
«Cold Heart» Fic Toll de TKHTLLL
Capítulo 6
Estábamos en silencio, Bill ni siquiera se había dignado a mirarme en los casi 45 minutos que llevábamos en mi habitación. No preguntó como seguía, no me miró con desprecio o hizo caras de aburrimiento, simplemente tenía la vista en el suelo con una cara de enojado que solo me provocaba ternura, sentado en el sofá individual en mi habitación y cruzado de brazos.
Bien, ahora tenía la oportunidad de hablar con él de nuevo, más calmados. De todas formas no podía irse, tenía que estar conmigo porque según me sentía mal aún, aunque el dolor de cabeza se me había ido poco después de que nos dejaron solos.
Pero ahora que lo tenía frente a mí no sabía que decirle exactamente o como empezar la conversación sin recibir diez insultos como respuesta. Esta mañana habíamos dicho tantas y tantas cosas en contra del otro que tenía que tener muy poca vergüenza para hablarle como si nada. Bien, con algo había que empezar.
—Bill.
—No. — bueno, lo intenté.
Aparté la mirada, aclarándome un poco la garganta mientras pensaba que palabras utilizar. — Bill… tenemos que hablar.
—No, no tenemos que hablar, no me hables. — solté el aire que estaba conteniendo de forma ruidosa antes de sentarme mejor en la cama, apoyando mi espalda en el respaldo de esta. Sería difícil convencerlo siendo tan infantil, ¿No podíamos tener una conversación normal?
—Perdón por lo que dije esta mañana, Bill.
—No te perdono. — en ningún momento me había dirigido la mirada, su vista seguía fija en un punto ciego del suelo, pero no podía exigirle que me mirara en ese instante.
Insistí. — estaba molesto porque sentí que todos mis intentos habían sido en vano, no pienso realmente nada de lo que dije y… — una vez más fui interrumpido.
—Ah, mira… ve al punto, Tom, digas lo que digas no te voy a perdonar. — por fin me miró, tirándose de mala gana para estar completamente recostado en el sofá, despreocupado.
—Bill… ¿Por qué tienes que ser tan infantil? Solo dame una oportunidad para hablar, como la gente normal… como los hermanos normales.
—No, no quiero darte una oportunidad, ¿No lo entiendes? No voy a dejar que te acerques a mí de nuevo después de lo que me dijiste. — dejó de cruzar los brazos, apoyando ambas manos en los reposabrazos del sofá para inclinarse en mi dirección. — no importa que me llames: «Infantil» no me importa, ¿Oíste? No soy infantil, soy una persona que sabe poner límites, yo no te traté mal en ningún momento, te pedí que no me molestes, que no me hables, y en respuesta me insultaste y tampoco estás tomando en cuenta lo que te pedí, así que no vengas ahora y me pidas hablar aprovechándote de que mamá es estúpida y no se da cuenta de que no estás enfermo.
Me quedé callado. Mierda, ¿Cómo podía darle la contraria? — Bill… solo escúchame un momento.
—No, no permito que nadie me hable como tú lo hiciste más de una vez, no te quiero escuchar.
—No era mi intención ofenderte.
—¿No era tu intención ofenderme al decir que soy una mierda de persona? Vaya. — fingió una risa y negó, incrédulo. — lo que más me impresiona es que me llamaste de esa forma solo porque no tengo interés en convivir contigo y hacer realidad tus sueños de hermano mayor.
Bufé con molestia. — mierda, no pensé en lo que decía, tampoco te lo tomes tan personal. — alzó una ceja ante el cambio en mi tono de voz y me pasé una mano por el rostro con frustración, buscando recuperar mi tranquilidad. — solo quiero que seamos hermanos normales…
—Tú sabes que no podemos ser hermanos normales. — inmediatamente lo miré cuando habló, tragando saliva de forma discreta. — no me mal entiendas… yo no puedo ser un hermano normal, simplemente no me nace serlo, no quiero estar cerca de ti… bueno, ni siquiera te tengo aprecio como se tienen los hermanos. No siento nada.
—¿Nada?
—Nada, y tú lo sabes perfectamente, Tom. Te lo he dejado claro muchas veces pero sigues insistiendo. — se levantó y fue hasta mí, sentándose en el borde de la cama. Vaya que dolía… sus palabras dolían, todo lo que decía me lastimaba, y él como siempre, solo me miraba indiferente. — no me arrepiento de decir que me sobras, ni de pensar que eres simplemente una persona más del montón… aunque con la mala suerte de ser mi hermano.
