Cold Heart 7

Cold Heart 7

«Cold Heart» Fic TWC de TKHTLLL

Capítulo 7

By Bill

—Kaulitz, ¿Está prestando atención?

Mi mirada se apartó de mi propia mano, con los anillos y brazaletes de estoperoles que Tom me había regalado, solo para ver a mi profesora, quien había detenido la clase solo para preguntar eso. — lo hago. — respondí con tranquilidad, apoyando de vuelta las manos en la mesa, y ella dió unos pasos más cerca, no muy convencida con mi respuesta.

—No lo veo prestando atención a lo que estoy explicando, sigue viendo sus joyitas y… anillos, esas cosas.

Suspiré. — ¿Tengo que mirarla a usted para prestarle atención? la estoy escuchando, no por nada tengo las mejores notas de la clase. — ella abrió la boca, preparada para seguir hablando, pero me apresuré a ser yo quien hablara primero. — prometo mirarla desde ahora, profesora, tendrá toda mi atención.

Apretó los labios. — bien… todos, vayan a la página ciento quince, y Kaulitz, preste atención. — pidió, y yo solo asentí, pasando la página, pero mi mirada aún se desviaba discretamente a mi mano.

Mi mano… había estado unida a la de Tom probablemente por más de tres horas seguidas la noche anterior, y no entendía como no sentí repulsión ni ganas de alejarme de inmediato. No entendía nada de lo que había sucedido ayer, primero discusión y luego… nada, cariños, halagos e intentos por mi perdón.

¿Qué tan importante debía ser yo para que Tom se pusiera así? ¿Tanto quería llevarse bien conmigo? Gastar todo su dinero en mí me dejó honestamente curioso por el tema…

¿Siempre era así tener hermanos? Mi cabeza iba a explotar.

Estaba tan hundido en mis pensamientos que a penas y pude notar cuando la clase acabó, mis compañeros se levantaban a mi alrededor y yo hice lo mismo con la mirada perdida, aunque esta terminó acabando en unos ojos fijos sobre los míos. Mi ceño se frunció levemente, mirando con extrañeza al hombre que me veía, ¿Quién demonios era? Primera vez que lo veía.

Recogí mis libros sin dejar de verlo, y aunque me sonrió, yo solo aparté la mirada de la suya, dando pasos rápidos en salida del aula y buscando distraídamente a Tom por ahí. Capaz no había acabado su clase.

Estaba increíblemente tenso, y al sentir unas manos en mis hombros me sobresalté notorio con la palmada en estos, dándome la vuelta con una cara de espanto para reírse. — mierda, ¿Y esa cara? No te di tan fuerte, Bill. — dijo Tom, riendo, y yo solté el aire contenido con alivio, agachando la cabeza.

—Me asustaste.

—Creí que nunca te vería tener emociones. — golpeé su brazo y él sonrió con chulería, siguiéndome cuando comencé a caminar. — ¿Qué te pasa? Estás más serio de lo normal.

Me encogí de hombros. — no estoy acostumbrado a que me toquen, me sobresaltó que me tocaras de la nada. — expliqué, pasándome un mechón de cabello detrás de la oreja mientras caminaba a mi casillero, y me detuve en este, abriéndolo para poner dentro los libros. — cuando salí de clase había un tipo viéndome muy raro, me sonrió y no sé si esperaba que lo saludara o algo pero me dejó una sensación rara.

Tom entrecerró los ojos y paró un poco los labios, tratando de imaginarse de quien podría estar hablando al apoyarse en mi casillero. — ¿Cómo era él?

—Pues, no lo sé, estaba bastante… normal, de piel negra y pelo rizado, toda su ropa era bastante común. — me encogí de hombros, cerrando el casillero con el pequeño candado y Tom imitó mi acción, levantando y dejando caer sus hombros de vuelta. Al parecer tampoco tenía idea de quien hablaba. — ¿Tienes más clases?

—No recuerdo, no he entrado a las primeras dos. — metió las manos en los bolsillos del pantalón mientras yo rodaba los ojos, apoyándome a su lado, y él me miró. — no podía dejar de pensar en ti.

