
Fic TWC de lyra
Capítulo 21
Tras la marcha del ex productor, regresó al lado de su nuevo amigo que le recibió con los brazos abiertos.
— ¿Ya se ha ido ese pesado? —preguntó el chico apoderándose de sus labios.
Bill asintió suspirando mientras se dejaba besar una y otra vez. Sonrió contra sus labios, sentía una de sus manos perderse por sus pantalones y comenzar a frotarse contra él de manera desesperada.
—Vamos donde no nos puedan molestar—susurró el chico tras lamerle el labio inferior.
Asintió y se dejó llevar. Sentía que la cabeza le daba vueltas por lo que se había tomado y cuando quiso darse cuenta estaban en los baños.
—Vamos, no te entretengas—urgió el chico desabrochándose los pantalones.
Se le quedó mirando alzando una ceja. Donde estaban no les llegaba la alta música que le había estado aturdiendo toda la noche y empezaba a poder pensar con algo de claridad. Fijó la mirada en el chico, un completo extraño que se estaba bajando los pantalones dejando al aire una erección delante de sus ojos.
— ¡Muévete, demonios!—gritó el chico.
—No—logró susurrar.
Se lo había pensado mejor. No le apetecía hacerlo en ese lugar, y no se lo pensaba llevar a su piso. No le conocía de nada y no se pensaba arriesgar a que le robaran.
—Claro que si—dijo el chico dando un paso en su dirección—No me vas a poner cachondo para luego negarte como una virgen estrecha.
Le cogió por el brazo con fuerza y le hizo girar con brusquedad. Por suerte estaban solos en el baño y terminaría antes de que alguien les pudiera pillar. Ignorando sus débiles protestas, le arrinconó contra una pared y manteniéndolo de cara a ella con una mano, utilizó la otra para desabrocharle y bajarle los pantalones, arrastrando la ropa interior con ellos.
—Suéltame—suplicaba Bill entre lágrimas.
Pero el chico era más fuerte que él y no estaba en condiciones para defenderse. Cerró los ojos resignado y trató de prepararse para lo que iba a suceder a continuación. Sintió que le desgarraban en dos cuando entró en su cuerpo con brusquedad, pero al momento se abrió la puerta del baño y le sintió salir de la misma manera en la que entró.
Cayó al suelo de rodillas mientras que a su espalda comenzaba una pelea.
— ¡Vuelve a tocar a mi hermano y te mato!—gritaba Tom con cada puñetazo que daba.
Solo paró cuando el chico quedó medio inconsciente en el suelo. Pasó por encima de él y ayudó a Bill a ponerse en pie.
—Sácame de aquí—pidió Bill entre lágrimas.
Tom asintió y tras ayudarle a vestirse le cogió con firmeza pasando un brazo por su cintura y salieron del baño. Localizó una puerta trasera y salieron por ella. Había ido en coche y lo tenía aparcado a varios metros. Caminaron por la acera y una vez dentro del coche puso rumbo a su propio piso.
Por el camino vio como Bill se encogía en el asiento y le daba la espalda, apoyando la cabeza contra la ventanilla suspirando. Su cuerpo se estremecía por el ligero hipo que le había quedado tras el llanto, y se mordió los labios por no haber impedido que sucediera eso que tanto se temía. Llevando la vida que llevaba Bill, siempre supo que llegaría un día en el que alguien quisiera coger a la fuerza eso que tanto le gustaba mostrar…cada vez que andaba o respiraba, era para que alguien se fijara en su cuerpo y soñara con tenerlo. Muy pocos lo habían conseguido, él entre ellos, y a los demás solo les quedaba soñar…o tratar de tomarlo a la fuerza…
Llegaron a su piso y tras dejar el coche en el parking subieron en el ascensor en completo silencio. Le ayudó a caminar y metió en la cama tras haberle quitado la ropa que llevaba. Le vio hacerse una bola y quedarse dormido sin decir nada. Tampoco le iba a pedir explicaciones, solo le quedaba esperar ver como despertaba a la mañana siguiente y ayudarle a olvidar.
Abrió los ojos y arrugó la frente al sentir la dolorosa punzada que le recorrió la cabeza. No reconocía el lugar en el que estaba, no se acordaba de nada de lo sucedido la noche anterior…o de casi nada, porque el haberse echado a llorar cuando había estado a punto de ser violado…eso no se olvidaba con facilidad.
Se destapó la cabeza con la sábana y echó un vistazo a la habitación en la que estaba. Sobre la mesilla había una foto que reconoció como suya en el acto. Tendría unos 21 años y se había cortado su larga melena, cambiándola por una cresta. Sonreía ampliamente a la cámara y en sus ojos había un brillo especial.
