Con toda la sal 1

Con toda la sal 1

Administración: Otra de las obras de Namyukaulitz. Cuando leí el resumen me enamoré porque me encantan los fics de criaturas, entre ellas las sirenas, entonces ver un fic relacionado con el mar, me atrajo mucho, espero que a ustedes les pase lo mismo. Y ahora… a leer 😉

Fic TOLL de Namyukaulitz

Capítulo 1

Bill podía jurar que nació en la playa, entremedio de las olas oscuras, probablemente, le gustaba creer eso.

Le era imposible creer e imaginar que en algún momento estuvo lejos de aquellas playas tan negras como su cabello.

Para algunas personas del pueblo costero vivir cerca del faro era muy deprimente.

Pero para Bill, que era hijo del farero y vivía literalmente en la casa junto al faro, no era así, a él le encantaba vivir ahí, aunque nunca hiciera sol.

El lugar era hermoso para él.

La neblina, la arena negra, el mar que siempre parecía sombrío, tanto que incluso algunos le tenían miedo. Hasta su madre se fue por eso.

Pero ese era su hogar y Bill lo amaba.

Su madre, Simone, le pidió que se fuera con ella, decía que estaba harta de la humedad, de las nubes oscuras y del olor a pescado, pero él se negó, por más que ella lo intentara convencer diciendo que irían a un lugar más lindo y agradable, lejos de esas arenas negras.

Pero Bill no dejó su postura, a pesar de tener nueve años en ese momento.

Sabía que su madre se había ido, triste, decepcionada y resignada, ya que no había podido llevárselo con ella, sacarlo de ese lugar que en sus palabras era: «Como sacado de un cuento de los hermanos Grimm».

A Bill le encantan los cuentos de los hermanos Grimm, su padre se los leía..

Pero de todo eso, ya hacía mucho tiempo, como una década.

Parecía que todo había crecido junto con él en esos años, las piedras, los riscos y los contados árboles que desde su casa se veían.

En el pueblo solo había una escuela hasta el noveno grado, no existía un bachiller, mucho menos una universidad. Por lo que su padre tuvo que apañárselas y hacer magia.

Porque Bill se rehusaba a dejar de estudiar y abandonar las costas.

Así que su padre tuvo que recurrir a un programa, donde podría terminar sus estudios por medio de correspondencias que le enviaría un instituto.

Paquetes repletos de material de estudio, y que en cada fecha del mes tendría que mandar nuevamente el paquete, pero con las tareas que le enviaban hechas.

Así termino el instituto, y ahora, diecinueve años trabajaba como ayudante en una tienda del pueblo, mientras decidía qué oficio podría aprender.

&

Esa mañana Bill despertó cuando la luz clara pero opaca del amanecer comenzó a filtrarse por la ventana de su habitación.

Como siempre, estaba haciendo frío, por lo que, después de tomar una ducha tibia se vistió con una camiseta de manga larga gris y unos jeans de azul oscuro.

Y después preparo el desayuno para él y su padre, algo sencillo y rápido.

Su padre no estaba en la casa en ese momento, seguramente se había quedado en el faro
toda la noche, al salir de la casa alzó la mirada a la punta del faro, la luz todavía estaba encendida y dando vueltas.
Fue a revisar la correspondencia, unas cartas eran para su padre, la mayoría, pero había una que era para él, era de su madre.

Simone no se había olvidado de su hijo en toda esa época por lo que constantemente le enviaba cartas, regalos y fotos.

Bill sabía que su madre había seguido con su vida, pues se había casado y tenía otros dos hijos.

Tenía dos hermanos, mucho menores que él, tenían cuatro y dos años.

Su madre lo había invitado a la boda y visitarla cuando nacieron sus hermanos, pero eso significaba alejarse del mar, por lo que Bill muy amablemente terminó rechazando las invitaciones, con la excusa de no poder por sus estudios.

No era que no quisiera a su madre, o no quisiera conocer a sus hermanos, solo que Bill sentía una gran conexión con su hogar, no se sentía cómodo dejándolo aunque fuera por unos días o semanas.

Quería mucho a su madre y, aunque no los conocía, también a sus hermanos.

Tenía fotos de su madre y sus hermanos pegadas en la pared frente a su escritorio, junto a las fotos que le tomaba a la playa y al mar, o a su padre cuando estaba en casa y no en el faro.

También mandaba fotos de él y de lo que hacía.

Bill guardó la carta de su madre en el bolsillo de su pantalón y volvió a la casa, dejando la correspondencia de su padre sobre la mesa del comedor, después fue a su habitación y tomo su bolsa de color verdosa, poniéndosela cruzada en el torso, para después ir a la cocina y dejarle una nota a su padre.

«Estaré en la playa, el desayuno está listo en el horno. Mamá me envió una carta y me gustaría enviarle fotos del mar :p».