—¿Y tú cómo sabes si soy una persona más del montón? No te has dado el tiempo ni de conocerme.
—Tom, no hay nada distinto en ti que genere un interés por mi parte.
—Déjame demostrarte que puedo ser distinto a los demás, Bill.
En ese instante no respondió más. Ambos nos miramos, yo en busca de una aceptación por su parte y él… bueno, no podía saber que esperaba él, o que pensaba, solo me miraba en silencio, tal vez con un poco de pena. Por primera vez parecía que realmente estaba considerando mis palabras, porque se quedó como mudo en un largo rato, pero para mi desgracia, finalmente solo pudo negar con la cabeza de forma casi imperceptible, agachándola a los segundos. — no, Tom… lo siento, puedes esforzarte lo que quieras. No siento nada.
Esta vez su tono al hablar no era de burla o indiferencia, tampoco con desprecio… en serio se estaba disculpando conmigo por no poder sentir nada.
Tomé aire. No dejaría de intentarlo tan pronto, Bill estaba entrando en razón. — mira… yo puedo ayudarte a sentir algo, Bill. Si solo pones un poco de tu parte yo te ayudaré… te tendré paciencia, lo prometo… pero no me alejes. — mientras hablaba me acomodé más cerca suyo, tomando discretamente su mano entre la mía, y él se mordió los labios con nervios.
—No, Tom…
—Te lo suplico.
—No… déjame… ¡Ah! Déjame pensarlo. — se levantó de la cama en busca de buscar distancia, pero yo hice lo mismo de inmediato.
—Ponme a prueba hasta mañana, Bill, solo eso necesito y… y ahí decides tú.
Parecía que una vez más me iría rechazado, pero luego de unos segundos obtuve una respuesta positiva cuando lo vi asentir con la cabeza. Había aceptado mi propuesta, dios… no pude contener un suspiro de alivio, y estuve a nada de hablar, pero mi madre abrió la puerta, haciendo que ambos volteáramos a verla, con las pastillas del dolor de cabeza en mano. Medio tarde, mamá.
—Hijo, ¿Te sientes mejor?
Tomé aire, apretando los labios antes de hablar. — amm si, ya mejor, mamá, gracias… creo que… ya puedo bajar a comer bien, no te preocupes.
—¡Perfecto! Vayamos abajo entonces, les fascinará lo que prepare para ambos. — sonreí inevitablemente. Quizá mamá no estaba muy presente en casa, pero cuando lo estaba era buena madre a mi parecer, aunque viendo la cara de Bill, no sentía que creyera lo mismo.
Durante toda la comida, mamá fue la única que hablaba de los tres, en cambio Bill y yo solo nos veíamos de reojo mientras comíamos. Genial, ahora estaba ansioso por acabar de comer y estar con él un rato más. — ¡Uh! Me encanta ese programa. — dijo mamá, sacándome de mis pensamientos solo por un momento mientras ella subía el volumen a la televisión, aunque esta estaba en la sala y seguramente a penas alcanzaba a ver. — la protagonista está haciendo de todo por conquistar a ese hombre aunque él ya la rechazó por su baja posición social. — Bill pareció interesarse por esa trama, levantando la cabeza para tratar de ver lo que pasaba, pero yo seguí viéndolo a él.
—¿Por qué la gente no acepta un no como respuesta? Los dos deberían buscarse a alguien de su propio nivel, tampoco podemos juzgarlo a él por no querer bajar sus estándares y conformarse con poco. — dijo Bill, y mamá nos miró a ambos, perpleja por su respuesta. Ella solo quería que dejáramos nuestro silencio y platicar un poco, pobre.
—Bueno… ambos tienen dinero, solo que ella se ha abierto una mala fama entre las personas de su clase y por eso es alejada de los demás. — respondió, subiendo aún más el volumen para que pudiera escuchar. Bill prestó atención a los diálogos. — igual, he visto este programa muchas veces, al final terminan juntos, se amaban, pero él se negaba a sí mismo a enamorarse.
—¿Terminan… juntos? — Bill apartó la mirada de mamá y la llevó a mí, encontrándose con la mía. No disimulé ni un poco al verlo, y una sonrisa se me formó en el rostro al ver su carita apenada. Inmediatamente agachó la vista de vuelta a su plato, nervioso.
