El rey 2

El rey 2

Fic TOLL de JasonPeace

Capítulo 2

Tom tomó un profundo respiro de aire fresco de primavera mientras se acercaba al lago, lamentando  no haber traído su laúd; era el día perfecto para sentarse a la orilla del lago y tocar un poco de música.

Su confiado caballo trotaba lentamente a través de la espesura del bosque, pronto fue capaz de ver el brillo del lago a través de los árboles. Cuando llegaron a la orilla del bosque, Tom desmontó y dejó su caballo pastando en el pequeño prado, mientras él se acercaba al lago, en busca de un buen sitio en la sombra donde podía sentarse y leer un poco.

En el mismo momento que había encontrado el lugar perfecto, unas salpicaduras del lago llamaron su atención y buscó la superficie en donde se hallaba el alboroto. Fue entonces cuando se fijó en él, a pocos pies de la orilla: el hombre más bello que jamás había visto en su vida.

Su brillante cabello negro caía sobre hombros pálidos y perfectos como porcelana, envolviendo a la delicada curva de su cuello enjoyado cual estaba suavemente inclinado hacia atrás, mientras sus ojos estaban cerrados contra el brillo del sol.

La imagen era tan serena que Tom tuvo que parpadear un par de veces para asegurarse a sí mismo de que no estaba bajo un hechizo. Estaba completamente cautivado por el bello muchacho el cual no había notado su presencia y flotaba sin rumbo en las aguas cristalinas que le daban el aspecto de un ángel.

Apenas capaz de respirar, Tom se agachó detrás de unos arbustos cuando el hombre levantó la cabeza un poco y abrió los ojos. Esos hermosos, profundos ojos marrones que estaban decorados con un toque de maquillaje, hechizando todos los sentidos de Tom. En ese momento estaba seguro de que había encontrado el amor de su vida.

La belleza desconocida se acercó a la orilla, subiendo a unas rocas y acostándose al sol para secarse, mientras que Tom admiraba lo poco de su cuerpo que era capaz de ver desde su escondite. El resto de su piel era tan pálida y sin defectos como su rostro, y sus largas, delgadas extremidades extendidas en las rocas parecían casi surreal contra la superficie oscura.

Fueron  unos minutos más tarde – que parecían segundos a Tom – cuando el muchacho se sentó lentamente, girando un lirio de agua entre los dedos mientras tarareaba una melodía suave que Tom nunca había oído antes.

Mientras Tom se enamoraba más y más del desconocido, éste de pronto comenzó a cantar con la voz más deleitable que Tom jamás había tenido el placer de escuchar. Apenas podía prestar atención a las palabras – algo acerca de mil océanos – lo único que entendía era que este hombre estaba cantando sobre el amor y el deseo. Algo sobre lo que Tom sabía más que suficiente, habiendo estado en su búsqueda durante toda su vida, sin éxito.

— ¡Su alteza! — Una voz desde el otro lado del lago de repente los interrumpió, y Tom se escondió aún más, por miedo a ser visto.

—Su alteza, ¡usted está en suelo de Begonia! ¡Por favor regrese aquí, príncipe William! —Un hombre llamo de la orilla de Geraneia.

— ¿Príncipe William? — Tom susurró con incredulidad, viendo como el hombre se lanzó al lago y nadó lentamente hacia la otra orilla.

Tom se quedó mirando el lago sin ser capaz de comprender que había sucedido, incluso mucho después de que el príncipe había desaparecido en la otra orilla. ¿Realmente eso había sido el príncipe William? ¿El príncipe de Geraneia, que se supone que Tom debía cortejar mañana? Apenas podía creerlo, ¡pero tenía que ser! ¿Cuántos otros príncipes llamados William podría posiblemente tener Geraneia?

En una prisa para llegar a casa, Tom galopó casi todo el camino de vuelta al castillo y luego subió las escaleras hacia el salón donde Georg estaba diciéndole al sastre que podía ir a casa de nuevo.

— ¡Espere, espere, espere! — Gritó Tom, irrumpiendo en la habitación y llamando la atención de todos sobre él.

Rápidamente aclaró su garganta, tratando de comportarse con un poco más de serenidad. —Maestro Levitt, mi ropa, si es tan amable— solicitó al sastre, asintiendo a Georg quien levantó una curiosa ceja.

El sastre y su ayudante lo vistieron con las prendas elaboradas que quedaron bastante bien según él, pero al parecer necesitaban unos pocos cambios menores antes de que los llevaba mañana.

— ¿Qué pasó en el lago, mi rey? — Georg rió una vez que todos los demás habían dejado y se dirigían a la habitación de Tom, junto con Gustav. Obviamente ambos habían notado el cambio de estado de ánimo de Tom.

— ¡Me encontré con él!— Tom sonrió estúpidamente.

— ¿Con quién, Majestad? —Gustav preguntó con paciencia.

— ¡Deja de llamarme así! ¡Me encontré con el príncipe William! En el lago— Tom susurró entusiasmado, tratando de mantener la conversación privada mientras pasaban por varios sirvientes de palacio.

