Busco una familia 5

Busco una familia 5

Busco una Familia” Fic de Aura Johannessen

Capítulo 5: Regalos, Sueños y Luz

 Subió las escaleras a paso veloz con el gran paquete en manos. Sus padres todavía no habían llegado, solo estaba él solo. Tropezó justo en la última escalera haciendo que caiga de cara contra el suelo, sin embargo no sintió dolor alguno, había mucha adrenalina en su interior. Por suerte el paquete no sufrió daño alguno. Llegó a su habitación y se encerró con llave. Ahora, por fin estaba solo.

Dejó el paquete en su cama y se sentó delante de él mientras no dejaba de verlo. Su corazón latía a mil por hora, jadeaba y todavía estaba en shock. ¿No era un sueño? Esta era la primera vez que su padre le enviaba algo, y solo para él. El día había estado gris para el pelinegro, pero ahora, todo se tornaba de color rosa chillón. Comenzó a preguntarse qué habría adentro, con qué se encontraría al abrirla. Pues para saberlo, debía abrirlo. Sacó un estilete para romper la cinta adhesiva que mantenía sellada la caja, y sonrió al encontrarse con dos regalos aún envueltos, y una carta. ¿Una carta? Seguramente ahí decía la dirección de su padre, podría encontrarlo, podría escapar como tanto había soñado. No espero ni un segundo más para sacarla de ahí y leerla.

Querido Bill,

Sé que hemos estado separados por dos años, y para mí fue horrible no poder tenerte junto a mí. Te extraño mucho.

Sé que este día es muy especial para ti, y para mí también, porque este es el día en el que te vi por primera vez. Tan pequeño, tierno, y hermoso. Por eso decidí darte algo muy especial que significó mucho para mí. Cuando tenía tu edad fue mío, y ahora quiero que tú lo cuides por mí, y que con él, comiences a crear tus propias aventuras igual que yo lo hacía. Sé que no me defraudarás y cuidarás y disfrutarás de estos regalos con tu vida y alma.

Te quiero mucho mi pequeño.

Con amor:

Gordon.

Sus palabras hicieron que el pelinegro derrame lágrimas. Era lindo volver a escucharlo, porque en su mente, pudo escuchar la voz de su padre que le leí la carta. Como cuando Bill era pequeño y Gordon le leía cuentos antes de dormir. Recuerdos que nunca olvidaría. Contuvo algunos llantos por las imágenes del pasado que pasaron por su cabeza. Lo extrañaba demasiado, quería estar nuevamente con él. Buscó entre la carta su dirección, pero no la encontró, buscó en el paquete, pero no había rastro de nada. Buscó en todas las partes sin tener éxito. ¿Por qué su padre no había puesto su dirección? ¿Acaso no quería que Bill le escribiera de vuelta, o que al menos sepa donde se encuentra? ¿O tal vez era para salvarse el pellejo de la bruja de su madre? Seguramente era la segunda opción. La sonrisa de Bill desapareció, ya no podría escapar como quería, pero al menos tenía algo que le había pertenecido a su amado padre, y con eso se conformaba, sin embargo, lo quería de vuelta.

Se dispuso a ver los dos regalos que tenía frente a él. Empezó por uno que parecía un libro grande. Le arrancó la envoltura, y se encontró con lo que había pensado. No era un libro, era un álbum de fotos. Que al parecer, ya tenía algunas imágenes en él. Abrió el álbum, y se encontró con imágenes de su padre cuando era pequeño, adolescente, y había una página que decía: Mi Boda. Pero no había ninguna foto, sin embargo, se podía ver las hojas gastadas y un poco rotas. Seguramente su padre había arrancado esas imágenes después de lo que le hizo Simone. No lo culpaba, Bill hubiera hecho lo mismo. Saltó a la siguiente página, y vio unas hermosas fotos. En ellas estaban Gordon y el pelinegro cuando solo era un pequeño bebé. El adolescente se llenó de lágrimas al ver todas esas imágenes en las que estaban juntos. Saltó algunas hojas, y encontró una que decía: Ahora es tu turno Bill.

