
Fic TOLL de Nathaly Kaulitz
Capítulo 6
— Mngh…
Se quejó al sentir la alarma de su celular, extendió su brazo hasta el objeto y la apago, otra vez volvió a acomodarse para continuar durmiendo. Pero una vez más el móvil vibró e hizo que el pelinegro por segunda vez se quejara. Con lentitud abrió sus ojos, bostezo y se estiró.
—¡Oh mierda! —Grito al darse cuenta que debía ir a la universidad.
Apoyó sus manos e intentó levantarse, sin embargo, un dolor en su parte baja le impidió hacerlo. Giró su cabeza y vio como Tom estaba a su lado durmiendo mientras extendía su brazo como almohada para él.
— Entonces no fue una pesadilla. —susurró Bill sacudiendo su cabeza.
Intentó levantarse, pero, ahora había otro obstáculo. Observó su trasero y vio como aquel miembro recto continuaba dentro de el.
— P-pero qué… — Dijo confundido.
De repente soltó un gimió al sentir como el Tom se removió para acomodarse, dando con eso una pequeña penetración.
— «¿¡En verdad se puede mantener esa cosa por mucho tiempo!?».— Pensó.
Volvió a mover su cuerpo provocando dolor en su parte baja y mordiendo sus labios con la finalidad de no gritar, ¡se sentía como si tuviera una insolación en su entrada!.
Se levantó del sillón mientras se tocaba su espalda y una de sus nalgas, con lentitud se dirigió donde su ropa y con cuidado levanto cada prenda para ponérsela. Vaya que dolía. Al terminar suspiro y se dirigió a la mesita en donde estaba su celular.
¡Ya pasaban las diez! ¡iba a llegar tarde! Lo peor es que tenía que ir a buscar algunos de sus libros donde su departamento, seguramente sus cosas deben estar tiradas en el pasillo de su antiguo hogar.
Rodeó el sofá en donde estaba el mayor y con rapidez, pero con delicadeza, se dirigió a la entrada.
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Nada, no había nada ¿dónde están sus pertenencias?
— Seguramente esa vieja las vendió.—Hizo expresión acabada
Pateó la puerta de su antiguo departamento y dejó caer su cabeza en la madera.
¿Esto puede ser peor…?
Bueno, no tiene donde dormir, no tiene sus cosas, va a llegar tarde y le duele todo su trasero. Es mucho peor de lo que imagina.
Se sobresaltó ante unos pasos que se acercaban por detrás y trago saliva a ver a la mujer de avanzada edad.
—¡S-señora… vine a entregarle las llaves, además de venir a buscar mis cosas! ¡así que…!— Se quedó callado al ver que la mujer no recibió el llavero, en cambio negó y observando al pelinegro con desagrado.
La mujer no recibió el llavero, en cambio negó y observó al muchacho con desagrado.
— No sé cómo te las ingenias…— Dijo la mujer mirándolo de arriba a abajo.
Bill la observó extrañado «¿de qué rayos está hablando esta vieja?»,— Pensó.
— Ayer al mediodía vino un hombre que pagó lo que me debías junto con este mes. Cada vez sales con uno nuevo, asqueroso homo.
El pelinegro de inmediato tuvo el impulso de gritarle, pero, se lo guardo ya que esa vieja es la dueña de este lugar.
—Maldita anciana bruja.— susurro cuando la mujer se fue.— tus verrugas son las asquerosas no yo, maldita homofóbica.
Bill dio la media vuelta y abrió la puerta de su departamento y se dirigió donde el armario y busco sus cuadernos.
—¿Un hombre…? mierda, esto no es verdad…— Bill de inmediato se cubrió el rostro y recodo la palabras de Tom.
— «Charlotte me comentó el problema que tienes… he pagado lo que debes… otra vez tienes una deuda conmigo…» — Recordó las palabras del mayor, levantó su pie y golpeó el suelo con frustración, pero de inmediato se quejó por el dolor de su zona baja.
¡Mierda! ¡mierda! ¡mierda!
Con rapidez salió del lugar para ir a la institución. Daba las gracias al tener este departamento a pocas cuadras de su universidad.
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Jadeo ante el dolor que poseía, pero continuó corriendo por los pasillos.
— Lo peor es que hoy hay que terminar el ensayo… ¡Mierda!
Entró disimuladamente en el aula agachado y se dirigió a su lugar favorito con el objetivo de sentarse.
— La cirugía de resección del adenocarcinoma…— Escucho la esa voz, era Tom el cual estaba dando un discurso en el salón.