Mi cabeza se giró en su dirección, mirándolo en silencio unos segundos y luego aparté la vista. — yo tampoco. Me la pasé viendo los regalos que me diste y la profesora me regañó por distraerme, tuve que dejarlos de lado un rato. — no respondió esta vez, solo se me quedó viendo y yo tomé aire, girándome a verlo. — en serio agradezco tus regalos y espero llevarnos bien, Tom, gracias por… tenerme paciencia, en serio me cuesta verte de buena forma, hace años no estamos juntos y… es raro simplemente querer fingir que somos hermanos inseparables.

—Yo creo que aún estamos a tiempo de ser como el pan y la mantequilla. — negué con una mueca de desagrado y comenzó a reír. — si, como uña y mugre.

—Tú serías la mugre. — bromeé, y él pareció realmente divertido con mi comentario, pues de inmediato se tapó la boca entre risas, haciendo que una sonrisa mediana tirara de mis labios. — no fue tan gracioso, ya, ya. — dije cuando siguió riendo luego de un rato, y no tardó en tratar de tomar aire en busca de calmarse.

—¡Jajaja! A veces eres muy gracioso, Bill. — negó entre risas, limpiándose falsamente una lágrima y yo puse los ojos en blanco, girándome en otra dirección. Mi cabello se pasaba por mi rostro debido al fuerte aire que hacía, bastante frío, mi época favorita, y todo se encontraba nublado. Regresé mi vista a Tom cuando su teléfono vibró, y él lo sacó al escucharme: «¿Quién es?» pregunté, y él hizo una mueca para restarle importancia. — es un amigo de Blaz, se llama Adler.

—¿Y? ¿Por qué te llama? — miré con curiosidad su teléfono. Otra llamada llegó.

—Amm, le conté que buscaba un nuevo trabajo y me dijo que Adler tiene buenos negocios, supongo que es por eso. — trató de decirlo con indiferencia, haciendo amago de guardar su teléfono de vuelta, pero inmediatamente lo tomé de la muñeca, moviendo la cabeza en dirección al teléfono para que contestara, y él suspiró rendido, atendiendo la llamada, aunque no pude escuchar más que primero un: «Hola» y de ahí solo, «Si, estoy disponible» «¿Dónde?» «En seguida» y colgó la llamada, haciéndome alzar una ceja. — tengo que irme.

—No entraste a tus dos primeras clases, ¿Cómo te vas a ir ahora? Si un trabajo afecta en tus estudios es mejor buscar otro. — me crucé de brazos, pero él apretó los labios, negando.

—Me interesa el trabajo, Bill, lo siento, nos vemos, prometo llegar antes de la hora de salida para irnos juntos. — dijo, yéndose de ahí a pasos rápidos, y yo solo bufé, cruzándome de brazos. Yo jamás pondría encima de mis estudios un trabajo.

.

By Tom

Detuve mis pasos frente a la casa que el amigo de Blaz me había indicado, gris, algo dañadas las paredes, la puerta casi por los suelos y un jardín sin un solo césped que presumir, vaya, para tener un negocio en el que «Se ganaba bien» su casa era bastante… humilde.

Como sea, no me la pensé cuando toqué la puerta, cruzando los brazos con seguridad en lo que esperaba ser atendido, y así fue, la puerta se abrió a los segundos, y un tipo de mi altura o un poco más alto abrió, de cabello negro azulado, mirada de cazador y unos ojos ámbar llamativos, con un tatuaje de búho en el cuello. El típico motochorro que te haría sentir que te faltaba el teléfono en el bolsillo con una sola mirada. — ¿Tom?

—Ese mismo, ¿Adler? — asintió con tranquilidad, haciéndose a un lado y yo entré con mi mirada paseándose a todo mi alrededor. «Hasta mi tía Sylvia huele mejor que este lugar» pensé al percibir un desagradable olor a marihuana. — no estás colocado, ¿Verdad?