El pelinegro achinó los ojos, ahora entendía a lo que se refería su padre. Gordon quería que llenara las últimas páginas con todas sus aventuras, como él lo había hecho. Bill sonrió, era un regalo muy lindo, pero faltaba otro. Sacó el otro regalo y también le arrancó la envoltura, encontrándose con una de esas cámaras antiguas que sacaban una foto y después salía la imagen impresa de ella. A pesar de ser antigua, estaba bien cuidada y el modelo era hermoso. Sonrió y más lágrimas se escaparon de sus ojos, pero era de felicidad.

Decidió tomarse su primera foto para el álbum. Se acomodó el pelo y secó sus lágrimas. La luz del flash lo dejó un poco paralizado pero después volvió a sonreír al ver la foto salir de la cámara. Tomó un poco de cinta adhesiva y pegó la foto en el álbum. Pensó en un título para ponerle. “El mejor cumpleaños del mundo”

Soltó algunas risitas y se dejó caer en la cama con el álbum entre sus brazos sin quitar esa bella sonrisa de su cara. –Gracias papi— susurró, y se quedó dormido.

Un manto color rosa con manchas blancas cubrió el cielo gris llenándolo de belleza y alegría. Una melodía resonaba entre su mente obligándolo a abrir sus ojos y fijarse en el paisaje a su alrededor. El césped era azul y el cielo extraño. Sentía cosquillas cada vez que su cuerpo desnudo rozaba el pasto en el que había estado dormido. ¿Pero de cómo había llegado a ese insólito lugar? Se fijó en las rosas blancas a su alrededor y tomó una en sus manos. Tan delicada, suave, primorosa y de agradable olor. Un olor tan dulce, no era como el de una rosa cualquiera, su hedor era diferente pero especial. El perfume más delicioso, quizá hasta el más caro de todo el mundo. Sería imposible que el hombre pudiera crear una fragancia como esa, singular y deleitosa. Tenía experiencia en perfumes, y ninguno se comparaba al de aquella flor, todos los demás eran normales, exactamente iguales, no tenían nada en especial. Absolutamente nada. Misteriosamente aquella fragancia le hacía recuerdo a algo, pero no tenía idea de a qué. Era como si hubiera perdido la memoria, porque no lo recordaba. Algo que siempre había añorado, algo a lo que siempre había amado y respetado por toda su vida, esa fragancia le recodaba a eso, una cosa bastante especial para él. Su corazón gritaba el nombre de aquel objeto mil veces pero no podía escucharlo, al igual que no escuchaba el viento, los pájaros, su voz, sus latidos. Volvió su vista a la rosa de color claro olvidando por completo lo que lo tenía tan preocupado y siguió en su mundo. Sordo y mudo. Jugó con aquella belleza entre sus manos, hasta que lentamente se incineró convirtiéndose en polvo. Su piel se quemó, pero no sintió daño alguno. No hablaba, no escuchaba, no sentía dolor físico. ¿Qué le estaba pasando? La rosa fue arrebatada de sus manos por el viento. Se levantó comenzando a correr en busca de las cenizas de su flor que se dirigían hacia quién sabe dónde.  A cada paso que daba, el viento cubría su cuerpo impidiéndole ir más rápido. Se quejó. Sin embargo, el viento que tocaba su piel se convertía en blancas y suaves telas que lo envolvían, eran ropas. Ahora su desnudez era cubierta por mantos delicados y hermosos, como un ángel. Al estar vestido, fue impulsado por el aire hasta que llegó a su casa, pero era de color naranja, resaltaba con el cielo ahora violeta. La puerta se abrió frente a él y caminó hasta su habitación, ahí se encontró a sí mismo, dormido plácidamente con las cenizas de aquella rosa entre su cuerpo, y lentamente se desprendieron de él mientras se elevaban hasta el cielo.

En su lugar, aparecieron sombras que lo cubrieron. La casa se hizo de un color oscuro y estaba cayendo en pedazos, el hermoso cielo se hizo gris, las flores de afuera se secaron al igual que los árboles sin hojas y el suelo ahora era como un desierto. Se volvió a ver, seguía durmiendo, pero no estaba tranquilo. Se revolvía entre la cama, gemía, apretaba los ojos, gritaba, explotaba en su interior, por el miedo, tristeza y odio en su interior hacia aquellas sombras que ahora lo tenían envuelto. Cayó al suelo cansado y asustado al igual que su “yo durmiente”. Trató de gritar, pero era mudo, aunque ahora, a pesar de que antes era sordo, podía escuchar los gritos del otro. Era torturado por la oscuridad. Creyó que aquello no pararía y moriría, pero los gritos pararon, y miró a su “yo durmiente”. Había una luz que lo protegía de la oscuridad. La luz era un campo de fuerza. El chico volvió a dormir tranquilo, aunque no dejaba de gemir y jadear, estaba muy asustado todavía, pero había paz y amor en su interior. Al verse a sí mismo nuevamente tranquilo y protegido, hizo una nota mental de todo lo que había visto.

