
“Aventuras en la escuela” Fic de Aura Johannessen
Capítulo 2: Maquillaje
El sol entra por mi ventana, escucho a los pájaros comenzar su canto. Sé que debería levantarme y empezar el día con mucho ánimo, pero no lo haré. Tengo sueño y estoy muy cansado, además son las siete de la mañana, es temprano, no tengo ni la mínima gana de levantarme de esta cama. Me quedaré aquí hasta que mi despertador haya sonado. Yo no soy de esas personas que hace de todo para ganarle al pobre reloj, prefiero despertarme junto a él. Y por desgracia, ya estaba despierto. Parezco un tonto, esperando algo que no sonará en cinco minutos. Así que decido echarme un sueñito.
De repente se escucha el irritante sonido del despertador, interrumpiendo mi sueño de cinco minutos extras. Me siento en la orilla de la cama y extiendo mi brazo hacia la mesa de noche en donde se encuentra el reloj para parar ese ruido. En cuanto lo hago, me levanto esta vez y doy en bostezo mientras estiro los brazos. Ya pasaron semanas desde que entramos en la escuela, y hasta ahora es la mejor en la que eh estado. Los profesores son una mierda, pero hay lindas chicas, buenos amigos y no dan mucha tarea como esperaba. Aunque en dos semanas más se acerca la terrible semana de exámenes. Según Georg en esos días están todos los exámenes que tenemos que dar. Así que es más o menos como: Estudiar todas las tardes. Y lo peor es que algunas chicas no dejan que pasemos clase. Se ponen a gritar, a cantar, y perjudicar. Gracias a ellas nos aplazaremos todos. Son muy lindas, pero tontas. Además no las necesito, ya tengo a mi sensual hermano.
Me dirijo al baño para hacer lo mío, lavarme los dientes, y ducharme un poco. Salgo de ahí y comienzo a vestirme. Sé que Bill ha de estar roncando como en todas las mañanas. Es increíble. Debería estar despierto desde las cuatro de la mañana ansioso por ir al colegio. Porque a él le va mejor que a mí, es muy popular y se la pasa como si fuera una fiesta. En cambio a mí, está bien, pero no es un paraíso. Llevo lentamente mi mano a mi ojo izquierdo, acariciando cuidadosamente la mancha morada que tengo ahí.
& Flash Back &
Estaba tranquilo sentado tomando el sol entre el césped. Disfrutando de mi momento del recreo. Últimamente había estado muy cansado y solo quería descansar. En eso escucho pasos. Imagino que es Bill queriendo pedirme comida o dinero, volteo entre un suspiro. Eran mis amigos. No me refiero a Gustav ni a Georg. Los otros. Unos tipejos grandotes, con chaquetas de cuero, bien machos y muy respetados. Los “bullys” o los “abusivos”. No me importa lo que sean o como los conozcan, o qué hayan hecho, me llevo muy bien con ellos.
Me miraban con mala cara y uno de ellos estaba listo para darme una paliza. Levanto mi trasero del suelo y los veo de frente. —¿Qué pasa?— les pregunto.
—¿Cómo que qué pasa? Sabemos muy bien que tú lo sabes, deja de fingir— dijo uno de ellos.
—En verdad, no sé nada, díganme— siento una pequeña punzada de miedo. A quien engaño, estoy temblando.
—Por favor, no empieces Tom, acéptalo—
—¡Les juro que no sé nada!— grito. Se mantienen en silencio, hasta que el que me quería pegar habla.
—Tú le dijiste a mi madre que robe una tienda— confesó.
—¿Qué? Yo no dije nada, además ni siquiera sabía sobre eso—
—¡Mientes!—
—No, enserio, no sé nada—
—¡Maldito mentiroso! ¡Eres un mentiroso chismoso!—
—¿¡Y qué te hace creer que fui yo!? ¿¡Por qué no pudo ser alguna otra persona!? ¿Por qué yo?— alcé la voz.
