
Fic TOLL de Namyukaulitz
Capítulo 6
Pasó mucho tiempo, Bill no tenía idea de cuanto, donde lo único que sus oídos y cabeza tenía presente era el sonido monótono del mar y las gaviotas.
Hasta que un día, al abrir la puerta para ir a la playa, el sonido del mar se vió opacado por una risita infantil.
Su madre lo había ido a visitar y había llevado a sus hermanos menores para que por fin lo conocieran.
Bill tuvo que agachar la cabeza, como si estuviera en la cima del risco, cuando sintió algo abrazar sus piernas, era su hermano Ben, quien ni bien lo vió lo abrazó.
Ben tenía cuatro años, no era tan pequeño como Bec, que tenía dos, pero aun así, al verlo abrazado a sus piernas, Bill se dio cuenta de lo alto que era, Ben y Bec eran minúsculos a su lado, o al menos así lo sintió.
Sus hermanos eran diferentes, Ben era más cariñoso y expresivo, en cuanto llegó le comenzó a contar a Bill como era donde vivían, su casa, sus amigos de la guardería, incluso le contó sobre sus peluches.
Bec era más reservado, callado, le desviaba la mirada cuando Bill lo miraba, aunque no le tenía miedo cuando se acercaba, era claro que se estaba acostumbrado a él, y Bill no lo presiono, simplemente le acercaba sus juguetes cuando jugaba y se rodaban lejos de sus manos.
Eran cálidos, tenerlos en sus brazos le resultó reconfortante a Bill, como un consuelo a su pecho vacío.
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Un día, mientras Simone iba al pueblo para hablar con algunos de sus viejos amigos, y Jorg dormía después de una noche cuidando el faro, Bill se quedó con sus hermanos.
Estaban en su habitación, Bill sentado sobre el suelo, apoyando su espalda a los pies de la cama, con Bec dibujando con una crayola sobre varias hojas esparcidas por el suelo.
—Bibi —lo llamó Ben, por ese apodo al que Bill ya se había acostumbrado en cuestión de dos semanas, desde que su madre y sus hermanos llegaron de visita.
Bill alzó la mirada, dándose cuenta que su hermano estaba de puntilla, con sus manos aferradas en el marco de la ventana.
—¿Podemos ir a la playa, por fis? Quiero ver las olas —expresó el niño.
La verdad era que, en esas semanas, no los había llevado a la playa, ni él ni su madre, pues el clima, como siempre, era frío y húmedo.
Pero al ver los ojos de su hermano menor tan brillosos por el deseo de ir a la playa, terminó asintiendo, por lo que abrigo a ambos menores, y se preparó con su bolso y una toalla grande.
Bajó con ambos niños a la playa, tomándolos de las manos, pero Bec apretó su mano cuando llegaron a la arena negra, con miedo, por lo que Bill tuvo que cargarlo, y Bec se aferró a su cuello, viendo con recelo la arena negra.
De seguro para la mente de un niño que viene de un lugar donde el sol sale siempre, dorado y brillante, donde el césped es de verde intenso y hay colores arcoiris en sus juguetes y libros, el paisaje de una playa con arenas negras y olas grises era aterrador.
Aunque Ben por su parte estaba muy emocionado, fascinado con la arena.
Se quedaron a unos metros de la orilla, Bill soltó la mano de Ben, dejando que el niño jugará con la arena, mientras él extendía la toalla sobre la arena para sentar ahí a Bec.
Bill acomodaba bien la toalla sobre la arena, mirando de reojo a Ben cada pocos segundos, hasta que en un momento, Bec jaló la manga de su camiseta.
—Ah, ¿qué quieres, bebé? —preguntó Bill, dándose cuenta que Bec había tomado su bolso, el cual había dejado a un lado, y había sacado el frasco de cerezas. —Son cerezas…. ¿Quieres?
Antes de que Bec pudiera asentir o negar, escuchó un gritó de Ben.
—¡Bibi, mira! —exclamó Ben, totalmente emocionado.
Lo que afligió a Bill de inmediato no fue el grito, sino que no lo escuchaba a su lado, y rápidamente se puso de pie, girando la cabeza buscándolo con la mirada.
Se fijó en sus pasos pequeños marcados en la arena, los cuales iban directamente a la orilla.
