Criminal 1

Cuando la primera chispa de la obsesión se enciende,
solo puede esperarse que el devenir de las emociones
arda hasta convertirte en cenizas.
Killer Words

Fic TOLL de Ignacio Pelozo

PARTE 1

I – Viernes 3 de enero, 18:00

Oliver Merrickson, 25 años, soltero, vivía solo. Fue encontrado el lunes a las diez de la mañana por su madre —informó Georg, el líder del equipo—. Tenía una copia de las llaves. Irrumpió en el departamento y, luego de buscarlo unos minutos, siguió el sendero de sangre que manchaba la alfombra y lo encontró dentro del clóset.
—La víctima tenía rastros de látex, lubricante, sangre y semen propios en el pubis. No sirven como evidencia biológica, debido a que los fluidos pertenecen a la víctima —dijo Matthew, el más joven e inteligente del equipo de criminalistas—. Deduzco que tuvo puesto un condón que el asesino se encargó de retirar como medida contraforense. Le amputó el glande. La herida es irregular, probablemente él se haya retorcido al darse cuenta que lo iban a mutilar. Pese a la impresión, el corte fue hecho con la misma arma que en los cuatro casos previos.
—Al igual que en los casos vinculados, no hay rastros de la zona amputada —dijo Christopher interrumpiendo la reunión—. Posiblemente se los lleve como trofeo del homicidio.
—Tengo una lista con todas las víctimas —agregó Georg—. Repasemos.

El equipo estaba compuesto por dos mujeres, Jessica y Elisa, y cuatro hombres, Matthew, Christopher, Georg y David. El caso había sido derivado a la división del FBI hacía cuatro horas y el primer paso de la investigación era configurar la victimología, buscar y hallar vínculos comunes entre los fallecidos para comprender las motivaciones del asesino y así llegar a él.

Sí. Sabemos que todos son varones de entre 20 y 30 años, blancos, apuestos y adinerados —respondió Matthew escribiendo los rasgos característicos en la pizarra de la sala de reuniones—. Tienen como trabajo el mundo del modelaje. La orientación sexual de las víctimas no parece ser la motivación principal, debido a que tenemos cinco víctimas de las cuales tres eran declaradamente homosexuales.
—¿Y cómo es posible, entonces, que sea una mujer? —interpeló Elisa.
—Tengo mis reparos con respecto a eso —agregó—. Una mujer no podría arrastrar un metro ochenta y cinco y setenta kilogramos con facilidad y sin detenerse. El rastro de sangre no tiene interrupciones, es uniforme. Todos han sido hombres altos y bien formados.
—Sin embargo… —murmuró David— el informe del médico forense aclara que encontraron restos de vino y sedantes. Necesitó drogarlo para evitar que intentasen defenderse. Por lo tanto, si es un hombre no iguala, ni supera la fuera de las víctimas.
—No hay rastros de otras sustancias. Aunque, es interesante… —continuó Matthew contrastando la información con la de las víctimas restantes— el vino se repite.

Todos permanecieron en silencio repasando las anotaciones de la pizarra.

Atacó todos los sábados por la noche. Sabemos que frecuenta el club donde estos hombres van a bailar —musitó Jessica pensativa—. ¿Cómo es que la policía antes de derivar el caso no ha ido a buscarlo allí?
—Debe pasar desapercibido. Se integra con facilidad o es cliente y también frecuenta el lugar.
—¿Qué día es hoy? —cuestionó Georg.
—Viernes —respondieron Matthew y Christopher al unísono.
—No tenemos tiempo… Volverá a atacar.

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II – Sábado 4 de enero, 8:00

Tom parpadeó con un dejo de molestia cuando la luz exterior se filtró a través de las cortinas de su habitación. Bostezó y se estiró desperezándose entre las sábanas antes de reincorporarse. Cuando sus pies acariciaron la suavidad de la alfombra recordó la peculiar correspondencia que recibía cada sábado por la mañana. Descendió hacia la planta baja con tranquilidad y, antes de pisar el último escalón, allí vio el sobre amarillo que iniciaba el ritual del fin de semana después de ser deslizado a través de su puerta durante la noche.

