Dulce pecado 3

Dulce pecado 3

Fic TWC de Nathaly Kaulitz

Capítulo 3

— No hay nada malo con su salud. Para que la memoria vuelva, el tratamiento ambulatorio* puede ser mejor que la hospitalización. Las células de memoria también se activan cuando se estimulan en la vida diaria. Es necesario verificar el progreso de la cirugía, así que, por favor, regrese en una semana. Le ayudaremos a realizar una reserva afuera.— Esas fueron las últimas palabras que le había dicho el doctor que revisaba a Tom.

Bill tuvo que conducir hasta el hospital debido a que Tom exigió enérgicamente el alta después de cuatro días de hospitalización. Tom, que había estado llorando e interfiriendo con el trabajo de las enfermeras todo el día porque se sentía frustrado, sonrió alegremente cuando se quitó la bata de paciente, que estaba estampado con el nombre del hospital. Usando los jeans y la camisa anchas que le trajo Bill, subió al auto y se sentó. Tom sonreía mientras Bill ajustaba personalmente la posición de la silla para él.

— Wow, me encanta tu auto. Eres genial Billy.— Aplaudía emocionado Tom.

— Bueno, es de mi papá. Tu hermano no solo no tiene dinero para tener uno propio, sino que tampoco tiene dinero para pagar el seguro.— Respondió Bill frustrado.

La culpa que sentía Bill se sumó a la apariencia infantil que Tom aparentaba, quien ahora no entendía nada sobre la patética vida de un adulto. Siguió pensando en lo que dijo el médico cuando le preguntó por el tiempo que le tomaría recuperar la memoria.

— «Necesita mucho apoyo de su familia. Seguir en contacto con objetos y personas que frecuentaba en su vida diaria lo estimulará y ayudará a recordar».

Al final, esto solo significaba que no sabía con certeza cuándo volvería su memoria. ¿No podía saber eso incluso siendo un doctor? ¡Vaya mierda!. Gracias a esto, la culpa de Bill solo aumentó.

En su estado actual, Tom ya ni siquiera podría ir a una escuela de posgrado en los Estados Unidos. El primer semestre comenzaba en septiembre, es decir, que le quedaba alrededor de un mes y medio para recuperar la memoria de alguna manera. De otro modo, si esto continuaba, habría arruinado la vida de su hermano menor para siempre.

— Estoy hambriento.— Se quejo Tom sobando su estómago.

Bill al ver que su pequeño hermano no tenía el cinturón de seguridad puesto, extendió la mano.

— ¿Hay algo que quieras comer?.— Pregunto Bill mientras lo acomodaba en su asiento.

Tom se quedó mirando con los ojos bien abiertos las acciones de Bill, quien se acercó para abrochar la hebilla. Era la primera vez que pasaba tiempo a solas con su hermano menor de está manera, exceptuando cuando eran demasiado jóvenes, por lo que se sintió incómodo hasta el punto de querer morir. Tom, que se había convertido en un estudiante de primaria, tomo fuertemente la cara de Bill entre sus manos de una manera muy natural, pues estaba familiarizado con este gesto cuando iba a la escuela primaria, al igual que el ir tomados de la mano todos los días.

Bill abrió los ojos con sorpresa. Ya que Tom lo agarró cuando intentaba ajustar su cinturón de seguridad y presionó sus labios en la mejilla de su hermano mayor. Fue tan espeluznante que todo su cuerpo se paralizó inmediatamente. El suave toque de los labios contrarios permaneció vagamente en la memoria de Bill.

— Cualquier cosa está bien. ¡Todo lo que coma con mi hermano será delicioso!.— Respondió Tom al separarse de Bill.

¿Cómo aceptar tranquilamente la acción linda de su hermano menor, joven e inocente?. Era embarazoso cuando no estaba acostumbrado. El deseo de empujarlo ardía como una chimenea, pero no podía mostrar ningún rechazo.

Bill temía que al abrir los ojos, le gritaría a su hermano menor. Él médico también le advirtió que la depresión puede afectar fácilmente a un niño si en lugar de recibir el apoyo de su familia, es tratado incómodamente por vivir en un cuerpo adulto. Era algo a lo que Bill tenía que acostumbrarse.

— Bueno, ¿vamos a comer las chuletas de cerdo japonesas que te gustaban?. — Apenas Bill mencionó las chuletas de cerdo que solían comer cuando eran niños, Tom sonrió ampliamente.

— ¡Papas fritas también!.— Grito el de rastas emocionado.

— Está bien, comamos eso.— Bill sonrió con esfuerzos.

Había muchos restaurantes de chuletas de cerdo, pero era difícil encontrar uno ahora mismo. Incluso aunque al final logró encontrarlo, había una larga fila y le dijeron que tenían que esperar una hora.

— No podremos comerlo.— Dijo por tercera vez Bill aún un deprimido Tom, que perdió su energía, refunfuñó.

—No, cómprame uno.

— Dijeron que debemos esperar una hora Tom.

— ¡Cómpramelo!.

— Comamos otra cosa, ¿sí?.

— ¡Si no me lo compras, te acusaré con mi mamá!.

— ¡Este bastardo!… .— Fueron los pensamientos de Bill al intentar reprenderlo, Pero antes de poder hacerlo las lágrimas comenzaron a brotar de los ojos de Tom.

