
“Busco una Familia” Fic de Aura Johannessen
Capítulo 4: Trágico Amor
Dos años después…
El pelinegro despertó con muy pocos ánimos ese día, no tenía ganas ni de salir de su cama. ¿Por qué? Era su cumpleaños, y seguramente sus “no” padres harían de todo para joderle el día. Como el año pasado cuando había cumplido quince. Fue el peor día de su vida. Todavía lo recordaba, era una pesadilla que no podía olvidar. En la mañana sus padres lo despertaron cantando la canción del cumpleaños y con un gran pastel en manos. En el almuerzo lo llenaron de preguntas y otras mierdas, le buscaban charla. Y en la noche le dieron un montón de regalos que él mismo tiró a la basura, y también quemó algunos, pero solo se quedó con una cosa. Era uno que le había regalado Tom. Era un anillo que tenía la frase: Kill Your Family (Mata a tu familia) Le gustaba mucho, no solo por la frase, sino también, porque venía del rastudo. Todavía no podía sacarse aquel beso de su mente, en el fondo deseaba más, pero hacía como si no lo deseara.
Bill salió de su cama y se fue a la ducha para después vestirse e irse de una vez por todas a su escuela, lejos de su familia. Que sin duda alguna, en cualquier momento se le aparecería con un pastel. Su vida era una mierda. Al terminar con su ducha, vio qué se pondría ese día. Una camiseta blanca y ajustada, pantalones jeans un poco rotos, zapatos negros y el anillo de Tom— nunca se lo quitaba— Al estar listo, arreglo su pelo, y bajó a la cocina para desayunar. Y por desgracia se encontró con su “no” madre.
—Buenos días Bill querido, al fin llegó el pequeño cumpleañero— dijo acercándose para abrazarlo, pero el pelinegro se alejó lo más que pudo de ella.
—Déjame zorra.
—Te hice un desayuno especial— Simone ignoró lo que le había dicho y decidió pasarle el desayuno. Un pedazo de pastel de chocolate que había preparado para su hijo.
—Puaj— Bill frunció el ceño mirando la comida frente a él. La tiró al basurero frente a los ojos de su madre y decidió comerse una manzana.
—Eso no fue muy cortes de tu parte— dijo Simone. El pelinegro la miró con odio en sus ojos y tomó su mochila, listo para irse. Pero llegaron Jorg y Tom.
—¡¡¡Bill, feliz cumpleaños!!!— gritó Jorg acercándose para darle un abrazo.
—Fuera de aquí puto pedófilo— el pelinegro lo esquivó al igual que lo hizo con su madre, y salió de la casa muy enojado mientras daba un portazo.
Estaba cansado de esa familia, ya no quería nada con ellos. Estos últimos años fueron insoportables con ellos. Tal vez ya era hora de escapar. ¿Pero a dónde iría? ¿Qué comería? Eso era el problema, no estaba listo todavía. Y si iba a vivir a la casa de sus amigos su madre lo encontraría más rápido que un rayo. ¿Y Gordon? ¿Qué había con él? No sabía nada. No sabía dónde estaba, no sabía que era de su vida ahora. Si tan solo lo supiera iría directo a sus brazos. Si tan solo pudiera…
—¡¡¡Bill!!!— algo lo sacó de sus pensamientos. Volteó la mirada, encontrándose con Tom, quien ahora en vez de rastas tenía trenzas oscuras que colgaban de su cabeza, estaba corriendo para llegar hasta él.
—Tom…
—¡Espera!— gritó nuevamente, hasta que llego a su lado.
—¿Qué pasa?— preguntó el pelinegro, mirándolo con los ojos bien abiertos por la sorpresa.
—Tengo algo para ti.
—¿Para mí?— se puso rojo.
—Toma— le pasó una cajita negra muy elegante con una nota que decía:
Espero que esto te guste.
No te preocupes sobre lo que harán Simone y Jorg, les dije que no se entrometan en tu vida este día.
Feliz cumpleaños Bill.
El pelinegro, al terminar de leerlo, se puso un poco más rojo, y miró al mayor, quien también estaba un poco colorado. Se dispuso a abrir la cajita, encontrándose con un hermoso collar de cadena con la letra B en él. Una B por su nombre. No pudo evitar sonreír grandemente. Era bellísimo. Tom nunca dejaba de ser tan dulce con él a pesar de aquellas grandes distancias. Sí, todavía seguían un poco separados después de aquel beso hace dos años, sin embargo eso no les impedía aquellas miradas que a veces se daban, las cuales reflejaban deseo. Pero como siempre el pelinegro se seguía preguntando el porqué de eso, por qué se sentía tan atraído hacia él. ¿Cómo pareja? Tal vez, pero odiaba ese sentimiento, aunque en el fondo, no dejaba de desearlo como algo más.
—Gracias, me encanta— dijo con una gran sonrisa.
—Qué bueno.
Hubo un buen momento de silencio después, hasta que el trenzado habló. —¿Quieres que te lo ponga?— preguntó.