La rosa es mi padre, las sombras Jorg y Simone, y la luz es Tom”

Bill se despertó de golpe, jadeaba, gemía. No entendía si aquel sueño había sido una pesadilla o no. Fue extraño, nunca había soñado algo igual. De repente una voz lo sacó de sus pensamientos. –Bill, Bill, ¿estás bien?— El pelinegro llevó su vista hacia la persona que le hablaba, y al parecer estaba acostado a su lado y muy preocupado, era su hermanastro.

—Tom…— susurró el menor.

—¿Bill, estás bien?

—¿Qué pasó?— preguntó muy confundido.

—En cuanto llegué, te escuché gritar, y corrí hasta llegar aquí. Te encontré en tu cama durmiendo. Gemías, jadeabas, gritabas, te revolcabas por todos lados. Creo que no tuviste un buen sueño.

Bill se tardó en responder, porque estaba un poco nervioso. Tom estaba acostado sobre él, apoyado sobre sus codos, mirándolo directamente a los ojos. Los suyos todavía reflejaban preocupación. No pudo dejar de notar lo cerca que estaban sus labios, y soltó un gemido. –No sé si fue una pesadilla, pero fue bastante raro— respondió en tono un poco tímido.

—¿Qué soñaste?— preguntó el mayor quitando algunos cabellos de su cara, descubriendo el rubor de sus mejillas.

Bill relató las partes más importantes de su sueño, como la rosa incinerada, las cenizas que se dirigían al cielo, su “yo durmiente”, las sombras, la oscuridad, el miedo, los gritos, la luz. Sobre todo la brillante y amarillenta luz que, al recordarla, la veía reflejada en los ojos de su hermanastro. –Tal vez te suene extraño, pero creo que, la rosa era mi padre, las sombras eran Jorg y Simone, y la luz… eras tú— confesó.

Tom analizó la situación, y trató de buscarle sentido a todo eso, y lo encontró con facilidad. –Tu padre era la rosa que, se incineró en su interior por la tristeza que sintió al saber que Simone lo había engañado. Y tú te sentías bien con sus cenizas entre tu cuerpo, porque, era como si estuvieras todavía junto a él, hasta que se alejó de ti— explicó. Bill se quedó en silencio, impresionado por aquella observación, y lo miró con la intención de que siguiera. –Simone y Jorg, eran las sombras, porque siempre te hacen sufrir, y su simple presencia deja odio y tristeza en tu interior, por eso estabas tan aterrado— dijo el trenzado.

—¿Y la luz?— murmuró el pelinegro, pero el mayor lo escuchó.

—La luz soy yo, ¿verdad?

El menor asintió con la cabeza con movimientos rápidos y un poco torpes. —Sí. No sé por qué pero, me hace recuerdo a ti.

—Yo sé por qué— dijo Tom, el menor lo miro con atención, esperando a que hablara, y pronto volvió a escuchar su profunda y seductora voz. –Yo soy la luz, porque siempre te eh protegido de aquellas sombras que te hacen daño, siempre estoy ahí cuando me necesites, soy como un campo de fuerza que te protege. Tal vez la luz no sea tan fuerte para alejar todo ese miedo que antes tuviste, tal vez no pueda alejarlo completamente de ti, pero puedo darte paz— dijo acunando el rostro del menor. Bill se sonrojó por todas esas frases que había recibido, se sintió conmovido y, en calma, con deseos de su amor. Se acercó lentamente a los labios del mayor, quien entendió lo que su hermanastro deseaba, e hizo lo mismo.

Solo lograron un pequeño rose de labios, porque escucharon la puerta de la entrada abrirse y cerrarse. Simone y Jorg habían llegado, y seguramente irían directamente a la habitación del pelinegro. Tom tuvo que separarse, aunque no quisiera, del menor. Salió de la cama lentamente.