A pesar de haber preparado el desayuno, Bill no tenía mucha hambre por lo que no había comido, pero aun así, de la alacena sacó un frasco de cerezas dulces y la metió en su bolso, para después salir de su casa.

El pueblo estaba muy alejado del faro, tanto que incluso solo se veían los techos asomándose a la distancia.

Suspiro y comenzó a caminar, bajando a la playa, ese día no había neblina, por lo que era más fácil ver el mar.

Saco de su bolso su cámara y comenzó a fotografiar las cosas que él consideraba interesantes, como gaviotas sobre troncos secos que estaban tirados en la arena, a las olas y a los barcos que se miraban a la lejanía.

Después de un rato caminando y tomando fotos, se detuvo cerca de unas piedras, que estaba a pies de un risco, el límite de la playa, donde ya no había más arena negra, sino piedras negras, grandes y redondeadas.

Sabía que no debía cruzar por ahí, pues era donde las olas azotaban con más fuerza y cualquiera que pasara por ahí podría ser arrastrado por el mar hacia adentro.

Se sentó sobre una piedra, pero que estaba alejada de esa zona, y se cruzó de piernas, sacando el frasco de cerezas mientras comenzaba a escribir en su libreta una carta en respuesta para su madre.

Estaba sumido entre el sabor dulce de las cerezas y el sonido de las olas, contándole a su madre sobre sus últimos días.

Él como su jefe, un amigo de su padre tenía una amante y Bill los había encontrado en la parte donde empaquetaban el pescado, o cuando su padre se deslizó y cayó con el musgo que rodeaba a la casa.

Se rió al recordar cómo su padre lo culpó por su caída, y Bill sólo se reía.

En un momento mientras se llamaba otra cereza a los labios, alzó la mirada al mar, a la espuma blanca, y giró su cabeza a las piedras y alcanzó a notar algo que lo dejó extrañado.

—¿Qué es eso…? —murmuró, cerrando el frasco de cerezas, guardándolo en su bolso junto a su libreta y cámara.

Se bajó de la piedra en la que estaba sentado y comenzó a caminar hacia las piedras.

Entremedio de las piedras había alcanzado a ver algo pálido asomándose, pequeño casi imperceptible desde lo lejos, pero eso no era espuma de mar.

Se subió sobre las piedras, caminando con cuidado para no resbalarse.

Y sus ojos se abrieron en grande conforme caminaba y alcanzaba a detallar que era.

Una mano.

Al seguir con la mirada se encontró con un cuerpo, un muchacho tirado sobre las piedras de cara sobre las piedras. Tenía rastas rubias, largas, pegadas a su espalda descubierta.

Estaba completamente desnudo.

Bill se llevó la mano a la boca, creyendo por un instante que había encontrado un cadáver.

Hasta que se fijó en el rostro del muchacho, era hermoso, sumamente atractivo, aunque su semblante parecía intranquilo.

Bill observó hacia todos lados, afligido.

¿Era un marinero que se había caído de un barco? Considerando que momentos atrás había visto barcos a la lejanía no parecía algo extraño.

Al volver a fijar su mirada en el rostro del muchacho, se sintió atraído a acercarse por su curiosidad.

Era tan bello que parecía una pintura, como si alguien lo hubiese tendido sobre las piedras, en esa posición, dejando a la vista la mitad de su rostro, con su brazo derecho extendido y el izquierdo encogido, con una pierna flexionada y la otra estirada, no parecía una pose forzada, sino natural, el mar lo había pintado de esa forma.

Tal vez no debía hacerlo, pero Bill sacó su cámara y le tomó una foto a la escena.

Al hacerlo, su pie se deslizó por la superficie de la piedra y cayó sentado, pero no soltó su cámara, ahora estaba literalmente a centímetros del cuerpo.

Y se dió cuenta de que estaba respirando, aunque su respiración no era normal, Bill frunció el ceño, y en lugar de alejarse pues no creía que estuviera vivo, extendió su mano, poniendo un dedo debajo de la nariz del muchacho.

Y sus ojos volvieron a abrirse por la sorpresa, efectivamente estaba respirando.

¿Cómo…?

Dirigió la mirada al mar, como si pudiera responderle, pues alguien arrastrado al mar sobre todo en esa zona difícilmente saldría con vida, pero este muchacho lo estaba, estaba vivo.

Guardar su cámara, y aunque, quizás era peligroso que estuviera sobre las piedras por ser arrastrado por las olas, en ese momento, el mar pareció calmarse, por lo que Bill se puso de pie y se inclinó sobre el muchacho, dándole la vuelta para tomarlo por los brazos.

Al tocarlo, se dio cuenta que su piel estaba cubierta por algo ligoso, que le dificulto agarrarlo, pero con esfuerzo, logró apartarlo de ahí.