Siguió observando y sus ojos se clavaron en la cómoda, donde más fotos suyas de diferente edad estaban alineadas una tras otra. Le llamó la atención la última, en la que aparecía al lado de Tom. Se estaban abrazando y se besaban en los labios….
—La tomamos el verano pasado, ¿te acuerdas?—interrumpió la voz de Tom.
Asintió con la cabeza sin moverse de la cama. La hicieron en una de sus muchas escapadas que hacían a las Maldivas, sus islas preferidas. Siempre que necesitaba relajarse cogía a Tom y se escapaban una semana en la que apenas abandonaban la cama. Como cuando se hicieron esa foto, pusieron la cámara en modo automático y empezaron a besarse sin mirar nada más que no fueran los ojos de su contrario.
—Se nos ven tan enamorados—comentó Tom suspirando.
Pestañeó como si despertara de un sueño. ¿Su hermano hablando de amor?
—Tom…lo nuestro es solo sexo—explicó con dolor.
—Lo sé—susurró Tom para sorpresa de Bill—Sé que para ti no es nada, pero para mí es amor y nunca dejará de serlo.
Se le quedó mirando pensando en sus palabras. Jamás se habían dicho un te quiero o te amo. Solo compartían buenos momentos, o al menos eso hacía él. ¿Cuándo empezó Tom a verlo con otros ojos?
—Lo siento—murmuró Bill sentándose en la cama—Jamás debí obligarte a acostarte conmigo, a abandonar nuestro sueño…a nuestros amigos y compañeros…
Tom corrió a abrazarle, viendo con horror que se alejaba de su contacto.
—No, no me toques—pidió rodeando la cama—No hago más que causar problemas y hacer daño a la gente que me rodea…ojala pudiera cambiar de vida, empezar desde cero donde no me conozca nadie ni me señale con el dedo por haber matado a mi compañero…
Tom le miró arrugando al frente. Bill tenía razón en varias cosas que había dicho, para empezar que lo suyo solo era sexo, que jamás debieron acostarse…que necesitaba cambiar de vida, otra vez. El grupo iba bien hasta que la fama se le subió a la cabeza y quiso más. Luego se hizo modelo y comprobó cómo se iba convirtiendo en un ser frío y carente de sentimientos, como contó al mundo entero su secreto sin importarle las consecuencias porque gracias a que fue noticia durante meses pudo ganar dinero y más dinero…
Asintió suspirando, era el único que podía ayudar a su hermano.
—Vístete—pidió en voz baja.
Salió de su dormitorio y le dejó la intimidad necesaria. Cogió el móvil y realizó un par de llamadas muy necesarias….
.
Cuando salió del dormitorio de Tom, se lo encontró paseando por el salón. Nada más verle cogió las llaves del coche y una pequeña mochila que había preparado, colgándosela del hombro sin decir nada.
—Vámonos—murmuró Tom extendiendo una mano.
— ¿Dónde vamos? —preguntó Bill sin moverse del sitio.
—A un lugar en donde cuidarán muy bien de ti—contestó Tom cogiéndole del brazo.
—No pienso ir a…—empezó a negarse Bill.
—Confía en mí, al menos por una vez—cortó Tom con firmeza.
Le vio asentir y dejarse llevar. Bajaron al parking y entraron en su coche de nuevo. Arrancó y se puso en camino en silencio. Iba a ser un viaje de un par de horas y no pensaba parar para nada. Cuanto antes llegaran, mejor para los dos.
—He preparado un termo con café y cogido un paquete con galletas—explicó señalando la mochila que había dejado sobre la guantera.
—No… no tengo ganas, gracias—murmuró Bill arrugando la frente.
La cabeza le estaba matando, y se llevó las manos a ella suspirando.
—También he metido un par de analgésicos, pero no te lo tomes con el estómago vacío—dijo Tom sin apartar los ojos de la carretera—Cómete al menos una galleta…
Accedió de nuevo suspirando. Tom siempre estaba al tanto de sus necesidades….de todas y cada una de ellas… Cogió la mochila y tras comerse la galleta y tomarse el analgésico con un sorbo de café, lo dejó todo en el suelo a sus pies y apoyando la cabeza en la ventanilla, cerró los ojos y se dispuso a dormir el resto del viaje.
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Cuando abrió los ojos de nuevo, se encontraba tumbado en una cama y tapado con una manta. Arrugó la frente, no recordaba la habitación en la que se encontraba, no hasta que se dio la vuelta en la cama y fijó los ojos en la pared de enfrente. Un gran póster de Nena cubría parte de ella y a su lado había otro de él y sus amigos en sus mejores tiempos.