—Tom…— susurró el pelinegro.

—Debo ir, tengo que ayudarte para que esas sombras no entren a tu habitación. ¿Olvidas que soy tu luz?— dijo caminando hacia la puerta con una sonrisa. Fue seguido por el pelinegro, quien llegó a su lado.

—Eres la luz de mi vida— susurró en su oído, y le dejó un beso en la mejilla. El trenzado sonrió, y luego salió sin nada más que decir.

&

La noche llegó y los padres del pelinegro decidieron salir a comer a un restaurante bastante caro y elegante por el cumpleaños de Bill. Como siempre él se había negado, cenar significaba tener momentos junto a su familia y no quería eso, quería quedarse en casa mientras seguía sacándose miles de fotos para su nuevo álbum, el cual ya tenía tres páginas llenas de varias imágenes. Por desgracia, fue obligado a ir le guste o no. Tom también intervino rogándoles a sus padres que no fueran y que lo dejaran a su hermanastro en paz, pero fue en vano, saldrían sí o sí.

Bill ya estaba terminando de arreglarse el maquillaje, hasta que la voz de Jorg se hoyó desde afuera. —¡¡¡Bill llegaremos tarde si no te apresuras!!!— el pelinegro bufó.

—¡Ya casi estoy listo!— dijo imitando el tono de voz de su padre. Se puso una ligera capa de gloss en sus labios, y salió de su habitación. Al parecer todos lo estaban esperando. –Ya— fue lo único que dijo.

—Ya era hora— murmuró su madre, pero Bill la escuchó.

—Perra— susurró en su oído cuando ella pasó a su lado, pero lo ignoró como siempre hacía, conteniendo las ganas de gritarle.

Jorg quiso que el pelinegro fuera en su auto junto con Simone, pero antes de que pusiera alguna excusa, Tom se negó y obligó a que su hermanastro fuera con él. Sus padres no se lo concedieron, pero igual se lo llevo, ignorando los gritos. Salió partiendo como un rayo hacia su destino. Bill no puso objeción en ir junto a su hermanastro, no le molestaba, pero lo ponía muy nervioso, aunque no hubo contacto entre ellos, excepto por algunas miradas que se daban a ratos. Las cuales reflejaban deseo, como siempre. –Gracias— dijo el pelinegro rompiendo el gran silencio entre ellos.

—Sabes que siempre estoy ahí para ayudarte— tomó la mano del menor mientras acariciaba su suave piel. Vio el rubor que aparecía en las mejillas del pequeño, y sonrió. –Estás hermoso, siempre te ves divino.

—Gracias— respondió ocultando su rostro entre su cabello.

—¿Por qué te ocultas?

—¿Eh?

—Déjame verte un poco más— tomó al adolescente por la barbilla y volteó su mirada hacia sus ojos, contemplando aquel brillo que tenían. Hicieron contacto visual por un buen rato.

—Tom…— murmuró Bill.

—¿Qué pasa, Bill?

El pelinegro quiso confesarle sus sentimientos hacia él, sin embargo, por alguna extraña razón, no lograba que las palabras correctas salieran de su boca. –Si quieres, puedes decirme Billy.

El trenzado sonrió. –Está bien, pero solo si tú me dices Tommy.

El menor no pudo evitar sonreír y soltó algunas risitas. –Okey, Tommy.

—Espero que disfrutes la cena, Billy.

—Mmm, sería bonito si no estuvieran Jorg y Simone en la velada, en cambio, si solo fuéramos tú y yo, me encantaría— confesó.

—Billy, te traje conmigo, porque en realidad quería llevarte a otro lugar, en donde podamos estar los dos solos— dijo el trenzado, Bill lo miró un poco confundido, hasta que vio la mano de su hermanastro apuntar hacia un lugar. El más grande parque de diversiones de toda la ciudad. 

 &   Continuará   &

Tom, y Bill, solos por la noche. ¿Qué creen que puede llegar a pasar? ¿Bill por fin le revelará sus sentimientos hacia él? ¿Simone se dará cuenta que escaparon? Todo esto y más en el próximo capi. Besotes y gracias por sus lecturas.

por Aura Johannessen

Escritora del fandom

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