Busco una familia 8

Busco una familia 8

Busco una Familia” Fic de Aura Johannessen

Capítulo 8: El Escape

—Voy a escapar— anunció con voz decidida, y se fue a su habitación todavía con algunas dudas rondando por su cabecita.

—¡Bill! ¡No! ¡No hagas eso!— gritó el trenzado muy preocupado. Al darse cuenta que su hermanastro no respondía, supo que se había ido, seguramente a su habitación. –Mierda— murmuró. Él no podía escapar, tenía que quedarse. En realidad, Tom no quería que se vaya, porque odiaría vivir lejos del amor de su vida. ¿Dónde iría? ¿Con quién viviría? ¿Qué comería? Escapar de casa era algo serio que necesitaba de mucha valentía. Bill todavía era joven y apenas sabía encontrar un buen lugar para dormir, tampoco sabía comprar algo por sí mismo. Exagerando un poco claro. Tenía que hacer algo, no dejaría que el menor se escapara de sus manos. Pero estaba encerrado, y seguramente ahora Bill no lo escuchaba. ¿Qué haría? Se dejó caer al suelo apretando sus sangrientas manos por los golpes que le daba a la puerta. Y justo en eso, para empeorar todavía más las cosas, sus padres aparecieron para hablar con él. Bufó. Esto tardaría un tiempo, y quizá iba a terminar sin voz por todo lo que gritaba. Pero se quedaría sin voz por defender a Bill.

En otro lado, el pelinegro yacía tirado en su cama pensando en lo que le había dicho a Tom. ¿De verdad iba a escapar? ¿Lo haría enserio? ¿Estaba decidido al cien por ciento? Bueno, al fin y al cabo ya lo había dicho. Por ende tendría que hacerlo. Aunque estaría solo en todo el recorrido en busca de su padre, pero, estaba seguro de que algún día lo encontraría. Podrían pasar años en la calle sin encontrarlo, sin embargo lo haría. La ciudad era grande, solo alguien con verdadero coraje se aventuraría por las calles de Berlín para encontrar solo a una persona, solo a una. Pero todavía no había pensado algo muy importante. ¿Y qué tal si su padre se fue a otro país? No, no, eso no era posible. Bill estaba seguro que todavía vivía por ahí, eso creía.

¿Pero y Tom? ¿Lo iba a dejar atrás? Eso lo ponía muy triste, dejar a la persona que comenzaba a amar, para siempre. Si se iba no lo volvería a ver, nunca más. No volvería a vivir esos momentos tan dulces, nunca volvería a sentir su piel contra la suya, nunca volvería a sentir sus deliciosos labios contra los suyos. Todo se perdería para siempre. Si tan solo nunca se hubiera enamorado nada esto no hubiera sucedido. Sin embargo enamorarse no es malo, el pelinegro no se quejaba de sentir aquel amor hacia su hermanastro. Justo en ese momento recordó que nunca le confesó todo lo que sentía hacía él. Tom ya se lo había confesado, era injusto que Bill no lo haya hecho. Pero no habría forma de decirle, porque nunca más lo volvería a ver. Comenzaron a salir algunas lágrimas de sus ojos. Se iría. Ya lo decidió.

Tomó una maleta y comenzó a empacar todo lo que le podría servir. Más que todo llevaría ropa, dinero y comida que robó de la cocina una vez. Eran suficientes para algunas semanas, después tendría que usar de su dinero para comprar más comida. Por eso comenzó a contar cuanto tenía. Le alcanzaría para unos años si los usaba de forma inteligente. Seguramente adelgazaría y quedaría peor de lo que estaba ahora. Nunca dejó de ser un enclenque debilucho. Fingió una sonrisa al ver su reflejo en el espejo. Sus ojos hinchados por las lágrimas, su maquillaje corriendo por sus ojos, su cabello mojado y despeinado, su ropa empapada, y manchas de sangre por toda su boca. Tendría que cambiarse antes de pescar un resfriado. No sería bueno escapar en esas condiciones. Se desnudó y antes de entrar a la ducha miró nuevamente su reflejo. Sus costillas bien marcadas, más de lo normar, su piel cadavéricamente blanca, sus piernas delgadas como palos, y sus brazos débiles. No entendía cómo era posible que alguien tan guapo de un increíble físico como Tom, pudiera estar enamorado de un niño debilucho, flacuchento y pálido. Bill era como un muerto. Suspiró y entró a ducharse.

