
«Cold Heart» Fic TWC de TKHTLLL
Capítulo 4 (P.1)
—¡Mierda! — me cubrí con las mantas de inmediato en un intento por tapar mi desnudez, tirando bruscamente de ellas, a penas logré cubrir lo suficiente para no quedar completamente expuesto.
Justo cuando había acabado por correrme ya estaba otra vez masturbándome como un puberto y estaba tan entrado en lo mío que a penas pude reaccionar cuando Bill entró en mi habitación. No se detuvo en ningún momento a tocar la puerta o llamar desde fuera, solo se metió y cerró la puerta con seguro a una velocidad impresionante, pero al girarse en mi dirección se quedó quieto.
Me había alcanzado a ver a penas durante unos segundos antes de atinar a cubrirme con lo primero que encontré. Yo estaba paralizado, y él también, boquiabierto, con los ojos abiertos como dos platos, su mirada caía fija en mi entrepierna pero de inmediato la apartó a cualquier lugar de la habitación mientras yo me aclaraba la garganta, tratando de sentarme mejor.
—P-perdón, Tom…
—Olvídalo… ¿Qué pasó? — por fin me senté en la cama ya estando tapado y apunté en dirección al suelo para que Bill me pasara la ropa que se encontraba ahí.
Joder, que puta vergüenza.
—A-ah, si… escuché unos ruidos y cuando me acerqué a las escaleras ví a un hombre abajo… no sé quien es ni si es algún familiar que tú reconozcas pero… — hablaba aún notablemente incómodo y enrojecido mientras se agachaba para agarrar mi ropa, pero se quedó en completo silencio de un momento a otro cuando otro ruido más vino desde abajo. Estaban moviendo algo.
No tuve ni tiempo a reaccionar, de repente ya tenía a Bill encima mío. Se había tirado en mi dirección en cuanto escuchó ese sonido.
Bueno, al menos ya sabía que si tenía sentimientos, porque estaba muerto del miedo, estaba seguro. Su cara estaba escondida en mi pecho desnudo y se aferraba a las sábanas con fuerza, aunque yo solo pude apoyar mi mano en su espalda para que no se sintiera tan desprotegido.
En ese momento tuve ganas de abrazarlo con fuerza y demostrarle que no pasaba nada, pero no era el momento, si había alguien en la casa no me podía quedar tan tranquilo, claro, un maldito extraño en casa y yo cachondeando con mi hermano.
Tomé fuerza de voluntad. — … Bill, necesito ir a ver que pasa, quédate aquí.
Negó inmediatamente y su cabeza se separó con rapidez de mi cuerpo, aclarándose la garganta al notar la cercanía, aunque extrañamente seguía aferrándose a las sábanas y su cuerpo seguía junto a mi pecho. — yo… yo te acompaño.
—No, quédate aquí, sé que te mueres del miedo, Bill… y no te voy a exponer a que te pase algo, ¿Oíste? — me impresionó que a pesar de su claro temor no me quería dejar ir solo… Kathrin aceptaba sin quejas.
Mis manos fueron con un poco de duda a sus hombros para alejarlo de mi pecho en su totalidad, y esta vez no se negó, solo se separó para sentarse mejor en mi cama. Me levanté y vestí lo más rápido que pude, ya sin importarme que Bill me estuviera viendo en total desnudez, y bueno, tampoco pude procesar muy bien su reacción, pues fui a abrir uno de mis cajones. De ahí saqué una navaja, la navaja que mi madre me había dado en mi cumpleaños porque me gustaba coleccionarlas, y salí de la habitación.
Esta vez no me di el tiempo de salir lento, no podía, al contrario, intenté llegar lo antes posible a las escaleras y las bajé sin hacer ruido.
Al llegar a la sala ya no se escuchaba nada… pero eso me preocupaba aún más. Si alguien estaba dentro y no hacía ningún sonido no tenía forma de estar prevenido o saber donde se encontraba. Vaya situaciones de mierda ocurrían justo cuando mamá no estaba presente… ahora el trabajo iba para mí, vaya mierda.
Encendí la luz de la sala, mi vista se pasaba por todo el lugar, revisando detrás del sofá, cortinas, muebles y cualquier posible lugar donde alguna persona podría esconderse. Revisé la cocina pero nada, ahí tampoco había alguien, el baño igual, el patio, jardín, habitaciones… pero nada, en la casa solo estábamos Bill y yo.
No faltaban cosas, nada estaba fuera de su lugar, no habían entrado a robar en definitiva, tampoco había algo distinto, todo en su lugar, entonces no sabía porque alguien había entrado.
