
Fic TOLL de JasonPeace
Capítulo 15
—Oh. Sólo pensé… Como tienes un peluquero en el palacio y todo… —Tom trató con cuidado.
— ¡No soy tan inútil como piensas!— Bill exclamó repentinamente.
—Nunca pensé que lo fueras— dijo Tom en voz baja. —Has demostrado ser mucho más capaz que yo, y nadie puede ser bueno en todo.
El príncipe no dijo nada, y se limitó a mirar desafiante a sus pies. ¿Siempre estaba luchando tanto contra sí mismo? ¿Era su arrogancia tan fuerte que le prohibía ser amable y servicial? Por supuesto, admitir que no sabía cómo hacer algo tan simple como afeitarse, probablemente era peor, pero por otro lado, Tom conocía a muchos hombres en la corte que nunca habían tocado una navaja en su vida, así que no era la gran cosa.
Tom suspiró; esto era ridículo. —Yo tampoco sabía cómo hacerlo durante mucho tiempo, y mi papá siempre lo hizo por mí, pero un día tuve que aprender porque mi padre se negó a seguir haciéndolo.— En realidad había aprendido muy joven porque el barbero siempre lo ponía nervioso, y por supuesto su padre nunca había estado involucrado en eso, pero como sea.
— ¿En serio?— Bill dijo humildemente, dándole una mirada insegura.
—Sí. — Tom sonrió suavemente. —Si quieres, te puedo enseñar.
El príncipe parecía muy indeciso.
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Entonces ahora tenía dos opciones: podía decirle al mendigo que se fuera al infierno porque podía hacerlo él mismo – a pesar de que el hombre obviamente sabía que estaba mintiendo – o podía simplemente no decir nada y aceptar su ayuda, lo que probablemente sería La opción más inteligente.
—Está bien— Bill finalmente suspiró, inclinando su cabeza humillado; acababa de admitir que no podía hacer algo… Eso era terrible. ¿Qué le pasaba? Bill le dirigió una mirada incierta, esperando un comentario sarcástico con respecto a su primera mentira, pero no llegó nada.
—De acuerdo— dijo el trovador con una cálida sonrisa, tomando una taza y poniendo el jabón de afeitar. —Primero mojamos el cepillo con agua caliente, pero asegúrate de sacudirlo bien porque demasiada agua no es buena. Luego mezclamos el jabón a fondo hasta que tengamos una espuma espesa y cremosa. —Explicó lentamente mientras hacía todo eso, y Bill le prestó mucha atención para que pudiera hacerlo la próxima vez. Había visto a su barbero haciendo esto un millón de veces, pero nunca lo había prestado atención antes.
Una vez que la espuma estaba hecha, el hombre la dejó a un lado y colgó el asentador de cuero en la silla al lado de él. —Es más cómodo si siempre afilas el cuchillo entre los afeitados, porque lo limpia y te permite rasurar más fácilmente. Es muy sencillo, simplemente lo sostienes firme – porque de lo contrario no afilará bien – y comienzas al lado lejos de ti.— El hombre demostró lo que quería decir , y poco a poco frotó la navaja primero hacia él, y luego lejos de él.
—El filo siempre se aleja de la dirección en la que te mueves. Y asegúrate de mantenerla así, o te cortarás a ti mismo— añadió, indicando cómo sujetar el cuchillo por el mango con el pulgar y el dedo índice en la base del filo. Bill asintió lentamente, aun tratando de recordarlo todo.
—Una vez que hayamos terminado con eso, sólo tienes que mantenerlo así para empezar a afeitarte— explicó pacientemente, sosteniendo su mano con la navaja para que Bill pudiera ver bien.
Después de que Bill asintió, el hombre dejó el cuchillo y tomó la taza con la espuma. — ¿Puedo?— Preguntó en su manera siempre agradable.
Bill volvió a asentir, apoyando la cabeza en el respaldo de la silla mientras el hombre colocaba la toalla alrededor de su cuello y luego le aplicaba la espuma en la cara, al igual que hacía el barbero de Bill.
—Asegúrate de usar suficiente espuma, o es realmente incómodo— le informó el trovador una vez que terminó y dejó la taza a un lado, tomando la navaja en su mano.
—Siempre afeita en la dirección del crecimiento del cabello, y trata de sostenerlo en aproximadamente este ángulo – a unos 30 grados o menos. Si lo sostienes demasiado empinado, puedes cortarte, y si no lo sostienes demasiado escarpado, no podrás afeitar bien. Pero no te preocupes, eso viene con la práctica. — Le aseguró a Bill quien estaba un poco confundido.