— ¡Quiero comer chuleta de cerdo, quiero comerla, cómprame una, cómprame una!.— Tom empezó a llorar y patalear.

¿Qué tipo de mirada les daría la gente si un chico adulto de su tamaño usa este tipo de chantaje?

Bill consoló desesperadamente a Tom.

— ¿Te gustaría comer en casa? ¿Eh?.— Tom resopló ante la propuesta.

— ¿En casa?.

— Sí, hagámoslo nosotros mismos, ¿qué tal?.— Propuso Bill a su hermano que estaba angustiado hace un momento.

— Bien.— Respondió Tom y asintió cuidadosamente.

Bill tomó su teléfono celular tragándose dos palabrotas al tener que lidiar con esa situación.

— Hola, tía. Soy Bill.— Hablaba con la ama de llaves que pasaba tres veces por semana para limpiar y cocinar. Le preguntó ansiosamente de una manera tan educada que nunca antes había hecho.— Estoy a punto de irme a casa con Tom Pero me preguntaba si… ¿Puedes hacer chuletas de cerdo?.

Al principio, su tía estaba enojada con Bill por estar pidiendo una comida de la cual no tenían los ingredientes necesarios para prepararla en casa, pero se rindió cuando Bill dijo: «Tom quiere comerlo».

Gracias a la consideración de su tía, se detuvieron en el supermercado para comprar los ingredientes que necesitaban.

— Tom, hagámoslo en casa. Es mucho mejor que comer las que vendían en el puesto.— Dijo Bill mientras bajaba del auto.

Tom parpadeó mientras miraba las largas filas de gente, con una mirada anhelante. Estaba viendo fijamente por la ventana del coche, lleno de una inocencia y alegría que no coincidían con su apariencia y edad. Bill quería girar la cabeza para ya no verlo porque se sintió agobiado, pero por otro lado, se estremeció por el remordimiento de haber arruinado la vida de su hermano que normalmente se hubiera ido sin prestarle atención.

Ya sea que conociera los esfuerzos de Bill o no, Tom le sonrió de nuevo.

— ¿En serio? Tiene que ser delicioso. Si no sabe bien, tienes que asumir la responsabilidad.

Tom estiró la mano por la ventana del auto y rápidamente Bill la sostuvo. Tom miró curiosamente la mano de su hermano, que era más pequeña que la suya, mientras jugueteaba con ella. Pensando que tardaría mucho en acostumbrarse a este toque, Bill reaccionó lo más tranquilamente posible.

— Está bien, asumiré la responsabilidad.— Respondió Bill neutral.

— ¡Vayamos rápido y comamos chuletas de cerdo! ¡Cocinemos y comamos!.

— La tía ayudará.

— ¡Sí, sí, vamos ya!.

Fue afortunado que recuperara rápidamente la energía. Tom se veía feliz al pasar por el supermercado, comprando los ingredientes que su tía había mandado por mensaje de texto.

Tom tomó con más fuerza la mano de Bill y no la soltó. Hasta ahora, no sabía lo bonitas y suaves que eran las manos de su hermano mayor.

— Solíamos llevar nuestro dinero a la tienda para comprar dulces. Ahora compraremos algo más en lugar de dulces. ¿Cierto?.— Bill volteó la vista hacia la gente, que miraban al hombre adulto que hablaba infantilmente. Un sudor frío le recorrió la frente. Bill se sintió avergonzado porque de una u otra forma, era culpa suya que su hermano menor estuviera así, por lo que no pudo huir. No quería ser una persona tan cruel.

Bill tiró de la mano Tom , quien inclinó su cabeza y lo miró, un poco más cerca de él.

Al empujarlo a una esquina para que la gente no lo viera, le dio la impresión de ser como las parejas que veía por la calle, atrayendo a su novia que iba caminando por la carretera para protegerla con seguridad dentro de la acera.

El viento se llevó el ligero cambio en la expresión de Tom. Cuando la sonrisa infantil desapareció de su rostro por un momento, pareció tener los ojos de un adulto. Fue un cambio que pasó demasiado rápido para que Bill juzgara la reacción, así que solo pensó que estaba sorprendido por atraerlo repentinamente a sus brazos.

— Sostén mi mano con fuerza para que no te pierdas.— Fueron las palabras de Bill que notó ligeramente algo extraño en su apariencia, fue el mismo Bill quien decidió asumir que está reacción fue era normal en un niño.

Dado que el corazón de un infante podría resultar fácilmente herido si lo apartara, haciéndolo sentir como una carga, decidió que iba a priorizar el cuidado de la memoria de Tom en lugar de prestarle atención a las miradas de las personas. apretó el agarre que sujetaba sus manos. Extendió los dedos y buscó entre las manos para entrelazarlas. Tom respondió en voz baja mientras sentía que la temperatura corporal le llegaba hasta los huesos.

— De acuerdo.— Respondió Tom con un pequeño sonrojo.

Bill, que arrastraba a Tom en una mano y el carrito de compra en la otra, no pudo mirar hacía atrás a su hermano menor que tenía una expresión extraña mientras se adentraba en la multitud. Simplemente no soltó la mano que sujetaba con fuerza, ofreciéndole alivio al más pequeño.

Pero tampoco se dio cuenta del sentimiento que iba creciendo en el pecho de Tom.

Continúa…

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por Nathaly Kaulitz

Escritora del Fandom

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