Bill tampoco pudo haberme mentido, yo mismo escuché el ruido que hacían en el primer piso cuando lo tenía encima mío, no pudo ser él, y la puerta no tenía seguro, tampoco estaba cerrada, sino que levemente abierta, así que si o si se habían metido, lo que no sabía era el motivo…
Volví a revisar toda la casa solo por si las dudas y subí de vuelta las escaleras, entrando nuevamente a la habitación.
En cuanto entré Bill se levantó de la cama al ver que se trataba de mí y corrió hasta donde yo estaba. Estaba preocupado, su sola mirada me lo decía, y de inmediato comenzó a hablar. — ¿Quién era? ¿Le hiciste algo? ¿Te lastimó? ¿Lo conoces?
—Hey, hey, tranquilo… no había nadie, revisé toda la casa y está vacía. — dije mientras miraba detrás mío, por el pasillo, como si buscara estar seguro de lo que acababa de decir. — no sé para que se metieron pero no robaron nada.
—¿No… no había nadie?… — se veía sinceramente confundido, llevando su mirada al suelo. — Tom, te juro que ví a alguien… yo no… no tengo porque mentir, no…
—Bill, sé que no mentiste, déjalo así. — me apresuré a callarlo. — … llama a mamá y pregúntale si volverá hoy, ya vengo. — asintió de inmediato y yo me fui a la sala de nuevo.
Puse todos los seguros, apagué las luces y tomé un cuchillo de cocina para tenerlo a mano, solo por si a caso se les ocurría entrar de nuevo, seguro esa navaja no sería lo más útil. Si algo me había enseñado ver toda la saga de Ghostface era a no hacerme el valiente e ir a donde claramente estaba el peligro, pero ese instinto me fallaba un poco en ese momento.
Subí de nuevo y entré a la habitación, dándole una rápida mirada a Bill, quien tenía su vista fija en el celular.
—Tom, mamá no volverá hasta mañana, ¿No tienen un colchón inflable o algo?… No quiero dormir solo hoy. — lo miré esperando a que fuera más específico, con una ceja alzada. — ¿Puedo quedarme aquí… contigo?
Bien, listo, era el mejor día de mi vida.
Mamá no estaba, me masturbe como nunca antes, tuve a Bill encima mío y ahora quería dormir conmigo, ¿Qué más podía pedir?
Un beso, eso me faltaba.
—No tenemos colchón inflable, pero podemos dormir en mi cama. — bueno, en realidad si teníamos uno, pero si tenía la oportunidad de dormir en la misma cama que Bill, la tomaría sin dudarlo.
—Ah… no, no, si no hay uno volveré a mi habitación, no importa. — claro, pero no todo podía ser tan perfecto.
Se había rendido tan fácil, ya caminando de vuelta fuera de mi habitación, pero no le dejé ir. Cerré los ojos con fuerza justo cuando pasó por mi lado y sin pensarlo mi mano lo sostuvo del brazo para detenerle, mirando a un lado. — ya recordé que si tenemos uno… pero quédate sobre la cama, Bill, yo puedo dormir en el colchón. — me miró y después de estar en silencio durante algunos segundos asintió, soltándose de mi agarre.
—Ve a buscar ese colchón.
Bueno, no le importaba si yo dormía en el suelo, en el colchón o en la calle, con no dormir juntos y él estar cómodo le era suficiente… ja, vaya buen hermano me había tocado.
Él no me esperó, solo se subió a mi cama, abrazando una de mis almohadas con fuerza como si yo no estuviera presente y yo me fui en busca de aquél colchón antes de llevarlo a la habitación. — ¿Estás cómodo? — pregunté mientras lo llenaba de aire, y él asintió, viéndome tan tranquilo desde la cama.
—Mi colchón es nuevo y eso me gusta, pero… es más duro, este es más cómodo. — explicó y solté una pequeña risa mientras me levantaba, sacándome la camiseta en busca de otra para dormir.
Siquiera había notado que Bill ya estaba vestido con el pijama… sus finas piernas se asomaban por esos shorts negros algo holgados y la camiseta que usaba era ligeramente más grande que de costumbre, claro, a diferencia de las ajustadas que siempre usaba. Era casi mejor que ver una obra de arte… de alguna forma su piel blanquecina me gritaba para que pusiera mis manos sobre ella y poder sentir su suavidad, pero no, no, tenía que sacarme esas ideas en ese mismo instante.
