
Fic TOLL de JasonPeace
Capítulo 34
De las sombras de los árboles, Tom observó a Bill de pie en la penumbra. En realidad era él. La persona que había estado buscando durante tanto tiempo. Habían transcurrido siete años, durante los cuales había soñado con aquel momento, y ahora finalmente estaba aquí.
—Bill —susurró con voz ronca, apenas capaz de encontrar su voz.
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Bill se giró en torno al silencioso susurro, observando una oscura silueta bajo unos cuantos árboles. Sabía quién era… No necesitaba ver su rostro para reconocerlo. —Tom —susurró silenciosamente, casi desmoronándose. Había tantas cosas que quería hacer, tantos insultos que quería lanzarle, pero en ese mismo momento no podía pronunciar una sola palabra.
Así que por un minuto o dos simplemente permanecieron allí en silencio, observándose entre el camino de la cocina. La corta distancia de unos cuantos metros parecía un océano de distancia e imposible de cruzar para Bill, que permanecía enraizado en su lugar, temiendo que incluso los movimientos más leves hicieran desaparecer el momento.
—¿Cómo has estado?— Tom finalmente preguntó con voz inestable.
—Bien. ¿Y tú?— preguntó Bill tranquilamente.
—Terrible. Te he echado tanto de menos que casi me enloquecí de dolor. Pensé que estabas muerto— Tom respondiò tembloroso.
Aunque Bill intentaba desesperadamente estar enojado por todo lo que el hombre le había hecho, se encontró incapaz al oír aquellas palabras que reflejaban perfectamente sus propios sentimientos. Era todo el incentivo que necesitaba para correr los pocos pasos entre ellos y envolver sus brazos alrededor de la persona que había extrañado por tanto tiempo.
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Tom se sentía tan débil que sus rodillas casi se quebraron bajo el peso del príncipe alrededor de su cuello, y tomó todo su autocontrol para no empezar a llorar patéticamente. Lo había extrañado tanto, no habían palabras para describir cómo se sentía en ese momento.
—¿Qué estás haciendo aquí? ¿Dónde has estado? ¿Por qué me hiciste esto? ¿Como pudiste? Si te importé tan solo un poquito, ¿por qué me dejaste ir?— preguntó Bill desesperado, sosteniendo a Tom tan fuerte que apenas podía respirar.
—Lo siento— susurró, sin saber qué más decir porque no podía explicar esto en pocas palabras.
—Escápate conmigo— dijo Bill repentinamente, retrocediendo para mirarlo.
—¿…Qué?— Preguntó Tom confundido.
—Sé que juraste tu lealtad a tu rey, pero al infierno con eso… Todo esto es culpa suya. Se casa con la princesa Ria mañana de todos modos. Desértalo y ven conmigo… Podemos estar juntos – lejos de reyes y reinos. ¡Sólo nosotros dos!— Bill le rogó, mirándolo con esos hermosos ojos llenos de esperanza.
—No puedo— murmuró Tom adolorido.
—Sí lo puedes. Yo lo hice también. El rey Thomas tiene suficientes escuderos para cuidar de él—insistió Bill, pero Tom negó con la cabeza.
—No, Bill. Yo soy el rey Thomas.
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Bill miró a su marido. ¿Estaba bromeando?
Cuidadosamente dio un paso atrás, tratando de evaluar la situación. ¿Tom estaba loco? ¿O era la verdad…? ¿Había estado casado con el rey todos esos años?
—Eres el Rey Thomas…— Dijo estúpidamente, incapaz de envolver su mente alrededor de eso.
—O Pico de Tordo – lo que quieras.— Tom sonrió débilmente.
Bill dio una risa ahogada. —Eres el rey Thomas— repitió de nuevo, aun siendo incapaz de comprenderlo.
El hombre asintió.
—No lo entiendo— Bill dijo lentamente. —¿Por qué? ¿Qué estabas tratando de hacer?— Esta vez no huiría, no saltaría a conclusiones y suposiciones; se quedaría aquí y escucharía lo que este hombre tuviera que decir.