Lo arrastró hasta llegar nuevamente a la arena, donde lo dejó y se puso de rodillas a un lado de él, tomándole el pulso y asegurándose de que no estuviera herido.

Al examinarlo mejor, de cabeza a pies, se percató de algo.

Bill tragó saliva con dificultad.

No tenía vello, aparte de las cejas, las pestañas y el cabello, su piel era extremadamente pálida y los dedos de sus pies estaban palmeados.

No era humano.

Incluso si se veía como uno, al verlo detenidamente, algo no encajaba con el concepto de humano que Bill conocía.

Le acarició el rostro, su piel era como la porcelana, sin ninguna imperfección o marca, Bill se miró su propia mano, a la cual se le había pegado lo ligoso de la piel del muchacho, y por instinto, se lo acercó a la nariz, no olía a nada desagradable.

Olía a agua salada.

¿Qué debía hacer?

Algo dentro de él, su instinto o algo más le dijo que avisarle a todo el mundo de lo que había descubierto no era buena idea.

Suspiro viendo el rostro del muchacho, algo en su semblante le transmitía que era lo último por lo que había pasado, aunque no sabía qué, podía saber que no era algo agradable.

Bill se puso sobre una rodilla, y tomó al muchacho con ambos brazos, poniéndose de pie y cargándolo.

No podía dejarlo ahí, así que se lo llevó consigo, observando su rostro mientras caminaba.

Al llegar a su casa, su padre seguía sin bajar del faro, por lo que fue sencillo para Bill llevarlo hasta su habitación, donde lo tendió sobre la cama.

Se sacó el bolso y fue al baño por algo para limpiar al muchacho, quitarle la arena y esa capa ligosa que le cubría el cuerpo.

Lo limpio con cuidado, no podía dejar de verlo, era muy atrayente, incluso inconsciente.

Seguía sin tener idea de que era, pero al limpiarle los pies se dio cuenta que sus dedos habían dejado de estar palmeados.

Sabía que no lo había alucinado, eso solo hizo que le pareciera más extraño, pero no tenía miedo.

Al terminar de limpiarlo, lo arropo, de seguro tenía frío, y después fue a cambiarse su ropa, por una limpia, pues al cargarlo se había manchado de ese líquido ligoso que lo cubría.

Bill lo dejó en su habitación, y fue a buscar a su padre al faro, sentía que podía contarle a él lo que había encontrado.

Y claro que tenía que hacerlo, ya que lo había llevado a su casa.

Mientras subía por las escaleras viejas y resonantes del faro, no dejaba de pensar en el muchacho, otra cosa que había notado era que al cargarlo, no pensaba tanto, o no tanto como podría parecer que pesara, eso era extraño, pues Bill era muy delgado apenas podía cargar con los tambos de gas del negocio en el que trabajaba, no era débil, pero al cargar al muchacho había pensando que se le iba a complicar por un momento, teniendo que hacer pausas, pero no.

Al retirarle esa ligosidad que lo cubría al limpiarlo, Bill también se había dado percatado de que su piel se había vuelto suave como la seda o el algodón.

Al llegar a la punta del faro, vió que su padre vigilaba el horizonte con unos binoculares.

—Papá —lo llamó Bill, mientras el viento le removía el cabello negro largo.

El mayor apartó los binoculares de su vista y se giró para ver a su hijo. —¿Qué trajiste a la casa? —preguntó con suavidad.

Bill alzó las cejas, no esperaba que su padre fuera tan directo.

Al ver la reacción de su hijo, Jorg se rió y levantó los binoculares.

—Te ví desde aquí, desde que saliste hasta que volviste… —reveló Jorg con naturalidad. —¿Vas a decirme a quién o qué trajiste? —volvió a preguntar, pero sin enfado.

Bill junto sus manos y frunció el ceño bajando la mirada, su padre estaba demasiado tranquilo.

—No sé…. —respondió Bill.

Jorg bostezó y asintió. —¿Vas a mostrármelo?

Bill asintió rápidamente levantando la mirada.

—Bien, bajare en unos minutos, puedes bajar ahora, ve a ver si ya está despierto —agregó Jorg.

Bill volvió a asentir y bajó nuevamente por las escaleras del faro para volver a su casa, en cuanto entró en su habitación se encontró con una sorpresa.

La cama estaba vacía, el muchacho ya no estaba ahí, Bill se llevó las manos a la cabeza preocupado, pero al girar la cabeza lo encontró, cubriéndose con una sábana que arrastraba por el piso.

El muchacho de rastas estaba viendo fijamente las fotos que estaban pegadas frente a su escritorio.

Bill suspiró aliviado, y al hacer ese ruido, el muchacho giró la cabeza para verlo.

—¿Es tu familia? —preguntó con voz suave el muchacho, señalando una foto de su madre y sus hermanos.