Gruñó al tiempo que cerraba los ojos maldiciendo a Tom por lo bajo. Le había llevado a la casa donde vivía su madre con su padrastro y ellos se criaron…
—Ah, ya te has despertado.
La voz de su madre le hizo volver a abrir los ojos de golpe. Estaba sentada en una silla a su espalda y por eso no la había visto. Se incorporó en la cama estudiando su cara, viendo esa expresión preocupada que recorría la dulce cara de su madre.
—Si tienes hambre, bajamos y te preparo algo—dijo Simone mirando a su hijo de brazos cruzados.
— ¿Qué hora es?—preguntó Bill carraspeando.
—Las 4 de la tarde—contestó su madre—Dormiste todo el viaje, estabas realmente cansado.
—Han pasado muchas cosas—explicó Bill por encima frotándose la frente.
—Ya, cosas que no son de mi incumbencia—murmuró Simone con dolor.
—Mamá por favor, ahora no—pidió Bill resoplando.
—Ahora no—repitió Simone poniéndose en pie—Baja y come algo.
No le dio opción a negarse, salió de la habitación en la que había dormido su hijo desde que era bien niño y bajó a la cocina. Le había dejado un plato ya preparado con pasta y solo lo tuvo que meter en el microondas y calentarlo mientras esperaba a que su hijo pequeño se decidiera levantarse de la cama.
Viendo que no le quedaba otra opción, Bill resopló y se levantó. Buscó con la mirada sus caras botas que se pusiera la noche anterior y las vio recogidas en un rincón, al lado de unas zapatillas viejas de andar por casa que dejaría allí tiradas las última vez que hizo una visita a su madre, haría ya un par de meses.
Se las puso al tiempo que abría un armario y sacaba una chaqueta de chándal que se puso sobre la camiseta que llevaba. Salió de su antigua habitación y bajó a la cocina en donde solo estaba su madre esperándole.
— ¿Y Gordon?—preguntó sentándose.
—Ha salido a hacer un recado—contestó Simone.
La verdad era que sabiendo que necesitaba hablar a solas con su hijo pequeño, los había dejado a solas mientras se iba a dar una vuelta con Scotty, el perro de Bill que quedó a su cargo cuando se mudó a Berlín y no encajaba en el caro piso que se había comprado.
La alarma del microondas saltó y Simone se apresuró a sacar el plato de pasta y ponerlo delante de su hijo junto con un vaso de agua. Se sentó a su lado y esperó en silencio mientras comía, dejando como siempre la mitad con la excusa de que ya no le entraba más.
—Entonces hablemos—dijo Simone con firmeza dejando el plato a un lado.
— ¿Y Tom?—preguntó Bill antes de que madre iniciara su interrogatorio.
—Te dejó aquí sin ninguna explicación, aunque viendo tu aspecto no hacía falta, y regresó a Berlín—explicó Simone.
— ¿No está aquí?—repitió Bill como si no la hubiera escuchado.
Vio que su madre negaba con la cabeza y se recostó en la silla cruzándose de brazos. ¿Por qué le había abandonado?
—Dijo que pasaría por tu piso y te mandaría alguna de tus cosas—siguió diciendo Simone—Por lo visto te vas a quedar una temporada.
—Bueno…un par de días nada más—murmuró Bill sin mirar a su madre.
—Sabes que puedes quedarte todo el tiempo que necesites—dijo Simone cambiando el tono de su voz.
No había podido evitar sonar algo dura, pero el ver tan abatido a su hijo y tras todo lo que había sucedido, se ablandó y suspiró. Su hijo mayor apenas le había contado nada, se presentó esa mañana con su hermano en brazos y tras dejarle suavemente en la cama y arroparle se fue diciendo solo que necesitaban estar un tiempo separados.
— ¿Tom y tú os habéis peleado?—preguntó Simone suspirando.
—No… bueno, un poco sí—murmuró Bill— ¿Qué te ha dicho?
—Que te vendría bien pasar un tiempo alejado de todo, incluido él mismo—explicó Simone.
— ¿Eso te ha dicho?—preguntó mirando a su madre.
No lo entendía, le abandonaba cuando más le necesitaba. Casi le habían…no, sin el casi. Habían entrado a la fuerza en su cuerpo, y si no llega a ser por Tom a saber cómo había acabado la cosa. Le debía mucho, pero en esos momentos no estaba para pensar. Solo quería cerrar los ojos…y llorar. Por lo idiota, egoísta y cruel que había sido en los últimos tiempos.
—Mamá…lo siento mucho—susurró rompiendo a llorar.
— ¡Bill!—exclamó Simone abrazándole—Si tú no has hecho nada…
Sabía que se refería a Gustav, pero lloraba por todo. Por haber perdido a un buen amigo, el rumbo de su vida…a su amado hermano….
Continúa…
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