Ben había caminado en solo segundos hacia la orilla, llegando al punto donde el agua le llegaba casi al pecho.
—¡Ben! ¡No vayas al fondo! —gritó Bill con los ojos bien abiertos, pero el niño no se detuvo.
Bill corrió enseguida hacia él, entrando al agua, sin importarle si se mojaba los zapatos y el pantalón y lo tomó entre sus brazos.
—¡Bibi! ¡Mira! ¡Mira! ¡Allá hay algo! —señaló Ben, entusiasmado, sin apartar la mirada de enfrente, señalándolo con su mano.
—Ben, no te alejes así otra vez —dictaminó Bill, intentando sonar tranquilo, aunque su corazón latía con fuerza por el susto, pero Ben ignoraba sus palabras, por lo que se vió obligado a dirigir la mirada adonde Ben señalaba con tanta insistencia.
Pero no vió nada, quizás porque no mantuvo la mirada en ese punto por mucho tiempo, recordando que Bec había quedado solo en la toalla en la arena.
—Volvamos a la arena, Ben, Bec está solo y tú estás mojado —acotó Bill, poniendo su mano detrás de la espalda de Ben, saliendo del agua.
Pero Ben se giró y mantuvo su mirada fija en el mar.
—Pero, había algo, Bibi, algo nos estaba viendo —compartió Ben.
A lo que Bill se detuvo, con la mirada baja, antes de girar rápidamente la cabeza para ver al mar.
Pero no había nada más que el infinitivo del mar y el movimiento suave del agua.
Por más que quiso quedarse por unos segundos más viendo hacia el mar, sabía que no iba a aparecer nada…
Volvió a Bec en la toalla, con Ben en sus manos.
Bec los observaba confundido, con el ceño fruncido y el frasco de cerezas todavía en sus manos.
Bill se sentó sobre la toalla, enfrente de Bec dándole la espalda al mar, dejando a Ben sobre sus piernas, abrazándolo fuertemente, quedándose en silencio, pero Ben giraba la cabeza para ver al mar, esperando que lo que había visto volviera aparecer.
Ben se removió del abrazo de su hermano mayor, para intentar volver al agua, pero dejó de intentarlo cuando se dio cuenta de que Bill temblaba, y que no era por el frío, por los sonidos que se le escapaban.
Estaba llorando.
Ben se apartó del brazo, buscando el rostro de su hermano mayor, y al ver las lágrimas que se deslizaban por sus mejillas, puso su mano sobre una de sus mejillas, haciendo que Bill lo viera.
—Bibi… ¿Por qué lloras? —preguntó Ben, preocupado.
Bill limpió uno de los ojos con una de sus manos y calmó su llanto.
—Me asustó pensar en que el mar podía llevarte… —expresó Bill, con la voz quebrada, antes de darle un beso en la frente. —Estoy bien, ahora estás aquí, tú y Bec están bien… Ven, voy a cambiarte esa ropa mojada, menos mal traje un cambio para tí, presidiendo que ibas a llenarte de arena o algo así…
No quería que Ben hiciera más preguntas, ya que en lo poco que llevaba conociendo al pequeño en esas semanas, sabia que Ben iba a preguntar más sobre su llanto.
Antes de cambiar a Ben, Bill se tomó los segundos para abrirle el frasco de cerezas a Bec, quien rapidamente comenzó a meterse esas perlitas rojizas a la boca.
Mientras cambiaba a Ben rápidamente, le daba miradas a Bec, temiendo también perderlo de vista y cuando lo volviera a ver estuviera cerca del mar, por más que Bec estuviera sentado sobre la toalla, concentrando en sacar con sus manos las cerezas, llenándose del almizcle rojo.
Una vez Ben dejó de estar mojado, Bill suspiró, y les acarició la cabeza a ambos niños, observándolos, pensando nuevamente en lo pequeños que eran ante la inmensidad del mar, si Ben hubiese llegado más al fondo, hubiera corrido el riesgo de ahogarse y ser arrastrado por las olas.
Sabía que el mar no era malo, pero sus hermanos, esos pequeños que él miraba como bebés no le pertenecían al mar, no tenía derecho a llevárselos por un descuido de segundos.
Más tranquilo, y dejando a sus hermanos sobre sus piernas, Bill se volteó, para ver al mar nuevamente.
