El rey 3

El rey 3

Fic TOLL de JasonPeace

Capítulo 3

No pasó mucho tiempo antes de que Tom encontrara su camino al salón real que ya estaba lleno de realeza de todos los rincones de la tierra, todos esperando mientras el príncipe se cambiaba a una nueva túnica.

—Bueno, ¿dónde está?— Se quejó un príncipe joven vestido con batas azules. —¡No me harán esperar así! — Dijo en voz alta, ganando varios movimientos de cabeza y murmullos por  todo el pasillo.

—En ese caso puede irse ya – la persona que se case conmigo va a tener que soportar tales esperas a menudo— Príncipe Bill anunció su entrada en voz alta.

—¡Qué impertinencia!— Dijo el príncipe indignado, mientras que William se sentaba en el trono junto a sus madres, riendo.

—¡Una broma! Por supuesto! —Reina Arabella rió, aunque Tom no estaba del todo convencido de que el príncipe había estado bromeando.

—No es demasiado tarde aún, su Majestad, todavía puede salir ileso— Gustav susurró con urgencia pero Tom lo hizo callar.

—Bueno, ¿qué estamos esperando? Adelante —Príncipe William suspiró lánguidamente con un movimiento perezoso con la mano.

—Por supuesto— el heraldo murmuró rápidamente, anunciando el primer príncipe en línea. —Su alteza el Príncipe de Etelberto Galrein. Señor de los bosques de abetos orientales y portador del escudo escarlata!

—Su Alteza— el príncipe y sus portadores de ofrendas se inclinaron ante las reinas y su hijo. —He oído hablar de su encanto a lo largo de las tierras, aunque siento que no han hecho justicia a su belleza, la cual es simplemente incomparable.

—Qué palabras halagadoras me da— el príncipe sonrió con dulzura. —Usted también es agradable a la vista. Venga, dese la vuelta para que lo pueda admirar de todos los lados —.

Prince Etelberto sonrió feliz, girando lentamente así Bill podía mirarlo. —¡Buen chico! ¡Ahora hazte el muerto!— rio Bill. —Usted es igual que un perro amaestrado, haciendo todo lo que digo. ¡Váyase! —

—Pero- — Príncipe Etelberto tartamudeó y varias personas en la multitud susurraron escandalizados.

—¡Guau guau! Grrrr! —William se echó a reír más, haciendo ladridos mientras la multitud murmuraba  indignidad.

Príncipe Etelberto le dio una mirada enojada a William antes de alejarse, pero el príncipe solo le retornó una sonrisa dulce.

Tom escuchó a Georg gimiendo en voz baja mientras el heraldo anunció el siguiente pretendiente.

—Su alteza real, Hildred de Lanson. ¡Dama de la rosa púrpura y señora de los ciervos! —

—Para usted, mi príncipe— la princesa se inclinó junto a su sirvienta quien le indicaba al príncipe un hermoso collar sobre una almohada de terciopelo con bordes dorados. —Lo más precioso, para el más precioso— sonrió suavemente.

El príncipe jadeó en sorpresa, inclinándose un poco hacia delante en su trono para echar un vistazo más de cerca al collar de plata con las piedras de esmeraldas. —¿Estoy soñando? ¿Es esto real?— Preguntó con asombro. —¿Es la doncella más perfecta que he visto, quien me ofrece el regalo más perfecto que he visto? ¿Y con las palabras más perfectamente escogidas? —

—¡No, no, querido, todo es real!— Reina Arabella dijo rápidamente, sonriendo a la Princesa Hildred.

—Oh, qué triste. La perfección me aburre. —El príncipe se inclinó de regreso en su trono, bostezando aburridamente y haciendo un movimiento desdeñoso con su mano.

Princesa Hildred jadeó ofendida, caminando lejos con la cabeza bien alta.

—Mi rey— Georg susurró en voz baja mientras la princesa pasó a un lado de ellos. —¿Seguro que quiere hacerse esto?—

—Eso no va a pasarme a mí— Tom susurro. —Es el amor de mi vida. Estamos destinados a estar juntos… Debe sentirlo también! — insistió, sin poder creer que su príncipe lo rechazaría tan cruelmente. —Espérenme donde están los caballos. Esto es algo que debo hacer por mi cuenta —dijo en voz baja, despidiendo a sus escuderos; a pesar de que no creía que el príncipe lo rechazaría, en realidad no necesitaba que los Gs sostuvieran su mano en este momento.

&

—¡Eso es suficiente, Bill!— Su madre Elena susurró con rabia.

—Entonces para con esto y ¡déjame en paz!— Bill siseo.

—Demasiado tarde para eso— dijo enfadada.

—¿Oh, sí?— Bill respondió colérico, levantándose de su trono; podía terminar esto muy rápidamente.