Se inclinó para recogerlo mientras sonreía con inocencia. Suspiró intrigado y en voz alta leyó:

Lo he hecho de nuevo por ti.
Estoy cada vez más cerca.
Cuando duermes… pareces un ángel.
Me gustaría corromper tu inocencia.
Tuyo, pronto.
TB.

El joven volteó el sobre. Sin destinatario. Solo unos labios rojos marcados sobre el papel. Paseó uno de sus dedos sobre aquel rastro. Juraría que estaba seco, casi impreso. Aún no comprendía por qué con el pasar de los días adquiría un tono marrón y opaco.

Alzó los hombros y se dirigió a desayunar. Tendría una ardua sesión para una marca de ropa interior durante la tarde y necesitaba verse lleno de energía.

Abrió las cortinas de la sala y la ventana de par en par. Prendió el equipo de música y subió el volumen al máximo. Canturreó desafinadamente mientras vertía una buena cantidad de avena sobre un tazón sin imaginar que, desde la acera de enfrente, un hombre rubio lo observaba a través de sus binoculares.

Serás mío… —murmuró desde el interior del vehículo oculto por los vidrios polarizados—, todo mío, Thomas Kaulitz.

 .

III – Sábado 4 de enero, 9:30

Matthew hojeaba los archivos de cada una de las víctimas. Miraba las fotografías y releía las causas de la muerte una y otra vez.
—Hay algo aquí que no estoy observando… —musitó para sí mismo. Frustrado, marcó el interno del analista de búsqueda e información y aguardó en línea—. Gustav, necesito que me busques fotografías actualizadas de las siguientes personas.
—Dime, pequeñito. Teclearé a toda velocidad.
—Ian Tiff Zimmerman, Ulysses Larson, Kelvin Adams, Aaron Sempers y Oliver Merrickson —enumeró—. Tengo sus nombres completos, las compañías para las que trabajaban y los últimos movimientos de sus tarjetas de crédito. En este momento, eso no es de utilidad. Si fuese un empleado, no podría estar en cada una de estas agencias al mismo tiempo. Verifícalo. Necesito que ingreses en lo portfolios de sus respectivas compañías y me envíes la foto más reciente de cada uno de ellos.
—Entendido —dijo Gustav acatando la orden antes de colgar.
El joven criminalista prosiguió en el desarrollo de su hipótesis intentando hallar la pista que le fataba. De pronto, Georg atravesó la puerta de su oficina con el rostro contraído de rabia.
—¡Ha vuelto a atacar! —comunicó a los gritos—. El hijo de perra rompió su propio esquema.
—Eso indica que hay algo que lo está desesperando —declaró Jessica—. Debemos averiguar qué.

.

IV – Sábado 4 de enero, 13:00

Tom ingresó en la sala donde el fotógrafo aguardaba con las herramientas listas. La estilista retocó su cabello suelto antes de dejarlo entrar y el maquillador fue detrás de él.
—Déjame verte, Tom, que no quiero que te quede polvoreada la barba —rechistó cogiendo suavemente su mentón y difuminando la base— creo que así está mejor.
—Eres muy perfeccionista, Bill… —sonrió el modelo—. Estoy bien, no te preocupes. La edición digital se encargará del resto.
—Tú eres el perfecto aquí, Tom —musitó por lo bajo el pelirrubio observando al joven sentarse sobre una alta banqueta y empezar a posar —. Solo tú.
Bill observó el cuerpo del modelo pronunciado y libre de ropa. Contempló sus pectorales, sus brazos e, incluso, se detuvo a admirar su entrepierna que en esta oportunidad se lucía mejor. Se relamió los labios sintiendo cómo el corazón le bombeaba con más fuerza.
—No esperes más… —susurró una de las voces de su cabeza—. Hazlo.
Ya no podía esperar.
La admiración se traviste de múltiples formas. Cuando coquetea con el amor enfermo adopta una postura obsesiva que arrasa como un huracán llevándose todo a su paso en cuestión de minutos. La mente de Bill Trümper y sus emociones eran una tempestad letal. Ignorar el fatídico pronóstico era sentenciarse a la muerte más pasional y dolorosa.
El maquillador se acercó al modelo para realizarle una corrección a pedido del fotógrafo. Tom relajó su postura y sonrió con tranquilidad. Bill abrió su pequeño estuche metálico y sacó una esponjilla que serpenteó sobre su frente.
—Oye, Bill…
—¿Sí?
—Tú no deberías de estar de ese lado —susurró Tom—, ¿sabes? Tienes una cara preciosa y una altura perfecta. Deberías postularte para la agencia.
—Estás loco… —sonrió halagado. Guardó sus herramientas de trabajo en el bolsillo trasero de su pantalón y admiró el perfecto rostro del pelinegro. Movió su cabeza hacia un costado sin dejar de mirarlo y, antes de marcharse, dijo—: pero lo tendré en cuenta.
—¿De verdad? —cuestionó Tom y elevó sus cejas sorprendido.
—Sí, pero… —murmuró extasiado.
—¡Vamos, chicos! —apuró el fotógrafo perdiendo la paciencia.
—Pero —recalcó— solo si me aceptas un trago en
 Le piège esta noche.
El rostro de Tom se iluminó por una media sonrisa. Los ojos de Bill resplandecieron como el de un animal al acecho. Su presa tenía un pie en la trampa.

