
Fic de terror de Nass
Capítulo 5 (P.1)
Al final terminé por irme a dormir, luego de ese final ya no tenía ganas de continuar, al menos no hoy.
Todo terminaba igual.
Deje la laptop a un lado, encima de la mesita de noche y me levante de la cama para cambiarme la ropa de calle por mi pijama de invierno, era un pijama de polar color blanco con estampado de manchas por todos lados.
Una vez con el pijama puesto deshice mis trenzas una por una en un intento de quitarle tensión a mi cabeza, que ya me dolía a horrores de estar demasiado tiempo pegado a la computadora. Me metí bajo las sábanas una vez me aseguré de que el móvil tenía suficiente batería para durar hasta mañana e hice un esfuerzo por quedarme dormido.
No resulto, estuve varios minutos dando vueltas en la cama hasta que simplemente mi cuerpo cedió a la pesadez que sentía a eso de altas horas de la madrugada.
Genial, no dormiría una mierda.
Cerrar los ojos era como repetir todo aquello, cada vez que lo hacía las escenas macabras del juego se repetían cual película de terror, una muerte tras otra preocupándome aún más sobre que Bill pudiera acabar de la misma forma.
El sonido del reloj marcando el pasar de los minutos parecía sonar con más fuerza dentro de mi cabeza, recordándome que el tiempo seguía avanzando, sin importar las preocupaciones o miedos que atormentaban mi mente.
Finalmente, el agotamiento físico y mental que traía encima comenzó a vencerme, y poco a poco me sumí en un sueño ligero lleno de pesadillas, donde los límites entre la realidad y la ficción se desdibujaban en un espiral constante de miedo con un deje de misterio.
¿Cuál sería el próximo movimiento del acosador? ¿Trataría de hacerle algo a Bill por verse conmigo?
Finalmente, la mañana llego y con ello lo inevitable.
Tener que levantarme para ir al instituto.
Odio la vida.
— ¡Tom levántate ya está tu desayuno! — escuche gritar a mi madre desde la planta de abajo.
¿Por qué mamá se levantaba tan temprano? Yo apenas y tengo ganas para lavarme los dientes, en las mañanas me da hasta flojera existir.
— ¡Ya voy! — le respondí.
Con el peso del cansancio aún aferrado a mi cuerpo, me obligué a salir de la cálida seguridad que me ofrecían las sábanas y me levanté de la cama con un suspiro resignado. El frío de la mañana se colaba por los huecos de las ventanas, recordándome que aún era invierno y que el día apenas comenzaba.
Me dirigí al baño arrastrando los pies, necesitaba una ducha con urgencia. El agua fría parecía despertarme un poco, pero no lo suficiente para disipar completamente la neblina de cansancio que nublaba mi mente.
— Me veo horrible — murmuré viendo mi reflejo en el espejo, estaba pálido y ojeroso. Todo lo contrario, a como solía lucir.
Pero ¿Cómo iba a estar bien después de todas las cosas horribles que vi ayer? Era imposible que estuviera bien luego de ver como en un juego un demente fantaseaba con masacrar múltiples veces a un chico que existía en la vida real.
Después de vestirme con el uniforme del instituto (o más bien una versión varias tallas más grandes), bajé las escaleras con dirección hacia la cocina, donde el aroma del café recién hecho me recibía. Mi madre estaba ocupada preparando el desayuno, ajena a mi estado de ánimo sombrío.
— Buenos días, cariño, ¿Quieres leche con avena o café con tostadas? — preguntó ella con una dulce sonrisa.
— Buenos días, mamá — respondí tomando mi lugar en la mesa, toqueteando mis trenzas con los dedos para verificar que estaban secas. — Leche con avena por favor —
Mamá puso frente a mi un tazón de leche tibia mezclado con algunas cucharadas de avena junto a un vaso de jugo de manzana y para ella acomodaba una taza de café con un par de tostadas con mantequilla y mermelada.
— Gracias — respondí dándole una sonrisa tierna, de esas que hacían que mis ojos se volvieran dos media lunas.
Me devolvió la sonrisa con la misma ternura y se sentó frente a mí con su propio desayuno. Comimos en relativo silencio, con el aroma reconfortante del café recién hecho y la suave esencia de la leche con avena llenando la cocina.