El agua comenzó a caer contra su piel, la sangre se dispersaba y ahora, por un momento, sintió paz. Silencio y tranquilidad al fin. No quiso arruinar el momento pensando en sus problemas, pensaría en cosas bonitas. Tom. Fue lo primero que llegó a su mente cuando se refirió a “cosas bonitas”. Ahora ya no se lo podía sacar de su cabeza. Sus trenzas largas y oscuras, sus hermosos ojos avellana, sus labios carnosos y tentadores, su piel bronceada y suave al tacto, su perfecto físico, todo lo que escondía debajo de esos montones de ropa que traía. Recordó la primera vez que se besaron. Fue un sentimiento tan mágico y delicioso. La primera vez que pudo sentirlo, la primera vez que se enamoró.

—Tommy…— dijo por lo bajo mientras sentía que se enduraba una parte de él. Se estaba excitando de solo pensar en él. Es que su hermanastro lo hacía sentir así. Estaba loco por él. Pronto sintió las ganas de tocarse, necesitaba atención, mucha atención. Tomó su miembro entre sus manos y comenzó a tocarlo suavemente, pero la lujuria lo invadió y terminó masturbándose con fuerza sin dejar de pensar en la luz de su vida. –Ahhh… Tom…, ahhh…— gimió por lo bajo imaginando que quien lo tocaba era el trenzado. –Mmm, sí— comenzó a jadear y cerró sus ojos llenos de deseo. Llevó su otra mano a una de sus tetillas y jugueteó con ella. Nunca se había tocado de esa forma, estaba muy sensible. Relamió sus labios y entreabrió su boca. Estaba loco por la sensación del placer. Pronto sintió algo húmedo entre su mano. Ya iba a llegar. Estaba perdiendo la cabeza, estaba loco, esto era algo tan salvaje y delicioso. Y era la primera vez que se masturbaba. No entendía como antes no fue capaz de hacer algo como eso. De verdad le estaba gustando. Pensó que nunca iba a parar, pensó que quedaría presa del placer para siempre, hasta que eyaculó en su mano. Todo ante él se tornó blanco, como si estuviera por llegar al cielo, se llenaba de sudor, todo su cuerpo hervía y respiraba con dificultad. –Oh, Tom…fue increíble— susurró entre jadeos. Abrió los ojos, y al darse cuenta que el mayor no estaba, entendió que solo fue una simple fantasía. Suspiró, de verdad le hubiera encantado que fuera real. Terminó de limpiarse y salió de la ducha. Miró la hora, eran las cinco de la tarde, se iría de casa por la noche. Se cambió de ropa y se acostó en la cama contemplando la cámara que Gordon le había regalado. Decidió ver el álbum de fotos una vez más.

—Muy pronto estaremos juntos papito, te lo prometo— susurró mirando una de sus fotos, y se durmió.

Abrió los ojos como un rayo. Se había soñado nuevamente con la rosa, las sombras y la luz. Todavía lo veía como una pesadilla. Sacudió la cabeza y miró la hora. Eran las diez de la noche. ¿Se había dormido por tanto tiempo? Para él fue como solo un minuto. Se levantó de la cama, guardó el álbum de fotos y la cámara en su maleta y colgó una sudadera sobre sus hombros si es que llegaría a tener frío. Miró la puerta, no, quizá sus padres seguían despiertos, no quería que lo descubrieran, saldría por la ventana. Tomó sus cosas y las tiró a fuera, para después saltar. Solo esperaba no morir, aunque no era una caída tan grande. De repente, cuando ya estaba poniendo un pie fuera de la casa, alguien tocó a su puerta. Pensó que era Simone, hasta que escuchó otra voz.

—Bill, soy yo, abre la puerta— dijo la dulce voz de Tom que le hablaba desde afuera. El pelinegro sonrió y se dispuso a abrirle, y lo abrazó en cuanto lo tuvo frente a él.  —Bill, no te vayas, no me dejes aquí solo— susurró el trenzado devolviendo el abrazo.

—Tom, yo, no quiero irme pero, debo hacerlo, ya no soporto más a esta familia.

—Por favor quédate, no soportaría vivir sin tu compañía, te necesito— le dio un beso a la cabecita del menor. En ese momento, Bill supo que era el momento perfecto para decirle sus verdaderos sentimientos hacia él. Tenía que hacerlo de una vez por todas. Tragó pesado y luego lo miró con ojos tímidos.

—Tommy, yo, quería decirte que…, siento nunca habértelo dicho y guardarlo hasta este momento pero, te amo. Te amo más que a mi propia vida. Me tienes completamente enamorado, no sé cómo pasó pero, no lo puedo evitar. Te verdad te amo demasiado. Más que a mi propia vida— dijo con toda la sinceridad y ternura del mundo. El trenzado sonrió de oreja a oreja y lo apegó más a su cuerpo si era posible.

