Cuando menos te lo esperas 17

Cuando menos te lo esperas 17

Fic TWC de lyra

Capítulo 17

Dos días después del ataque, salía a la calle por primera vez. Su madre había regresado a casa junto con su padrastro, tras ver con sus propios ojos que ya se sentía bien. Y él había vuelto al trabajo.

No podía desfilar ni hacerse fotos, aún no le habían quitado los puntos y tenía un poco hinchada esa parte de la cara. Pero eso no le impedía asistir a esa comida que se tuvo que cancelar de improvisto.

Sentado al lado de Tom, leía en voz baja el contrato que habían redactado. Sería la imagen del nuevo perfume que lanzaría, tenía que rodar incluso el spot publicitario y eso era lo que más ilusión le hacía.

— ¿Y le van a poner su nombre? —preguntó Tom asombrado.

—Si Bill quiere sí, o que él mismo lo bautice—contestó uno de los diseñadores.

— ¿Me lo puedo pensar? En estos momentos no podría ni dar un buen nombre—dijo Bill frotándose la frente.

Todos asintieron, lo primero era que se recuperara del todo. Terminaron la comida y quedaron en verse a la semana siguiente, para hablar de cómo iría el anuncio y dar un nombre a ese perfume tan deseado.

Regresaron a su piso con una muestra en sus manos. Mientras Tom conducía, Bill se echó un poco en su muñeca izquierda y aspiró con los ojos cerrados.

— ¿Qué tal es? —preguntó Tom sin apartar los ojos de la carretera.

—Muy suave—contestó Bill suspirando—Lo huelo y es como si estuviera tumbado en mitad de un prado, oliendo a césped recién cortado y escuchando cantar a los pájaros.

Tom rió por lo bajo, Bill era muy cursi cuando quería.

—Huele, mira—dijo Bill estirando la mano.

Puso la muñeca bajo su nariz, Tom inclinó la cara para olérsela y besársela de paso.

—Huele a ti—dijo al cabo de un minuto.

—Todos querrán llevar mi olor, sentirse yo por un día y ver como cae la gente a sus pies—comentó Bill con una sonrisa.

Tom sonrió a medias, mucha gente lo compraría porque olía realmente bien, no por querer meterse en su piel. Si supieran de los errores que había cometido en el pasado, más de uno tiraría a la basura el frasco sin probarlo…

.

Llegaron al piso y mientras que Bill se cambiaba de ropa por algo más cómodo, Tom se sentó en la cama a repasar la agenda.

— ¿Qué te apetece hacer mañana? Tienes el día libre.

Bill se le quedó mirando pensativo. No tenía ni idea, ni siquiera le apetecía irse de compras. Desde lo ocurrido, era como si además de su cartera le hubieran robado sus ganas de vivir…

El sonido del móvil les interrumpió y suspiró aliviado. Terminó de ponerse el pantalón gris de chándal que tenía en las manos y cogiendo el móvil se dejó caer en la cama al lado de Tom.

—Paul, hallo—saludó con cansancio.

—No me he atrevido ir a verte porque sabía que estaría tu hermano, ¿estás bien? —preguntó Paul muy preocupado—Me enteré por las noticias y he pasado mucho miedo.

—Tranquilo, que no ha sido nada y ya pasó—contestó Bill suspirando—Estoy descansando, luego te llamo.

Y colgó antes de darle opción a replicar. Se tumbó de lado en la cama y miró a Tom suspirando. En otras circunstancias, bastaría que alzara una ceja para terminar desnudo bajo su cuerpo y gimiendo de placer.

Pero en esos momentos no le apetecía. Llevaba varios días sin hacer el amor, todo un record para él que no podía pasar ni 12 horas sin echar un polvo. Incluso se llegó a plantear la posibilidad de estar enfermo…de ser un adicto al sexo…

—Se te ve cansado, tal vez no deberíamos haber salido—comentó Tom acomodándose a su lado.

Vio con sorpresa que le rechazaba, que se tumbaba de lado dándole la espalda y suspirando.

— ¿Estás bien? —preguntó preocupado, con miedo de tocarlo.

—Me duele la cabeza—murmuró Bill cerrando los ojos.

Tom asintió y se levantó de la cama sin decir nada. Le cubrió con una manta y tras dejar la habitación en penumbra salió sin hacer ruido. Se sentó en el sofá y cogió el portátil de su hermano que descansaba sobre la mesita baja.

Lo encendió y accedió a Internet. Tenía una duda en mente, ¿y si Bill estaba pasando por un estrés postraumático? ¿Cómo podía ayudarlo?

.

Al día siguiente el humor de Bill no había cambiado. Fue levantarse y fruncir el ceño al verle a su lado tumbado. Tom no lo entendía, no se había atrevido a tocarlo, ni siquiera a abrazarlo.

Le vio levantarse de la cama y entrar en el baño dando un sonoro portazo. Fue corriendo tras él y apoyó el oído contra la madera, esperando escuchar algo que le hiciera saber qué demonios le pasaba.

La respuesta le llegó en forma de un sollozo incontrolado. Se separó mordiéndose los labios, hablaría con él en el desayuno, tenía que buscar ayuda lo quisiera o no.

Y eso hizo. Cuando salió del baño bien abrigado con un albornoz y el pelo húmedo tras la ducha que se había dado, él le esperaba en la cocina terminando de hacer café.

