
Fic TWC de lyra
Capítulo 25
Dos días después de haber dejado a Bill al cuidado de su madre, Tom Kaulitz regresaba a su trabajo. Lo necesitaba, estar ocupado para no pensar así en lo que había pasado. Le habían dejado, no había otra forma de decirlo…aunque, nunca había tenido a Bill pero en el fondo sentía que lo había perdido. Jamás volverían a esa relación especial que tenían antes de convertirse en compañeros de cama, cuando solo era su hermano pequeño al que quería, y no amaba con toda su alma…
Le salió un viaje a España y fue resignado. El grupo que llevaba tocaba en el Palau Sant Jordi de Barcelona, y no pudo evitar recordar los viejos tiempos, los dos concierto que dieron allí como grupo que eran.
Se lo comunicó a su madre, pidiéndola que no le dijera nada a Bill si preguntaba por él. No quería que escuchar el nombre del local le hiciera pensar en el pasado de nuevo. Cuando regresó a Alemania le salieron dos viajes más pero cerca, así que estuvo 3 días más ocupado hasta que llegado el fin de semana pudo respirar aliviado.
Llevaba casi una semana sin ver ni saber nada de Bill y el domingo pensó que era un buen día para ir a casa y comer con sus padres. Con esa idea en mente, se levantó pronto esa mañana y vistiéndose con sus mejores galas, cogió el coche y se lanzó a la carretera. No avisó de que iba, quería que fuera una sorpresa y sabía que siempre habría para él un plato en la mesa.
Pero se llevó una sorpresa cuando su madre le abrió la puerta y tras saludarle con un fuerte abrazo le comunicó que Bill no estaba en casa.
— ¿Cómo que no está? —repitió Tom sin entender.
—Precisamente regresó a Berlín ayer—explicó Simone suspirando—No habéis coincidido por unas horas.
— ¿Se ha ido él solo? ¿Cómo? —preguntaba Tom sin dar crédito a lo que le estaba contando su madre.
—Pasa y te ponemos al tanto comiendo—pidió Simone, sabiendo que la historia era muy larga para contarla de pie en el porche de la casa.
Tom entró siguiendo a su madre y saludó a su padrastro, que estaba encargado de vigilar el horno. Pusieron la mesa entre los tres, añadiendo un plato más por él y una vez sentados, su madre empezó a contarle lo que le había pasado a Bill.
—Hace unos días vino Andreas—empezó a relatar Simone—Y comieron juntos, luego otro día cenó con él y la novia nueva que se ha echado Andreas. No sé bien como fue la cosa, pero ese día vino con una idea fija en la cabeza. Quiere hacerse diseñador de moda.
— ¿Bill diseñador? —no pudo evitar gritar Tom.
—No es tan extraño, ya sabes lo bien que se le da dibujar a tu hermano—murmuró Simone.
—No lo digo por eso…es que pensé que no quería hacer nada relacionado con la moda—se explicó Tom.
—Pues ya ves, vino muy emocionado con la idea y no perdió el tiempo—siguió explicando Simone—Llamó a Dean y Dan y enseguida le acogieron, le han buscado un estudio donde podrá dibujar y ellos mismos le enseñarán y asesorarán en todo.
—Un estudio… ¿y qué hay de su piso?—preguntó Tom.
—Lo ha puesto en venta, dice que es muy grande para él solo y que con una cómoda cama y una mesa de dibujo se apaña—contestó Simone suspirando.
Aún no lo había asimilado, había ocurrido todo muy rápido. Esa misma tarde hizo la maleta y se fue el sábado por la mañana, agradeciendo toda su paciencia en esa semana y pidiéndola perdón, aunque aún no sabía qué era lo que le tenía que perdonar a su hijo pequeño. Ver el dolor y miedo en sus ojos le bastó para olvidar su pasado.
— ¿Y cómo le has dejado ir?—saltó de repente Tom—Lo traje aquí porque necesitaba ayuda y nadie mejor que tú para brindársela, estaba en muy mal estado…
—Se nota que no le has visto en esta semana—cortó Simone—Tu hermano ha pegado un gran cambio, tanto física como mentalmente. Las primeras noches se las pasaba en vela y fumando, pero últimamente dormía de un tirón y hasta diría que ha engordado. Le he visto en condiciones de volver a vivir solo, si no jamás le habría dejado.
