Cuando menos te lo esperas 18

Cuando menos te lo esperas 18

Fic TWC de lyra

Capítulo 18

No podía creer lo que estaba escuchando, negaba con la cabeza mientras que esperaba que Tom le dijera que era una broma pesada…pero sus lágrimas bajando por sus mejillas le decían que no lo era.

Sintió que el corazón se le encogía y le entraron unas ganas de gritar bien alto, pero separó los labios y solo pudo emitir un sollozo por lo bajo.

Se cubrió la cara con ambas manos y rompió a llorar contra ellas sin poder evitarlo. Sintió como Tom le envolvía en sus brazos y se dejó llevar, acomodándose contra su pecho, enterrando la cara en la curva de su cuello y dejando en el su cálido aliento mientras que sus lágrimas le empapaban.

— ¿Por qué…?—logró susurrar entre hipos.

Pero Tom no le pudo contestar. Ni él mismo entendía lo que había pasado, estaba en la calle haciendo unos recados cuando recibió la angustiosa llamada de David. Le informó de que la policía le había llamado, habían hallado el cuerpo sin vida del ex batería en un apartado callejón, y eso no era todo. La cartera de Bill estaba a su lado, junto con una bolsita llena de la mortal sustancia que había acabado con su vida.

Escuchó entre lágrimas como le contaba que le harían la autopsia esa misma tarde y sería enterrado al día siguiente, y que sería “lógico” que sus ex compañeros de grupo fueran a darles su último adiós.

—Yo localizo a Georg—había dicho David entre lágrimas.

Tom asintió y tras colgar la llamada fue al piso de Bill a darle la mala noticia…

—Mañana…mañana es el entierro—explicó Tom en voz baja.

—No quiero ir—murmuró Bill sin pensárselo dos veces.

—Pero Bill…

Sintió que se separaba con brusquedad y se levantaba. Le vio entrar en su dormitorio y cerrar la puerta dando un ligero portazo. Pero no le dejaría a solas, necesitaba enfrentarse a su pasado.

Se levantó y corrió tras él. Entró y le vio sentado en la cama con la mirada perdida. Se sentó a su lado y le cogió una mano, que apretó con suavidad entre la suya.

—Si voy…todos dirán que ha sido culpa mía—explicó Bill sin mirarle.

—Tú no tienes la culpa de las decisiones de Gustav—dijo Tom con firmeza.

—Pero le empujé a tomar la menos adecuada—sollozó Bill entre lágrimas—Por mi cabezonería, si le hubiera dado esos días de descanso que pedía…no querer ser el centro de atención una vez más…

Tom le atrajo y abrazó con fuerza, besándole el pelo mientras le susurraba que no le dejaría solo, que entre los dos se despedirían de ese amigo suyo al que entre los dos habían olvidado.

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Pasó la tarde consolándolo, logró que se levantara a la hora de la cena y le llevó a la cocina, donde le dejó sentado mientras preparaba un par de bocadillos. Entre los dos había un silencio tenso, que rompió al poner las noticias…un grave error…

“Hoy a las 13.50 se ha hallado el cuerpo de un joven sin vida en un callejón, con evidencias de haber fallecido a causa de una sobredosis. Cuando llegó la ambulancia no se pudo hacer nada por su vida, solo certificar su muerte y esperar a que el forense ordenara el levantamiento del cadáver.

Se ha podido saber su identidad gracias a una fuente cercana, que lo ha identificado como Gustav Listing, al que todo el mundo reconocerá como antiguo batería del grupo que causó furor en su momento llamado Tokio Hotel.

Casualmente, el cantante de ese grupo, ahora famoso modelo, fue noticia hace unos días al convertirse en la víctima de un robo con agresión. Al lado del cuerpo sin vida del joven Gustav se ha hallado la cartera de su víctima, con lo que el caso se da por cerrado.

Mañana se celebrara el funeral que será íntimo por expreso deseo de la familia, solo queda esperar si Bill Kaulitz acudirá o se abstendrá de despedirse del que fuera su compañero de grupo y amigo….”

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—Ya me han juzgado y señalado—murmuró Bill arrugando la frente.

—Bill, tienes que ir—dijo Tom con firmeza apagando el pequeño televisor que había en la cocina—Gustav fue nuestro amigo, no solo un compañero de grupo. Le conocimos cuando éramos unos niños, compartimos muchas cosas y aunque todo se torció, le debemos despedir como se merece, como esos buenos amigos que una vez fuimos.

Bill asintió suspirando. Tom tenía mucha razón, no podían olvidar el pasado así como así, tal y como él había intentado. No pudo evitar sonreír al recordar los momentos vividos en ese apartamento que ocuparon siendo todos unos niños, como rieron mientras se acomodaban y luego lo mucho que disfrutaron ensayando duro para sacar su primer disco al mercado. Para ellos era solo un juego, que con el paso de los tiempos se convirtió en algo más serio.