Su tono de voz era muy suave, melancólico, como un susurro.

Bill se paralizó, se quedó rígido en el marco de la puerta, el muchacho no parecía asustado, ni desorientado, se veía muy tranquilo y curioso, con sus manos aferradas a la sábana que lo cubría.

Esperaba preguntas sobre su paradero o algo así, pero no había nada de eso en su voz.

—Eh.. sí, son mi madre y mis hermanos menores… —respondió Bill después de unos segundos.

El muchacho parpadeó, antes de asentir y volver a ver las fotos.

—¿Te encuentras bien? —inquirió Bill con cuidado, acercándose lentamente.

—No te pareces a ellos —soltó el de rastas de repente, acercando su rostro más a la fotos.

Bill no supo qué responder, pues era cierto, él no se parecía a su madre, sus hermanos sí, pero él tenía más parecido a su padre, tanto que estaba seguro que a la edad de su padre se vería de la misma forma y se detuvo a medio metro de él, para no incomodarlo, no había respondido a su pregunta.

¿Debía preguntarle otra vez?

Antes de poder volver a preguntarle, el muchacho volvió a hablar:

—Agradezco que me hayas traído contigo —comunicó el de rastas, acercándose a Bill, tanto que solo quedaban centímetros entre ellos.

El muchacho alzó la cabeza, viendo fijamente el rostro de Bill, directamente sus ojos.

—¿Cómo sabes que te traje yo…? —preguntó Bill, era irónico que quien estaba haciendo más preguntas era él y no el de rastas.

—Puedo percibirlo —contestó el de rastas. —Sentía tu aroma en mí, el mismo de este lugar y esto… —explicó, viendo sus manos agarradas a la sabana.

Bill desvió la cabeza y se olió el hombro, creyendo que el de rastas se refería a un mal olor, pues ese día no había usado perfume y no tenía idea de que era lo que podía olor tan fuerte como para que el olor se hubiera pegado a él.

—No me molesta —aclaró el de rastas al verlo olerse. —Creo que tú no puedes sentirlo.

—No huelo nada, no sé a qué te refieres —confesó Bill en voz baja, volviendo a verlo a los ojos.

Miró con detalles los ojos oscuros del de rastas, eran de un café profundo, grandes y brillosos, como cuando la luna se refleja en el agua.

—Tú… —el muchacho lo tocó con su dedo índice. —Tu olor me dice que eres un macho de tu especie, joven, garañón, como los míos, pero distinto.

Sus palabras eran tan raras, que sólo le confirmó a Bill que no era un humano normal.

Bill se rió incómodo, y se rasco la nuca desviando la mirada, sin comprender muy bien qué significaban esas palabras, ni siquiera recordaba que significaba la palabra garañón, tenía ganas de ir a por su diccionario.

—¿Cómo te llamas? —preguntó Bill, alejándose de él para ir a su escritorio y buscar su diccionario.

—Tom —respondió el de rastas viéndolo con curiosidad lo que hacía.

Bill tomó su diccionario y busco la palabra rápidamente, al encontrar lo que significaba alzó una ceja y luego buscó al de rastas con la mirada.

—Esto… —pronunció Bill, cerrando abruptamente su diccionario, con las mejillas rosadas. —¿Cuántos años tienes? ¿Recuerdas de donde eres?

Tom apartó la mirada de él y caminó hasta la ventana que estaba cerca de la cama, la única que brindaba alguna claridad a la habitación.

Bill dormía en la parte más alta de su casa, en el tercer piso, por lo que su techo tenía forma triangular hasta la pared donde estaba la ventana.

Al estar cerca de la ventana, Tom la empujó para abrirla, desde la ventana había una vista directa al mar.

—Yo vengó de ahí —señaló Tom, buscando a Bill con la mirada.

Bill se acercó y observó hacia donde señalaba, el mar.

—Sí, de ahí te traje, estabas tirado sobre las piedras del risco —comentó Bill.

Tom negó rápidamente.

—No es eso, yo nací ahí, en lo profundo, donde no llega la luz —arguyó Tom, y sacó la cabeza por la ventana, viendo alrededor de la casa y se fijó en el faro que estaba a un lado.. —Este lugar no existía cuando yo nací… Sólo estaba eso —señaló el faro.

Bill vió el faro y luego a Tom, y retrocedió dos pasos, con los labios entreabiertos, consternado.

La casa tenía alrededor de cincuenta años, y el faro… No podía calcularlo honestamente, sólo sabía que había sido construido a mediados del siglo diecinueve.

Pero definitivamente tenía más de cien años…

—¿Ya habías nacido cuando el faro había sido construido? —balbuceó Bill, sin poder creer que fuera tan viejo, pues su apariencia era la de alguien de su misma edad, no más, no menos.