—Ahmm, sí— respondió muy tímido. Tom se dispuso a colocarle el collar a su hermanastro. Trataba de no tocar mucho su piel, pero sin querer sus manos chocaban contra el cuello del pelinegro rosando suavemente su piel erizándolo con cada taco. –Ah— gimió Bill en un susurro al sentir aquellos toques.
—¿Estás bien?—pregunto el mayor sin poder evitar el hecho que lo había escuchado gemir. ¿De placer? No, no, claro que no era eso. Tenía que dejar de hacerse ilusiones.
—Sí— murmuró el pelinegro mientras sostenía su cabello hacia arriba para darle más espacio a su hermanastro.
—Tu cabello está largo— se fijó el trenzado.
—Sí, estaba pensando cortármelo un poco, porque a veces me molesta.
—No, déjalo así, te queda muy bien. Eres hermoso— confesó. Últimamente se estuvo fijando más en Bill, porque como ya era un poco más grande, se había hecho todavía más guapo con el paso de los años y no pudo evitar sentirse más enamorado de él. Aunque, el pelinegro siempre fue un ser inigualable y divino.
—Gracias— dijo mientras tartamudeaba un poco.
En cuanto Tom terminó de ponerle el collar, lo miró de frente. Le quedaba muy bien, fue una buena elección. Pudo notar lo rojas que estaban las mejillas del menor, y acunó su rostro entre sus manos obligándolo a verle a los ojos. –Te ves fantástico— susurró acercándose lentamente a esos labios tan apetecibles.
—Tom…— murmuró. Estaba tan cerca de los labios contrarios. ¿Lo volvería a hacer? ¿Pasaría de nuevo? Por un momento vaciló. No sabía si dejarse hacer como la última vez y después lamentarse por eso, o escapar y tratar de olvidarlo todo mientras trataba con indiferencia al mayor como siempre hacía, aunque terminara con las ganas. Al final se decidió por la segunda opción. Escapó del agarre de su hermanastro y se fue de ahí caminando a paso rápido, sin ni siquiera despedirse. Trató de evitar el hecho de que seguramente los ojos del trenzado estaban clavados en él mirando cómo se alejaba de él rápidamente, mirándolo con esos ojos que reflejaban deseo. Esos ojos que a veces, podían hacer que Bill desapareciera del mundo real y llegase a un mundo de fantasía mientras flotaba en una burbuja de color rosa. Por eso el pelinegro trató no mirar hacia atrás para no ser hipnotizado por él nuevamente.
Llegó a la escuela al fin, el único lugar en el cual podía estar tranquilo lejos de su “no” familia. Caminó por los desiertos pasillos en busca del aula que le tocaba. Todavía era muy temprano, por eso casi nadie estaba presente todavía. Abrió la puerta de la clase que por suerte estaba abierta y entró, encontrándose con uno de sus mejores amigos. Gustav. –Hola— saludó Bill.
—Hey, Bill, llegaste temprano. Oh, ¡felicidades!— dijo mientras le daba un abrazo de lado.
—Gracias ¿Y tú por qué tan temprano?— preguntó apoyando su cabeza en el hombro del otro.
—Tengo limpieza, ya sabes, esas mierdas que nos piden que hagamos— se burló dándole unas palmaditas a la espalda de su amigo. Se dio cuenta, al ver aquellos ojos que reflejaban timidez, que algo había pasado. —¿Qué pasa?— preguntó.
—Nada— respondió escondiendo su rostro.
—Te conozco desde que tenemos doce años, ya dímelo.
—Bueno, fue Tom.
—¿Qué te hizo?— Gustav no sabía absolutamente nada sobre la vez del beso con su hermanastro, por eso sería muy difícil contarle toda la historia.
—Te lo contaré cuando lleguen Georg y Andreas— Georg era su otro mejor amigo, y Andreas su hermano. Su amistad con Andy había comenzado hace un año atrás cuando cambió de escuela y entró allí.
—Está bien, pero me tienes muy preocupado— dijo el rubio.
—Tranquilo, no es nada de vida o muerte, tal vez— se abrazó a su amigo mientras suspiraba un poco, y el de anteojos no tardo en devolverle el abrazo bastante preocupado por su pequeño.
Gustav no soportaba verlo de esa forma, tímido, triste, extraño, desilusionado. Conociendo a su familia, seguramente le jodían la vida todos los días, y así era. Odiaba a los padres de su amigo, Georg y Andreas también los odiaban, a todos. Pero esto era nuevo, Bill nunca había hablado sobre su hermanastro. Esperaba que él no fuera un abusador o algo por el estilo. No se podía imaginar a su mejor amigo siendo torturado de esa forma.
Pasada la mañana, en el comedor del colegio, los cuatro chicos se sentaron en una mesa bastante alejada para conversar con Bill sobre lo ocurrido. Todos estaban muy intrigados sobre lo que su hermanastro podía hacerle, y cada uno llegaba a la conclusión de que era un abusador o que lastimaba al pelinegro físicamente. Aunque no había rastro de algún golpe en Bill.