— ¡¿Qué?! — ambos escuderos preguntaron con incredulidad.

— ¡Ah, él es increíble! — Tom casi bailaba por el pasillo. —Deberían haberle visto… con esa cara – como un ángel!

Georg y Gustav intercambiaron una mirada extraña; obviamente los dos pensaban que se había vuelto loco.

—¡Y esa voz! — Tom continuó alegremente. —¡Es la criatura más bella, encantadora y fantástica que jamás haya visto!

—Oh-kay … — Georg dijo lentamente, ahora mirando francamente asustado.

—Tienen que acompañarme a Geraneia mañana. Deben verlo, o no van a entender de lo que estoy hablando— Tom insistió cuando entraron a su habitación.

—¿Así que vamos entonces …? — Preguntó Gustav, cuidadosamente optimista.

—¡Sí! — Tom dijo alegremente. —Ahora… Necesito un regalo. ¿Qué diablos llevan otros pretendientes a tales ocasiones? — preguntó lentamente; no tenía ni idea de cómo se hacía algo como eso. Era la primera vez que pedía la mano de alguien, después de todo.

—Joyas son un muy buen regalo para una ocasión así, Señor— Gustav asintió, sabiendo siempre de etiqueta.

—¡Muy bien! Tráiganme el collar más caro en el reino! — dijo Tom brillante, antes de cambiar su mente sólo un segundo más tarde. —¡Esperen!

Gustav estaba a punto de salir para ir a la misión, pero se detuvo en la puerta, luciendo un poco angustiado.

—Olvida el collar… probablemente obtendrá un millón de collares de todos los demás… Necesito algo más especial…— Tom murmuró lentamente, paseando arriba y abajo.

— ¿Qué tal una pulsera entonces?— Sugirió Gustav.

—No, no, no, no, no— Tom negó con la cabeza. —Algo más personal…

—Sí eh… eso puede ser difícil, su majestad, dado que no sabemos nada acerca de este príncipe— Georg trató amablemente.

—Oh… sí… maldición

&

—Buenos días, alteza!

Bill gruñó contra el brillo cuando la sirvienta abrió las cortinas; otro día. Maravilloso.

—Estoy enfermo, tengo que permanecer en la cama hoy— Bill dijo con voz áspera, tosiendo un poco pero en buena medida.

—¡Pero, su alteza! Príncipes y princesas de todas las tierras han recorrido un largo camino para verlo el día de hoy! —Dijo la criada felizmente.

—Fuera— Bill gruñó oscuramente, tambaleándose de la cama. La sirvienta rápidamente salió, y Bill cerró la puerta detrás de ella, colocando una silla enfrente sólo para estar seguro, antes de regresar a su cama, sintiéndose miserable.

No había manera de que se casara con un desconocido sólo porque sus padres estaban hartos de él y lo querían ocupado con otra persona. Nunca se habían tomado la molestia de pasar mucho tiempo con él de todos modos, ya que siempre estaban demasiado ocupados con toda su basura política, y las batallas sobre ese lago ridículo. Bueno, talvez el lago no era ridículo – era el lugar favorito de Bill – pero las peleas entre su reino y el reino vecino de Begonia eran más que ridículas, y odiaba a sus padres por ello. A veces se sentía como si ese maldito lago hubiera destruido toda su infancia; una vez que él fuera rey iba a… hacer algo al respecto. Por supuesto que no tenía idea de qué, pero algo haría.

Lamentablemente su paz no duró mucho tiempo antes de que un fuerte golpe de la puerta resonara a través de todo su cuarto, junto con la voz de Andreas la  cual llamaba para que abriera la puerta.

Bill decidió ignorarlo, tapándose los oídos con las manos.

Al menos hasta que la voz chillona de su madre podía oírse a través de la puerta. —¡Bill! ¡Cariño! ¡Abre la puerta o tu madre va a estar muy molesta! —Arabella llamo desde afuera.

El príncipe le dejó quejarse, sin saber si tenía miedo de la ira de su madre o no. Finalmente rodó los ojos y decidió que no podía ser peor que tener que casarse con un desconocido, por lo que decidió ignorarlo una vez más.

Al menos hasta que la voz de su otra madre se podía oír gritando a través de la puerta. —¡Bill! ¡Abre la puerta en este instante! ¡Hay más de 20 pretendientes para ti aquí, y los vas a ver a todos!

Bill imitaba la voz de su madre bajo las sábanas, negándose a abrir la puerta; ¿Qué iba a hacer de todos modos, romper la puerta?

—Abra la puerta en este instante o juro que los guardias la romperán!— Elena gritó con rabia.

Oh, eso era malo. Por un momento contempló abrir la puerta, pero su madre probablemente sólo estaba faroleando de todos modos, y en realidad no se sentía muy dispuesta, así que se quedó inmóvil.

Pasaron unos minutos en silencio y Bill casi se sintió victorioso que su madre hubiera renunciado, cuando repentinamente un fuerte golpe sacudió toda su habitación. Horrorizado, Bill se sentó en posición vertical, mirando a su alrededor, el siguiente golpe cayó tan fuerte contra la puerta que casi se abrió.

