
Fic TOLL de Namyukaulitz
Capítulo 4
—Pase buenas tardes y gracias por su compra —exclamó Bill con una sonrisa, mientras movía la mano despidiendo a su última clienta.
—Sé que nunca eres grosero que con los clientes, incluso aunque tengamos mucha clientela como hoy, pero no pareces que el cansancio te esta consumiendo —comentó Gordon mientras llevaba otra caja para surtir las estanterías, ese dia habian vendido casi la mitad.—Porque te ves muy animado, desde que llegaste.
Era día de pago, así que era normal que la gente comprara su despensa.
Bill le dirigió la mirada a Gordon cuando le habló, desviándola al escuchar sus últimas palabras.
—Sólo estoy esperando que mi carta le llegue pronto a mi madre —respondió Bill, sin verle, fingiendo contar algo en la máquina registradora.
Gordon sonrió ladino y negó con la cabeza.
—El diablo no sabe más por diablo si no por viejo, Bill. Te conozco desde siempre, te he visto en cada una de tus etapas y dejame decirte que tendrás que esforzarte más en mentirme —expusó Gordon, apoyándose sobre el mostrador. —Un chico de tu edad no está de tan buen humor sólo por esperar que su madre sepa cuantos pescados se comió esta semana, sí es por una persona, pero definitivamente no por tu madre. ¿Quién es la afortunada?
Bill negó con la cabeza, apenas levantando la mirada. No iba a hablarle de Tom definitivamente, aunque probablemente no le creyera si le decía que le había enseñado que era un beso a un selkie, se reiria y le diría que deje de bromear, lo cual, no sonaba como una reacción tan mala, prefería que no lo creyera de saberlo, porque de creerle y saberlo, su reacción sería de negatividad o curiosidad que es morbo.
—Vamos, Bill, no tienes nada de qué avergonzarte conmigo, puede confiar en mí, así como yo confio en ti…—insistió Gordon.
Gordon, nunca había podido tener sus propios hijos con Candy, por lo que Bill suponía que le hablaba de esa manera por percibirlo con un ahijado o algo así.
Pero, después de haberlo descubierto con su amante, Bill sentía un poco de incomodidad con Gordon, porque consideraba su deslealtad algo muy reprochable, sobre todo sabiendo como él y Candy había lidiado con el problema por no poder engendrar.
—Mmmh, tal vez haya conocido a alguien, pero no es nada realmente serio, sólo besos y eso… —murmuró Bill, mintiendo.
Claro que consideraba a Tom algo serio, aunque en ese momento era preferible decirle una verdad a medias a Gordon para que se quedara satisfecho, al decírselo como algo «sin tanta importancia», quizás dejara de insistir.
Ya que ocultar su buen humor era algo imposible, no se puede reprimir una mirada contenta.
—Oh, ¿y cómo es ella? De seguro es una mujer muy linda, como la de la foto que te mostré aquel día —Gordon abrió los ojos, curioso.
Gordon a veces le mostraba las revistas o imágenes que compraba, para intentar «introducirlo» a ese mundo que, Bill ya conocía, ya había experimentado que era eso al perder su virginidad, y no consideraba que fuera algo tan importante, como parecía para otras personas.
No estaba seguro si Gordon tenía a su amante por la compañía de su cuerpo o porque lo acompañaba de alguna forma emocional, incluso si fuera por eso último no dejaba de estar mal.
No era que Bill no pecara con la mirada o el pensamiento más de alguna vez, pero no dejaba que su cabeza baja dictará sus decisiones.
—No es de muchas palabras, pero sí, supongo que es linda —continuó Bill, recordando que Tom no hablaba más de lo necesario, asintiendo y negando con la cabeza casi todo el tiempo.
De seguro como foca hacia lo mismo, se comunicaba con sus extremidades, aplaudiendo con sus aletas o golpeándose el estómago cuando algo le molestaba.
Lo imagino como una foca de ojos saltones, demasiado expresivos, con sus bigotes y su boquita.
Nunca había deseado tanto ver, aunque fuera por una vez.
—¿Supones? Tú eres un muchacho muy guapo como para no salir con alguien igual de atractiva —replicó Gordon.
Gordon reconocía que Bill era un chico muy agraciado, alto, de piel blanca que casi siempre se veía más apagada, más pálida por la falta de sol en aquella zona, con rasgos finos y una personalidad realmente agradable, humilde, benévolo, responsable y atento, sabía que su actitud hacia los clientes no era únicamente un papel que interpretaba como trabajador, sino que así era realmente.
Era un buen muchacho más allá de lo físico y lo reconocía muy bien, Jorg había hecho un buen trabajo criandolo.
Bill tardó en responder, con Tom en su mente. Él no se acercaba ni un poco a la belleza marina del selkie, una preciosidad como la de una perla, que es difícil de encontrar debido a que naturalmente su ser no está fuera del agua.