—¡¡¡Ellos me dijeron que fuiste tú!!!— gritó señalando a los demás. –¡¡¡Me delataste maldito hijo de puta!!!— me agarró por la camiseta y comenzó a golpearme fuertemente. Por suerte Gustav, Georg y Bill pasaron por ahí junto a otro grupo de chicos, los cuales corrieron a ayudarme. En cuanto los otros se fueron, mis mi hermano y los demás se quedaron para preguntarme qué había pasado. Y por supuesto, ellos me delataron. Fueron ellos. Yo no tuve nada que ver en eso. Gracias a su horrible forma de agradecerme mi amistad, ahora tenía un ojo moreteado, un corte en el labio y me sangraba la nariz. Ellos no son unos verdaderos amigos. Son solo unas ratas de alcantarilla.
& Fin Flash Back &
Después de ese día nunca volví a hablar con esos chicos. Prefiero quedarme con mis tres amigos. Los de corazón, con los que puedo confiar, los que siempre me van a apoyar y querer, eso espero. Georg, Gustav y Bill. No son muchos comparados con todos los que tiene mi gemelo. Pero me siento bien así, además, es nuestro grupo especial. Nadie más puede entrar, solo somos nosotros cuatro. Y me encanta. Somos mejores amigos por siempre.
Doy un suspiro y bajo a ver qué hay de desayuno. Pero recuerdo que mi madre viajó a Francia y a Italia al museo de artes. Mi madre es artista, y la invitaron como invitada especial, no se perdería eso. Llegaría en algunos días, o quien sabe, a veces cuando viaja se queda ahí a pasar vacaciones. Es un poco egoísta de su parte, pero me gusta vivir una vida privada. Solo yo y yo.
Preparo una de mis especialidades. Panqueques. En realidad, había aprendido a cocinarlos hace dos días. Mi madre los preparó y yo solo observe, se me quedó la receta en la cabeza. Escucho pasos. Miro hacia atrás. Bill se aparece todavía con pijama, con una almohada en manos, cara de haber despertado de un sueño de mil años, y con el cabello lleno de nudos y flotando entre el aire con puntas hacia allá, otras hacia el otro lado, por todas partes.
—Dios Santo, ¿qué soñaste?— pregunto.
—Que te— dice. Esa era una forma de decir: “Qué te importa”. Pero abreviado. Era uno de los inventos de los chicos de la escuela.
—Está bien, tranquilo. Creo que alguien se levantó con el pie izquierdo.
—¿Qué estás cocinando?— pregunta curioso cambiándome el tema.
—Panqueques.
—Adiós— dijo volviendo a su habitación a paso veloz. Según él lo que cocinaba era asqueroso, pero me salía delicioso. Simplemente tiene envidia, porque él no sabe ni pelar una papa.
Suelto una fuerte carcajada y sigo en lo mío. Al mismo tiempo en que termino, Bill se aparece. Pero esta vez cambiado. Llevaba su camiseta favorita de color azul, con una chaqueta negra, pantalones ajustados y zapatos blancos. Su cabello está bien peinado con puntas hacia arriba, seguramente se puso mucho acondicionador, eso es obvio, siempre lo hace. Y lleva una fina línea negra de delineador en sus ojos que le queda bastante bien. –A tragar— digo.
—Solo espero que no sean tan asquerosos como los anteriores— dice pinchando con el tenedor uno de los panqueques.
—Come— reprocho.
Bill se lleva uno a la boca y lo saborea. –Igual que los de antes.
—Deja de quejarte— digo entre un suspiro. Mi hermano se ríe, y sigue comiendo.
—No te dejare ir con esa mancha en tu ojo.
—Por última vez, no te dejaré maquillarme.
—Pero te quedaría muy bien, soy un experto— me dice con una mano detrás de su espalda. Me da la impresión que está cruzando los dedos. Pequeño demonio.
—No.
—Pero…
—Calla y come— le digo metiendo un pedazo de panqueque a su boca. Inmediatamente él se lo come.
—Gracias por eso.
Llevo una mano a mi frente y la bajo rápidamente como un soldado frente a su capitán. Son casi las siete y media, a esa hora viene el autobús y nos vamos a la escuela, pero todavía tenemos tiempo de sobra. Me quedo sentado en el sillón esperando. Bill no está conmigo, y la casa está muy silenciosa, eso no es bueno, debe de estar haciendo algo, y no será bueno. Doy un suspiro, y en cuanto estoy por levantarme para ir a verlo, él viene. Ambas manos están detrás de su espalda. Trama algo.
—¿Qué?— pregunto. Me pone nervioso, está delante de mí con una cara de pícaro.