¡¿En verdad su madre estaba tratando de romper su puerta?!

—¡Hey espera!— Bill gritó horrorizado, tropezándose fuera de la cama. —¡Deja mi puerta en paz!

Pero antes de que lograra salvar la situación, las bisagras se quebraron y la puerta se abrió de golpe, casi cayendo sobre Bill.

—AH! ¡¿Qué estás haciendo?! ¿Estás loca?! —Bill gritó, mirando con horror  su puerta rota; allí se fue la poca privacidad que tenía.

—El sastre está aquí para que te vistas— reina Elena dijo fríamente, pasando por encima de la puerta rota e indicando al sastre que estaba detrás de ella, luciendo un poco pálido.

— ¡Ah! ¡Has destruido mi puerta! —Bill gritó a su madre, ignorando al sastre y a su ayudante, a Andreas y los otros dos sirvientes que estaban en la habitación.

—Te lo advertí. ¡He tenido suficiente de su comportamiento imposible, Bill! Eso va a parar hoy! Vas a vestirte y atender a todos nuestros huéspedes. ¡Vas a saludar a cada pretendiente, y luego vas a elegir uno y casarte con el! — Terminó con rabia, saliendo en la misma forma que había entrado.

Bill parpadeó un par de veces, un poco sorprendido de que su madre de repente fuera tan consecuente; por lo general nunca fue seria con sus amenazas… Oh, bueno, lo que sea.

Con desespero, Bill se dejó vestir, odiando a su madre por haber roto su puerta. ¿Cómo se atrevía?

&

—Deja de ser tan paranoico, Gusti— Tom gruñó a su escudero que saltaba el  menor de los sonidos.

—Estamos en territorio enemigo, Señor. Es de nuestro beneficio ser cautelosos —Gustav susurró, mirando a escondidas alrededor de una esquina.

—Tenemos una invitación— Georg agitó el pergamino delante de la cara de Gustav.

—Aun así hay que tener cuidado. Nuestra gente ha estado en guerra durante más de 200 años —Gustav les recordó con amargura.

—Gritamos palabras sucias por un lago… No creo que eso se puede considerar una guerra— Tom se rió en voz baja. —Y ¿dónde estamos de todos modos? Gustav, nos perdimos. Realmente no creo que el salón real es por aquí en algún lugar — agregó en voz baja, mirando hacia arriba y hacia abajo del pasillo.

—Lo siento mucho, Majestad, pero me temo que es la primera vez que me escabullo en el castillo enemigo— Gustav siseo.

—Caminemos por las puertas delanteras que están abiertas, Gusti— señaló Georg.

—Shh!— Tom llevó la mano sobre la boca de Gustav quien estaba a punto de discutir con Georg, porque una puerta al final del pasillo de repente se abrió de golpe, revelando su amado príncipe que parecía algo nervioso.

—¡Allí está!— Tom susurró con entusiasmo, escondiéndose detrás de uno de los grandes pilares de piedra, junto con sus escuderos.

—Fuera de mi camino, ¡paquete inútil de roedores!— Príncipe William gruñó con enojo a los sirvientes que aún estaban tratando de arreglar su ropa.

Georg y Gustav intercambiaron una mirada. —Oh, sí, él es encantador…— susurró Georg.

—Muy— Gustav estuvo de acuerdo, en estado de shock.

—Sólo está un poco estresado. ¿Cómo te sentirías tú si estuvieras obligado a casarte con un desconocido? —Tom defendió al amor de su vida del cual estaba seguro que solo tenía un mal día.

—¡Aaah!— Príncipe Bill chilló de repente después de dar un paso. —¿Quién diablos acaba de pisar en mi manto ?!— preguntó  airadamente, mirando a los pocos hombres detrás de él, los cuales  dieron un paso atrás.

—Fue un accidente, mi príncipe, que no volverá a suceder— uno de los hombres tartamudeó con miedo.

—Seguro que no. ¡Andreas! —Gruñó el príncipe. —¡Échales afuera a estas sabandijas inútiles y consígueme algo nuevo para vestir! ¡Tengo que cambiarme de inmediato!

—¡Pero, su alteza, los pretendientes ya están esperando!— dijo Andreas con urgencia.

—¡Entonces que esperen!— Y con eso, el príncipe William regreso de donde había venido.

Una vez que todos se habían ido y ellos se quedaron solos en la sala de nuevo, Georg y Gustav se miraron con expresiones de desaliento. —Tal vez deberíamos ir a casa—dijo Georg y Gustav lentamente asintió.

—No seas ridículo. Estoy seguro de que en el fondo es un gran hombre —Tom sacudió la cabeza con determinación, convencido de que su príncipe sólo estaba un poco estresado debido a su boda.

—Muy en el fondo— Gustav murmuró en voz baja.

Tom suspiró por dentro, esperando que sus amigos estuvieran equivocados sobre el príncipe. No era posible que alguien tan hermoso y encantador en realidad fuera tan desagradable, ¿verdad?

No claro que no. Bill simplemente estaba teniendo un mal día.

Continúa…

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