La belleza de Tom era tan sobrenatural y natural al mismo tiempo, no tenía un concepto claro, comprensible para la vista y mente humana más allá de la atracción desmedida.
—Diría que es hermosa como el mar, y yo no me asemejó a eso —declaró Bill.
Gordon no pudo evitar verse sorprendido por las palabras tan honestas de Bill, que tenían cierto aire poético, como cuando alguien recita un poema.
—No estoy despreciando mi belleza —continuó Bill, alzando la mirada para verlo, riendo al ver que había dejado a su jefe sin palabras. —Sólo que ella es… inefable, quizás pienses que estoy siendo muy cursi, no hablemos de eso —dijo, desviando la mirada ligeramente sonrojado.
Gordon parpadeó y asintió después de unos segundos, sonriendo levemente.
—¿Sabes, Bill? Estaba seguro que los hombres como tú no existían más que en novelas ridículas o cuentos infantiles donde el amor es un bonito final después del beso, pero me haces reflexionar sobre mí mismo… —masculló Gordon con honestidad, bajando la mirada.
—Sé que siempre finjo que no ví nada, pero tú, yo y… esa mujer, sabemos lo que está pasando —se sinceró Bill, por fin hablando en voz alta sobre lo que, sin querer y mala fortuna, se había vuelto un cómplice en la traición hacia Candy. —Todavía estás a tiempo de ser honesto, aunque eso no borra lo que has hecho, puedes al menos decirlo ya antes de que Candy se entere de otra forma. No aseguro que se sienta menos herida, pero es mejor a que esto continúe a sus espaldas…
Bill observó a Gordon, de repente el ambiente no era incómodo, sino pesado, en el aire se sentía la culpa de su jefe aflorar.
—Veo que más gente se acerca a la tienda, iré a traer más pescado —preavisó Bill al ver a unas personas caminar directo a la tienda, saliendo de la parte delantera para huir hacia la parte de atrás.
Su jornada terminó con normalidad, se despidió de Gordon y se fue directo a su hogar, preguntando si Tom otra vez había ayudado a su padre con la cena.
Al imaginar a su padre y a Tom cocinando juntos lo encontró nostálgico. Por años sólo fueron él y su padre, pero ahora compartía a su papá con Tom, acogido como un hijo y un hermano más.
Aunque no podía ver a Tom como su hermano, ni siquiera estaba seguro de que eran, pero tampoco tenía prisa por definirlo. Porque definirlo era limitarlo.
Sólo sabía que era algo de ellos dos nada más, algo tan especial y puro como la sal.
Tenía quince años cuando su primer hermano, Ben, nació, y diecisiete cuando nació Bec. Debía admitir que fue raro saber que ya no sería el único en llamar «mamá» a Simone, incluso se lo contó a su padre, quien le dijo que no estaba forzado a verlos como familia cercana si no quería o podía.
Pero al recibir sus fotos, no pudo evitar encariñarse, aceptando que estaba bien compartir a su madre con esos pequeños bebés que, a comparación de él, tenían el cabello castaño de su madre y los ojos verdes de su esposo.
Sus hermanos sabían de él, por medio de fotos, Ben era quien más preguntaba por él, a veces las cartas de su madre incluyen sus dibujos, donde los dibuja a los tres: Bill, Ben y Bec.
Eso era lindo, Bill lo apreciaba mucho.
Llegó a su hogar, dejó la bicicleta en su lugar y después entró.
En cuanto entró, un olor agradable a comida le llegó, pero también su cuerpo se relajó al escuchar a su padre hablar animadamente con Tom.
Al relajarse dejó caer su espalda sobre la puerta, sintiendo el peso del cansancio del día.
Ayer y hoy habían sido días que realmente lo habían mantenido ocupado, y haber dormido en el piso no fue muy cómodo.
Bostezó, pasándose una mano por el rostro, con los ojos cerrados.
Al parecer hizo mucho ruido al entrar, pues cuando abrió los ojos se encontró con esos ojos brillosos que ya reconocía muy bien.
—Hola… —saludó Bill, con una sonrisa cansada pero genuina por verlo. —¿Lloraste por mí hoy?
Tom asintió lentamente y estiró la mano, apartándose un mechón azabache del rostro.
—Pero ya estoy aquí —suspiró Bill, dejando que tocara su cabello. —Te tocaría la cabeza pero estuve moviendo cajas de pescado y otras cosas, así que huelo horrible, necesito tomar una ducha.
—¡Bill, hijo! —saludó Jorg, asomándose por el marco de la cocina.
—Hola, papá —respondió Bill, sonriéndole.
—La cena tardará un poco en estar lista, le explique a Tom que era una, que llevaba y a que sabía una receta, deje que él escogiera, y me ayudara, a este paso estoy seguro que pronto podrá cocinar por sí solo—contó Jorg realmente orgulloso por el avance tan rápido que desarrollaba el de rastas.