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V – Sábado 4 de enero, 13:30

El equipo de investigación ingresó en la habitación del departamento de Tobias Heneke. Los especialistas en escena del crimen tomaron las últimas muestras y fotografías y le cedieron el paso a la división del FBI. Georg merodeó en la cocina y frunció el ceño. Al igual que en los casos anteriores, el vino estaba abierto y servido en una sola copa. Poseía la misma etiqueta negra encontrada en los crímenes previos.
—Tobías tenía 27 años y fue visto por última vez ayer a la medianoche en 
Le piège. Abandonó el lugar solo y le dijo a uno de sus amigos que debía levantarse temprano —comentó Matthew leyendo uno de los informes preliminares—. El homicida está fuera de control: no solo salió de su rutina al perpetrar el asesinato un día antes de lo previsto, sino que el miembro de Tobias fue amputado con tanta saña que se lo llevó casi completo. Además, tiene signos de contusiones en el rostro y en el tórax como si se hubiese resistido al acto sexual.
—No se molestó en ocultar el cuerpo en el clóset, ni de desatar las ligazones —completó Elisa—, está enfadado y sea cual sea su objetivo querrá alcanzarlo tan pronto como sea posible.
—Debemos analizar y descubrir cuál será su próxima víctima —agregó Georg aturdido—. Si no logramos dar directamente con él, debemos llegar a través de los posibles blancos.
—¿Cuáles fueron las últimas llamadas y mensajes en su celular?
—Su novia le preguntó dónde estaba alrededor de las veintitrés horas —leyó Jessica—, ese fue el último contacto. A las veinte recibió un mail recordándole que tenía que estar en la agencia a las nueve de la mañana. Nada más.
—Vamos a la oficina, tenemos que elaborar el perfil con todo lo recabado y ejecutar un plan para esta noche —sentenció Georg.

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VI – Sábado 4 de enero, 17:00

Bill ingresó en su departamento. La euforia fluía a través de sus venas como una sustancia psicodélica fuera de control. Sintió cómo las paredes giraban alrededor de él. Mareado cerró la entrada principal, echó el cerrojo y se dirigió a su habitación.
Empezó a reírse a solas y se apoyó en el marco de la puerta. Alrededor de su cama, su escritorio, su biblioteca, el espejo e, incluso, casi en contacto con las cortinas de la ventana y en el techo habían recortes de Tom posando para distintas marcas y caminando sobre la pasarela. Casi no podía verse la pintura original.
—Te dije que lo lograrías…
—Cállate.
—Hazlo y podrás irte. Me quedaré yo por siempre.
El maquillador abrió uno de los cajones interiores de su closet y sacó una cuerda enrollada, dos pañuelos oscuros, una caja de condones, un par de guantes de látex y un puñal.
—¿Tendrás las pelotas de matarlo?
—Que te calles.
—¡Confiesa! Voltéate y confiesa.
Bill se giró sobre sus propios pies y caminó lentamente hacia el espejo. Miró sus propias manos cargando los elementos y escupió su reflejo.
—Claro que sí, idiota —se dijo a sí mismo.