—Ahora dinos, que ocurrió— dijo Georg mientras tomaba de la mano a Gustav. Ellos llevaban una relación desde los quince años. A los demás no les importara que sean gays, en realidad, Bill creía que el amor podría venir de cualquier forma. Cualquier edad, cualquier tipo de sexualidad, y tal vez… ¿Entre hermanos?
—Bueno, primero quiero contarles sobre mi historia con Tom— comenzó. Contó sobre la forma en la que le gritaba antes cuanto el trenzado quería ayudarlo o simplemente ser bueno con él. No pudo evitar contener unas lágrimas al contar esa parte, siempre se sintió mal por su agresividad hacia el mayor. Andreas lo abrazó para calmar los llantos del pelinegro, logrando su objetivo. –Gracias Andy— susurró.
Siguió con su historia, hasta que llegó a la parte del beso. –No supe que hacer en eso entonces, fue algo, no sé, extraño, lindo, horrible, delicioso, no sabía por cual decidirme; si eso estaba mal y tenía que golpearlo y que se vaya a la mierda, o dejarme llevar y seguirle. Pues me quedé con la segunda opción y me sentí, se sintió… Genial— dijo recordando el momento.
—Espera, espera, espera… Tú hermanastro ¿te besó?— preguntó Andreas.
—Sí.
—¿Y qué paso después? ¿Abusó de ti?— preguntó Gustav.
—¿Eh? No, no, no, el jamás haría eso, es muy dulce como para hacerme algo así. Lo que pasó después fue que lo empujé y lo saqué de mi habitación. Porque en ese momento me di cuenta de que lo que había hecho estaba mal y no logré entender por qué quise seguirle, estoy muy confundido— botó la cabeza en la mesa mientras se agarraba torpemente los pelos.
—¿Quieres decir que te gustó, y la vez te sentiste mal por ello?— preguntó Georg.
—Ajá.
—Creo que todavía no te diste cuenta de tus sentimientos hacia él— dijo Andreas.
—Así es, tal vez por eso te sientes tan confundido y extraño. No sabes si lo odias, o si en realidad, lo amas— le siguió Gustav.
—Y seguramente estás así porque no quieres amarlo, algo te impide hacerlo. A lo que me refiero es, que si no existiera esa barrera hacia él, dejarías que ese amor dentro de ti fluyera, pero no lo quieres aceptar. ¿Cuál crees que sea la razón por la cual no lo quieres aceptar?— concluyó Georg.
—Ahmm, bueno, no lo sé— dijo el pelinegro. –Tal vez es porque, somos hermanastros, somos hombres, y porque… porque… Él es hijo de Jorg, y saben que odio todo lo que venga de mi familia, así que…
—¡Ahí está!— gritó Georg mientras se levantaba de su asiento llamando la atención de todo el mundo. Se sonrojó y volvió a sentarse mientras escondía el rostro entre el cuello de su pareja. –Es por es que no lo aceptas, tienes miedo de que te vean mal por amar a alguien muy cercano a ti, y además, porque tienes esa barrera en tu mente de no dejar entrar a nadie que venga de tus padres.
—Tiene razón— le siguió el rubio.
—Bill, si de verdad lo amas, y sientes que lo quieres, deja ese pensamiento atrás de evadirlo. Y, si dices que él fue muy dulce contigo, entonces, dudo que él no te quiera— dijo Andreas.
El pelinegro bajó la cabeza y miro directamente a su nuevo collar, a su anillo, y recordó ese beso con Tom. Trató de despejar su mente de aquella barrera de la cual sus amigos le hablaban, y se dio cuenta que tenían razón. Lo amaba, y no podía evitarlo, lo tenía loco después de aquella muestra de afecto tan grande. –Tom me regalo este anillo en mi anterior cumpleaños, y hoy me dio esto— dijo mientras se los mostraba a los chicos.
—¿Ves? Tom te quiere mucho— dijo Gustav.
—Tienen razón, llegaré a casa, y… le diré todo lo que siento por él— dijo el pelinegro.
—¡Ese es nuestro Bill!— gritaron los otros tres al unísono.
Ya estaba decidido, no podía evitarlo, quería decírselo. Y si se podía, quería sentirlo otra vez. Nada lo detendría. Sus días serían muy diferentes ahora.
En cuanto todas las clases terminaron, Bill fue corriendo hacia su casa en busca de su Tomi, con todas las ganas de saltar sobre él y abrazarlo, y decirle que lo amaba y que sentía habérselo ocultado todo ese largo tiempo. No podía esperar. Llegó a casa con una sonrisa, pero notó algo extraño. Había un paquete delante de su puerta, fue hacia él y leyó lo que estaba escrito.
De: Gordon Kaulitz
Para: Bill Kaulitz.
& Continuará &
¿Qué creen que pase en el siguiente capi? ¿Bill le dirá sus sentimientos a Tom? ¿Qué habrá dentro de ese paquete? Gracias por sus lecturas. Espero que les haya gustado la pequeña relación que hice entre los G´s jejeje. ¡Besitos!