—Eso es realmente…. —pronunció Bill, mientras se le escapaba un bostezo. —Realmente encantador, me muero por probarlo —aseguró viendo a Tom, quien con sus labios formó una sonrisa curvada. Bill quiso acariciarle el rostro, pero se contuvo, lo haría después de ducharse. —Iré a tomar una ducha antes de cenar —informó a su padre.
Bill se alejó de la puerta, y camino para el umbral de la cocina, dejando a Tom ahi, para después subir al tercer piso, entrando rápidamente a su habitación para dejar su bolso y tomar ropa limpia y cómoda, una pijama que, en realidad solo era una camisa negra con el logo de una banda desteñida y un pantalón de cuadros rojos.
Se ducho con agua caliente, manteniendo los ojos cerrados casi todo el tiempo, disfrutando de la sensación.
Fue una ducha de unos minutos, pero se tomaba sus momentos para simplemente sentir el agua caliente cubriéndolo.
Al salir después de escurrirse el cabello, no bajó de inmediato a la cocina, fue a su habitación, cuando entró no había visto bien como había ordenado su habitación.
La ventana estaba entreabierta, dejando entrar brisa suave, todo estaba limpio y ordenado, no había ropa en el piso ni zapatos regados, la cama tenía sábanas limpias, aunque la sábana con la que Tom se había «encariñado» estaba doblada cuidadosamente en una esquina pegada a la pared.
Al ver la cama ser tan acogedora, Bill se vió tentado a sentarse aunque fuera por un momento, por lo que lo hizo, se acostó, pasando la mano por encima de la tela nueva, y después de unos segundos se dejó caer de espaldas sobre su suavidad.
Quedando acostado en medio de la cama, con las rodillas colgando en la orilla.
Cerró los ojos, sólo iba a descansar su espalda por unos segundos… Pero después de unos segundos ya no pudo levantarse de la cama.
Sabía que tenía y quería bajar a la cocina, probar lo que Tom había escogido como cena, pero era como si se hubiera pegado a la cama.
—Uhmm —se quejó, intentando moverse, pero terminó poniendo su antebrazo derecho sobre sus ojos, para cubrirse de la luz de la habitación, y estirando su brazo izquierdo, siendo una posición realmente cómoda.
Por lo que, finalmente, se terminó quedando dormido sin poder darse cuenta.
En la cocina, Jorg tocó con una cuchara lo que estaba hirviendo, soplandolo un poco, para después acercarselo a Tom, quien tomó la cuchara y lo probó.
—¿Sabe bien? —preguntó Jorg, a lo que el selkie asintió. —Ya casi está, creo que Bill ya tardo un poco, si quieres ve a decirle ya falta poco.
Tom volvió a asentir, y salió de la cocina, subiendo al tercer piso, ni quiera pasó al baño, fue directo a la habitación de Bill, donde sentía su aroma más fuerte y presente.
Al caminar sus pies descalzos casi no hacían ruido, sus movimientos podían pasar desapercibidos, ligeros y suaves.
Observó a Bill tendido sobre la cama, totalmente quieto.
No lo llamó, de inmediato se dió cuenta que estaba dormido, pudo percibir el cansancio que emanaba su cuerpo quieto.
Al ver su brazo extendido, fue instintivo, Tom se acercó y subió a la cama, acostándose a su lado, dejando su cabeza sobre su brazo, viéndolo fijamente al rostro, o bueno, a la mitad visible desde su nariz.
Inhalando su aroma mientras cerraba los ojos por un instante, para después volverlos a abrir.
Su mirada se fijó en los labios de Bill, tuvo un destello de lo que pasó cuando el cielo recién acababa de iluminarse y estaban en la arena.
Eso que ahora sabía era un beso. Un gesto suavemente apretado.
Quiso volver a repetir eso, pero Bill estaba dormido, no podía sostenerlo de la cabeza y hacer que su pecho volviera a vibrar.
Tom estiró y dejó su brazo sobre el estómago de Bill, para después cerrar los ojos, quedándose quieto a su lado, hasta también quedarse dormido.
Después de un rato, al ver que no bajaban, Jorg subió al tercer piso, para saber qué ocurría.
Se detuvo en el marco de la puerta al verlos en la cama, sonriendo al ver que al menos, esta vez, se habían quedado dormidos en la cama y no sobre sábanas en el suelo.
Si querían dormir, no iba molestarlos.
Todo estaba viendo, incluso el mar sonaba tranquilo, por lo que simplemente apagó la luz y entrecerró la puerta.
Les dejaría la comida en el horno, por si luego se despertaban y tenían hambre.
Con sus hijos dormidos y seguros, Jorg pudo subir a la punta del faro a comenzar a vigilar mientras la luz iluminaba todo desde arriba, guiando a los barcos.
Continúa…
Gracias por leer. Te invitamos a dejar un comentario 🙂
se me hace tan tierno que tom lloré cada que bill se va 😭 no lo juzgo porque sería esa
Con un garañón como Bill que es romantico y buena gente, yo tambien me pondria a llorar si se va JAJAJA