—Si, terminan juntos, ¿No son lindos? — a pesar de su pregunta, ninguno de los dos respondimos otra vez, mirándonos constantemente en silencio.
Me sentía cómplice de algo y seguramente él también, ni siquiera le prestamos más atención a mamá cuando siguió hablando, todo lo que hacía era hacerle señas para irnos, aunque él negaba discretamente, haciéndome sonreír con diversión.
Los demás podían decir que no debería estar detrás de él alimentando más su ego, pero eso no era lo que quería, no quería rendirme tan pronto, y para ser honestos me gustaba lo egocéntrico que era.
¿Cómo podía seguir molesto con él?
Habíamos estado en silencio un rato más, por lo que mamá se aclaró la garganta, intentando una vez más que habláramos. — ¿Y… qué harán hoy, hijos?
—Voy a escuchar música.
—Eh, tal vez salga un rato. — esas fueron nuestras únicas respuestas.
Mamá apretó los labios, incómoda mientras pensaba que más decir para no dejar morir la conversación, llevando su vista de Bill a mí una y otra vez, notando que simplemente nos veíamos fijo el uno al otro.
—Bill. — mi hermano la miró, esperando que hablara y ella suspiró con tranquilidad, sonriendo. — ¿Bajaste de peso? Te ves más delgado. — también aparté mi vista de Bill cuando preguntó eso.
—¿En serio?…
—Si, me alegra, hijo, te ves muy bien. — dijo más animada, pero Bill agachó la cabeza, y su brazo rodeó su propio estómago.
—En realidad… estoy bajo de mi peso. He estado comiendo más para tratar de subir… creí que estaba funcionando. — susurró lo último, sobando su propio abdomen plano, y mamá se movió incómoda. Otra vez lo había arruinado sin darse cuenta.
Tal vez buscaba halagar a Bill, pero lo único que logró fue hacerlo sentir mal, porque claro, todos asumen que decir que alguien bajó de peso es halago y decir que subió es el mayor insulto de la vida.
Genial, me tocaba enmendar su error.
—Lo estás logrando, Bill, yo si noté que subiste de peso. — me apresuré a entrar en la conversación, y forcé una sonrisa, buscando dejarlo más tranquilo. — igual no es como que importe si subes o bajas, de cualquier forma te ves bien… te ves en serio hermoso. — sus ojos se abrieron a más no poder, pero no me retracte. Tenía claro que le gustaban los halagos, y si quería sentirse superior yo sería quien lo ayudara. Mientras hiciera cosas que le gustaran, sería mejor. — lo digo en serio, Bill. — insistí, y él relajó su expresión, apartando la mirada.
—Gracias, Tom. — se limitó a responder, mostrando una pequeña sonrisa que a penas era notoria.
Mamá se levantó de un parón, bien, seguro para ella ya era suficiente toda esa situación incómoda. — eso, muy bien, entre hermanos deben decirse cosas bonitas. — dijo juntando los platos y se apresuró a alejarse de nosotros para ir a la sala y ver más cómoda aquél programa, pero habló desde allá. — Bill, recoges los platos, por favor.
—¡Yo lo hago, mamá! — me ofrecí de inmediato y me levanté lo más rápido que pude de la mesa, sin esperar una respuesta de su parte, aunque no pareció prestarme atención, ya estaba metida en la televisión, por lo que me puse a recoger los platos que juntó y a penas estuve a un lado de Bill para tomar lo suyo aproveché para inclinarme en su dirección, acercando discretamente mi boca a su oído sin despegar la vista de mi madre. — espero que ya estés pensando las cosas. — me limité a decir, alejándome.
Él se quedó completamente tenso, y yo seguí mi camino a la cocina.
Lavé los platos con total tranquilidad mientras escuchaba los pasos de Bill en dirección a las escaleras. Iba de vuelta a su habitación. — aún no… — susurré para mí, aún no había acabado de demostrarle las un y mil razones por las que merecía otra oportunidad.
Le envié un mensaje a Georg.
«No sabes cuanto te lo agradezco, amigo»
Obtuve una respuesta inmediata, como solía pasar, Georg era un adicto al celular… tanto que a veces prefería no darse una ducha para estar un rato más en este.
«¿De qué hablas?»
«Bill y yo hablamos, si todo sale bien hoy estaremos mejor que nunca… aún estoy a prueba»
«Sabes que te vas a arrepentir, ¿Verdad?»