Le había dado su cámara a Ben para que se entretuviera y tomará fotos, ambos niños estaban entretenidos, uno en las cerezas y el otro en las fotos.
Tuvo la intención de preguntarle a Ben que había visto, pero prefirió quedarse callado, observando fijamente al mar, esperando que la respuesta saliera entre las olas.
Pero esa respuesta no llegó, sólo la suave pero fría brisa marina.
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Bill había vuelto a contar el tiempo con el calendario, con números y fechas, después de la visita de su madre y sus hermanos, esperando cuando sería su próxima visita.
Tener a su madre y a sus hermanos lo habían arrastrado a su vida de manera cálida y cariñosa, se sentía más animado, aunque todavía solo cada que veía el mar desde la ventana de su habitación.
Su habitación se veía más animada, con los dibujos que Ben y Bec habían dejado regados, y algunos juguetes pequeños que olvidaron.
Para cuando se dio cuenta, ya habían pasado muchos desde que había encontrado y perdido a Tom, casi un año.
Ya tenía veinte años, y Gordon lo había dejado como encargado principal de la tienda después de divorciarse de Candy e irse a la ciudad, con la excusa de que era para traer más mercancía, aunque Bill sabía que era para no era por eso, sino para tener nuevos aires después de engañar a su esposa y haberla herido profusamente.
Faltaba un mes para que se cumpliera un año.
Y Bill estaba indeciso, sobre si cortarse el cabello y tenerlo recortado de los lados con la parte alta más larga o dejárselo largo.
El calendario marcaba que su madre y sus hermanos volverían dentro de unas semanas para navidad, y esta vez Simone traería a su esposo, Bill se encontraba un poco nervioso por eso, pues no sabía cómo considerar al nuevo esposo de su madre, si debería llamarlo por su nombre o considerarlo su padrastro.
Aunque su padre, Jorg, bromeaba diciendo que no se pondría celoso si llamaba padre también al nuevo marido de su madre.
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Bill caminaba por la playa, con un abrigo grueso, pues por esas fechas ya había una fina capa de nieve cubriendo lo que podía.
Llevaba su bolso como siempre, sacó su cámara, tomando fotos al paisaje invernal, donde la arena negra se mezclaba con la nieve blanca.
Hacía una lista mental de los regalos que quería comprar para sus hermanos menores mientras tomaba fotos.
Después de caminar por un rato, se sentó sobre un tronco para observar las fotos que había tomado.
Estaba sentado a unos metros del mar, por lo que después de ver las fotos y ajustar la cámara, la tomó con ambas manos y la levantó para tomar una foto del mar frente a él.
En cuanto vió por la pantalla de la cámara con uno de sus ojos, mientras cerraba el otro.
Pero al apuntar al mar, sus dos ojos se abrieron lentamente, al ver lo que de entre las olas salía.
Una figura desnuda que de inmediato reconoció.
Sus labios se entreabierto, buscando el aire que de repente le faltó, parpadeó, pero cada que cerraba los ojos, ahí estaba.
Soltó su cámara y se sacó el bolso, dejándolos caer sobre la arena y la nieve, sacándose el abrigó mientras comenzaba a correr hacía él.
Tom se detuvo y lo esperó, quedándose donde el agua todavía llegaba a su cintura.
Al acercarse, Bill notó algo que no había visto cuando se reflejó en la pantalla de su cámara.
Los brazos del selkie cargaban algo envuelto en lo que parecía una manta blanca.
Bill se quedó quieto a unos centímetros suyo, sin importarle que el agua congelada mojaba la mitad de su cuerpo.
Ambos buscaron sus ojos, Bill apretó los labios, y sus ojos se cristalizaron, siendo incapaz de contener sus sentimientos por volver a verlo.
Tom le sonrió, y bajó la mirada, a lo que Bill también bajó la mirada, y Tom desenvolvió lo que tenía entre sus brazos.
—Ella se llama Saoirse —reveló Tom, mostrando el rostro de la bebé que cargaba.
Los ojos de Bill se abrieron en grande, sus lágrimas se quedaron quietas y se llevó la mano a la boca.
—Ella es mi vida y la tuya —continuó el selkie, extendiendo a la bebé hacia a él.