Bill ladeó su cabeza y vio a Charlotte la cual colocaba una palma en su rostro y le susurraba.—»me está acosando»— La castaña rió y negó para luego bajar su cabeza y continuar dibujando algunos garabatos. Bill rodó su ojos. — <<No, él no te está acosando a ti, sino a mi… Imaginar que con él me acosté hace unas horas, además, ¡podía haberme traído!»— Después de dar por finalizada la clase todos los jóvenes se levantaron y se fueron al receso.
Bill como siempre fue el último en pararse, y antes de irse, le dedicó una mirada a Tom quien se encontraba hablando con el profesor que le caía mal seguramente son conocidos ¿verdad? ya que siempre este maestro halagaba al padre de Charlotte.
Quedaban veinticuatro minutos para volver al aula lo suficiente para ir a retocarse el maquillaje en el baño.
— Joder, ahora sí que me está acorralando como una rata, y… ¿Por qué pago la renta?.— Dijo mientras lavaba sus manos y acomodo su cabello.
Bill pudo ver cómo la puerta se abrió, dando acceso aquel hombre que lo miraba fijamente con una sonrisa plasmada en su rostro.
— Llegaste tarde a clases. — Dijo Tom recargándose en una de las puertas.
— No debiste pagar mi deuda, eso era mi problema.— Dijo Bill dando una mirada por el espejo e ignoró el comentario.
— Un problema el cual iba a provocar que quedaras en la calle.— Recordó Tom.
— ¡Ese era mi problema! ¡mgh…!— Bill quiso reclamar dando vuelta para mirarlo, pero al momento de hacer choco con el cuerpo de Tom que ya se encontraba a escasos centímetros de el.
De inmediato Bill apoyó sus manos en el lava manos y se inclinó hacia atrás evitando que su cuerpo tocara el ajeno.
— Lo era… — Repitió Tom muy cercas de sus labios.— Al parecer ahora, me debes más dinero ¿no es así?
Bill trago saliva. Su renta es de doscientos mil multiplicado por cinco da… «¡Mierda!».
No pudo evitar soltar un gimió al sentir la entrepierna de Tom rozar con la suya.
—N-ni se te ocurra… Mgh!— Quiso negarse, paro Tom apretó su erección con la de él provocando presión en su miembro.
— Te fuiste sin ni siquiera despertarme… en verdad, eres un sinvergüenza niño.
El aliento helado del Tom hizo que a Bill se le pararan los vellos de sus brazos, estiró su cuello pero no logró detener aquella lengua que ya tomaba camino por sus labios.
— E-este es el lugar… me-menos indicado… para hacer estas cosas, ¿n-no cr-crees?
Tom sonrió con malicia y dejó caer su cuerpo debe el pelinegro, recargando sus manos sobre las de el y pegando sus cuerpos por completo.
— No sabes cuantos hombres aquí, hacen lo mismo que vamos a hacer nosotros.— Susurró Tom mordiendo el labio inferior del pelinegro.
— ¡P-pero es-está mal…! jahh…!— Bill quiso protestar pero Tom mordió sus labios y cerró los ojos al sentir como el miembro del mayor estaba despierto.
— Esta mañana, quería hacerlo otra vez, pero tú, te fuiste. Así que no tuve más remedio que esperar hasta ahora.— Dijo Tom frotándose sobre el menor.
—<<¡Maldito pervertido!».— Gritaba Bill en sus adentros.
El mayor deslizó sus manos por los brazos del pelinegro, después por su pecho, y por último, en su fina cintura con la finalidad de levantarlo y sentarlo en la cerámica de los leva manos.
— D-detente.— Reclamo Bill colocando sus manos en los hombros fornidos pero no lo consiguió.
— ¿Por qué intentas resistirte? al final terminas aceptando, igual como ayer.— Dijo el mayor con burla.
El pelinegro mostró sus dientes enojado, y otra vez decidió empujarlo, sin embargo, no lo consiguió ya que Tom había bajado su cierre.
— Mira cómo estás, se ve que necesitas ayuda.— Dijo el mayor relamiéndose los labios.
— <<Por fuera se puede ver un hombre perfecto, educado y respetuoso, pero, por dentro es todo lo contrario porque es lascivo y pervertido, en verdad las apariencias engañan».— Pensó Bill al ver la cara de excitación del mayor.
— N-no hagas… Ha~— Bill quería detener los movimientos del mayor pero sus piernas no le ayudaban, cada toque que le daba lo ponían duro al tal grado de mojar sus pantalones con su líquido Preseminal.
Tom empezó a desnudar su pecho y descendió su lengua hasta llegar a aquel necesitado pedazo rosado. Su boca rodeo la punta del mismo y luego lo chupo, luego de dejarlo completamente duro bajo sus besos por el pecho y abdomen del pelinegro para así llegar a su pena e igual manera meterlo en su boca y comenzar a chupar.
