El rey 28

El rey 28

Fic TOLL de JasonPeace

Capítulo 28

Durante la semana siguiente, Bill cabalgó con el caballo de Georg al palacio todos los días, encantado de que ya no tuviera que caminar y encantado de poder volver a montar; en realidad lo había extrañado mucho. Algún día necesitaban ser lo suficientemente ricos para poder tener caballos otra vez.

Aunque Bill estaba muy agradecido por el caballo, sabía que no podían mantenerlo por mucho tiempo porque se les acababa el heno; el caballo comÍa casi cinco veces más que la cabra, y no tenían suficiente para alimentarlo. A este ritmo, podrían incluso tener que vender a Cabra… A menos que Bill de alguna manera lograra comprar más heno en alguna parte.

Y así, hoy después de su turno, Bill decidió preguntar por eso un poco; empezaría con Natalie.

—Hola Nat— se acercó a ella casualmente mientras se limpiaba para ir a casa; tenía su cesta pequeña toda llena y lista para ir.

—¿Sí?— Natalie sonrió alegremente.

—¿Me preguntaba si conocías a alguien que vendiera heno?— Bill no tenía ni idea de dónde la gente conseguía heno. Él y Tom habían hecho un poco del pasto detrás de la cabaña, pero no era cerca de cuanto necesitaban para alimentar a un caballo.

—¿Heno? ¿En esta época del año?— preguntó Natalie frunciendo el ceño. —Hm… Eso va a ser difícil de encontrar. ¿No lograron hacer suficiente en verano?

—Bueno… Ya que ahora tenemos el caballo de Georg, se nos está acabando. No sé qué hacer… Sé que tengo que devolver el caballo, pero ¿qué pasa con mi cabra? Realmente no quiero deshacerme de ella— murmuró Bill estupidamente.

—Oh. Ehm… ¿Puedes preguntarle a Georg? Él tiene acceso a la provisión de heno del palacio – ¿tal vez puede conseguir un poco? Una cabra no come mucho, estoy seguro de que nadie se daría cuenta— Natalie se encogió de hombros un poco.

—¿De verdad crees que podría hacer eso?— Bill no quería preguntarle a Georg, por lo grosero que había sido con él la última vez, pero… ¿qué opción tenía? No quería vender a Cabra.

—No lo sé, pero vale la pena preguntar. No creo que nadie fuera del palacio tenga suficiente heno para poder darte algo.

Natalie tenía razón. Con un fuerte suspiro, Bill mentalmente se preparó para acercarse de nuevo al palacio, lo cual no había ido tan bien la última vez. Ojalá tuviera más suerte hoy.

Cuando se acercó a la entrada del palacio, vio que los dos guardias eran los mismos que lo habían echado la última vez. Estupendo.

—Hola —dijo Bill torpemente, recibiendo las mismas miradas degradantes de los guardias como la ùltima vez.

—¿Qué quieres, muchacho de cocina?— Uno de ellos preguntó en el mismo tono de la vez pasada.

—Estoy buscando al escudero Georg… ¿Podría verlo, por favor?— En realidad, Bill sólo quería gritarles, cómo se atrevían a tratarlo así, pero como no tenían idea de quién era – o había sido una vez – asi que no era una buena idea a menos que quisiera ir a la cárcel.

Los guardias intercambiaron una mirada. —Lo traeré— dijo finalmente uno de ellos, retirándose al palacio.

—Gracias—dijo Bill cortésmente, esperando que el escudero estuviera en algún sitio.

Tomó bastante tiempo para que el guardia regresara, mientras Bill y el segundo guardia estaban allí de pie en un silencio incómodo.

—Sigúeme— El guardia hizo un gesto para que lo siguiera, y Bill caminó torpemente detrás del hombre, tratando de evitar el contacto visual con cualquier persona y esperando no encontrarse con alguien como el rey o algo así.

Permanecieron en la planta baja, caminando a través de los grandes y lujosos pasillos hacia el extremo oriental del palacio, donde entraron en una gran sala de entrenamiento con varios escuderos que todos lo miraban con curiosidad.

Bill tragó nerviosamente, tratando de encontrar a Georg entre ellos, pero no estaba allí. Finalmente pasaron por la habitación grande y salieron a un pequeño patio donde Bill inmediatamente vio a Georg y a ese otro escudero que había recogido a Tom; estaban afilando espadas y levantaron la vista cuando Bill se acercó.