—Su luz ya alumbraba el cielo cuando yo me senté sobre una piedra fuera del agua —informó Tom viendo el faro.

Bill escuchó los pasos de su padre acercarse y se dió la vuelta para verlo, en cuanto Jorg entró en la habitación, Tom se movió con rapidez detrás de Bill y asomaba su cabeza por sobre su hombro.

Jorg alzó las cejas, sorprendido al ver que el de rastas se escondió detrás de su hijo.

Bill giró la cabeza al sentir como Tom se aferraba a él, tomándolo por la camisa, pero no dijo nada sólo observó a su padre.

—No esperaba que se escondiera detrás tuyo —reconoció Jorg, sacándose la boina gris de su cabeza, pasándose la mano por el cabello. —Nunca había visto uno de cerca, sólo de lejos, muy de lejos.

—¿Sabes qué es? —cuestionó Bill, alzando una ceja, sintiendo como Tom se aferraba a su camisa con más fuerza.

—Escuche un poco lo que hablaban, tiene más de cien años… Y se ve como una criatura hermosa y joven —Jorg se acercó con cuidado, con la admiración reflejada en sus ojos. —Cuando lo encontraste, ¿viste su piel?

Bill se descolocó ante la pregunta, y no supo si asentir o negar.

—¿Su piel? —replicó Bill, y giró la cabeza para ver a Tom.

Jorg se rió y negó.

—No me refiero a esa piel humana, me refiero a su piel de foca —exhaló Jorg.

Al escuchar las palabras de Jorg, Tom asomo más su cabeza y su agarre se aflojó de la camisa de Bill.

Bill entendió de inmediato a qué se refería e instintivamente volteó a ver a Tom, quien tenía la mirada fijada en su padre.

—¿Existen? —preguntó Bill, incrédulo.

—¿Pensabas que las selkies eran un mito? —Jorg volvió a reír. —Hijo, todos los mitos tienen su verdad, sobre todo los del mar. El mar nos conoce más a nosotros de lo que lo conocemos a él.

—Lo encontré desnudo, no había nada más —murmuró Bill, apartando la mirada de Tom para ver a su padre.

Jorg se acercó más, dejando una distancia considerada entre él y el selkie que estaba detrás de su hijo.

—¿Dónde está tu piel? —preguntó Jorg con la voz suave, viendo al de rastas.

—No lo sé… —masculló Tom, bajando la mirada, intentando recordar.

Jorg se sintió apenado por él al escuchar su respuesta, pues sabía que significaba eso, un selkie sin su piel no puede volver al mar.

No le hizo más preguntas, y suspiró, pasándose el dedo por el puente de la nariz.

Padre e hijo compartieron una mirada silenciosa, Bill también sentía pena por el de rastas ahora, ya tenía claro que no era humano, pero lo sería a partir de ahora por no tener su piel.

Se quedaría para siempre en tierra, no volvería al mar.

—¿Él fue quien te rescató, verdad? —preguntó Jord después de unos segundos, señalando a su hijo.

Tom asintió, apretando nuevamente la camisa de Bill.

—¿Sabes como se llama? —continuó Jorg.

Tom negó.

Jorg miró de reojo a Bill, con reproche.

—Yo me llamo Bill —se presentó rápidamente Bill. —Él es mi padre, Tom, se llama Jorg —informó, señalando a su padre.

—Lo sé, te pareces a él —declaró Tom. —Sin mi piel, me he vuelto un humano como ustedes…

Jorg asintió, sin su piel, Tom iba a envejecer como lo haría un humano normal, aunque tuviera más de cien años, ahora biológicamente hablando, su cuerpo se había adaptado a la edad, probablemente tenía la edad de Bill.

—¿Qué vamos a hacer ahora? —masculló Bill, viendo al de rastas, pues ahora era un humano más como ellos.

—No estoy seguro, pero, estoy muy feliz de que lo hubieses traído aquí, porque de encontrarlo otra persona, sería peligroso para él, piensa que para él es como llegar a un país en otro continente solo, sin dinero y sin saber el idioma —acotó Jorg, dudaba mucho que las personas el pueblo entendieran muy bien el que hubiera un selkie entre ellos, probablemente sentirían curiosidad, pero no confiaba la seguridad del selkie en manos ajenas, mucho menos ahora que sabía que no tenía su piel, probablemente había sido robada por algún humano, pues una selkie es incapaz de perder su piel en el mar.

Por lo mismo Jorg estaba sorprendido de que Tom se ocultara o se sintiera tan cómodo con Bill, pues Bill no tenía su piel, y común era que las selkies se quedaran con el humano que le robara su piel, supuso que era porque Bill lo había cuidado y tratado bien.

No podía simplemente dejarlo ir sin ser consciente que no sería muy seguro para él.

—Parece que te ha aceptado cerca de él —expuso Jorg, a lo que el selkie rápidamente asintió.