«Vamos, Georg, no seas pesimista, eso no pasará, y si tanto piensas que me voy a arrepentir no debiste irte para dejarme solo con él. Sé que tu madre no te encargó nada»
«…»
Comencé a reír con su respuesta, guardando de vuelta el celular en mi pantalón y salí disparado directo a la habitación de Bill, a la cual entré sin tocar antes la puerta, y Bill estaba ahí sentado, pero inmediatamente se levantó al verme, aún tenso… más de lo que debería. — Tom…
—Ponte más bonito de lo que ya eres, te llevaré de compras. — si, tal vez estaba arriesgando demasiado aún cuando solo estaba a prueba, pero sabía que a Bill le gustaba gastar, o al menos eso le dijo a mi madre, y al parecer tuve razón.
Su boca se abrió con sorpresa y poco a poco se formó una sonrisa en su rostro, la más amplia y sincera que había mostrado hasta ahora. Estaba emocionado. — ¿Tú… tú me vas a comprar cosas a mí?…
—Todas las que quieras, Bill, ¿Te gusta esa idea? — no sabía de donde sacaría el dinero, después de la fiesta no me había quedado mucho, aunque tenía unos ahorros en mi habitación… De pequeños gastos que hacía solía guardar el resto para lo que se ocupara, me sería útil ahora.
Bill se veía feliz, pero su expresión se volvió pensativa, dando lentos pasos hasta estar parado frente a mí con ojos de inocentón. — ¿Y si después de comprarme lo que yo quiera sigo sin dejar que te me acerques?
Sonreí, estirando mi mano con confianza para acariciarle la mejilla, y él se quedó plasmado. — probablemente te asesine si haces eso, pero estoy confiado en que no lo harás, no te creo tan malo. — alejé mi mano de su rostro y me crucé de brazos, con total seguridad. Bill sonrió levemente, mirándome unos segundos en silencio antes de caminar hasta la puerta, y la abrió, girándome yo en su dirección.
—Vete, debo vestirme.
—Ah, si… me voy. — dije saliendo de mi trance y sacudí la cabeza, saliendo rápido de la habitación con su risita detrás mío, divertido por mi actuar. La puerta se cerró e inmediatamente apreté los puños, sacudiendo las manos con emoción mientras caminaba casi a saltos a mi habitación. — eso, Tom, muy bien… — murmuré para mí, tumbándome en el suelo para sacar el protector de mi guitarra y abrirlo para contar el dinero dentro.
Bill se tragaría sus propias palabras después de esto, no volvería a decir que soy igual a los demás, los demás no gastarían todo su dinero en él.
No me estaba haciendo el ciego, no sabía en que puto momento Bill comenzó a tener control sobre mí, a ese punto él podría decir, hacer o tratarme de la manera que quisiera y yo seguiría ahí, de patético. Quizá era un reto personal… quizá era tan terco y egocéntrico que no me detendría hasta que se retracte de sus palabras.
O quizá estaba siendo algo más por Bill.
—Tom… estoy listo. — salí de mis pensamientos cuando Bill habló, y fijé mi vista en la preciosura frente a mí. Se veía perfecto, con sus típicas camisetas de calaveras, unos pantalones de tiro bajo, justo a las caderas, cinturón de estoperoles, muñequeras y un hermoso collar de cuero.
Parecía que acababa de conocer a una estrella de rock. — te ves hermoso.
Bill negó con una sonrisa, tomando una camiseta en mi mueble a su lado y me la tiró en la cara, haciendo que riera mientras la tomaba. — deja de decirlo así, solo di que me veo bien. — dijo en lo que yo me levantaba de la cama. — ¿Mamá te dió permiso para que salgamos?
Guardé el dinero en mi bolsillo, ignorando por completo su pregunta. — creí que te gustaba que te halaguen. — respondí, caminando hasta él para ambos salir de la habitación, directo al primer piso.
—Me gusta, pero me parece extraño que tú lo hagas, siento que eres muy cariñoso… muy empalagoso. — hizo una mueca de desagrado. — y ayer me llamaste bebé. — dijo riendo e inmediatamente aparté la mirada, algo enrojecido.
—No estás acostumbrado a que te traten así, ¿Verdad? — negó con la cabeza. — ¡Mamá, en un rato regresamos! — ella solo asintió, ni siquiera nos volteó a ver, vaya, seguro estaba viendo ese mismo programa que ya se había vuelto su favorito o la novela de la que nos habló antes y de la que seguramente hasta Bill y yo nos haríamos adictos a ver. Bien, mientras más distraída estuviera, mejor, así tuvimos tiempo a ambos salir, y Bill retomó el tema.