—¡Espera!— Arabella susurró desesperadamente pero Bill no le hizo caso, caminando por los pretendientes para examinarlos de cerca.

Miró arriba y abajo al primer príncipe, pensando su juicio. —Demasiado alto y delgado… Se ve muy débil— sonrió con frialdad, continuando hacia la próxima princesa. —Pequeña y gorda… Nunca tocaría eso— le dirigió una mirada de disgusto antes de seguir adelante y jadear con horror. —¡Demasiado pálido! ¿Qué te pasa, estás enfermo? —Bill se burló con diversión mientras que los murmullos indignados se hicieron más fuertes.

Se acercó a través de la fila de pretendientes, dando a cada uno un insulto en particular antes de que finalmente se detuviera en la última princesa que le dio una mirada temerosa. —Y déjame adivinar— dijo con dulzura. —Tú eres muy inteligente, ¿verdad?— La ridiculizó con una sonrisa de satisfacción.

La princesa se dio la vuelta y salió corriendo de la sala, llorando, pero la atención de Bill ya estaba en otro lado – con alguien que no había notado antes. Un hombre de pie detrás de la línea de pretendientes acompañados por los portadores de las ofrendas; ¿era un pretendiente…? Estaba solo… ¿Era un sirviente? Pero estaba vestido demasiado bien para eso…

—¿Tienes acaso un olor corporal tan terrible que tienes miedo que me vaya corriendo? ¿por qué te escondes ahí atrás?— Bill rio en lo que esperaba fuera una manera casual; estaba un poco sorprendido por el guapo desconocido que parecía tan diferente de todos los reales elegantemente vestidos. Llevaba ropas sencillas, pero de buen gusto, que más se parecían a las de un artesano que las de alguien que pedía su mano en matrimonio. Sin embargo, le quedaba bastante bien – con el pelo ligeramente desordenado, que pesaba sobre sus hombros, dándole una apariencia algo picaresca.

—Yo nunca ocultaría algo de ti, mi príncipe— dijo suavemente, empujándose de la pared y  extendiendo su mano hacia él.

El estómago de Bill hizo una voltereta cuando vio el regalo en la mano del hombre; no estaba hecho de oro o diamantes, o cualquier otra cosa que pueda ser digno para otra persona, pero para él era más precioso que todos los demás obsequios que había visto.

Sin embargo, en el momento que Bill extendió su mano para aceptar el regalo, y con ello, la propuesta de matrimonio, la voz aguda de su madre le interrumpió; —¡Su Majestad!— Gritó de alegría, casi corriendo por el pasillo hacia ellos.

—Bill, querido, ¡este es Thomas Trümper, el rey de Begonia!— tenía una sonrisa radiante hacia el hombre. —Su Majestad, es un honor darle la bienvenida aquí— se inclinó profundamente, y el rey le devolvió el saludo.

Toda la anterior emoción de Bill desapareció por completo y fue reemplazada por odio hacia sus madres; por supuesto que era el rey de Begonia – ¡¿quién más?! Cómo se atrevían a tratar de tenderle una trampa con él sólo para resolver sus patéticos problemas del lago. Bill comenzó a hervir en su interior; de ninguna manera en el infierno se casaría con ese hombre, no importaba lo mucho que le había gustado a primera vista.

—Bill— susurró su madre con entusiasmo —¡Una oferta de paz!—

El rey se inclinó ante él, pero Bill ni siquiera podía mirarlo más porque estaba completamente cegado por la ira hacia sus padres.

—Incluso peor que un perro amaestrado es uno que ruega por paz— se rio con frialdad.

—¡Mi amor! Estás hablando con el rey —su madre le susurró con urgencia.

—¡Ja!— Bill soltó una risa fría. —Un rey con barba que se parece al pico de un tordo! Deberíamos llamarlo el Rey Pico de Tordo! —se burló ácidamente, recibiendo otra ronda de fuertes murmullos y susurros de los otros huéspedes.

—¿Qué clase de reina es usted?— Una princesa se volvió hacia Reina Elena. —Deja que su propio hijo se burle de todo el mundo, ¡incluyendo de usted!— Dijo con indignación antes de dar vuelta y marcharse por las puertas de la gran sala.

Bill continuó riendo. —¡Adiós!— Saludó alegremente detrás de ella, mientras que los otros huéspedes expresaron su indignación.

—Eso es suficiente!— Reina Elena gritó sobre la fuerte conmoción, inmediatamente silenciando toda la sala, incluyendo a Bill. —¡Esto va a terminar en este momento, Bill!— Dijo enfadada. —Que Dios y todos ustedes sean testimonio de mí! El príncipe William se casará con la siguiente persona que pida su mano, incluso si se trata de un mendigo que viene al palacio pidiendo restos de comida! ¡Fin de la historia!