Era obvio que estaba encantado con mi hermano. Bill podría estar simplemente sentado, comiendo, durmiendo o haciendo lo que sea y yo encontraría pequeños detalles en él que lo harían ver aún más perfecto de lo que ya era.
Romántico.
—¿Ya tienes sueño? — dije luego de terminar de ponerme los pantalones y me senté en el borde de la cama, justo a su lado, aunque él solo asomó su carita por la almohada. No dormiríamos juntos pero al menos dormiría en mi cama, abrazando una almohada que tenía inevitablemente mi aroma.
—No, no… aún no tengo sueño, pero prefiero que se haga rápido de día, y para eso debo dormirme… — asentí en silencio. Si seguía sacándole temas para hablar terminaría yéndose, así que mejor pulsé el interruptor para quedar a casi total oscuridad, solo con la luz de la luna entrando por la ventana. — Tom… — levanté la mirada para verlo. — perdón por lo de hace rato.
—¿De qué hablas?
—Por tirarme a la cama de esa forma… también por invadir tu espacio personal.. — suspiró. — tenía miedo, ¿Bien? No era mi intención incomodarte y no va a ocurrir otra vez.
—No me molestó, creo que deberías acercarte más seguido a mí de… esa forma. — lo último salió como un pequeño murmullo, pero él alcanzó a escucharlo, haciendo una pequeña mueca que no alcancé a identificar, aunque al parecer intentó dejarlo pasar.
—Mmm… — su mirada se apartó de la mía, claramente apenado, solo miraba el techo, mordiendo sus labios con nervios. — también perdón por no haber tocado la puerta, no… esperaba encontrarte así.
—Olvídalo, Bill. — comencé a reír, aunque realmente no quería que lo olvidara, si le hacía un comentario que insinuara algo raro probablemente saldría corriendo, le diría a mamá y luego me pondría una orden de alejamiento… era mejor solo dejarlo pasar. — duerme, anda.
.
5:36 a. m.
La tenue luz en mi rostro me hizo despertar. Aún no había mucho sol y el cielo seguía un poco más oscuro que de costumbre… probablemente eran cerca de las seis de la mañana, pues la calle seguía bastante sola a excepción de alguno que otro auto que sonaba al pasar fuera de casa.
Me levanté de ese colchón para acercarme a las ventanas y abrirlas con sumo cuidado de no hacer ruido. El aire estaba fresco, hacía bastante frío afuera, pero honestamente amaba cuando estaba así el día, sin ese molesto sol.
Si estuviera lloviendo ahora sí estaría perfecta la mañana.
Bill se removió en la cama con suavidad, haciéndose bolita en esta cuando sus piernas se flexionaron hasta acercarse a su pecho… su cabello se esparcía sobre la almohada de forma aleatoria y sorprendentemente todavía la almohada era abrazada por él. No la había soltado en toda la noche.
La frialdad de las calles se metió por la ventana y ahora seguramente se estaba muriendo de frío.
Abrí el armario y saqué una manta de este. — te ves más bonito cuando duermes y no me haces tus caras. — dije bajito, aunque sabía que no me estaba escuchando, me acerqué para extender la manta sobre su cuerpo hasta cubrirlo con la misma hasta el cuello, y su respiración se tranquilizó de nuevo como si el calor hubiera regresado al instante a su cuerpo, hundiendo la cara en la almohada una vez más.
Con lo lindo que se veía me daban ganas de acostarme a su lado y abrazarlo, pero en su lugar volví a tumbarme en el colchón.
Estuve viendo mi celular por un buen rato sin hacer nada en especial, pero llevaba ya unos días donde no había tenido el mismo contacto de siempre con Andreas, así que aproveché mi aburrimiento y le mandé algunos mensajes de texto.
Por suerte me respondió… vaya vago, seguramente no había dormido en toda la noche.
Aunque lo agradecía. Ayudó a mi entretenimiento durante ese rato, pues hablamos de corrido sin salir del chat hasta esperar otro mensaje de parte del otro, como siempre, nos era fácil sacarnos temas de conversación hasta el punto de hablar de varios a la vez e incluso me reía inevitablemente con lo que decía.
Ya había olvidado lo bien que me hacía sentir hablar con mi mejor amigo.
—Mmm… — Bill comenzó a estirarse en la cama y de inmediato apagué el celular cuando se sentó sobre esta, dejándolo a un lado a pesar de como vibraba por los mensajes de mi amigo.