Vi que quería preguntarme algo y antes de que pudiera hacerlo me adelante a avisarle de la reunión con Bill, no era bueno mintiendo así que si empezaba a interrogarme acerca de mis pesadillas terminaría soltándole toda la verdad y no quería preocuparla de más.
— Mamá voy a llegar más tarde de lo usual, Georg quiere que lo acompañe a reunirse con un amigo en el café que esta a la vuelta del instituto — le dije mientras me metía las ultimas cucharadas de avena a la boca.
Ella solo me miro con una ceja alzada, probablemente encontrando extraño que no dijera el nombre de la otra persona con quien me iba a reunir pero no dijo nada y simplemente afirmo con la cabeza.
— Esta bien cariño, solo asegura de llegar para la cena — asentí con la cabeza y me limpié la boca con una servilleta.
— Lo prometo — dicho esto me levanté de la mesa llevando en una mano el cuenco vacío y en la otra el vaso, las deje en el fregadero y recogí mis cosas para ir al instituto (celular, mochila, auriculares y reproductor mp3).
Me despedí de mamá con un beso en la mejilla y salí de casa para ir rumbo al instituto, hacía bastante frío afuera así que ajuste el cierre de mi sudadera subiéndolo hasta el cuello para esconder la mitad del rostro en él. Conecte los auriculares al mp3 y le di a play.
«Yeah!» de Usher con Lil Jon & Ludacris comenzó a sonar haciéndome mover la cabeza al ritmo de la canción, lo único bueno de vivir un tanto lejos del instituto (no lo suficiente como para tener que tomar el bus todos los días) era que podía irme escuchando cerca de la mitad de las canciones que tenía descargadas por el camino.
Cuando ya iba por la mitad del trayecto, me fijé de casualidad en mi entorno y vi una figura «conocida»
Jeans ligeramente acampanados, mochila negra con algunos pins y llaveros colgando, chaqueta con el logo del instituto de unas calles más allá y cabello largo color negro perfectamente liso acompañado de un gorro de lanilla y mechas blancas.
Era Bill.
Me adelante unos pasos más para alcanzarlo e ir caminando a la par, no quería asustarlo pero esta podía ser una muy buena oportunidad para hablar finalmente cara a cara.
— Hola — salude quitándome el auricular que estaba de su lado para poder escucharlo.
Él se sobresaltó un poco llevándose por inercia las manos a los bolsillos de su chaqueta y volteando a ver un tanto asustado.
Quizás no debí acercarme.
— ¿Quién eres? — vale, seguramente no reviso mi perfil de facebook más allá de la foto de perfil y encima es de como dos años atrás.
— Tom, el mismo Tom que te hablo por facebook y por mensaje de texto — respondí jugueteando con el aro que tenía en el labio.
Bill relajo su postura y me devolvió la sonrisa, se le notaba el alivio en su mirada.
«Que linda sonrisa tiene»
— Un gusto Tom, soy Bill — respondió.
Bill tenía un estilo llamativo que me llamaba mucho la atención y me gustaba bastante como le quedaba al igual que el delineador de ojos.
— El gusto es mío, lamento aparecer de la nada y asustarte que se que con estas pintas debo parecer un asaltante — reí. Me habían molestado tanto con eso que ya me lo tomaba con humor.
Bill rio también, relajándose aún más.
— No te preocupes, Tom. No eres el primer desconocido que se me acerca en la calle —respondió con una sonrisa amistosa—. Además, ya habíamos hablado por mensajes, así que no eres tan desconocido. —
Le sonreí de vuelta antes de volver a mirar hacía el frente, no quise hablarle acerca del juego ni nada parecido para no arruinarle la mañana, así que fuimos hablando de cosas al azar y haciendo preguntas para conocernos mejor.
En algún punto del trayecto terminamos compartiendo los auriculares e íbamos oyendo la misma música, habíamos conectado bastante bien para tener apenas unas horas de habernos conocidos y minutos de haberlo hecho en persona.
«Be My Lover» de La Bouche comenzó a sonar y Bill iba cantando partes de la canción en voz baja. No era de las canciones que más escuchaba, pero su compañía era agradable, así que todo se sentía bien.
Muy bien.
Continúa…
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