— Hagsh…. Es-espera.. esto es peligroso!— Repitió Bill entre gemidos recordando como aquella vez cuando se estaba masturbando en este mismo baño ¡casi lo descubren! ¡y seguramente ahora lo van a descubrir!.
Después de lo que parecía ser la mejor mamada que le había dado en su vida soltó un grito ahogado al correrse en la boca del mayor.
Tom solo sonrió. Sí aquella experiencia era nueva para el ¡pero maravillosa!. Sacó de su bolsillo un pañuelo, se limpió la boca y lo tiró al basurero. Tomó al pelinegro por la cintura y se lo llevó donde una cubículo y se encerraron. Bajo la tapa de escusado y se sentó para continuar masturbando a Bill, el cual le temblaban las piernas mientras que la respiración le faltaba.
— Eres excitante, ya veo porque tu antigua pareja duró mucho tiempo contigo… pero aún así, me preguntó el porqué de su rompimiento…
Bill hizo oídos sordos a las palabras del mayor y continuó prestando atención a aquella mano en su intimidad.
En parte no podía negar que si quería tener otra ronda de sexo, sin embargo ¿con él?, bueno es el único candidato que tiene, además, tiene otra deuda pendiente con él. Esto es como esos juegos de los amigos sexuales, no obstante, no somos amigos ¡él es un desconocido!. Curvó su espalda a sentir como Tom bajaba su pantalón y luego el suyo, otra vez sintió esa cosa enorme pero placentera erección venosa.
— Abre tus piernas.— Le ordenó, Bill trato de negar muchas veces pero obedeció al sentir un pequeño mordisco en su cuello.— Buen niño.
— <<¡Mierda!»— Ahogó sus quejidos al sentir como el miembro ingresaba en su entrada.
— Ven a mi departamento después de clases, así lo hacemos otra vez.— Dijo Ton entre jadeos al sentir la cálida y apretada entrada del menor haciéndolo delirar.
— <<¡Ni loco!» — Pensó el pelinegro apoyando su nuca en hombro de su opuesto.
— E-en la tarde… em-empieza mi turno… Ngh… —intento hablar entre gemidos. — Y tampoco iré, y-ya que esto… paga mi deuda ¿no…?
Cubrió su boca al sentir una penetrada y comenzó a dar pequeños saltos por los movimientos del hombre.
— Yo que recuerde, fueron cinco arriendos, así que me debes cuatro veces, por supuesto, descontando lo de ahora.— Respondió Tom estirando su cuello para darse paso a su rostro, y dejar besos húmedos en sus labios.
— «¡Carajo!».— Bill mordió los labios del mayor al sentir como aquellas penetradas subían de nivel.
—¡N-no vo-voy a…! ¡HaAhh!.— Sin duda el pequeño pelinegro quería gritar y sacar todo el placer que Tom le daba pero tubo que cubrir sus labios al sentir que la puerta se abría, levantó sus pies y los dejó en las rodillas de Tom con el propósito que no los vieran. y
Ya que se vería extraño ver cuatro pies en un cubículo de los sanitarios. Unos silbidos armónicos inundaron toda la habitación de baño, sí, de inmediato se dio cuenta de quién era ese sujeto.
— Cuando terminó la primera hora.— susurro el mayor en el oído de Bill.— No parabas de mirarme, e incluso, le hacías mala cara a tu profesor quien conversaba conmigo… ¿estabas celoso?.— Sus mejillas se tiñeron de un carmesí por tan pregunta.
— «¿Celoso yo? ¡ni te conozco!».
Aquella melodía que hacía su profesor al otro lado de la puerta, era perfecta para ocultar los sonidos de las penetraciones. Una tras otra estocada venía a su entrada, y al momento de tocar su punto G, el chico se corrió tirando toda su esperma en una de las paredes del pequeño cubículo, y Tom la depositó en ese pequeño pero espléndido espacio.
El de ojos marrones quito esa mano para luego besar la cavidad bucal del joven, y cuando terminó ese acto íntimo, se levantó dejando a Bill agitado y con las piernas temblando en el asiento. Ordenó su ropa, después pulsó el botón de la cadena y salió de ese pequeño cuarto como si nada hubiera pasado.
Bill ante todo eso, estaba terriblemente cansado mientras escuchaba como Tom le comenzaba a hablar a su profesor y también el sonido de la puerta de salida cerrarse. Extendió sus brazos y con rapidez le puso seguro a ese pequeño espacio.
— Maldito pervertido…— Gruño frustrada, por qué aún que no le agradaba aquel mayor no se podía negar que le fascinaba la forma en la que lo hacía llegar al climax.
Continúa…
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