—Utiliza movimientos lentos, uniformes, y no apliques ninguna presión porque eso puede causar pequeños cortes. Si ya no está afeitando bien, sólo afílalo, pero no presiones hacia abajo, ya que eso sólo irritará tu piel. —El trovador indicó la cantidad de presión en un lento movimiento, hasta llegar la mejilla de Bill, y luego limpió la navaja en el trapo antes de repetir todo el proceso.
Mientras el mendigo estaba ocupado afeitándolo, Bill tuvo bastante tiempo para mirar muy de cerca las características sorprendentemente suaves del hombre. Tenía una hermosa estructura ósea, y su piel estaba muy bien cuidada para un mendigo. Su cabello, a pesar de que estaba muy desordenado, se veía de bien cuidado también – no tenía puntas abiertas o cualquier otra cosa que indicaba mal tratamiento. Lo mismo para sus manos; tal vez no eran tan blandas y delicadas como las de Bill, debido principalmente a las callosidades en las yemas de los dedos que provenían de tocar el laúd, pero aun sorprendentemente limpias y suaves para un campesino.
El hombre tenía los ojos marrones oscuros, parecidos a los de Bill, que estaban decorados con pestañas largas y curvas, y sus labios se veían alarmantemente besables. Por supuesto, la repentina visualización de eso hizo que Bill casi gritara, dado que estaba pensando en un campesino y todas esas cosas , pero si uno miraba más allá de la ropa sucia del hombre y el hecho muy intrusivo de que era un mendigo, era bastante atractivo … No sólo por cuerpo y rostro, sino también por personalidad. Con un poco de limpieza y algunas ropas agradables, el hombre probablemente podría pasar como nobleza.
Bill nunca había conocido a un mendigo. Apenas salía del palacio, sólo acompañado por guardias y sirvientes que se aseguraban de que ningún campesino se acercara a él. Siempre había creído que los campesinos eran criaturas completamente repugnantes cuales jamás quería conocer, pero de algún modo este hombre no parecía ser ninguna de esas cosas.
¿Podía ser que se había equivocado? ¿Sobre una tremenda cantidad de cosas…?
—Listo— el trovador terminó con una sonrisa, limpiando la espuma del cuchillo en el trapo de cocina.
—Gracias— murmuró Bill en voz baja, secándose los restos de la espuma de su cara limpia con la toalla. El mendigo había hecho un trabajo sorprendentemente bueno… Casi tan bueno como el barbero real siempre lo hacía.
El hombre sólo sonrió, y luego derramó la última olla de agua hirviendo en el baño de Bill. —Estaré afuera entonces. — Dijo con otra sonrisa mientras salía de la casa.
— ¡Si entras, te juro que te mataré! ¡Y no te atrevas a echar un vistazo a través de una ventana o te arañaré los ojos!— exclamó Bill, de repente paranoico. Él estaría sentado en una bañera, desnudo, y no había cerradura en la puerta… Y sin cortinas… Oh dios.
El hombre parecía un poco desconcertado por el repentino estallido de Bill, pero asintió antes de desaparecer; Bill se sintió culpable de inmediato. Tal vez debería haber dicho eso en palabras un poco más agradables…
Con un suspiro derrotado, Bill se despojó de su ropa y luego se metió en el agua caliente que se sentía como el cielo contra su sucia, sudorosa y repugnante sensación que le brindaba la piel. No recordaba haber disfrutado de un baño más placentero, y suspiró por una razón completamente diferente mientras cerraba los ojos y dejaba que el calor se sumergiera en su piel.
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Tom suspiró, sentándose en el banco junto a la puerta. No se atrevía ir a ninguna parte porque había ventanas a todos los lados de la casa, y no quería ir en contra de los deseos del príncipe. O sus amenazas…
Casi una hora más tarde, el príncipe finalmente salió de la cabaña, cabellos negros brillantes y limpios, y vestido con la ropa que llevaba cuando llegó por primera vez, excepto que había dejado el abrigo de lujo.
—Hey —dijo Bill lentamente, mirándolo con una mirada rara.
—Hey. — Tom sonrió, sorprendido por la belleza del príncipe que era tan visible ahora que estaba limpio y afeitado.
Bill se aclaró un poco la garganta y apartó la vista distraídamente. —Lo siento por ese comentario antes… solo…
—Estás acostumbrado a tu privacidad — dijo Tom con amabilidad.