—Yo también te amo, con todo mi corazón, te amo desde el primer día que te conocí. Sabes que no puedo resistirme a esta atracción— dijo contra la frente del otro.

—Lo sé, yo tampoco puedo resistirme— sonrió, y se quedaron haciendo contacto visual por solo unos segundos. Hasta que el pelinegro tuvo una idea. –Tom.

—¿Sí?

—Quiero escapar…

—Lo sé— lo interrumpió con voz triste.

—Pero no solo, escapemos juntos— susurró. Tom lo miró con un brillo especial en los ojos y soltó algunas risitas. —¿Qué dices? ¿Lo hacemos?— preguntó todavía esperanzado. Tom se lo pensó un buen rato. Él estaba empezando a odiar a sus padres, y digamos que tampoco quería seguir viviendo en ese lugar. Al igual que su hermanastro, quería un día de paz, respirar tranquilo por una vez por todas. Vivir como siempre quiso. En una familia en la que todos se amaran.

—¿Y qué pasa si Gordon no me acepta?— preguntó.

—Te va a querer, tú eres un buen chico, y si yo te amo, él también te amará— respondió el pelinegro con tono alegre. El trenzado sonrió y acunó el rostro de Bill con sus manos.

—Voy a ir— dijo, y besó los labios del menor. No fue nada apasionado, solo fue un beso casto e inocente, pero lleno de amor y ternura. Algo que solo Tom podía transmitirle. Se separó y fue a su pieza para empacar algunas cosas que seguro necesitaría. Mientras tanto Bill lo esperaba mirando a la ventana. Sus cosas todavía seguían tiradas ahí a fuera.

Ya no podía esperar, por primera vez en mucho tiempo, podría escapar, al fin sería libre. Y lo mejor, no estaría solo, tendría la compañía de la persona a la cual más amaba. Ahora ya todo valdría la pena. Imaginaba el día de mañana cuando Simone los buscara y se dé cuenta que no estén ahí, le parecía gracioso. Aunque era obvio que también los buscaría, tendrían que ser muy discretos. En cuanto Tom estuvo listo, volvió a la habitación del pelinegro para salir de una vez por todas. Se asomaron a la ventana, el trenzado tiró sus cosas como el menor, y se tomaron de la mano. —¿Listo?— preguntó el mayor.

—Listo— respondió con una sonrisa. Saltaron todavía sin separarse de su unión y al llegar al suelo terminaron con algunos raspones, pero al menos aterrizaron sobre un gran arbusto. —¿Estás bien, Tommy?

—¿Sí, y tú?

—También— respondió ignorando que ahora tenía un raspón en media cara que le ardía un poco. Tomaron sus cosas y contemplaron la casa unos minutos.—Bien, ¿a dónde vamos ahora?— preguntó Bill, sí, tenía que buscar a su padre. ¿Pero por dónde iba a comenzar?

—Bill, por la tarde, después que me dijiste que te irías. Investigué, investigué e investigué horas y horas hasta que encontré esto— le pasó un papelito, en donde estaba escrita una dirección. –Supuse que querías ir con Gordon, así que hice de todo por encontrarlo.

El menor se quedó inmóvil, no sabía qué decir ante eso. Tom sabía que se iría, y era obvio que no quería eso, pero igual se pasó toda la tarde buscando eso para ayudarlo. Unas lágrimas bajaron por su mejilla. Era algo tan dulce e incomparable, solo una persona que de verdad te ama haría eso por ti. —¿Lo hiciste? ¿A pesar de que sabías que me iría para siempre y no te volvería a ver?— preguntó entre sollozos.

—Sí, solo quería que fueras feliz.

—Gracias, gracias, gracias— murmuró cayendo en llantos.

—No quería que llorarás— dijo el trenzado abrazando al menor.

—No te preocupes, son lágrimas de felicidad. Te amo.

—Y yo a ti.

La noche se pasó rápido, ahora que sabían dónde estaba Gordon, no habría porqué preocuparse, se tomaron la noche libre. Solo esperaban que la dirección que tenían sea la correcta. No fueron en el auto de Tom, porque Simone podría localizarlo. Había puesto un GPS en su vehículo después de que se escapó con Bill al parque de diversiones. Pero eso no importó. Fueron a una pizzería en bus para no viajar con el estómago vacío. Después pasearon por una plaza llena de hermosas luces que iluminaban la noche. Y el menor aprovechó para tomar fotos de ambos juntos en su noche de aventura. Después las pegó en su álbum junto a Tom, quien disfrutaba de su noche juntos. En cuanto tuvieron sueño, fueron a un pequeño hotel. Ellos pidieron dos camas en la misma habitación, pero a pesar de eso, terminaron durmiendo juntos en solo una. No hicieron nada, solo durmieron abrazados, disfrutando de la cercanía del otro.