Su cabello estaba despeinado y se notaba aún lo somnoliento en él. Seguramente en cualquier momento volvería a quedarse dormido, era adorable.
—¿Qué tal dormiste, Bill? — de inmediato me volteó a ver, como si no esperara mi presencia en mi propia habitación, increíble.
—Bien… — murmuró luego de un rato, apartando la mirada de mí para pasarse las manos por los ojos en busca de sacarse el sueño y miró a su alrededor con el ceño un poco fruncido. — ni siquiera recordaba que dormí aquí. — suspiró, echándose el cabello hacia atrás y este en seguida se deslizó de nuevo por su rostro.
—¿Quieres… quieres quedarte hoy en casa? Podemos faltar a clases si quieres.
—No me gusta faltar a clases, Tom, mis calificaciones bajan… — aún parecía estar con sueño, tardaba un poco en responderme y su voz seguía un poco ronca. Apartó las mantas de sus piernas, acomodándose de lado y se estiró un poco ante mi mirada.
Sería tonto decir que no había avanzado aunque sea un poco con Bill… ya no me evitaba al menos y podíamos mantener una pequeña conversación.
Quizá era el momento para avanzar con él, aunque sea un poco. — pero mira como está el día, ¿No tienes frío?
—Mmm… pues si.
—¡Ahí está! Mejor nos quedamos aquí, me muero de frío y tú igual. — me senté a su lado y no lo pensé demasiado, tomé sus manos entre las mías y las acaricié, buscando darles calor. Parecía como si tocara un muerto, su piel era tan helada como el hielo.
Definitivamente tendría que hacer un buen trabajo para darles calor, pero no me dió la oportunidad, a penas pude acariciarlas cuando las alejó bruscamente y se levantó de la cama, frotándose las manos como si tratara de limpiarse. — Tom, deja de invadir mi espacio personal, me incomodas. — no sabía exactamente que decir o hacer, solo lo miraba en silencio, aún sentado sobre la cama. — no me toques otra vez, ¿Okay? Estoy siendo amable contigo.
Suspiré, agachando la cabeza un momento antes de responder. — el tema del espacio personal es muy importante para ti, ¿Verdad?
Asintió con la cabeza. — lo es. — fue lo único que dijo y salió de la habitación sin decir nada más. Lo había arruinado de nuevo.
¿Yo que iba a saber si se iba a poner así solo con tomarlo de la mano? Todo estaba siendo más difícil de lo que tenía pensado.
Mi única solución sería decirle todo lo que siento si Bill seguía alejándome cada que tratara de acercarme. Con el paso del tiempo mientras más rechazos recibiera de su parte más dolerían… y más sentía la necesidad de estar con él.
O detrás de él.
Quizá porque me gustaba lo difícil, o quizá porque lo que sentía era algo verdadero y no algo pasajero, de cualquier forma el resultado era el mismo, me dolía no lograr nada con cada intento que hacía, pero lo mejor era simplemente fingir que no había pasado nada.
Salí de la habitación y caminé en dirección hacia la suya, estando a punto de tocarla cuando la misma se abrió. Bill elevó una ceja al verme, extrañamente ya llevaba la mochila en mano y fruncí el ceño al procesarlo. ¿Cómo se cambió tan rápido? — ¿Ya estás listo? Aún no me he vestido, solo dame unos minutos y…
Fui interrumpido. — me iré solo, no quiero que me acompañes otra vez, y si le quieres decir a mamá que me tatué, adelante. — se encogió de hombros y prácticamente me golpeó con uno de estos al pasar por mi lado, yéndose sin más.
Normalmente tardaba poco más de tres horas en ducharse, planchar su cabello, agregarle un poco de laca en la parte superior, maquillarse, retocarse las uñas, buscar que ponerse, elegir unas botas y claro, no podían faltar los accesorios.
Era un vanidoso y se daba el tiempo necesario para parecer un muñequito de porcelana, por eso me sorprendió lo rápido que estuvo listo solo para no tener que irse conmigo.
Si le daba la importancia que él quería que le diera sería peor, en su lugar le dejé irse, me vestí lo mejor que pude, me puse esa colonia que tanto me halagaban las chicas y me fui a clases.
Bien, Bill, si creías que esta era mi única jugada estabas equivocado, era hora de usar mi segunda táctica: Verme seguro de mi mismo.
Si no le llamaba la atención con tenerme detrás suyo tal vez lo haría si me veía con otras personas que no eran él.
Mi plan era simple, portarme indiferente con Bill y ser como era antes. Libre de mi hermano menor.