Y con eso, Reina Elena se precipitó fuera de la sala, dejando a Bill con los invitados, algunos de los que empezaron a reír. Bill miró a su alrededor con horror a todas las personas que lo miraban; ¿Cómo se atrevía su madre a humillarlo delante de todo su país?

Sin decir una palabra, Bill  corrió a su torre con la intención de encerrarse allí, sólo para recordar que su puerta estaba rota.

Hoy había sido oficialmente el peor día de su vida entera.

&

Tom observó al joven príncipe huyendo, y a pesar de todas las crueldades que había dicho, él sentía pena por él.

Mientras lentamente se dirigió fuera del palacio junto con todos los demás pretendientes rechazados, oyó varias personas susurrando ese horrible apodo; ojala que pronto fuese olvidado.

—Hola, Rey Pico de Tordo— dijo Georg con simpatía una vez que Tom llegó a sus caballos; Gustav le dio un golpe en el brazo.

—Así que has oído, ¿eh?— Tom suspiró con fuerza, enterrando la cara en el crin de su caballo.

—Se propaga más rápido que el fuego— Georg asintió. —¿Qué pasó ahí?— Preguntó preocupado.

—Tenías razón… Fue horrible— Tom murmuró con desaliento. —Vamos a casa.

Por desgracia, el apodo, efectivamente, se extendió como un reguero de pólvora y en menos de una semana después, todo el reino estaba riéndose de él. Tom no podía creer que había llegado a esto; ¿cómo podría Príncipe Bill hacerle esto? Dejando a un lado la burla y la humillación, Tom estaba completamente destrozado; por primera vez se había sentido como si realmente perteneciera a alguien, y ese alguien había convertido toda su vida en un infierno. Apenas se atrevía a abandonar la seguridad de su palacio porque no importaba dónde fuera, oía susurrar el nombre que Bill le dio.

—Mi Rey?— La voz tranquila de Georg trajo a Tom de sus pensamientos y levantó la vista del libro que realmente no había estado leyendo.

—Hay varios deberes reales que no ha asistido en los últimos tiempos, su Majestad— Gustav dijo cortésmente, siempre pensando en el trabajo.

—Lo que Gusti está tratando de decir es que todos estamos preocupados por usted. Tal vez deberíamos ir fuera un poco para alejar su mente de las cosas. ¿Paseo el lago, tal vez? —Sugirió Georg.

Tom gimió. —El lago…— Ahí es donde había visto a Bill por primera vez…

—Vamos, mi rey, no puede dejar que un bobo, arrogante arruine toda su vida! Mire el lado bueno: tal vez sus padres ya le casaron con algún mendigo ¡y recibió lo que se merece! —Georg rio, tratando de animarlo.

Tom le dio una mirada de soslayo. —¿De verdad crees que harían eso?

—Por supuesto que no— Gustav meneó la cabeza.

—Pero el pequeño bastardo se lo merecería— Georg rio entre dientes.

—Reina Elena dijo que lo casaría con el primer mendigo que apareciera…— Tom recordaba —¿No es por lo general una mujer de palabra?

—No creo que ese tipo de palabras cuenten, Majestad— Gustav dijo razonablemente —Ninguna reina obligaría a su único hijo a casarse con un mendigo – eso es ridículo.

—Pero sería muy divertido— Georg seguía riendo al azar.

—¿Qué pasaría si ella realmente lo hiciese?— Tom dijo pensativo.

—Entonces ese demonio probaría un poco de su propia medicina y todos viviríamos felices para siempre— dijo Georg brillantemente mientras que Gustav rodó los ojos con una sonrisa.

Tom se quedó mirando su libro, la idea loca formándose lentamente en su cabeza. —Llama al barbero. Necesito un afeitado —él tomó la decisión, cerrando el libro y levantándose.

—¿Qué?— Georg y Gustav preguntaron en unisón.

—Y búscame los trapos más sucios, más antiguos que se pueden encontrar— instruyó a sus escuderos.

—P-pero, su Majestad ¿qué piensa hacer?— Preguntó Gustav con los ojos abiertos, obviamente ya temiendo algo.

—Voy a averiguar si Reina Elena es fiel a su palabra— Tom sonrió lentamente, su mente llenándose de un millón de planes de cómo conseguir a ese maldito príncipe que había estado volviéndolo loco desde el momento que su vista cayó sobre él.

—¡Pero, su Majestad! !No puede hacer algo así!— Gustav dijo en ultraje, mientras que Georg lucía totalmente excitado y divertido.

—Soy el rey – creo que estoy autorizado a vestir como un mendigo si quiero— Tom sonrió entre dientes.

—Sí, ¡vamos a hacerlo!— Georg asintió con entusiasmo mientras Gustav se veía absolutamente horrorizado.

Continúa…

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