La luz del sol apareció al día siguiente despertando al pelinegro. Ahora se preguntaba si sus padres ya se hubieron dado cuenta que no estaban. Seguramente. Acarició el pecho del mayor, el cual estaba completamente desnudo, porque durmieron solo en ropa interior.

—Tommy, despierta— dijo el menor. De inmediato el mayor abrió los ojos.

—Buenos días pequeño, ¿cómo dormiste?

—Apretado, pero bien.

—Hubiéramos pedido una cama más grande— Bill soltó unas risitas.

—No importa, prefiero tenerte muy cerca— le dio un dulce beso el cual su hermanastro respondió con la misma dulzura que el otro. Pero esa dulzura se perdió cuando introdujo su lengua en la boca del menor pidiendo más. Bill acarició sus trenzas y rosó su miembro contra el de Tom.

—Mmm… Bill— gimió.

—Mejor vámonos, se nos hará tarde— dijo el pelinegro un poco rojo.

—No, quedémonos un rato más, te deseo— confesó.

—Yo también— tartamudeó.

—Entonces quedémonos, y juguemos un poco— dijo en tono sensual.

Bill no se lo pudo resistir. De verdad quería, ya había tenido su fantasía con Tom, lo deseaba en serio. Y era el momento ideal para “jugar”. Estaban solos, semidesnudos y con todo el tiempo del mundo. Pero quería ir de una vez por todas a ver a su padre. Además, seguramente otro día podrían hacerlo. Nada los separaría ahora. Se separó de Tom con dificultad, sus movimientos, voces y demás lo estaban matando por dentro. Quería quedarse y dejarse hacer todo lo que su hermanastro quería, pero no lo haría. Se empezaba a odiar a sí mismo por no aceptar.

Salió de la cama y buscó sus pantalones y se los puso con rapidez. —¿Por qué no vienes aquí? ¿Acaso no me deseas de verdad?— preguntó el trenzado moviéndose entre la cama y apartando la sábana de su cuerpo, mostrando sus perfectas abdominales y el bulto que se formaba en su ropa interior al pelinegro. Bill se quedó babeando al ver aquello. La luz se reflejaba en su bronceada piel, sentía las ganas de probarlo. Se puso rojo al notar la forma tan tentadora en la que sus ojos lo veían llenos de lujuria y bajaba su mano por su torso hasta llegar a su miembro, donde comenzó a masajearlo suavemente sobre la tela de sus boxers. Relamió sus labios y soltó un gemido.

—Tom, te quiero, pero, ahora no— se quejó poniéndose su camiseta. Volteó para no ver lo que estaba pasando allá atrás, aunque en su interior quería verlo en acción.

—Bueno, te lo pierdes— dijo el trenzado sin parar con lo que hacía. El pelinegro solo le atinó a ponerse sus zapatos sin dejar de mostrarle la espalda. Todavía escuchaba sus sonoros gemidos y jadeos. ¿Por qué le estaba haciendo eso? No era nada divertido. Al menor le comenzaba a doler tener su miembro escondido entre sus ajustados pantalones, quería sacárselos y unirse a la diversión junto a su hermanastro, peor no lo haría. Todavía no. Quería que Tom lo deseara, pero al parecer, todo su plan iba al revés. El trenzado es muy astuto. Intentó pensar en algo más para perder su erección, pero era imposible con los ruidos del otro, no podía salir de su cabeza. Terminó más loco que un psicópata y corrió al baño para arreglar ese problemita, y escuchó las risas de Tom, quien se había reído por la reacción del pequeño. Bill solo le atinó a rodar los ojos.

Después del desayuno, ambos volvieron a las calles de la ciudad, ahora sí irían con Gordon. Tomaron un bus y esperaron hasta que los llevara a su destino. El estómago del menor se removía de solo pensar en que volvería a ver a su querido papá, a la persona que más amaba en el mundo— claro, después de Tom— estaba más que emocionado, estaba feliz, nervioso, alegre, hiperactivo, impaciente. Tantos sentimientos que se revolvían como mariposas dentro de él. Se preguntaba: ¿Cómo estará mi padre? ¿Se acordará de su pequeño? ¿Qué dirá al verme? ¿Aceptará a Tom en la familia?