—No, estoy sobrio. — respondió sonriendo y se tumbó en el sofá, apoyando los antebrazos en sus muslos al inclinarse un poco al frente y me miró en silencio unos segundos. — hmm… eres joven, es el problema. — alcé una ceja y él suspiró. — no tiendo a trabajar con menores porque pocos se toman en serio el negocio, solo quieren dinero y dinero o más dinero y no piensan en los riesgos. Estoy haciendo un gran sacrificio al hacer una excepción contigo, ¿Entiendes? Necesito que te lo tomes en serio.

—Me lo tomaré en serio, no tengo nada más interesante que hacer en el día.

Asintió. — el trabajo es simple de explicar pero no de ejecutar, ¿Bien? Te lo explicaré y tú decides si estás dentro. — lo miré curioso, sentándome en el sofá frente a él. — esto es simple, entregas, robos y pedidos, tengo contactos con la mafia, más que nada se maneja el fentanilo, crack o cannabis, entregas la mercancía en el punto que te lo indique y recibes tu pago en el momento en que regreses aquí conmigo. Me harán los pedidos a mí y yo te ocuparé como repartidor, pero si ocupas que te acompañe al inicio, lo haré. Quiero disponibilidad de horario, tienes que estar disponible a toda hora si te ocupo, estar pendiente a tu teléfono, ¿Entendiste? Si te digo que asaltemos un puto banco, tú irás y asaltaras el puto banco, harás lo que yo diga. — asentí brevemente, y él tomó aire, levantándose para abrir un cajón y sacar un fajo de billetes, tirándolos sobre la mesa con indiferencia. — eso es para empezar, cuéntalo.

No tardé en tomarlo, y mis dedos pasaban de un billete a otro de forma ágil, contando cada billete y al acabar levanté la vista. — quinientos euros. — dije, siguiéndolo con la mirada cuando se sentó de vuelta al frente mío, y estiró la mano a una cajetilla de cigarros, sosteniendo uno entre sus labios para encenderlo. — ¿Y cuánta posibilidad hay de que yo salga perjudicado? Es que, quiero vivir, ¿Sabes? — expliqué riendo y él se me unió a la risa, soltando el aire por la boca y nariz.

—Bueno, llevo en este negocio… once años. — entrecerró los ojos, buscando recordar. — si, once años, y tengo veintitrés, saca cuentas. — ¿Desde los doce años había entrado al negocio? Me quedé plasmado. — once años y hasta ahora sigo vivo, creo. — bromeó, dándole otra calada al cigarro. — si te lo tomas en serio y no te metes con superiores, o conmigo, estarás a salvo. No trates de hacerme tonto, aunque seas amigo de Blaz no me la pensaré para matarte si te burlas de mi confianza.

—No me meteré contigo, necesito el trabajo.

—Entonces estás dentro. — sonreí, y él me miró en silencio unos segundos, soltando el humo antes de apartar la mirada. — no sé porque siento que nos vamos a llevar bien. — dijo, levantándose y negó cuando traté de regresarle el dinero. — quédatelo, es solo en agradecimiento por aceptar ayudarme, ¿Tienes idea de que harás con él?

Me levanté mientras miraba fijo el dinero, y asentí. — si… en mis amigos y en… bueno, en mis amigos simplemente. — dije riendo. Estaba emocionado. — invitaré a comer a Blaz y a Gustav, y a Bill, y a todos. — hablé entusiasmado.

—¿Gustav?

—¿Eh? — mi mirada se elevó. — ah sí, Gustav, es un amigo mío, de mis mejores amigos.

—¿Hablas del rubio que siempre está acompañado de Georg? — dijo apuntándose la cabeza y yo asentí. Vaya, también los conocía. — ellos no son amigos de verdad, mejor gasta tu dinero en ti, te aseguro que si se enteran que estás en este negocio te harán a un lado y se olvidarán de la increíble amistad que presuman tener. — estuve a punto de preguntar la razón para decirlo, pero otra vez me interrumpió. — por experiencia. Ahora vuelve a tu casa, nos veremos pronto, yo te llamo.