Tom asintió resoplando. Sabía que su madre cuidaría muy bien de Bill, y que solo dejaría que se fuera de su lado si le veía mejorado.
—Vaya, falto una semana y Bill rehace su vida sin esperarme—murmuró suspirando.
—Ha cumplido una etapa en su vida—dijo Simone asintiendo—Pero te pido que no le dejes solo de nuevo, ve a verle trabajar y asegúrate de que realmente está bien. Y si le ves flaquear, me lo traes de inmediato. Tienes el don de ver que tu hermano no está bien antes que nadie….guíate de tu instinto…
No se atrevió a mirar a su madre. No sabía si iba a poder guiarse de su instinto tal y como le pedía, pues la última vez que le hizo caso acabó haciendo el amor con su hermano….
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Esperó hasta el martes para ir a verle. Desde entonces, había estado siguiéndole la pista en las sombras. Llamó a sus contactos y todos le contaron más o menos lo mismo, Bill trabajaba en el taller de Dean y Dan. Estaban planeando sacar una colección con sus diseños bajo la marca BK, que formaría parte de la firma Dsquared2. Por obra de magia, había logrado vender su piso en tiempo record, y pudo comprarse el pequeño estudio en el que trabajaba.
Y hacia allí se dirigió una buena mañana. Tenía la dirección apuntada en una hoja que consultaba para no perderse. Era una zona bastante alejada de donde vivía Bill antiguamente, bien lejos de cualquier recuerdo… Dejó el coche en una plaza de aparcamiento y miró el edificio que se alzaba ante sus ojos.
Tenía aspecto de viejo, pero no tanto como para venirse abajo de un momento a otro. Se acercó a la puerta y pulsó el telefonillo del estudio de Bill, una segunda planta. Esperó hasta que le contestó al dulce voz de su hermano…
— ¿Quién es?
—Yo…Tom—contestó carraspeando.
Le escuchó soltar una exclamación de sorpresa y tras varios segundos en silencio, le abrió la puerta. Entró pensando que a lo mejor debería haberle llamado por teléfono antes, ¿y si estaba acompañado de Paul, Conrad o el que tocara?
Rezó porque estuviera solo, no quería ver con sus propios ojos que ya le había olvidado. Cogió aire y entró en el montacargas que hacía de ascensor y pulsó la segunda planta pensando en cómo había acabado viviendo Bill en un sitio como ese después de un piso lujoso en todo el centro de Berlín…
Cuando el ascensor se detuvo, salió y vio que solo había una gran puerta corredera que conducía al estudio de Bill. Había un timbre a su derecha y lo pulsó con los ojos cerrados. Solo tuvo que esperar un minuto hasta que se abrió la gran puerta.
Abrió los ojos de golpe y vio a Bill sonriéndole ampliamente.
—Adelante—musitó Bill haciéndose a un lado.
Sabía que daría con él tarde o temprano, no se estaba escondiendo ni nada parecido. Su madre tenía la dirección y si no se había enterado por ella, habría sido por Dean o Dan, o cualquier otra persona relacionada con la moda.
Tom asintió y antes de entrar, se inclinó y le besó en la mejilla con suavidad. Recibió otro casto beso por su parte y entró del todo en el estudio, quedándose con la boca abierta, como si hubiera retrocedido en el tiempo.
Todas las paredes estaban cubiertas de antiguos pósters de Tokio Hotel, mirara donde mirara. También estaban los discos de platino, oro y diamante que habían logrado en el escaso tiempo que estuvieron en la brecha de la ola, y alguno de sus numerosos premios.
— ¿Te gusta? —preguntó Bill, no pasando por alto su asombro.
Asintió sin saber que decir. Mirara donde mirara, veía 4 jóvenes muchachos sonriendo ampliamente a la cámara con ganas de comerse el mundo. Sonrió sin darse cuenta observando el cambio experimentado por él y Bill, como pasaba de sus rubias rastas hasta sus trenzas negras que aún conservaba, y Bill, que había llevado el pelo de todos los estilos y maneras…
—Oye, si te has cortado el pelo—dijo de pronto, cayendo en la cuenta.
—Si, lo llevo como la última vez que estuvimos juntos los cuatro—explicó con naturalidad Bill—Quiero empezar una nueva vida desde donde se torció la anterior, y para tener los pies en el suelo nada mejor que recordar los buenos tiempos…y bueno, también los malos.