—Puedo sentir la protección en Bill —expresó Tom manteniendo su voz suave, esa melancolía que encantaba aunque también generaba pena. —Su espíritu es como el mío. Quiero formar parte de él.

Aquella declaración fue fuerte para Jorg y sobre todo para Bill.

¿Lo estaba escogiendo voluntariamente a él? Extraño para una selkie, aunque seguramente era por ser un ser vulnerable, había escogido en quien más confianza sentía.

Aunque ya no se escondía completamente de Jorg, seguía detrás de Bill.

Para su propia sorpresa, Bill no se sentía incómodo o extraño con eso, con sus palabras.

Bill siempre había sentido que pertenecía a las olas, a la arena y al mar, pero ahora tenía un hijo del mar detrás suyo.

No podía decir que se sentía completamente conectado con él, recién se conocían para decir que había una conexión, pero al menos lo comprendía, un poco.

Jorg buscó la mirada de su hijo, esperando una respuesta, y al ver que la mirada de Bill estaba fija en el selkie, supo que Tom iba a quedarse, junto a Bill.

Le parecía gracioso, aunque en ese momento su rostro se mantuviera suavizado, Bill lo había encontrado, pero también parecía que Tom había encontrado a Bill.

Siempre había sido consciente de la conexión que Bill sentía con el lugar, ahora creía que su conexión no era únicamente con el mar, como si esto, a pesar de ser una desgracia para el selkie, estaba destinado a suceder.

—Bueno, supongo que ahora tengo dos hijos —suspiró Jorg, esbozando una sonrisa. —Tom no puede estar únicamente con una sábana, Bill, ¿puedes prestarle ropa por el momento? Luego tendré que ir a buscar ropa para él.

Bill asintió, y su mirada se dirigió al reloj de su pared y sus ojos se abrieron.

—Ya casi son las ocho de la mañana, tengo que ir al trabajo —recordó Bill, llevándose una mano al rostro.

Honestamente, no tenía ganas de ir a trabajar, pero tenía que hacerlo, aunque podía pedirle el día a su jefe, después de haberlo encontrado con su amante, podía pedirle los favores que quisiera, pero no, tenía que trabajar.

—Yo me quedaré con él, Bill, vete sin preocupaciones —sugirió Jorg, comenzando a caminar hacia la puerta. —Los dejaré solos para que se vista —avisó.

—Gracias, papá —le sonrió Bill, a lo que padre asintió devolviéndole la sonrisa y cerró la puerta detrás de él.

—¿Vas a dejarme? —preguntó de repente Tom.

Bill se dió la vuelta para tenerlo cara a cara y asintió.

—No te estoy abandonando, volveré, porque tengo que trabajar, ¿sabes que es un trabajo? —explicó Bill con sencillez.

Tom negó, viéndolo con curiosidad.

—Bueno, un trabajo es algo que hacemos para conseguir dinero, con dinero compramos cosas, como comida, ropa y esas cosas —acotó Bill, señalando con su mano todo lo que había en su habitación. —Mi padre trabaja en el faro, ese es su trabajo, un dia te explicare que es lo que hace a detalle, pero ahora… Tengo que darte ropa.

Bill se alejó de él y fue a su armario, Tom lo siguió, quedándose detrás de él, a unos centímetros suyo.

Tom bajó la mirada cuando Bill lanzaba ropa al suelo, buscando algo cómodo y apropiado para él.

—A mi no me importaría estar desnudo —expresó Tom.

—¿Seguro? Porque aquí hace demasiado frío, además… No pueden verte desnudo, sería raro si alguien llega a verte —contestó Bill, sacando una camiseta de algodón holgada y de color blanco, junto a unos pantalones de pijama negros.

—Pero me siento más cómodo así… —musitó Tom, frunciendo ligeramente el ceño.

—Mmm, supongo que puedes andar sin camisa, aunque aún así es un poco extraño, por el frío, pero dudo que alguien lo cuestione, de cualquier forma, siempre trata de tener algo que te cubra de abajo —aconsejó Bill, acercándose a él, quitándole con suavidad la sábana que lo cubría, pero Tom apretó su mano para no soltarla.

No sabia porque, pero se sentía seguro con la sabana.

—Puedes volver a tenerla después de que te vista —le sonrió Bill.

Tom terminó asintiendo al ver su sonrisa y soltó la sábana.

Bill se puso de rodillas y aunque fue un poco complicado, logró ponerle los pantalones, y luego la camisa, al verlo ya vestido, sonrió, se veía más normal, más humano, aunque podía ver el rostro de Tom sin inconformidad pero aceptación silenciosa.

Al ver nuevamente el reloj se dio cuenta de que si no se iba ya, iba a llegar tarde.

