rastudo seriamente.
—¿Qué dijo?— preguntó Gustav.
—Tenía razón, Bill perdió la memoria, y escaparon a algún lugar, no sé a dónde.
—¿Mintió?
—No.
—¿Por qué la mataste entonces?— preguntó Gustav.
—Por tonta.
—¡Tom! ¡Te dije que no la mataras si era algo que no sabía! ¡Ella no lo sabe todo! ¡Si estuvo encerrada ahí difícilmente hubiera logrado escuchar y ver lo que estaba pasando!
—¡Me vale! ¡Ella se merecía la muerte! ¿¡Olvidas que ella también asesinó a mucha gente!? Se lo merecía, al igual que Georg.
—¡Tom! ¡Basta! ¡Ella pudo haber sido muy buena ayuda para nosotros! ¡Hiciste lo mismo que ella! ¡Mataste a una persona inocente! ¿No crees que sufrió bastante?
Tom comenzó a entrar en razón. Pero no se sentía culpable, le pareció bueno ver su sangre salir a chorros por su cabeza, eso mismo le haría a Georg. Quería que pagaran por lo que hicieron. Vengaría a su Bill.
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Al pasar algunas horas, fueron al aeropuerto tratando de buscar pistas. Si ya no estaban ahí, seguramente viajaron. Tom estaba investigando un poco en el lugar donde se parqueaban los autos. Tal vez habría algo ahí. Pero hasta ahora no había nada. Hasta ver algo muy peculiar. Era una camioneta muy parecida a la que tenía Georg, pero era marrón, la del castaño era verde oscuro. La analizó con la mirada, y se dio cuenta que, en realidad, estaba cubierta por lodo. Pasó sus dedos tratando de quitar un poco de eso, descubriendo un brillante color verde oscuro. Lo encontró. Llamó a los demás. Comenzaron a quitarle todo el barro encontrándose con la mismísima camioneta. Habían viajado, ya tenía alguna idea, solo le faltaba revisar las cámaras del aeropuerto para encontrarlo.
Entraron, y se dirigieron hacia la sala de consultas tratando de convencerlos. Ellos entendieron y dejaron a su cargo las computadoras con las imágenes de las cámaras de seguridad. Tom retrocedía tratando de encontrarlo, en cada lugar, en cada persona, pero no lo lograba. Buscó por fecha, pero tampoco los encontraba. ¿Por qué? ¿Hicieron algo? ¿Habrá algún truco? ¿Se escondieron? ¿No viajaron? ¿Seguían aquí? No, si la camioneta estaba afuera, significaba que ellos estuvieron ahí. Pero también Georg pudo haberla dejado ahí para que nadie sospeche, pero eso era imposible. Tenían que haber escapado.
Las horas pasaban y a pesar de todo lo que intentaban no encontraban nada. El rastudo repetía y repetía las grabaciones tratando de encontrar con la mirada algo que no haya visto, pero todo era igual, no los veía. El sol cayó, y todavía Tom no tenía éxito, pero no se rendiría tan fácilmente, hay algo que no vio, y estaba dispuesto a verlo.
—Tom, ya es tarde, tenemos que irnos— dijo Gustav.
—No, no me rendiré hasta encontrarlos, yo acepté ayudarlos y di mi palabra, lo haré, además, tengo que encontrar a Bill, esto no se quedará así— se quejó el rastudo.
—Pero Tom…
—Vete si quieres, yo me quedo, y si eso implica quedarme toda la noche despierto, o por el resto de mi vida, que así sea.
—Está bien, suerte— dijo Gustav mientras se retiraba.
El de rastas volvió la vista a las pantallas y siguió buscando, prestando toda su atención. Pero no lograba nada, siempre era las mismas personas que pasaban por ahí. Por un momento, creyó que tal vez, no lo lograría, habían hecho de todo y no los encontraban. Quizá debía darlo por muerto, aunque le doliera el corazón, no lo lograría. Intentó todo, de todo, pero no resultaba. Estaba muerto.
Se levantó lentamente antes de apagar la máquina, se agachó delante de la pantalla, y un rebelde mechón de pelo pasó entre sus ojos. Desvió la vista y volvió a ver. Pero no había nada. Repitió el momento apretando un botón tratando de ver que había pasado en esa grabación, prestando atención a la persona, pero hasta ahora, no la encontraba.
—Vamos, sé que estas por algún lugar— se dijo mirando atento.
En eso lo vio. Una persona muy alta pasó dándole un leve empujón a un sujeto que llevaba un gorro, pero éste cayó. Tom descubrió una larga melena negra con rebeldes mechones hacia arriba. ¿Podría ser él? ¿Acaso era posible? Miró si iba alguien a su lado. Pues así era, estaba de la mano con otro sujeto de cabello castaño y corto. La persona volteó y miró hacia atrás, era el mismo rostro de Georg Listing.
—¡Los encontré!— gritó Tom saltando de la silla. —¡Sabía que lo lograría!— dijo con un aire de orgullo. Volvió a fijar su vista a la pantalla. Vio un cartel que decía: “Vuelo a Bolivia” Estaban allá, viajaron a ese lugar y Tom estaba muy seguro. Lo resolvió todo, justo cuando sus esperanzas estaban contra el suelo. Al fin tenía éxito.
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El avión estaba a punto de partir, y Tom aún se quedaba frente a la puerta observando una vez más a su querido hogar Alemania. Viajaría muy lejos, nunca había hecho un viaje tan largo. Era otro nuevo reto, y estaba dispuesto a cumplirlos todos. Una azafata fue hacia él y le pidió sentarse. Tom suspiró, y entró. Se sentó, abrochó su cinturón y miró por la ventana.
Ya no podía esperar el momento cuando logre encontrar a Bill, estaba bastante cerca, ya le faltaba muy poco. Se imaginaba a él y a su pelinegro, juntos y de la mano caminando por las calles, parar en seco, tomarlo por la cintura y besarlo como antes solía hacerlo. Con amor y pura pasión. Lo haría, muy pronto podría volver a vivir esos dulces momentos junto a él.
Pero, no sabía que la muerte ya estaba jugando sus cartas.
& Continuará &
Notas finales de Aura: Uhhh, ¿qué creen que significa eso? ¿Le pasará algo a Bill? ¿Morirá? ¿O será que Tom es la presa? Espero que les haya gustado el capi. Besitos.