—Ah.. claro, nos vemos, Adler. — me guardé el dinero en el bolsillo, haciéndome a un lado para dejarlo pasar y él abrió la puerta, dejándome salir antes. Con ese dinero seguro Bill tendría ya opciones en que gastarlo.

4:30 p. m.

Genial, iba puntual, justo estaba parado frente a la preparatoria mientras esperaba a que Bill saliera de sus clases, con varios de mis amigos chocando las manos conmigo a modo de despedida hasta que la figura distintiva de mi hermano se hizo presente entre los demás compañeros, quien se acercó a mí en cuanto me notó. — estaba casi seguro de que no alcanzarías a llegar.

—Vine corriendo. — respondí entre risas mientras alejaba mi espalda del árbol, sacando de detrás mío una caja de chocolates llamativa y la extendí a él con una mano mientras la otra le indicaba que me entragara su mochila. Bill solo alzó una ceja, tomando algo indeciso la caja y se quitó la mochila del hombro sin dejar de ver los chocolates, dándomela algo distraído. — conseguí dinero y… bueno, con todo lo que te compré ayer ya no sabía que regalarte, se me ocurrió esto, ¿Te gusta?

Se encogió de hombros, dándome de vuelta la caja. — odio el chocolate, Tom, creí que ya lo sabías.

La sonrisa se me borró.

—Ehh… ¡Ah si! ¡Ya sabía! De hecho solo era una prueba a ver si aún lo odiabas, en realidad te iba a preguntar que regalo te gustaría recibir para que vayamos juntos por él. — me excusé, tirando con vergüenza de mi gorra para cubrirme un poco el rostro, y Bill sonrió, negando un poco antes de comenzar a caminar, haciéndome acercarme rápido para seguirle el paso.

—No quiero regalos, Tom, ya fueron suficientes los de ayer. — apreté los labios, asintiendo un poco mientras caminaba a su lado. Bueno, tampoco quería saturarlo con regalos caros y ser tan obvio.

Tal vez debía ir más despacio.

—Oye, Bill… — me dió una pequeña mirada, y hablé de nuevo. — ¿Que tendría que hacer alguien para que consideres que está a tu nivel? ¿Son los regalos? ¿El estatus? ¿Amistades? ¿Actitud? ¿Qué es? Me da curiosidad. — mis preguntas lo hicieron apartar la mirada de la mía, y aunque al inicio creí que estaba pensando que responder, pronto me di cuenta de que estaba como ido, caminando a mi lado con la mirada perdida. — ¿Bill? — pestañeo un poco, levantando la vista. — ¿Estás bien?

Mi pregunta fue ignorada. — tal vez todo eso junto. — respondió, serio y viéndome a los ojos de una forma que no supe explicar, y llevó su vista al frente de nuevo. — no sé que debería tener exactamente, nunca he conocido a alguien así, solo sé que tiene que amarme como a nadie… no necesariamente de forma romántica, solo saber que me quiere pase lo que pase. — respondió, acomodándose un poco su cabello largo y alborotado, aunque curiosamente cada mechón caía en armonía con el demás. Perfección.

¿Por qué Bill quería ser perfecto? ¿Por qué quería a alguien perfecto?

—No entiendo porque has cambiado tanto, Bill. — levantó una de sus cejas. — no hemos estado tanto tiempo separados, a penas hace unos años eras completamente distinto. Eras un pegote conmigo, cariñoso, hablador. No entiendo porque de un tiempo para acá te has vuelto tan frío.

—No soy frío. — sonrió un poco, dándome un pequeño empujón con el codo.

—¡Eres frío! A veces dices las cosas de una forma tan fría que me pregunto si en tu interior hay un corazón o un trozo de hielo. — Bill comenzó a reír por mi exageración, negando mientras tomaba mi mano entre la suya, y hablando de, su piel estaba fría como un cubito de hielo, aunque no era nada fuera de lo común, y entrelace nuestros dedos gustoso. — que me tomes de la mano no te hace menos frío.