A penas llegué a la preparatoria aproveché que mis clases aún no empezaban para darme el tiempo de ir con mis amigos en vez de acompañarlo hasta que empezara la clase de Bill. Ni siquiera sabía porque lo hacía, él siempre se quejaba y yo siempre llegaba tarde a mis clases por lo mismo.
—¡Hey, Tom! — saludé a Georg chocando nuestras manos y me senté junto a él. Ahí estaban Gustav, Andreas y Blaz.
—Ya casi no te sentabas con nosotros.
—Pues claro, si ahora tiene a su hermano adorado. — rodé los ojos. Ya era tan cotidiano escuchar a Andreas quejándose de Bill, aunque él no estaba ni enterado o le daba importancia. — Tom, ¿Por qué dejaste de responder mis mensajes? Te envié fotos de Blaz, estaba ebrio a más no poder.
Me encogí de hombros. — tenía que vestirme para venir, no podía llegar en pijama.
Abrió la boca sin saber que exactamente decir, pero finalmente sacudió la cabeza, sacando su teléfono. — Mmm ¡Bueno! No importa, te las muestro ahora, mira. — me mostró su más amplia sonrisa, rebuscando en su teléfono algo mientras se acercaba a mí.
—¡Se veía terrible! ¡Debemos recordarle estas fotos por el resto de su vida! — Georg se integró en la conversación, aunque no estaba tan entrado en la gracia que les hacía, Bill seguía en mi cabeza.
—¿Y qué las hace tan graciosas?
—Vomité encima de Alice… — bien, hasta ahí. No pude evitar reírme de él a carcajadas en cuanto mencionó eso. Había vomitado sobre la chica que le gustaba… bueno, una de las chicas que le gustaban, aunque claro, si a mí me pasara eso no me estaría riendo tanto. En este caso, si yo vomitaba sobre Bill no volvería a hablarme en su vida y le daría asco el verme.
—¡Jajajajaja! ¡No creo que te vuelva a hablar después de esto! — las fotos en el celular de Andreas me hacían reír sin parar, en todas estaba haciendo el tonto al igual que en los vídeos que tenía.
—Ya, ya, dejen de burlarse de su amigo. — Gustav no tardó en arrebatarnos el celular, aunque seguíamos riendo a pesar de eso. — si fueran ustedes no sería muy gracioso. — nos miró con desaprobación, cruzado de brazos aunque todos lo ignoramos.
El estómago me dolía un poco de tanto reír, pero poco a poco mi risa cesó al llevar mi vista en un momento hasta la penetrante mirada que tenía encima mío. Cómo lo esperaba, lo que me encontré fue a Bill, estaba sentado en una de las jardineras.
Mi plan estaba funcionando al parecer.
Sus ojos estaban sobre los míos, pero no por mucho, rápidamente los desvió a otro lugar cuando nuestras miradas conectaron y se levantó para irse a su clase, cruzado de brazos… ¿Me estaba haciendo un berrinche?
Esa mirada fue como un llamado, en mi cabeza me estaba pidiendo que no esté con ellos, sino con él, que lo vaya a buscar… pero si lo hacía me tendría de nuevo comiendo de su mano y no era el punto…
Mi plan era un éxito, la indiferencia era lo que tenía que usar en su contra, ¿Cómo no lo pensé antes? Él ama sentirse amado, ama que todos estén detrás suyo y no hacer caso a ninguno, si veía que perdí el interés por sus rechazos terminaría siendo él quien me buscaría a mí… o eso esperaba.
Con esa interacción que tuvimos me fui tranquilo a mi clase. Toda esta me la pasé distraído, hablando con mis amigos o chicas, aunque eso ya era normal. Lo raro sería poner atención.
¿De verdad había alguien que ponía atención cuando estaba en clases? Creo que todos los intentamos en algún momento y cuando nos dimos cuenta ya estábamos hablando con nuestros amigos, riendo o pensando en cualquier cosa que no fuera en lo que dice la profesora.
Era tan seguido en mí que estuviera hablando que ya los profesores ni me tomaban importancia, al final el de la baja calificación sería yo.
Aunque siempre me las ingeniaba para no reprobar, y ni sabía como, probablemente no había persona más vaga en la preparatoria que yo.
Bueno, en ese momento tampoco me importaba ni un poco saberlo, estaba más ocupado pensando en alguien.
Realmente me preguntaba si Bill me tendría en su cabeza aunque sea un rato cuando no estábamos juntos, porque yo lo estaba pensando todo el tiempo, incluso en ese mismo momento, pero él parecía estar en su propio mundo siempre.
