APDT 5

«A pesar de todo» Temporada II

Capítulo 5: Recuerdos

El viaje había sido largo y muy cansador. Tom y los demás fueron a un hotel a descansar un poco, esperando al día siguiente para comenzar con su búsqueda. El rastudo estaba ansioso por empezar, quería encontrarlo de una vez por todas. Todo el viaje pensó en esos momentos juntos a Bill, ya no podía esperar para tenerlo otra vez, y estaba tan cerca.

Se dejó caer en la cómoda cama, ocultando su cuerpo entre las sábanas desordenándolas revolcándose en ellas. Por un momento imaginó estar junto a Bill disfrutando de su deliciosa piel y tocando cada parte de él. Pero al abrir los ojos, simplemente estaba solo, era él y su roto corazón. Roto porque sin Bill no podía vivir, su corazón se hacía pedazos al no poder tenerlo con él. Sentía un dolor en su pecho que lo dejaba inmóvil. No iba a llorar, sería fuerte por él, demostraría que podría encontrarlo, no se rendiría a pesar de ese dolor.

Aunque le costara la vida.

&

—¿Qué harías, si me encontraran y me alejaran de ti?— preguntó el pelinegro.

—¿Por qué dices eso? Estás completamente a salvo conmigo— dijo el castaño mirando a Bill a los ojos.

—Lo sé, pero, y si llegara a pasar. ¿Qué harías?— volvió a preguntar.

Georg miró al techo y cerró los ojos. En realidad, estaba seguro de que eso no pasaría, estaban completamente a salvo. Pero, si pasara, haría todo lo posible para volver a estar a su lado. Había hecho de todo para conseguir su amor y al fin lo tenía. Creyó que nunca lo tendría, pero lo logró, y solo eso quería, sentirlo junto a él, saber que lo amaba, saber que estaría ahí cuando lo necesitara, al fin. Y si lo perdería, su corazón se haría pedazos y no podría vivir.

—Bueno, haría todo lo posible para encontrarte, jamás me rendiría, y en cuanto logre tenerte otra vez, disfrutaré toda la vida junto a ti como siempre lo hago, y, tal vez, mataría a los que te hayan separado de mí, te vengaría.

—Georg, eres muy tierno pero, matar no es bueno, eso no soluciona nada— dijo el pelinegro.

—Lo sé, pero no resistiría las ganas de darle su merecido a la persona que te haga sufrir—

—En verdad eres tierno, por favor nunca mates a nadie por mí, ¿lo prometes?

Georg se lo pensó un poco. –Lo prometo— dijo mientras le sonreía. –Ahora a dormir, es muy tarde, mañana por la noche seguiremos con esto— dijo mientras se aferraba a Bill y abrazaba su cuerpo desnudo.

—Me gustaría poder quedarme despierto toda la noche, para abrazarte, besarte, y sentirte dentro de mí entre la oscuridad— dijo el pelinegro abrazando el pecho del castaño y apoyando su cabecita en él.

—Pues, no es mala idea, hagámoslo— dijo, Bill sonrió, y lentamente llevo sus labios a los del otro comenzando con el gran espectáculo que harían esa noche. Una noche para amar.

&

Al día siguiente, Tom y los demás fueron al registro civil a buscar si por ahí se encontraban Bill y Georg. Los cuales encontraron con facilidad.

—¿Sabe en dónde viven?— preguntó Tom al hombre encargado.

—Sí, disculpe pero, ¿por qué necesita tanta información?— preguntó.

—Este hombre, Georg Listing, es el causante de la catástrofe más horrible en Alemania, mató a muchos alumnos de una escuela y luego secuestro a uno, y escapó. Descubrimos que terminó aquí, debemos encontrarlo y sentenciarlo a muerte— respondió el rastudo.

Entendió de inmediato y le dio toda la información que tenía sobre ellos y también mando a una patrulla de la policía Boliviana para ayudarlos con el caso. Tom estaba agradecido, ya tenía todo lo que necesitaba, no era tan difícil. Ya lo encontraría. Al parecer Georg no fue tan astuto.