—Gracias, Edgar— Georg asintió con la cabeza al guardia que se marchó tras un gesto de cortesía. —Me alegro de verte, Bill. ¿Cómo están tú y Tom?

Bill sabía que Georg sólo estaba interesado en el bienestar de Tom y sólo quería ser cortés. —Bien. Estoy aquí para devolver tu caballo.

—¿ Tom ya está saludable?— Preguntó Georg, un poco sorprendido.

—Casi— Bill asintió lentamente.

—Preferiría que mantuvieran el caballo un poco más, por si acaso —dijo Georg firmemente —No lo necesito en este momento.

—No podemos. No tenemos suficiente heno para alimentarlo, pero muchas gracias— Bill realmente lamentó tener que devolver el caballo porque eso significaba que tenía que caminar todo el camino otra vez.

—Oh…— Georg asintió con la cabeza. —Arreglaré un poco de heno para llevarlo a tu casa. ¿Necesitan algo más?

Bill lo miró con incredulidad; ¿Georg estaba bromeando? No parecía estarlo… —No, muchas gracias.

—¿Estás seguro? Cuando dejamos a Tom en su casa, me di cuenta de que apenas les queda madera. ¿Deberíamos llevar algo? — Preguntó el escudero, con la preocupación parpadeando en sus ojos.

—¿Por qué harías eso?— preguntó Bill con recelo.

—Porque Tom es nuestro querido amigo, a pesar de ser un patético mendigo que nunca se aferra a nada y que de ninguna manera puede compararse con un rey— dijo Gustav, anunciando su presencia.

Así que de eso se trataba…

—¡Gustav! —gruñó Georg irritado.

El escudero estaba enojado con Bill por haber rechazado a su rey… —Lo siento— Bill cortó lo que Georg estuviera a punto de decir. —Si es apropiado, por favor dile a Su Majestad que lo que sucedió en aquel entonces nunca había sido mi intención y siento profundamente la pena que le causé.

—Oh, no te preocupes.— Gustav sonrió. —Su Majestad sabe todo acerca de la existencia lamentable que ahora llevas y las patéticas circunstancias en las que pasarás el resto de tu vida de mendigo. Él sabe que lo lamentas y le vale mie-

Georg rápidamente interrumpió lo que sea que Gustav había querido decir. —Lo que Gustav está tratando de decir, es que sin duda pasaremos tus arrepentimientos al rey Thomas, y estaríamos encantados de ayudarte a ti y a Tom.

—Claro… Bueno… Gracias— dijo Bill un poco vacilante; ese escudero si que sabía guardar un rencor.

Georg sonrió, soltando a su amigo. —Entonces vamos a añadir algo de madera a la entrega de heno. ¿Necesitan también alimentos?

—Eso no es lo que estaba tratando de decir— Gustav gruñó a Georg, enviándole una mirada oscura.

—Por supuesto que lo era—le aseguró Georg con un movimiento de cabeza. —Entonces Bill – ¿comida?

—Mmm no. Gracias, tenemos— Bill miró del uno al otro, pero esto no parecía ser algo fuera de lo común entre los escuderos. —Además, siempre tengo algo de la cocina.

—Donde estás condenado a pasar el resto de tu vergonzosa vida de plebeyo. Buena elección— Gustav sonrió acidamente cuando se levantó y desapareció en la sala de entrenamiento.

Bill miró a Georg con una expresión asustada.

El escudero suspiró y sacudió la cabeza. —Lo siento por Gusti, él puede ser un poco…

—¿Psicótico?— Le ofreció Bill.

—¡Sí! Exactamente la palabra que estaba buscando— Georg rió alegremente. —Pero no te preocupes – él se preocupa mucho por Tom y sólo quiere que sea feliz— aseguró el escudero rápidamente.

—Aja…— Bill le dio una mirada dubitativa.

Después de hablar con los escuderos, Bill volvió a casa con una nueva esperanza para Cabra; tal vez realmente sería capaz de mantenerla.

—¡Tom!— Dijo alegremente al entrar; Tom estaba sentado en la mesa, un tanto aburrido.

—¡Hola!— Dijo feliz, levantándose. —¿Está todo bien?— Obviamente, el trovador sabía lo tarde que era.

—Sí Sí. Hablé con Georg y con ese amigo muy extraño tuyo.