—Es solo que… nunca me habían llamado de otra forma que no fuera mi nombre, me sorprendió pero no era el momento para reclamar. — dijo, mirando el suelo en todo momento hasta que llegamos al auto, y antes de que subiéramos tomé su brazo, deteniéndolo.
—Es normal que los hermanos se traten de esa forma, y se pongan apodos, lindos o graciosos… además te dije que te iba a ayudar a sentir algo por alguien, por eso me esfuerzo en tratarte bien.
—¿Tú vas a ser ese alguien? — alzó una ceja.
—Me gustaría… me gustaría hasta ser el único por el que sientas algo.
—No creo sentir algo por ti nunca.
—Bueno… para eso tienes que abrirte más a mí, y ahí veremos si lo logro o no. — bufó, mirando a otro lugar, pero inmediatamente mi mano fue a su mandíbula, empujando de vuelta su rostro para que me viera. — deja de alejarte cada que te tomo de la mano o te doy una muestra de cariño, ahí veremos si no sientes nada por mí nunca, como dices.
Esta vez Bill no respondió, su respiración estaba un poco agitada y rápidamente se dió la vuelta, rodeando el auto para abrir la puerta y entrar sin esperarme. Mamá ya me había dejado usar su auto antes, pero manejar con Bill sería distinto.
Esperaba no ponerme nervioso.
Aunque ahora me moría de la emoción, mierda, nunca había salido a algún lado solo con Bill, a menos que fuera para acompañarlo a la preparatoria, y eso que todo el camino se la pasaba quejándose, haciéndome caras o casi gritándome que le molestaba que fuera con él.
Muy diferente a ese momento, cuando subí al auto pensando un poco en que debería hacer o decir en toda nuestra «cita» y lejos de quejarse, gritarme o enojarse, me sacó de mis pensamientos tomando mi mano entre la suya. Inmediatamente aparté la vista del volante, mirando nuestros dedos entrelazados, o bueno… los suyos aferrados a mi mano, aún no correspondía. Bill no me veía, su vista había caído en el suelo, tratando de actuar con naturalidad a pesar de lo que hacía, y no pude evitar contener una risa, inflándose un poco mis mejillas.
—Bill… ¿Qué haces? — dije finalmente cuando la risa me ganó, y él miró de reojo muestras manos.
—Me estás diciendo que no te aleje.
—Si, pero ahora no puedo estar tomando tu mano, Bill, voy a manejar. — expliqué entre risas y él soltó mi mano de mala gana, sin decir nada más, lo que me hizo sonreír. Tierno. — hazlo cuando lleguemos a casa, bebé.
—No soy un bebé.
—Para mí lo eres.
—Tenemos la misma edad.
—Pero soy mayor por diez minutos.
De nuevo nos miramos a los ojos sin decir nada. Ninguno de los dos quería perder, pero finalmente yo me llevé la victoria cuando Bill suspiró, devolviendo su vista al frente. — conduce, se hará tarde.
—De inmediato. — respondí sonriente y arranqué el auto. Desde entonces todo el camino fue callado, pero al menos no era incómodo, Bill solamente se concentraba en mirar su teléfono y yo en el camino, a penas dándole algunas miradas de vez en cuando, y finalmente habíamos llegado al centro comercial. — oye, llegamos. — le avisé, y él apartó su vista del teléfono, un poco distraído. Negué divertido, bajando del auto y él copió mi acción de inmediato, rodeando el mismo para pararse a mi lado. — ¿Y bien? ¿Por dónde quieres empezar?
—No lo sé, investiguemos, hay… demasiadas tiendas. — dijo mirándolas una por una y sonrió al ver una llamativa, con el nombre de la marca a lo grande y en tonos dorados. — vamos a esa. — dijo tomándome de la mano, y prácticamente fui arrastrado hasta la tienda que había visto, pegando brincos de la emoción mientras entraba.
—Que frío hace aquí. — mencioné por el aire acondicionado, claro, como si no estuviera afuera nublado y el aire más fresco que yo fumando, no tardaba en llegar la época donde nevaba.