Y tal como dijo, al encontrarlo, le haría lo mismo que a Chantelle, pero de una forma diferente. Quería que sufriera.

Su plan no podría fallar, funcionaría a la perfección, aunque, tal vez, el destino haga que todo su plan de la vuelta y funcione al revés.

&

—Qué noche— suspiró Georg mientras secaba unas gotas de sudor de su frente.

—Siii— suspiró Bill cansado mientras hacía un esfuerzo para no cerrar sus ojos. –No dormí nada— dijo entre un bostezo.

—Sí, pero valió la pena.

—Fue increíble. ¿Esta noche podemos simplemente dormir? Mañana podemos volver a hacerlo, ¿okey?— dijo el pelinegro, a lo que Georg se ahogó en carcajadas.

—¿Volver a hacer esto? Creo que tú no quieres dormir nunca.

—Bueno, creo que no, porque estando contigo no me aguanto las ganas de jugar un poco— dijo de una forma sensual.

—¿Un poco o mucho?— se burló. —Okey, pero solo una vez más, ¿te parece?

—Está bien— dijo.

Después de unas cuantas horas de dormir para recuperar algunas energías, aunque sería imposible después de esa tremenda noche, Georg se despertó y fue a trabajar, pero le dejó una nota a Bill en la mesa de noche para que no se preocupara  por él.

Más tarde todavía, el pelinegro despertó. No recordaba nada, hasta que sus ojos se aclararon y recordó todo de la noche anterior y sus demás días junto a Georg, eran tan felices juntos. Levantó sus brazos y se estiró con un ronroneo. Miro a su alrededor. El castaño no estaba, ni siquiera respondía a sus llamados.  Vio la nota, la tomó en sus manos y leyó: 

Buenos días Bill, espero que hayas dormido bien.

No te preocupes si no estoy ahí contigo, fui al trabajo.

Tienes la casa para ti solo, puedes hacer lo que quieras, volveré como a las tres o algo así.  No olvides tomar tu medicina antes de las tres de la tarde como siempre. Nos vemos después.

Te amo mi cielo.

Tu Georg.” 

Bill se calmó un poco al terminar de leerla, y se levantó para vestirse. Al estar listo y cómodo, se preparó el desayuno, pero solo tomó un yogurt, porque eran como las dos y después tenían que almorzar. Durmió bastante, creyó que solo fueron como algunas dos horas, pero no, tenía que dormir ocho horas. Es todo un dormilón, pero no sentía culpa, era rico estar en la cama y soñar en ese lugar tan cómodo. Además, si dormías con alguien que te amaba y cuidaba, era todavía mejor.

Limpió un poco la casa, paseó por los alrededores, se sentó entre la arena con los pies en la fría agua de la laguna, e hizo otras cosas. En eso se dio cuenta que faltaba poco para las tres de la tarde, tenía que volver a casa a tomar su medicina, sino, moriría, eso según Georg.

Entró, cerró la puerta, limpió sus pies llenos de arena y se dirigió a la cocina donde guardaba los franquitos con el líquido rojo. Llenó la mitad de un vaso con eso y se dirigió a la sala para ver una película sentado en el sofá. Todavía no había bebido nada del contenido, muy pronto el reloj marcarían las tres.

En realidad, si no lo bebía antes de esa hora, recordaría absolutamente todo sobre su vida pasada, lo cual Georg intentaba ocultar. Si lo recordaba, automáticamente se alejaría de él, lo odiaría y le daría miedo estar cerca de él. Al castaño no le gustaría que pasara eso, lo amaba tanto que perderlo le rompería el corazón.

Bill miró la casa un poco aburrido con el vaso en las manos. Vio el reloj, faltaban dos minutos para las tres. Saltó del susto, creía que moriría. Llevó sus labios al cristal, pero antes de que una gota lo tocara, e detuvo. Vio una puerta extraña, oculta entre una pared, nunca la había visto. Tal vez debería ignorarla, pero tenía tanta curiosidad que no se resistía. Se levantó del sofá, y caminó lentamente hacia esa puerta. El correr de las horas desapareció de su mente. Solo existían él y la puerta. Pero todavía llevaba el vaso con el líquido en sus manos.