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VII – Sábado 4 de enero, 20:00

La división del FBI y la policía local se reunieron en la sala de comunicación. Los oficiales se encontraban sentados en fila observando hacia el frente donde los agentes federales aguardaban que todos estuviesen presentes para comunicar el estado del caso y el futuro accionar. Georg dispuso de una pizarra con imágenes de las víctimas y las observaciones clave. Observó a Matthew hablar solo y coger un rotulador negro aislándose de los demás.
—Las víctimas son hombres de entre veinte y treinta años, modelos de las agencias Boss, Lust y Henry’s Models —informó David—. No existen empleados comunes entre estas agencias registrados en la base de datos, pero eso no quiere decir que el homicida no haya participado en ellas. Posiblemente, haya hecho algunos trabajos independientes o fuera de la legalidad y, es por ello, que no podemos seguirle el rastro. Por lo tanto, es posible que tenga empleos esporádicos y se mueva de compañía en compañía.
—Su perfil es meticuloso, organizado y sádico —continuó Christopher—. Sin embargo, algo desató su enojo y se salió de su modus operandi. Es posible que haya un objetivo porque ha mejorado con cada víctima. Sus ataduras se volvieron más fuertes y sus golpes más precisos. Además, el corte sugiere que ha adoptado mayor precisión.
—¿Y cuál es el objetivo? —dijo uno de los policías levantando su mano.
—Thomas Kaulitz —susurró Matthew.
—¿Qué dices? —cuestionó Elisa.
Matthew no contestó. Tomó su teléfono móvil y aguardó tres segundos antes de ser atendido.
—Gustav, necesito que me des toda la información que tengas de Thomas Kaulitz, quién es, dónde vive, cómo luce y para qué agencia trabaja —ordenó con velocidad mientras tomaba un rotulador rojo.
—Ya te la envío a tu e-mail… —murmuró y, antes de finalizar el llamado, añadió—: demonios, ya puedes fijarte. Actualmente, luce exactamente igual que los demás.
—¿Qué sucede? —interrogó Georg con un dejo de nerviosismo.
Matthew escribió la lista de las víctimas siguiendo el orden cronológico de las muertes. Luego, resaltó las iniciales, las aisló y reescribiéndolas en sentido inverso anotó:

Ian Tiff Zimmerman,
Ulysses Larson,
Kelvin Adams,
Aaron Sempers,
Oliver Merrickson
Tobias Henke

Thomas Kaulitz

Posteriormente, ante la expectación de toda la sala expuso las fotografías actuales de las víctimas seguidas de una imagen pública y reciente de Tom.
—Él es su objetivo —anunció y, acto seguido, leyó en voz alta la información que el analista le había enviado—. Thomas tiene 27 años, es modelo de Henry’s Models. Actualmente vive en Rossmore y Beverly, justo frente al Parque Hancock.
—Hay unos dos kilómetros desde la residencia de Kaulitz hasta 
Le piège —resaltó Georg—. Oficiales, es importante que cubran la zona que se configura desde la Ruta siete al este, la Ruta dos al norte, la Avenida Highland al oeste y Wilshire al sur. Quienes se muevan a pie, les sugiero que vayan encubiertos. Sabemos que el homicida es un sujeto compulsivo, ya se ha violentado recientemente y no queremos que se precipite.
—¿Por qué cazaría a Kaulitz en 
Le piège si tiene dos discotecas más cerca? ¿Por qué se arriesgaría a cometer una imprudencia al realizar todo ese trayecto? —añadió un oficial descolocado.
—Porque ama el simbolismo: el orden de las víctimas está invertida, escogió estratégicamente por sus iniciales y por su apariencia. Thomas tiene cabello largo y barba exhuberante. Pues, no solo buscó nombres que encajasen en su cronología, sino además en su apariencia —explicó el más joven de los criminalistas—. Es probable que se encuentre atraído por él, pero que este no lo note y esa haya sido el móvil primero de esta serie de crímenes.
—¿Y eso qué?
—Él es simbólico y sabe cómo escoger —continuó—. 
Le piège significa «la trampa» en francés.

Continuará…

por Ignacio Pelozo

Escritor del Fandom

2 comentario en “Criminal 1”

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