—Tienes de todo, tostadas, tortitas…zumo de naranja recién exprimido…—enumeró con una sonrisa.

—No tengo ganas, gracias—murmuró Bill dejándose caer en una silla.

Pero Tom le ignoró y puso delante de él una taza de humeante café.

—Corre, que se te enfría—dijo sentándose a su lado.

—Tom, ¿no tienes trabajo?—preguntó Bill resoplando.

—Tú eres mi trabajo—contestó con firmeza Tom.

—No hace falta que te quedes ya, me siento bien y no necesito nada—murmuró Bill cruzándose de brazos.

—Me quedo porque eres importante para mí, y no te hablo como hermano. Y no, no te sientes bien—dejo Tom bien claro—Necesitas ayuda…especializada….

— ¿De qué demonios estás hablando?—saltó Bill gritando.

—Ayer me estuve informando en Internet—explicó Tom tratando de calmarlo—Lo que te pasa se llama estrés postraumático, has vivido una experiencia que te ha dejado por los suelos tirados, aparentas estar bien…pero te he escuchado llorar esta mañana, te has venido abajo y…

—Y nada, si piensas que voy a ir a un loquero lo llevas claro—terminó la frase por él levantándose de un salto—Soy mayor de edad y no me puedes obligar.

Trató de salir de la cocina, pero Tom fue más rápido y le agarró con fuerza de un brazo. El gemido que se le escapó de los labios y el miedo que brillaba en sus ojos le hizo soltarle de inmediato.

—Lo siento—se disculpó en el acto— ¿Fue así como te agarró él? ¿Te hizo daño?

Bill negó con la cabeza, no quería volver a hablar del tema.

—No sabes de lo que hablas. Por favor, vete de mi casa—exigió con un hilo de voz.

—No, me necesitas—insistió Tom.

— ¿Sabes que si acudo a un psiquiatra querrá que ahonde en el origen de mis problemas?—estalló Bill sin poder evitarlo— ¿Querrás que le cuente que todo empezó cuando me acosté con mi propio hermano? ¿Qué cara crees que se le quedara cuando escuche esa insensatez?

—Así que esto viene de más atrás—murmuró Tom arrugando la frente.

Bill gritó desesperado. Dio media vuelta y se encerró en su habitación dando otro sonoro portazo. Entró de nuevo en el baño y se miró en el espejo, como las lágrimas surcaban sus mejillas sin poder hacer nada por evitarlo.

Levanto una mano y la puso en el cristal, sintiendo su frialdad.

—Cuanto lo siento, Gustav…—susurró rompiendo a llorar.

&

Salió a las 3 horas ya vestido. Tom al fin se había ido de su piso. Entró en la cocina y vio que lo había recogido todo y le había dejado un sándwich preparado. Lo cogió sin ganas y con una botella de agua se fue a sentar al salón. Comió con la mirada perdida en el apagado televisor, pensando en que iba a hacer con su vida.

Tenía miedo de salir a la calle él solo, no porque volviera a ver a Gustav sino porque alguien más le podía atacar. Tom tenía algo de razón, pasado el susto inicial vio como se convertía en un niño asustado que no podía pisar la calle si no era con su compañía, el único que le defendería con uñas y dientes si alguien trataba de hacerle daño.

Terminó de comer y sintió que se le cerraban los ojos. No le apetecía arrastrarse hasta la cama, así que dejó el plato sobre la mesa baja y se tumbó en el sofá mismo a dormir. Tenía una pequeña manta sobre el respaldo y se tapó con ella suspirando.

Solo le apetecía dormir y dormir….

.

Despertó con brusquedad cuando sintió que abrían la puerta de su piso. Se quedó tumbado en el sofá, paralizado por el miedo que sentía en esos momentos. Pudo respirar aliviado cuando vio que entraba Tom.

— ¿No sabes llamar?—gritó enojado.

Pero la cara que traía Tom le hizo callarse de inmediato. Estaba blanco como el papel y tenía los ojos rojos, como si hubiera estado llorando.

— ¿Qué ha pasado?—preguntó tragando con esfuerzo.

— ¿Por qué no me dijiste que fue Gustav el que te atacó?—susurró Tom.

Se quedó sin palabras. Se recostó en el sofá suspirando, tal vez la policía le había pillado y había recuperado su cartera con toda su documentación.

— ¿Bill?—insistió Tom.

—Porque no quería que le cogieran, ¿satisfecho?—contestó desviando la mirada—Entre tú y David habéis hecho que me sienta arrepentido de mis actos, y al verle en tan mal estado…

No pudo seguir hablando, las lágrimas se le agolpaban en su garganta impidiéndole hasta respirar. Sintió que Tom se sentaba a su lado pero no se atrevía a tocarlo. Joder, necesitaba un abrazo, ¿es que no se daba por enterado?

Suspiró y giró la cabeza, mirándole y esperando.

— ¿Qué?—musitó al ver la expresión de su cara.

—Han…han encontrado a Gustav—empezó a explicar Tom.

— ¿Y?—dijo Bill alzando una ceja—Al fin tendrá la ayuda necesaria, entrará en un centro de desintoxicación y no saldrá de él hasta que esté limpio del todo. Y asunto arreglado.

—Ya es demasiado tarde—murmuró Tom carraspeando—Le han encontrado…en un callejón, tirado…muerto por una sobredosis…

Continúa…

Gracias por leer. No te vayas sin comentar 🙂

por lyra

Escritora del Fandom

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