Las clases terminaron y me fui al descanso, de nuevo con mi papel de despreocupado. Como solía ser antes de que mi hermano volviera. Comenzaría a ser coqueto con las chicas que me parecían bonitas, eso generaba que se me acercaran.
Si Bill buscaba a alguien de su nivel, lo tendría. Por lo que había visto muchas mujeres y hombres se le acercaban al poco tiempo que llevaba aquí, aunque todos eran rechazados por él.
Quizá alguien de «su nivel» tenía que tener pretendientes igual que él, ser deseado igual que él y deseado entre nuestros compañeros, pero no solo eso, ser único, y todo eso lo tenía yo. Bill ya estaba tan acostumbrado a rechazar a las personas que estaban detrás suyo que tal vez le llamaría la atención conocer a alguien que no lo estaba.
Este plan no podía salir mal, si no le gustaba así tendría que decirle lo que sentía por él obligatoriamente, aún siendo hermanos.
Llevaba esperando que Bill saliera desde hace un rato, parado en la entrada junto a Georg.
Acababa de organizar una fiesta en mi casa. Si mi hermano quería a alguien popular entonces no encontraría a nadie más popular que yo.
En cuanto me percaté que Bill ya estaba saliendo de sus clases me giré en dirección a Georg y comencé a platicarle cualquier cosa, fingiendo distracción. — no sé como me presto para estas cosas… encima que es para que conquistes a tu propio hermano yo te estoy ayudando… no sé quien está peor. — murmuró entre dientes, acomodándose la camiseta lleno de incomodidad.
Claro, Georg sabía de mi plan, era en el único que podía confiar en esos momentos. Me facilitaría las cosas.
—Tú sígueme la corriente y ya, ¿O no quieres ver a tu amigo feliz? — suspiró y asintió, siguiéndome esa conversación que en realidad no tenía ningún sentido, le estaba contando algo inventado y él fingía interés por el tema.
—Ahí viene…
De inmediato mi forma de pararme fue una mucho más relajada, mis expresiones faciales también cambiaron como si estuviera contando algo súper interesante y había una pequeña sonrisa en mi rostro.
Aunque la realidad era que nuestra conversación se limitaba a: «Hola, cómo estás, bien, que bueno» y volvíamos al inicio.
Pero eso Bill no tenía porque saberlo.
El punto era verme seguro de mi mismo, eso seguro le gustaría, aunque no podía verlo porque tenía que estar «distraído» — nos volteó a ver… — su voz bajó para que no nos escuchara y veía discretamente detrás mío, por donde si o si tenía que pasar mi hermano.
—¿Aún nos ve?
—Se te quedó viendo pero se fue después, parecía… indignado.
—¿Qué? Pero, a ver, dímelo detalladamente, ¿Qué expresiones tenía? — ambos murmuramos, parecía que íbamos en la primaria, inmaduros.
Rodó los ojos. — solo salió, se quedó parado mientras nos veía pero luego se cruzó de brazos y se fue.
—¿Pero que cara tenía?
Otro problema en mí era que cuando alguien hacía algo y tenía que ver conmigo quería saberlo todo con lujo de detalles, me gustaba saberlo exactamente como fue. Incluso si me actuaban perfectamente cada uno de los movimientos, palabras o lo que sea que haya hecho la persona, mejor.
—Pues la misma que tú. — bromeó y de inmediato hice amago de golpearlo, por lo que se cubrió entre risas y volvió a hablar. — joder, Tom, ¿Quieres que te haga un dibujo o qué? Solo frunció el ceño.
—Bueno… es suficiente para mí, seguro le molestó que no fui con él. — asentí varias veces, frotando mis propias manos entre sí. Ahora me sentía algo nervioso e inquieto, y se notaba. — me voy ya a casa para preparar todo lo de la fiesta y tú sigue invitando gente.
—No creo que sea buena idea hacer una fiesta sin el permiso de tu madre, Tom… solo espero le digas que no estaba de acuerdo contigo.
—Claro, claro, haz eso, me tengo que ir.
Palmeé su hombro y me fui casi corriendo hasta la casa. Yo no estudiaba muy lejos de donde vivía, de hecho estaba por la calle donde muchos de mis compañeros vivían, por eso me era tan seguro irme solo, yendo siempre habían personas que conocía con destinos parecidos al mío.
Además que era conocido básicamente por toda la preparatoria aunque no me llevara con ellos del todo.
Continúa…
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