—¿Qué te parece esta? — soltó mi mano, tomando de los ganchos una camiseta negra, con dos esqueletos simulando un beso en el diseño, y ladee la cabeza, tratando de imaginarlo con ella puesta cuando la pegó a su pecho, posando y parando los labios como un piquito, por lo que comencé a reír.
—A ti seguro te quedará bien, ¿Hay de tu talla? — asintió, mirando la etiqueta. — entonces nos la llevamos. — respondí, pero él tiró esta en mi hombro, buscando una más mientras yo soltaba una carcajada. — bueno, bueno, yo las llevo. — respondí mientras iba detrás suyo, esperando pacientemente a que buscara cada cosa que le gustara, y así fue en una… dos… tres y hasta siete tiendas, se estaba haciendo de noche. — a ver si no nos encierran aquí, Bill. — hablé alto para que me escuchara, apoyado en la pared junto al vestidor.
Bill salió inmediatamente, ya con la ropa puesta, y mi vista se desvió por su cuerpo. Un crop top de mangas cortas y cuello largo, ajustado a su cuerpo, su abdomen estaba a la vista, y con los pantalones bajos que llevaba dejaba ver mejor el tatuaje en su vientre. — ¿Cómo se me ve esta?
Tomé aire. — ¿No es muy descubierto? Está haciendo mucho frío afuera, no creo que lo uses siquiera en algún momento. — dije, acercando un poco mi mano a acariciar por encima su cintura, con la excusa de sentir la tela, y él agachó la mirada a mirar el atuendo, pensando en lo que dije. — ya compramos muchas cosas, seguro que no tendrás los suficientes años para utilizar todo, regresemos a casa. — dije riendo.
—¿Cuánto dinero te queda?
Me encogí de hombros, sacando mi cartera y la abrí. Solo tenía treinta euros en ese punto. — me dejaste en bancarrota, solo hay treinta, ¿Te los gastaras también?
Bill se encogió de hombros. — regresemos y compramos algo de cenar, ¿Sip? — preguntó, regresando al vestidor y yo suspiré, esperando a que saliera para tomar del suelo las incontables bolsas con sus compras.
Le había comprado de todo, botas, ropa, accesorios, lentes, maquillaje, una plancha, anillos, bueno, todo lo que se encontró, hasta me estaba tratando bien ahora que se veía tan emocionado. Al inicio agradecía cada cosa que compraba sin parar. — mamá nos regañara por gastar sin medida. — dije riendo, ambos uno junto al otro. Todas las bolsas las cargaba yo, él venía a mi lado, y afortunadamente ya no buscaba una tienda más para terminar dejándome sin un euro en el bolsillo, porque a esa punto comenzaba a creer que tenía un radar para localizar las tiendas donde hubieran cosas más costosas.
Supuse que mi padre no tenía el suficiente dinero al trabajar de camionero como para comprarle todo lo que Bill siempre había querido.
Ya no habían más lugares en que gastar de igual forma, así que acabamos ambos en el auto, con los asientos traseros llenos de bolsas, Bill habló. — es el mejor día de mi vida, tenemos que repetirlo. — me comenzaba a preocupar lo emocionado que estaba, claro, como él no era quien se quedó en total pobreza.
Ya me estaba preparando mentalmente para lo que iba a gastar si Bill y yo nos volvíamos cercanos.
Pero antes venía la parte más importante. Suspiré, apoyando las manos en mis muslos mientras miraba el volante. — ¿Y que decidiste entonces? — pregunté sin encender el auto, me quedé ahí, estacionado, antes de irnos quería saber su respuesta.
Era capaz de bajar todas las cosas y regresarlas a las tiendas si Bill me rechazaba de nuevo, después de todo lo que estaba haciendo por él sería un insulto ser rechazado de nuevo.
Pero Bill solo se quedó en un profundo silencio, ya se nos estaba haciendo costumbre quedarnos así, porque Bill quería que entendiera todo lo que quería decirme solo con una mirada, claramente apenado de tener que decirlo.
Tomó aire, su mano se deslizó sobre la mía para apartarla de mi muslo, y entrelazó suavemente nuestros dedos con desconfianza antes de subir su vista a mí de vuelta. — solo te daré una oportunidad, y no vuelvas a llamarme «bebé»
Sonreí de inmediato, asintiendo varias veces con la cabeza antes de subir nuestras manos entrelazadas y besar el dorso de la suya antes de volver a encender el auto. Todo había salido a la perfección, era el mejor día de mi vida.
Para mí este ya era un gran paso.
Continúa…
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