—¿Gustav? —

—Ese mismo. Ellos van a ayudarnos con heno y leña, ¡así que no moriremos!— dijo Bill brillantemente, aplaudiendo sus manos.

—¡Eso es genial! ¿Así que podemos mantener el caballo y Cabra? —Tom preguntó con esperanza.

—¡Sí! Hablando de eso… ¿Cuál es el nombre de ese caballo?— Bill se había preguntado a menudo porque no sabía como llamarlo; Caballo sólo sonaba impersonal.

—…No lo sé— Tom sacudió la cabeza, pareciendo divertido.

—Tal vez deberíamos darle un nombre mientras vive con nosotros. Yo estaba pensando en Matt. ¿O Mateo? ¿Miguel? ¿Qué hay de Mark? ¡Martín!— dijo Bill con entusiasmo. —¡Ya sé! Lo llamaremos Fredrick. Fred, para abreviar.

—…Eh…está bien…— dijo Tom lentamente, mirando un poco incierto.

—Fred es entonces— Bill asintió alegremente.

—Genial.— Tom rió. —Fred lo es.—

—En todo caso…— Bill empezó despacio mientras desempacaba la canasta de comida para Tom. —Georg parece agradable.—

—Sí, es genial. Ambos lo son – Gusti sólo parece un poco psicótico, pero te acostumbrarás a eso— dijo Tom mientras empezaba a comer.

Bill rió un poco sorprendido, mordisqueando unas cuantas verduras; no estaba realmente hambriento porque había almorzado en la cocina del palacio. —Creo que Gustav me odia— añadió pensativo.

Tom levantó la vista de su plato, levantando una ceja. —¿De qué estás hablando?—

—Creo que está enojado conmigo por lo que le dije al Rey Thomas…— Bill se encogió de hombros. —¿No se supone que es tu amigo?

—Oh… ehm… Sí. Pero estoy seguro de que no te odia. También es un buen amigo del rey— dijo Tom, despreocupado.

—¿Y preferiría verme con el rey que contigo?— Bill había estado pensando en eso en su camino a casa. ¿Por qué Gustav estaba enojado porque Bill se había casado con Tom en lugar de con su rey si era amigo de ambos…?

Tom dejó de comer; parecía un poco inseguro. —¿Qué? ¿Dijo eso?

—Algo así. Dijo que hice una elección terrible— Bill le dirigió una mirada expectante.

—Excepto que no fue tu elección realmente… Solo fue tu elección no casarte con el Rey Pico de Tordo— Tom señaló con una sonrisa burlona.

—¡Cállate!— Bill se echó a reír, lanzándole un trozo de zanahoria. —Lo sé… Pero…— Se puso un poco más serio de nuevo —Gustav todavía parece odiarme por ello. ¿Por qué?

El trovador rodó los ojos. —Gustav es un poco susceptible. No te preocupes por eso.

—Hm…— Bill asintió, recordando lo que el escudero había dicho: patético mendigo que nunca llegará a nada era lo que le había llamado a Tom. ¿Quién decía eso de su amigo?

—Has sido amigo de esos dos durante mucho tiempo, ¿verdad?— Preguntó Bill una vez que Tom había regresado a comer las sobras del almuerzo real.

—Oh sí, desde que éramos niños— el trovador sonrió cariñosamente.

—¿Por qué se convirtieron en escuderos y tú te convertiste en nada? —preguntó Bill antes de que pudiera detenerse. —Quiero decir… Eso no es lo que quise decir. Quise decir… Ya sabes a lo que me refiero— añadió rápidamente.

Tom asintió lentamente. —Si, se a que te refieres. Es porque… Ellos se convirtieron en escuderos mientras yo estaba libre y viajé por el mundo para ver todas sus maravillas.

&

Eso no era cierto, pero Tom quería que fuera así. Siempre había querido viajar tanto, pero debido a la enfermedad de su padre nunca había tenido la oportunidad. Ser un despreocupado trovador que viajaba de pueblo en pueblo sin precupasiones algunas en el mundo era solo una fantasía patética.

Bill levantó una ceja divertida. —¿De Verdad? ¿Siempre viajabas? ¿Nunca te quedaste mucho tiempo en un solo lugar?

—Si, así es—

—Hm…— Bill sonrió sospechosamente. —Entonces, ¿por qué estás aquí ahora?