— ¿Te acuerdas de lo serio que se ponía cada vez que ensayábamos? —preguntó Bill sin dejar de sonreír—Cómo me reñía cada vez que se me olvidaba la letra y amenazaba con hacerme pasar toda la noche escribiéndola en una pizarra como cuando nos castigaban en el colegio a escribir una absurda frase 100 veces.

Tom soltó una carcajada sin poder evitarlo. De los cuatro, Gustav era el más responsable y sus padres confiaban en que él cuidaría muy bien de él y Bill.

Cenaron hablando de los viejos tiempos, riendo con cada travesura que se les ocurría cuando estaban de gira y David no les dejaba asistir a una fiesta por ser menores de edad. Se las apañaban para conseguir algo de alcohol, robándolo si era preciso cuando se colaban en alguna habitación que el servicio de limpieza estaba limpiando y sin ser vistos accedían al mini bar y lo vaciaban.

Tom suspiró al recordar una noche que terminó en la cama de Bill. Estaban los dos con un pedo impresionante y viendo que si le dejaba solo corría el peligro de pasar la noche en el duro suelo, se acostó a su lado y le abrazó con fuerza para que no se cayera.

Cuando llegó el día siguiente, despertó con él aún en sus brazos y le besó en la frente sin poder evitarlo. Tal vez entonces ya empezaba a sentir algo, que su hermano despertó cuando se le ofreció…y él no le rechazó…

Esa noche también la pasaron juntos, durmiendo abrazados. Con Bill entre sus brazos, Tom le acariciaba la espalda escuchando los suspiros que se le escapaban. Pensaba que hablar de tema le había hecho mucho bien, había incluso sonreído y antes de meterse en la cama le había prometido acudir al funeral, siempre y cuando él estuviera a su lado.

No se lo tuvo que repetir dos veces, jamás le dejaría y menos cuando tanto estaba sufriendo.

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Al día siguiente Bill no había cambiado de idea y tras darse una larga ducha caliente empezó a prepararse para enfrentarse a su pasado.

Habían llamado a sus padres y quedaron en encontrarse en el piso de Bill y acudir todos juntos en familia. David también había llamado explicando que Georg también iría y se verían en la puerta del cementerio.

Iba a ser un funeral íntimo por expreso deseo de la familia. Ellos iban porque habían estado muy unidos a su hijo, y sus padres también porque más de una vez Gustav o Georg se habían quedado a dormir en su casa y los querían como si fueran sus propios hijos.

— ¿Todo bien?—preguntó Tom entrando en el baño.

Bill asintió mientras seguía peinándose. Esa mañana por raro que fuera no iría nada maquillado, ni rímel en sus pestañas ni color en sus labios. No sería Bill Kaulitz, el modelo de alto prestigio que era, ni el famoso cantante que fue una vez. No, ese día era simplemente Bill, que había perdido un buen amigo e iba a mostrarle su respeto.

Tom suspiró y se le acercó, rodeándole la cintura con las manos y apoyando la cara en su hombro, le besó en la mejilla suspirando.

—Sabes que me tienes a tu lado, si te sientes mal me coges la mano—susurró contra su piel.

Bill asintió de nuevo y dejando el cepillo a un lado se giró en sus brazos y le besó brevemente en los labios.

—Gracias por estar siempre a mi lado—susurró contra ellos.

Tom asintió y tras darle un último beso, le soltó y dejó que terminara de arreglarse. Era muy pronto, apenas las 9 y el funeral era a las 10 y media. Sus padres llegarían a las 10. Se dirigió al armario de Bill y abriéndolo pasó percha por percha hasta dar con algo de ropa suya que guardaba en su piso.

No le había dado tiempo de ir al suyo a coger algo apropiado para la ocasión, pero por suerte dio con unos vaqueros negros, una camisa blanca y tenía su cazadora de cuero negra colgada en el armario de la entrada.

Se vistió y estaba terminando cuando salió del baño Bill y deshaciéndose del albornoz que llevaba comenzó a vestirse a su lado. Eligió también ropa oscura, unos pantalones de vestir negros, jersey a juego y un chaquetón gris oscuro junto con una bufanda de lana también negra.

Terminaron de vestirse los dos y fueron a desayunar, aunque ninguno tenía ganas. Se prepararon un simple café y estaban terminando cuando llamaron al timbre de la puerta. Abrió Bill en persona, saludando a su madre con un fuerte abrazo, que le pillo desprevenida pues hacía mucho que su hijo no le daba uno. Pero dadas las circunstancias…le veía tan apagado y se apresuró a estrecharlo en sus brazos.

— ¿Queréis un café?—ofreció Tom estrechando la mano de su padrastro.

—No gracias—respondió Gordon carraspeando.

Se les veía muy afectados, su madre con los ojos rojos y su padrastro pálido, pensando como estarían ellos si uno de sus hijos muriera de improvisto y de esa manera.

—David me ha llamado—empezó a decir Simone tras soltar a su hijo pequeño.

— ¿Qué…qué te ha dicho?—preguntó Bill con miedo.

—Que nos veríamos en el cementerio—contestó Simone mirando fijamente a su hijo— ¿Seguro que estás bien para asistir?