El príncipe le dirigió una mirada cautelosa y una pequeña sonrisa. —Sí…— Murmuró en voz baja.
Tom sonrió asintiendo. —Intentaré no interrumpirla.
—Gracias— Bill asintió; todavía parecía un poco incómodo. —Em… ¿vamos a arreglar otro baño?— Continuó después de un momento de silencio.
—Eso sería genial.— Tom sonrió alegremente; ¿Bill realmente quería ayudarlo? ¿Con algo que estaba destinado únicamente a beneficio de una persona que no era él mismo?
Al parecer sí, porque llevaron los baldes de agua sucia y jabonosa afuera mientras más agua fresca estaba hirviendo sobre el fuego que casi se había apagado durante el largo baño del príncipe.
Una vez que llenaron la media tina con agua fría y esperaban a que el resto se calentara, Tom empezó a limpiar el pequeño desastre que Bill había dejado en la casa. Había agua en todo el piso, su ropa sucia yacía alrededor y la vieja toalla había sido abandonada descuidadamente en algún lugar en el piso.
Después de solo mirar por unos momentos, el príncipe decidió ayudarle recogiendo su ropa y la toalla. Parecía un poco avergonzado, y evitó la mirada de Tom, como siempre lo hacía mientras trabajaba. ¿Por qué se humillaba siempre que hacía algún trabajo? ¿No sabía que era algo bueno?
A pesar de crecer como el futuro rey de su país, los padres de Tom siempre se habían asegurado de que él recogiera sus cosas, que fuera amable y generoso con la gente, y que aprendiera cosas cotidianas como la limpieza de sí mismo y sus alrededores. Bueno, no sabía cómo cocinar o algo así, pero al menos no era tan desordenado como parecía ser el príncipe… Obviamente sus padres le habían permitido todo tipo de comportamiento y cada vicio, convirtiéndolo en un mocoso mimado con comportamiento imposible.
A pesar de eso, el príncipe parecía estar intentando, y Tom tuvo que darle crédito por eso. Por naturaleza, era mucho más talentoso que Tom, y aprendía rápidamente. Había demostrado ser más que capaz de manejar las cosas, si se le daba la oportunidad; tal vez era una oportunidad que nunca había conseguido en el palacio.
—Pensé que iba a hacer otro guiso hoy… Eso parecía haber funcionado bastante bien, ¿verdad?— Preguntó Tom una vez que terminaron de limpiar el desastre; ya le estaba dando un poco de hambre y el agua todavía tomaría un poco antes de que estuviera caliente.
—Sí, podríamos hacer eso— respondió el príncipe con un gesto de asentimiento. Tom lo miró fijamente. ¿Había dicho realmente ‘nosotros’ o lo había oído mal?
—Pensé probar algunas de esas extrañas hierbas y especias… ¿Conoces alguna de ellas? — continuó Bill, obviamente sin notar lo que había dicho.
—Me temo que no, pero si quieres, podríamos intentar poner unos cuantos y ver qué pasa? — Tom se encogió de hombros, examinando cuidadosamente la palabra malvada.
Bill asintió. —Sí, hagamos eso. No es como si pudiera saber peor, ¿verdad? —Añadió con una pequeña risa.
Era la primera vez que Tom le había oído reír, y por un momento casi olvida respirar.
Por suerte Bill no se dio cuenta, porque siguió hablando de comida, y pronto comenzaron a preparar el guiso que pusieron a hervir tan pronto como el agua para el baño de Tom estaba todo hecho.
—Ok, estaré fuera…— murmuró Bill con una última mirada hacia Tom antes de salir de la cabaña.
Tom se quitó la ropa sucia, cual dobló cuidadosamente y colocó en el banco antes de entrar en la bañera, apoyando la cabeza en la pared de la tina durante unos minutos antes de lavarse. El calor del agua hizo maravillas para sus músculos doloridos.
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Por décima vez, Bill suspiró. Sólo había estado sentado fuera de la casa durante unos 5 minutos, pero ya estaba muriendo de aburrimiento. Y también estaba el hecho de que adentro ese tipo se estaba bañando… desnudo… y mojado… y… Bill miró a sus pies, tratando de pensar en otra cosa. ¿Debería echar un vistazo? La ventana estaba a menos de un metro de él… Podía deslizarse por el banco un poco y tomar una pequeña ojeada rápida dentro de la cabaña.
¿Debía atreverse…? ¿Pero qué si el hombre lo ve?
Bill lanzó un gemido silencioso e indignado. Realmente quería mirar… —Sólo una pequeña ojeada…
Continúa…
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