Eso último lo dijo señalando un rincón del estudio, donde había un par de fotos suyas desfilando. Tom las miró con la frente arrugada. ¿Qué estaba haciendo Bill? ¿Había superado realmente el pasado o vivía sin poder olvidarlo?
Suspiró y paseó la mirada por la estancia. No había pared alguna que separara la cocina de la zona que hacía de salón o de estudio, donde había una gran mesa de dibujo acoplada en un rincón mirando hacia la ventana. Unas escaleras partían a su derecha y conducía al que sería el dormitorio y el baño.
— ¿Has desayunado? —preguntó Bill de repente.
—Un café me iría bien—contestó Tom sonriendo.
Bill asintió y se dirigió a la cocina, donde ya tenía una cafetera preparada, como si presintiera que iba a ir a visitarle cualquier mañana de improvisto. Le siguió y se sentó en una silla mientras le veía preparar una taza de café y otra de té para él.
— ¿Qué tal estás? —preguntó sin poderse contener más tiempo.
—Bueno—contestó Bill encogiéndose de hombros—Tengo días malos, y otros no tan malos.
Se volvió con las tazas de la mano y las dejó sobre la mesa sentándose a su lado suspirando.
—Así que…diseñador de moda—dijo Tom imitándole.
—Si, era otro de mis sueños desde que era niño—comentó Bill sonriendo—Espero que este me dure más…
— ¿Y cómo lo haces? —preguntó Tom muy interesado.
—Oh, paso todas las tardes en el taller de Dan y Dean—explicó Bill—Les enseño los diseños que he creado por la mañana y los comentamos, añadiendo o quitando algo. Quieren que tenga una colección preparada para el próximo mes.
— ¿No es algo precipitado? —preguntó Tom preocupado.
—No, llevamos un ritmo suave y en cuanto me ven mínimamente estresado me hacen tomar un descanso—explicó Bill—No me quitan los ojos de encima, ya se encargó mamá de pedírselo.
Tom asintió mientras se bebía el café despacio. Esa vez parecía que Bill lo tenía todo controlado y había alguien más capacitado que él para cuidarle. Porque estaba claro que como representante la había cagado, no supo ver lo mal que estaba hasta que fue demasiado tarde. Tendría que haberlo parado mucho antes, cuando vio las fiestas sin control a las que iba, como se arrimaba al primer desconocido que se le cruzaba por el camino y se lo llevaba a la cama…
Lo que le llevaba a otro tema… ¿qué pasaba con ellos? Cogió aire profundamente y miró a su hermano.
—Bill, ¿te has pensado lo nuestro?—preguntó en voz baja.
Le vio suspirar al tiempo que dejaba sobre la mesa la taza de té que rozaba sus labios al tiempo que negaba con la cabeza.
—He tenido el tiempo suficiente para pensar en todo el daño que te he hecho, y he llegado a la conclusión que no puede ser—dijo con firmeza—Te he perdido como hermano…
—Aún me tienes a tu lado—cortó Tom cogiéndole de la mano.
—Lo sé, pero quieres algo que yo no te debo dar. Amor, Tom—susurró suspirando—Quiero encontrar a alguien que no sea tan especial como tú, vivir lo que es tener una primera cita que no termine en la cama, pasear cogidos de la mano, pasar una tarde entera tirados en el sofá viendo una película mientras llueve…
—Ya veo—murmuró Tom soltándole.
Bill quería encontrar el amor verdadero, y estaba claro que él no era el indicado.
—Yo…se me hace tarde—dijo levantándose—Me pasaré un día de estos por el taller de Dean y Dan para ver qué tal te va.
Bill asintió y se puso de pie también. Le acompañó hasta la puerta y la abrió, dejándole pasar.
—Cuídate, Bill—dijo Tom a modo de despedida.
—Tú también—susurró Bill.
Se quedaron mirándose sin saber que más decir, sin atreverse a ser el que diera el primer paso….hasta que Tom se decidió a darlo. Se inclinó hacia Bill y le besó brevemente en la comisura del labio. Dio media vuelta suspirando y entró en el montacargas que hacía de improvisado ascensor y bajó a la calle. Caminó hacia el coche y sacando el móvil, mandó un último mensaje esperanzado…
Continúa…
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