—Es hora de que me vaya, vendré en la tarde… o cuando veas que ya está oscureciendo más de lo que ya estaba —dijo Bill mientras buscaba su bolso, sacando el frasco de cerezas que había llegado consigo más temprano a la playa, su cámara y su libreta junto a la carta de su madre, quedándose únicamente con su dinero y llaves.

—¿Qué es esto? —preguntó Tom, tomando el frasco de cerezas en su mano.

—Son cerezas, es comida… ¿Quieres probar una? —arguyó Bill, a lo que Tom asintió, por lo que abrió el frasco y tomó una cereza, extendiéndosela para que la tomara.

Pero Tom no la tomó con su mano, sino que directamente la tomó con la boca y la comenzó a masticar.

Bill lo miró expectante mientras, con el frasco abierto en sus manos, cuando tragó, sonrió.

—¿Y? ¿Qué tal? ¿Te gusta? —preguntó Bill.

El rostro de Tom no reflejaba desagrado, tampoco agradado, era claro que estaba procesando el dulce de un frasco de cerezas que eran procesadas para ser más suaves y dulces, tampoco era completamente naturales.

—Es…. —Tom tenía el ceño fruncido. —Suave, tiene demasiado sabor.

—Es dulce, ¿quieres otra? —ofreció Bill, a lo que Tom asintió, y tal y como lo supuso, Tom la tomó con su boca directamente de su mano.

Estaba pendiente de la hora, mientras le daba una cereza detrás de otra al de rastas, hasta que se acabaron.

—Bien, las cerezas han sido tu primera comida humana… Supongo que está bien, ¿no? —Bill se rió entre dientes, cerrando el frasco. —Ahora, sí, tengo que irme, pero te dejaré con mi padre primero.

Dicho eso, Bill lo tomó de la mano y lo guió hasta el comedor, donde su padre estaba desayunando.

—Me voy, papá —avisó Bill, dejando a Tom sentado sobre una de las sillas de la mesa.

El mayor le sonrió a su hijo, y luego bajó la mirada al selkie, que observaba fijamente lo que estaba desayunando.

—Cuídate, yo me quedo con él hasta que vengas —aseguró Jorg.

—Adiós, Tom, volveré, no lo olvides —dijo por último Bill, antes de salir de su casa, tomar su bicicleta e ir al pueblo.

Al quedarse solos Tom tomó la camiseta que tenía puesta y se la llevó a la nariz, oliendo el aroma de la tela.

Jorg sabía que estaba buscando el aroma de Bill.

—Ahora que estamos solos, Tom, tengo que confesar que tengo mucha curiosidad —comenzó Jorg, logrando que el selkie alzara la mirada para verlo. —¿Puedes contarme cómo era tu vida en el mar? Aunque he envejecido viendo y cuidando este mar, no sé cómo es la vida debajo del agua.

—Me gustaba nadar cerca de las ballenas y escucharlas —habló Tom, examinando cada cosa que los rodeaba. —Casi nunca salía a la superficie.

—La superficie no es tan interesante como me imagino, es el fondo del mar, ¿verdad? —continuó Jorg.

Tom bajó la mirada a los manteles en la mesa, tomándolos con las manos, viendo los patrones de flores bordados.

—No sé, los dos tienen cosas interesantes y hermosas… Como esto —Tom alzó el mantel, a lo que Jorg sonrió. —¿Qué es?

—Es un mantel, sirve para poner los platos —indicó Jorg, levantando su plato y poniéndolo sobre el mantel que tenía abajo. —Lo hizo mi ex mujer.

Tom ladeo la cabeza ante el término. —¿Tu hembra?

—Algo así, pero ya no es mi hembra, no estamos juntos —explicó Jorg intentando sonar lo más sencillo posible. —Ella es la madre de Bill.

—Uhmmm… Pero Bill no se parece a ella —masculló Tom, señalándolo a él. —Se parece más a ti.

—Sí, él ni se parece a su madre —Jorg volvió a reír. —¿Y tú, Tom, a quien te pareces más? ¿A tu madre o a tu padre?

Tom se quedó callado.

—Madre… Mamá —repitió Tom en voz baja, mientras los ojos se le ponían acuosos, y frunció el ceño, tocándose las gotas que se deslizaban por sus mejillas.

Tomó una de las gotas que salía de sus ojos y se desplazaba por sus mejillas y la llevó a su boca, el sabor le resultó más que familiar, lo que provocó más gotas.

—Esto sabe cómo al mar… ¿Por qué tengo mar si no tengo mi piel? Ya no formó parte de él…. —inquirió Tom buscando al mayor con la mirada.

—Eso se llama llorar, hijo, pasa cuando sentimos muy fuerte, algo que nos entristece, nos agobia o nos alegra, no es algo malo —explicó Jorg con dulzura.

Tom pareció captar lo que eso significaba, y observó sus manos, la palma y el dorso, no era la primera vez que veía sus propias manos.