—Nada— dice. Y de la nada, se sienta rápidamente sobre mi entrepierna, pero sin ocultar las manos.
—¡Hey!, ahora sí, ¿qué tramas?— digo con voz seductora.
—Nada— vuelve a decir apoyando su frente contra la mía.
—Sé que quieres algo, muéstrame lo que ocultas— le digo.
—Chillarás como una niña.
—Na, no creo.
Saca las manos de su escondite, y en ellas tiene algunos cosméticos. Me quiere maquillar. Y para empeorar las cosas, chillo como una niña. Bill se muere de risa. –Ahora, no te muevas bebé— me dice acorralándome.
—¡No! ¡Bill! ¡Por favor!—
—Shhh— me calla llevando sus labios a los míos. Quiere hacerme cambiar de opinión. Pero no le será tan fácil. Comienzo a sentir unas cosquillitas en mi ojo izquierdo, ya comenzó. Chillo y me muevo a todas partes tratando de evitarlo a toda costa. Pero me tiene bien atrapado. Supongo que se lo tenía bien planeado. –Quédate quieto, harás que me quede mal.
—Eso intento.
—Entonces irás a clases como un monstruo.
—Me da igual, Bill. Tengo 14, no voy a estar maquillándome como tú a esta a edad, nunca lo haré.
—¿Y qué me dices cuándo me pediste que te ayude a maquillarte para Halloween?
—Eso es diferente.
El tiempo pasa, ¿por qué no viene el maldito autobús? Justo cuando más lo necesito. Quiero que alguien me saque de este infierno. Pero, tener a Bill de esta forma sobre mí no está mal. Me gusta mucho como se siente. Por un momento pierdo el control y dejo que mis manos acaricien sus costados y parte de su trasero. No es la primera vez que hacemos esto en el sillón. Una vez en Halloween nuestra madre se fue a dormir y nos dejó a ver una película. Pero todas esas horas que duró nos quedamos revolcándonos entre el sillón disfrutando del otro. Qué tiempos aquellos. Hace mucho que no tenemos sexo de verdad, pero no importa. Con tocarnos un poco está bien.
—Ya terminé.
—Maldita sea— digo. Intento imaginar lo que me ha hecho. Seguramente parezco una nena. Pero me doy cuenta y recuerdo, en ningún momento trabajo en el ojo derecho. —¿Y el otro?
—¿Acaso quieres que te maquille de verdad?
—¿A qué te refieres?
—Mírate— dice pasándome un espejo. Estoy asombrado. La mancha morada desapareció. Ya no está. No hay rastro de ella. Es increíble lo que hizo. Creí que quería maquillarme como él, pero en realidad quería camuflar el moratón. Bill es genial.
—Deberías dedicarte a esto, ganarías mucho dinero si te conviertes en maquillista profesional.
—Nah, no me gusta ofrecer mis servicios a gente desconocida. Yo solo me quedo con este talento para mí, pero, obviamente es un placer hacerlo para ti— dice mirando sus uñas perfectamente pintadas.
—Bueno, si tú lo dices— digo. En eso recuerdo. –Oye, ven aquí, me dejaste con ganas— le digo mientras me acuesto en el sofá. Bill esboza una sonrisa pícara y se acuesta sobre mí.
—¿Hace cuánto que no hacemos algo como esto?— dice entre el beso que le acabo de dar.
—Hace meses.
—Qué lindo es volver.
Dejo vagar mis manos por su espalda disfrutando el momento. Pero de repente, se escucha la bocina del autobús. Había llegado. Claro, muy gracioso, cuando lo necesito no viene, y en cuanto estoy disfrutando lo mejor de mi vida llega.
—¿Es enserio?
—Jaja, tranquilo Tomi, en la tarde podemos seguir.
—Bueno, Bibi, en realidad, planeaba invitar a Georg y Gustav a la casa esta tarde.
—¿Enserio? ¡Genial! Podemos continuar en la noche— dice entre risas y se separa de mí dirigiéndose a la entrada entre saltitos.
Esta tarde será divertida, pero tampoco podríamos hacerlo en la noche. Ya que será una pijamada.
Yo tenía ganas….
& Continuará &
No se preocupen que volveré con nuevos capis muy pronto. Besitos!!!