Llegó, empujó la madera de roble vieja y fea, estaba abierta. Miró hacia atrás, antes de entrar. La habitación era espaciosa, era oscura y tenía luces rojas que parpadeaban. Había una mesa en el centro del lugar, ahí habían frasquitos como los de su medicina. También había otros artefactos de un laboratorio de ciencia. ¿Por qué? En la pared de la derecha, había otra mesa llena de papeles, un bolígrafo y algunas libretas. Bill no le prestó mucha atención a eso, le interesaba más lo que había arriba de esa mesita. Había miles de fotos de personas clavadas en la pared, cada una con una X entre su rostro marcada con tinta roja. Pero no cualquier tinta, era sangre.

El pelinegro retrocedió un poco asustado, hasta que vio algo muy peculiar. En medio de todas las imágenes. Había una fotografía más grande, entre el rostro de la persona había un círculo, y varias flechas que apuntaban a él. La persona era joven, como de la edad del pelinegro, tenía un piercing en los labios, sus ojos eran claros, llevaba una gorra y rastas.

No sabía por qué, pero a Bill le parecía haberlo visto antes, pero no lograba recordarlo. Le hacía recuerdo a alguien, le hacía recuerdo a su pasado. El pasado del cual no sabía nada. Últimamente, Bill se andaba preguntando por qué no recordaba nada de su pasado, solo recordaba la vez que vio a Georg entre esa habitación blanca, después no sabía nada más, y eso que no había pasado tanto tiempo. Era extraño, muy extraño, nunca obtenía una respuesta bastante clara para eso.

Los minutos pasaban, solo faltaban unos segundos para esa hora, y Bill no había tomado una gota del líquido, estaba tan distraído que no se había dado cuenta.

Algo atravesó su mente, los pensamientos le daban vuelta la cabeza, era como si miles de balas le atravesaran el cerebro y den vueltas por ahí. Se tambaleó, sintió un horrible dolor que no lo dejaba abrir los ojos, gritaba y se sostenía tratando de no caer y ser víctima de este sufrimiento. Jadeó y gimió de dolor, comenzaba a sudar y su energía se agotaba. Iba a caer. ¿Era el fin para él? No se dejaba deslizar por la pared hasta llegar al suelo, no quería caer y que su corazón dejara de latir. No sabía qué hacer, el dolor no lo dejaba reaccionar. En eso, arqueó la espalda y miró al cielo, sus ojos se tornaron blancos, mientras que por su mente, sus recuerdos pasaban.

Lo vio todo, desde que era un pequeño bebé, hasta ese mismo momento. Se dio cuenta de todas las mentiras que Georg le había dicho. Todo este tiempo, y se estaba dejando llevar por un demonio, en realidad, se dejó llevar bastante. Tom. ¿Qué pasó con él? ¿En verdad estaba muerto? ¿Ya no se podría hacer nada? ¿Se quedaría como un esclavo para siempre?

No, se vengaría, a Bill nunca le gustó la venganza, pero Georg, tenía que morir. Se lo merecía, lo esperaría con un puñal en la mano, listo para apuñalarlo hasta que se haga de noche. No lo soportaría más, mató a Tom el día de la fiesta, y eso nunca se lo perdonaría.

Pero, ¿y si el destino le jugaba otra cosa? ¿Y si en lugar de Georg, llegara a matar a alguien más? ¿A quién? ¿Habrá alguien en quien confiar? Efectivamente Bill no iba a morir, no le pasaría nada. El destino a veces jugaba muy sucio, pasaría cualquier cosa ahora. Bill creía que Tom estaba muerto, Georg, tal vez moriría.

El que murió, será rematado.

&   Continuará   &

Notas finales de Aura: ¿Qué creen que pasará ahora? ¿Jugué mucho con sus mentes? ¿Entendieron a qué me refiero? Jejeje. Muy pronto lo entenderán, estamos cerca del verdadero final. Verán todo con otros ojos. Jajajajaja (risa malvada)

por Aura Johannessen

Escritora del fandom

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