—Nunca he sido frío, soy directo… me gusta la sinceridad, es distinto. — me miró, apretando un poco el agarre. — si fuera frío… no te habría dado una oportunidad para conocerte de nuevo.

—Ya me conoces, desde que naciste me conoces, no he cambiado en nada. — interrumpí la conversación al notar que la casa estaba cerca, así que sin decir nada solté su mano y corrí lejos de él sin detenerme a ver su expresión. Al llegar abrí la puerta, esperando pacientemente a que Bill llegara para cederle el paso. Bill caminaba con tranquilidad, riendo por mi acto «caballeroso» y yo sonreí una vez llegó a mi lado, moviendo mi mano al interior de la casa para que pasara. — adelante.

—Que caballeroso. — dijo entre risas y entró a la casa, girándose en mi dirección. — ¿Siempre eres así?

—Solo contigo.

—¿Por qué? Sabes que eso es raro, ¿Verdad? — me miró a modo de critica, pero yo solo sonreí, caminando junto a él para tumbarnos en el sofá. Dejé la caja de chocolates en mis piernas y abrí el pequeño lazo en este antes de sacar una de las piezas de chocolate, y luego de tirarla al aire atrapé la misma con la boca, masticando gustoso. No se iba a desperdiciar. — no sé como te gusta esa cosa, que malos gustos.

Dejé que el chocolate se derritiera en mi boca, y luego de unos segundos sin verlo, respondí. — Bill, ¿Tú crees que eres lindo?

Alzó una ceja. — ¿Qué tiene que ver eso?

—Responde.

Lo miré, y él solo se removió en su lugar, abrazando un cojín contra su estómago. — si, me considero muy lindo, siempre me veo bien.

—Y si alguien gustara de ti, ¿Tendría malos gustos?

—No. — dijo de inmediato, como si fuera una respuesta automática. — no tendría malos gustos.

—Entonces no digas que tengo malos gustos. — dije sin más, comiendo otro chocolate antes de levantarme y caminar despreocupado al segundo piso, aunque al llegar a las escaleras le di una mirada, y su cara de incredulidad me hizo sonreír, tratando de procesar lo que había dicho, pero yo seguí mi camino.

—¡Tom! — gritó justo antes de que cerrara la puerta de mi habitación, y yo tuve que apretar los puños para contener la emoción.

.

By Adler

—¿Qué haces? — mi mirada se elevó de mi teléfono, con el número registrado como «Tom» y dirigí momentáneamente mi atención a Heidi, mi hermana, quien se acercaba a mí al verme tan distraído, sentándose en la mesa frente a mí. — ¿No tenías un trabajo que entregar? ¿De quién es ese número?

—Es de Tom. — me miró, esperando a que fuera más específico. — Tom Kaulitz, el amigo de Blaz que te gusta, al final te hice caso y lo contraté. — su expresión cambió a una de emoción instantánea, juntando las manos con emoción como si de una adolescente se tratase. — eso no significa que puedes ligar con él, Heidi, ¡Es muy chico para ti! — exclamé, dejándome caer en el sofá por completo. — además es muy peligroso, búscate a alguien que esté fuera de esto, no caigas en lo mismo.

—No pensaba hacer eso… — respondió en murmullo, cruzándose de brazos. — de cualquier forma no estará interesado, ¿Lo vas a llamar para que te acompañe hoy?

—No. — dije de inmediato. — era el plan pero… a penas lo contraté hoy. Si sé que debo acompañarlo la primera vez para que entienda el negocio pero es muy pronto… — suspiré, pasándome una mano por el cabello y negué con frustración. — tuve una sensación rara cuando llegó.

—¿Por qué lo dices?

—Siento que Tom no será solo un empleado más, me agradó bastante. — me encogí de hombros. — no sé si hice bien al meterlo en este negocio. Aún debo conocerlo y ver si me conviene ponerlo en un cargo tan importante.

¿Por qué llamaba tanto mi atención ese chico? ¿Por qué tenía un presentimiento tan extraño?

Continúa…

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