—Si, lo está—contestó Tom por él.

Sabía el porqué de ese miedo que asomó a sus ojos, pero sabía que su antiguo productor no iba a ir aireando a su madre que se había acostado con su hijo pequeño. Ese iba a ser un secreto que nunca jamás vería la luz.

—Si ya estáis, nos podemos ir—intervino Gordon.

Los chicos asintieron y tras coger sus prendas de abrigo y gafas de sol, salieron del piso y bajaron al aparcamiento. Subieron al coche de su padrastro y tras abrocharse el cinturón de seguridad, partieron hacia el cementerio.

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A pesar de que la familia pidió que nada de prensa, en la puerta se arremolinaban los periodistas, pero gracias a varios agentes de policía nadie pudo pasar y captar una imagen del dolor que se estaba viviendo.

Les dejaron pasar al reconocerlos sentados en los asientos traseros, aparcaron el coche tras el de David y se bajaron suspirando. El día acompañaba, negros nubarrones amenazaban desde el cielo con soltar su carga y empaparlos.

—Simone…Gordon—saludó David estrechando sus manos.

Luego su mirada se dirigió a los muchachos, que le saludaron con una leve inclinación de cabeza tras sus gafas oscuras.

—Georg ya ha llegado—explicó señalando a su derecha.

Todos los ojos se dirigieron hacia un muchacho castaño que vestido también de negro y con gafas oscuras les observaba frunciendo el ceño. Apenas había cambiado en todos esos años que no se veían, estaba algo más delgado y seguía llevando su pelo largo, ondeando al viento frío que se levantó y los hizo estremecer.

Simone fue la primera en moverse y echó a andar hacia él, que no se quedó quieto y recorrió la mitad del camino besando en la mejilla a la madre de los gemelos.

—Georg, ¡cuánto tiempo!—saludó Simone— ¿Qué tal tus padres?

—Bien, gracias—contestó Georg carraspeando, sintiendo un nudo en la garganta—Mi madre anda algo delicada de salud y no han podido venir. Es un viaje largo…

—Lo comprendo, la llamaré un día de estos—murmuró Simone.

Georg asintió y echó un vistazo a los hermanos, que no sabían qué hacer. Su padrastro se le acercaba y estrechó con firmeza su mano. Por el rabillo del ojo vio como David ponía una mano sobre el hombro de Tom y le indicaba que se acercara.

Así lo hicieron y tras varios años sin verse y hablarse, los chicos se saludaron con frialdad.

—Ahí vienen los padres de Gustav—murmuró Simone con tristeza.

Todos miraron como una pareja caminaba cogida del brazo tras el coche fúnebre que llevaba los restos de su hijo. A su lado, caminaba una chica de unos 30 y tantos años, la hermana de Gustav que lloraba desconsolada agarrada al brazo del que sería su novio o marido.

Viendo que iba a empezar el funeral, todos se pusieron en marcha y caminaron tras el coche hasta el lugar en el que iba a ser enterrado.

Tal y como le prometiera a Tom, Bill se aferró a su mano cuando el cura empezó a hablar. Sintió que le apretaba con fuerza y no le soltó, sin prestar atención a las palabras que dedicaba a esa alma torturara.

Solo salió de sus pensamientos cuando bajaron el féretro y escuchó el ruido de la arena caer sobre el. El nudo que sentía en la garganta le impedía respirar, sentía los ojos llenos de lágrimas y las dejó bajar mordiéndose el labio para no gritar.

A su derecha, escuchaba los sollozos de la madre de Gustav, y los de la suya a su izquierda, algo más contenidos. Alzó la mirada y miró a Tom, que al igual que él lloraba sin poder evitarlo.

Terminado su trabajo, los enterradores pusieron sobre la tierra recién echada las coronas de flores que familiares y amigos habían llevado. Entonces se pasó a dar el pésame a los padres, y los suyos fueron de los primeros.

Sintió que Tom tiraba de él, quería negarse…no sabía cómo se iba a enfrentar a la madre de Gustav. Algo le decía que le echaría las culpas de todo, siempre le dio la sensación que no le caía bien por su manera de ser…

Pero no pudo hacer nada por impedirlo, no estaría bien visto que se diera media vuelta y echara a andar en dirección contraria mientras los demás trataban de consolar a los llorosos padres.

Se tragó las lágrimas que le cegaban, y caminó tras Tom que no le soltaba la mano. Esperaron a que primero fueran sus padres quienes mostraran sus respetos y luego Tom le soltó y le dejó a él primero.

Le vio dar un paso en dirección a la madre de Gustav y aclarándose la garganta extendió una mano tratando de coger la suya, que fue retirada de inmediato.

—Señora Schafer, yo…—empezó a decir Bill pasando por alto su gesto.

Pero no pudo terminar lo que iba a decir, la madre de Gustav le abofeteó con todas su fuerza llamándole asesino delante de todo el mundo.

Continúa…

Gracias por leer. No te vayas sin comentar 🙂

por lyra

Escritora del Fandom

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