Tom lo miró por un momento. —Porque estamos casados y vivimos aquí.— Esto no se estaba moviendo en una buena dirección, ¿verdad?

—Sí, pero no es que hayas comprado esta casa el día que nos casamos, ¿verdad? Bill le dio una mirada sospechosa; Tom no pudo definir si su sospecha era divertida o enojada, aunque parecía más divertida.

—Em… Bueno… No.— ¡Mierda! ¿Qué se suponía que iba a decir ahora? —En realidad…— ¡Este era el momento perfecto para decir la verdad! Pero no era la forma en que quería hacerlo.

—¿En realidad? —preguntó Bill con otra sonrisa; obviamente sabía que Tom no siempre había sido honesto con él…

Tom suspiró pesadamente. —Tengo que decirte algo.

El príncipe asintió. —Dime.

Pero, ¿y si Bill lo odiaba? ¿Y si se iba? Tal vez debería esperar hasta muy tarde por la noche para que Bill no pudiera huir…

—Escuché en el palacio que tus madres te están buscando— Tal vez haría un poco de tiempo para que pudiera averiguar cómo hacerlo.

Bill frunció el ceño un poco. —Si escuché. ¿Qué tiene eso que ver con algo?

—¿Por qué no volviste?— Eso era realmente algo que a Tom le interesaba mucho escuchar.

—¿No lo sabes? —preguntó Bill en voz baja, dándole una mirada algo insegura.

—No. Pensé que te irías en el momento en que lo supieras… En realidad es por eso que quería volver a pesar de no estar tan saludable todavía… —Finalmente pronunció una verdad; estaba tan cansado de fingir que no le importaba.

—No quiero irme… yo te a- agrado mucho- digo tú me agradas… osea me agrada estar aquí— Bill tartamudeó; ¿Era la imaginación de Tom que había querido decir algo más? De ninguna manera…

—Oh…— No importaba. Incluso si Bill no quería decirlo, al menos Tom sabía que le importaba. —Estoy muy contento por eso.

Bill asintió. —Sí… así que… ¿Por qué tienes una cabaña que parecía como si nadie la había estado usando durante diez años, a pesar de que el jardín estaba tendido y había leña? ¿Y una cabra?— Obviamente, el príncipe no se había distraído lo suficiente. Maldita sea.

Tom suspiró de nuevo, pasándose una mano por el pelo. —Um… Georg me consiguió este lugar— Era un poco cierto.

—Está bien…— Bill asintió. —Pero no vivías aquí.

—No… no lo hacía.— Tom asintió.

El príncipe no parecía convencido en absoluto. —Entonces, ¿por qué lo tienes? No es como si Georg sólo fuera dando a la gente casas con jardines y cabras si no tienen intención de vivir allí.

Tom estaba tan nervioso que podía sentir el latido de su corazón en su garganta. —No quiero que estés enfadado conmigo…— ¿Cómo podría explicar esto a Bill sin que lo dejara? ¿Había alguna manera de salir de esto? ¿Cómo pudo haber sido tan estúpido como para mentir así? Por lo general, era mucho más inteligente como para hacer algo tan retardado como esto.

—No lo estaré— le aseguró Bill con una sonrisa suave, pero no importaba cuánto quisiera creerle Tom, no estaba seguro de que pudiera.

Pero, por supuesto, no tenía mucho que elegir; tenía que decirle algo y también podría ser la verdad a menos que quisiera empeorarlo más con otra mentira. —¿Recuerdas cuando te dije que te había visto al lado del lago?

Bill asintió. —¿Qué pasa con eso?— Los ojos del príncipe mostraban que sabía a dónde iba Tom, pero quería oírlo de todos modos.

—Em…— Oh qué diablos. —Me enamoré totalmente de ti desde el momento en que te vi y te escuché cantar—

Los ojos de Bill se abrieron de sorpresa, pero no dijo nada.

—Y entonces… pues luego oí lo que pasó con el rey… y lo que tu madre dijo… Así que fui al palacio porque sabía que la reina te obligaría a casarte conmigo y que era la única manera en que podría estar contigo. Le pedí a Georg que nos llevara a este lugar y te obligué a vivir una vida miserable, sin dinero, porque ya no podía vivir sin ti.

Continúa…

Gracias por la visita, no olvides comentar.

por admin

Administrador del sitio

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: Content is protected !!