—Mi mamá… fue la que me sacó a la superficie, me mostró los barcos, con los humanos, a la lejanía, siempre me decía que me mantuviera alejado —recordó Tom, mientras sus lágrimas seguían bajando por sus mejillas. —No creo que me esté buscando.

Jorg trago saliva, asintiendo mientras lo escuchaba.

Sabía muy bien que las focas cuidaban por un corto periodo de tiempo a las crías, aunque honestamente esperaba que fuera algo distinto en las selkies, pero al parecer no, las madres no buscan a sus crías.

—Tom… ¿Cómo perdiste tu piel? —preguntó Jorg con tacto.

El selkie se quedó callado.

—Algunos de nosotros dejamos nuestra piel por voluntad propia, para mezclarnos con lo de su especie durante la noche, cuando hay ruido en la orilla… Música —relató Tom. —Pero habemos otros que preferimos quedarnos en el mar, no disfrutamos de caminar en la tierra. Los que más salen son los que saben de cosas humanas, incluso abandonando el mar, yo no conozco la tierra, más que por verla a lejanía o por la voz de otros.

—¿No recuerdas el momento en el que dejaste de tener tu piel? —cuestionó Jorg de la misma forma que antes.

—Cuando abrí los ojos ya estaba en ese lugar que olía a Bill —respondió Tom, dejando escapar un suspiro inconsciente. —¿Cómo sabes que soy? Bill… no lo sabía… —preguntó de repente con curiosidad.

—Hijo, he estado tan cerca del mar por tantos años que he visto y escuchado demasiadas cosas, que seguramente tú has visto directamente, yo sólo desde la lejanía —Jorg se levantó de la mesa, tomando su plato, pues ya había terminado de desayunar. —En más de una ocasión, llegué a ver a selkies a la distancia, sobre las piedras más alejadas de la costa, despojándose de su piel. Y Bill, él lo sabe porque le cuento historias, creo que tiene un libro con ilustraciones…

Jorg llevó en plato al lavaplatos y Tom se acercó detrás de él, viendo como lo lavaba con una esponja y jabón.

—Eso, parece espuma de mar pero huele extraño —murmuró Tom. —¿Puedo hacer eso?

Jorg asintió y le dió la esponja, explicándole que tenía que hacer.

Nunca había visto a alguien lavar con tanta admiración un plato.

—Estas lavando un plato, el jabón, ya sea de platos con olor a limón, porque eso que hueles es limón; o el jabón para la piel que tienen olor a flores, como lo que viste que tenía el mantel que hizo la madre de Bill, sirven para limpiar los rastros de suciedad, para que te limpió —explicó Jorg, mientras se sacaba las manos con una toalla cercana.

Tom no apartaba la vista de sus manos llenas de espuma, hasta que las metió debajo del agua que caía como una cascada, más pequeña y menos fuerte, esa agua se sentía distinta, no era desagradable pero, apartó la mano.

—Limpiar…. Sí conozco eso —declaró Tom, volviendo a meter la mano debajo del agua que caía. —Creo que Bill me limpió…

—Seguramente limpió el residuo que queda cuando cuando un selkie se despoja de su piel de foca —replicó Jorg, apoyándose sobre la encimera de la cocina viéndolo experimentar con el agua dulce.

Tom apartó la vista del agua y sus ojos se volvieron nuevamente acuosos.

—¿Cuándo vuelve Bill? Ya se demoró —preguntó Tom.

Jorg no esperaba que Tom extrañara tan pronto a Bill, aunque tampoco estaba sorprendido, tendría que enseñarle a leer los relojes, aunque dudaba que eso calmara su necesidad.

Continúa…

Gracias por leer. Te invitamos a dejar un comentario 🙂

por Namyukaulitz

Escritora del Fandom

2 comentario en “Con toda la sal 1”
  1. yo también tuve que buscar que significaba garañón y me reí feo. tom sin pelos en la lengua viendo que bill es un macho 10/10

    aunque pobre de mi bebé 🙁 ¿quién le quitó su piel?

    1. Hola, espero no responder tarde jesjes
      Sí, tuve que usar la palabra garañón, porque semental se me hacia muy explicito JAJAJA, así que tuve que ir al diccionario a buscar un sinonimo que me ayudara, y sobre lo de la piel, sé que me preguntaste en otros comentarios y no sé en cual responderte eso JAJAJA, pero creo que lo hare aquí.
      Respuesta: El tema de la piel de Tom es una incognita aproposito, puedes pensar que alguien se la quitó o que la perdió, él no lo recuerda de todos modos, y esto es en parte porque el fanfic es una metafora, del post trauma en donde se vulnera a alguien de manera intima, pero igual cualquiera puede suponer lo que quiera, lo que sea menos tragico y te haga feliz

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