Tomó aire para tranquilizarse un poco, porque si no, se saldría de control y la cabeza le explotaría en cualquier momento. En cuanto salieron del bus tuvieron que caminar unas cuantas cuadras para llegar, hasta que se encontraron con el gran y feo edificio frente a ellos. De verdad era feo, además porque estaba en una de esas calles pobres de la ciudad. Los chicos se tomaron de la mano antes de entrar. La puerta chilló al abrirla, lo cual asustó a un gato negro que saltó de un bote de basura. ¿Por qué Gordon se encontraba en ese lugar? ¿Qué acaso no era el tipo rico y trabajador? Adentro había una pequeña recepción, donde se debería encontrar alguna señorita al tanto de todo, pero no había nada, solo un vagabundo dormido en el suelo. Se acercaron a la oficina de recepción, no, no había nadie. Decidieron entrar para buscar el registro y saber en qué habitación esta su padre. Lo encontraron con facilidad. El ascensor estaba fuera de servicio hace quién sabe cuántos años, así que deberían subir muchas escaleras.

Subieron poco a poco para  no cansarse, pero Bill estaba con el corazón que se le salía, así que se adelantó. –No vayas tan rápido, espérame— dijo el trenzado ya un poco cansado después de quince escalones.

—Alcánzame— dijo el pelinegro divertido corriendo escaleras arriba. Pronto escuchó los pasos de Tom acercarse a él, se río y aumentó su velocidad.

—Te vas a caer.

—No me voy a caer— se quejó mirando hacia atrás sin siquiera parar. De repente, se tropezó contra un escalón. Hubiera caído contra los escalones si no fuera por Tom, quien llegó a tiempo para atraparlo en el aire. –Bueno, tal vez tengas razón— dijo el pelinegro entre risas.

—Te lo dije. ¿Por qué tan de prisa?

—Lo siento, es que, no lo puedo evitar, estoy ansioso por ver a mi padre— dijo sin quitar su alegría de encima.

—Lo sé, pero, hay que tomarlo con calma, ¿okey?

—Okey— respondió haciendo un puchero, lo cual mató de ternura al trenzado. Se acercó a sus labios y le dio un beso. Inocente, pero lleno de amor como siempre. Se separó con lentitud, sin embargo, Bill acortó las distancias con otro beso más apasionado esta vez. –Te amo— dijo al separarse.

—Yo también.

Siguieron subiendo algunos escalones hasta que llegaron al piso indicado. Buscaron entre las puertas el número que le correspondía a Gordon, hasta que lo encontraron. El pelinegro suspiró, era el momento tan esperado. Tom tomó su mano para calmarlo un poco, y el menor se sintió con más confianza. Toc, Toc, Toc, tocó la puerta. Esperó a que alguien abriera, pero nada. Toc, Toc, Toc, volvió a tocar, pero nuevamente, nadie abría. –Qué extraño— dijo el trenzado— Tal vez salió.

Bill miró la puerta con ojos tristes de perrito, y empujó un poco la puerta. Y vaya sorpresa, estaba abierta. Saltó del susto al verla abrirse por sí sola, pero luego volvió a tomar postura decido a entrar. –Bill, no puedes hacer eso, es mejor esperar a Gordon.

—Pero Tom, él es mi papi, puedo hacer lo que quiera, espera aquí— dejó su mano y entró a paso lento. Mientras más se acercaba escuchaba una radio que narraba el partido de esta semana. Sin duda alguna Gordon estaba ahí. El ruido venía de la sala. Puaj, la casa estaba igual de asquerosa como se veía a fuera. Había ropa tirada por ahí, el basurero estaba tirado en el suelo con basura saliendo de él. Había botellas de vidrio también en el suelo, cenizas de cigarrillos y olía a alcohol. Su padre no era alcohólico, y menos fumaba. Era bastante extraño. Llegó a la sala, y todas sus esperanzas, emociones, alegrías, ilusiones y demás sentimientos, desaparecieron al ver a su padre sentado en una silla, con una botella de vodka en la mano, más botella vacías a su alrededor, fumando, descuidado y con una barba larga.

—Papá, ¿por qué?

&   Continuará   &

¿Qué fue lo que le pasó a Gordon? ¿Por qué se dejó llevar por las malas tentaciones de la vida? ¿Se habrá olvidado de su hijo? Todo esto y más en el próximo capítulo. Gracias por acompañarme en esta historia con sus lindas lecturas. ¡Besotes!

por Aura Johannessen

Escritora del fandom

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