Bill apretó los labios y terminó de cortar la distancia entre él y Tom, cubriéndolo con su abrigo, antes de tomar a la bebé en sus brazos.
Era pequeña, una recién nacida, su piel era tan pálida como la de Tom, aunque su cabello era tan azabache como el suyo, mantenía sus ojos cerrados, dormida, pero Bill podía estar seguro que por sus pestañas, eran idénticos a los de Tom.
Tenía muchas preguntas al ver a Saoirse, cómo, dónde, qué había pasado con él en todo ese tiempo.
Pero en lugar de preguntar, Bill simplemente sostuvo a Tom por la cabeza y Tom buscó sus labios, presionándose sobre él con cuidado.
El beso fue largo y completamente cargado con sabor a sal, mientras el agua se movía suavemente alrededor de ellos.
Se separaron para poder respirar, y Bill sonrió de manera torpe, acariciando la mejilla húmeda del selkie con su pulgar.
—Ella es hermosa… Es nuestra hija —habló Bill, mientras los ojos se le llenaban de lágrimas que al caer se mezclaban con la espuma del mar.
Tom asintió y puso una mano sobre la bebé.
—Ella nació con su piel, es hija del mar y también de la tierra… Ella pertenece a estos dos lugares, tiene que tener la libertad de poder estar en sus dos hogares —masculló Tom, acariciando el abrigó blanco y suave que cubría a su hija, que era en realidad su piel.
Bill también acarició la piel de su hija, era como la espuma del mar y la nieve que cubre la tierra.
—Bill… —lo llamó Tom, a lo que él alzó la mirada para verlo a los ojos.
La melancolía seguía permanente su mirada, aunque también el brillo y algo más, una disculpa, que Tom no podía vocalizar como lo haría un humano, pero sí expresar.
—Tuve miedo de tu mundo, que nuestra vida no pudiera ser libre, pero cuando nació y ví su piel, me di cuenta que ella podía tener la libertad de escoger, temía que ella no tuviera su piel como yo y verse obligada a quedarse en un lugar al que no pertenece, es difícil sobrevivir en el mar sin tu piel, pero estuve a salvo, me cuidaron —arguyó Tom. —Haber perdido mi piel me hizo temerle a muchas cosas de tu mundo… pero ella no tendrá por qué tener miedo.
—Yo lo sé —musitó Bill, sin dejar de acariciarle la mejilla. —Te espere… Y sí decides volver a irte, sólo voy a asegurarme de que estés bien, y seguiré esperándote. Siempre tendrás un hogar conmigo, y ella también —aseguró, viendo a su hija. —Y tu espíritu siempre tendrá a otro que… lo ame.
—¿Lloraste por mí mientras no estaba? —preguntó Tom.
Bill asintió. —Tanto que había momentos donde me faltaba el aire, ¿y tú lloraste por mí porque no estaba contigo?
Tom asintió y puso su mano sobre el pecho de Bill, cubierto por una camisa.
—Yo nunca deje de vibrar por tí —compartió Tom, y después puso la mano de Bill sobre su pecho desnudo.
Bill sonrió y mientras con un brazo cargaba Saoirse, con el otro abrazó a Tom, pues comenzaba a temblar por estar expuesto al frío.
—Vamos a la orilla, traje cerezas —susurró Bill, besándole la mejilla.
Y comenzaron a caminar hacia la orilla, no era necesario ir de inmediato con Jorg, pues su padre de seguro ya los estaba viendo desde el faro.
Continúa…
Sólo queda uno para el final 🙂 Gracias por leer y no te vayas sin comentar 😉
BRO, QUEDÓ PANZÓN A LA PRIMERA 😭😭 PERO ESTOY FELIZ PQ ES UNA NIÑA
aunque en serio, que carajos le pasó a la piel de tom?
JAJAJA tecnicamente no quedo panzón a la primera, o sea, SÍ, pero NO, porque Tom como selkie, una foca pues, hizo algo llamado implantación diferida, que es que basicamente guardo la semiente, deteniendo el desarrollo del producto, hasta encontrar el lugar adecuado para dar a luz, él mismo menciona que guardo la semiente de Bill un mes, ES RARO, SÍ, pero es lo que hacen las focas y otras especies, sino me equivoco y pues esa es la fantasía de esto JAJAJA