Tom, o Thomas, o lo que sea, tomó una respiración profunda. —Desde que tenía 18 años, mis padres han tratado de casarme con un cónyuge adecuado, pero siempre me negaba. También cuando me dijeron que tus madres intentaban casarte. No tenía ninguna intención de ir a esa audiencia porque no quería casarme con un extraño total que no significaba nada para mí. Pero el día anterior bajé al lago donde te vi bañándote, y me enamoré de ti por completo… Así que fui a Geranea al día siguiente, sólo para ser humillado tanto por ti que todavía me está siguiendo hoy… En todo caso… estaba devastado por tu crueldad, pero a pesar de eso, todavía locamente enamorado de ti. Así que surgió la idea completamente retrasada de hacer tu vida miserable para que supieras lo que otras personas tienen que sufrir, así serías un poco menos arrogante… Sé que era totalmente estúpido de hacer, pero yo… pensé que podría cambiarte. Pensé que podrías ser mucho mejor que la persona que eras… Quería que fueras la persona que quería que fueras… ¿Tiene sentido?— Tom balbuceó desesperado, dándole una mirada esperanzada.
Bill asintió atontado. —¿Fuiste a vivir en una cabaña solo para estar conmigo?— ¿Qué clase de rey hacía algo así…?
—Sí… Y lo haría de nuevo si pudiera estar contigo. Siento haber hecho todo eso. Nunca quise lastimarte – nunca quise que las cosas se salieran tanto de control— Tom continuó miserablemente.
—¿Darías tu corona por mí?— Bill preguntó con escepticismo.
Tom abrió la boca para decir algo, pero la cerró de nuevo un momento después, aparentemente cambiando de opinión. —No puedo.
Bill asintió. —Supongo que no. Pero obligarme a renunciar a la mía está bien, ¿verdad? —Preguntó amargamente.
—¡No!— Tom lo interrumpió, agarrándolo de los brazos para que no pudiera alejarse. —Conduje mi reino a ruinas en el intento de encontrarte. Mi gente está muriendo de hambre. Tengo que arreglar esto. Si huyo ahora, mi reino caerá.
—¿Que?— preguntó Bill con incredulidad. Begonia había sido uno de los reinos más ricos y más grandes de toda la tierra.
—Por eso tengo que casarme con la princesa Ria mañana— susurró Tom con amargura.
Bill sintió un escalofrío recorriendo su cuerpo; se había olvidado por completo de eso. Su primera reacción era gritar ‘No’ pero sabía que era inútil; Tom no podía abandonar a su gente así. Él era un rey y su vida le pertenecía a su pueblo, no a sí mismo.
—Sí. Tienes que hacerlo— murmuró Bill entumecido, dando un paso atrás para liberarse del toque del hombre. —Te deseo toda la felicidad del mundo— susurró mientras se volvía para alejarse.
Tom cogió su mano y le dio un último beso que le provocó lágrimas amargas.
—Lo siento mucho— el rey se disculpó una última vez antes de que Bill corriera del patio, hacia los establos para ir a casa.
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Una vez más, Tom vio el amor de su vida dejándolo atrás, pero esta vez no trató de detenerlo. En el fondo, había esperado que Bill siguiera siendo el adolescente irracional y egoísta que había sido cuando se conocieron, que lo persuadiera a huir juntos, pero obviamente el plan de Tom de convertirlo en una persona mejor que el mocoso mimado que había sido, funcionó perfectamente, y Bill ahora ponía las necesidades de otros ante las propias.
Tristemente, Tom volvió a su habitación donde se encerró, arrastrandose hacia la cama sin molestarse en quitarse la ropa o los zapatos, y lloró hasta caer dormido.
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Exhausto, Bill se hundió en su cama, llorando en silencio en sus almohadas. ¿Cómo había ocurrido todo esto? ¿Cómo podría estar todo tan mal? ¿Cómo podría terminar así? ¿Por qué no había escuchado a Tom hace siete años? ¿Por qué no se había dado la vuelta cuando lo oyó gritar su nombre en la noche?
Pero, por supuesto, nada de eso importaba porque Tom se casaría con la princesa Ria mañana. Un día que Bill realmente quería pasar en casa, pero sabía que no podía porque tenía que organizar un banquete real para 400 personas.
Con el corazón pesado, Bill se dirigió al palacio a la mañana siguiente, tan cansado que apenas logró mantenerse en su caballo. Este lugar era el último en el que quería estar, pero a menos que quisiera perder su trabajo y su existencia, tenía que pasar hoy sin una avería total.
—¿Está todo bien, chef Bill?— preguntó Sebastian preocupado, poco después de que Bill llegara a la ya ocupada cocina.
—Sí, sí. He estado trabajando mucho últimamente— le aseguró Bill, dándole su mejor sonrisa. ¿Cómo iba a sobrevivir el día de hoy? Hoy a las 11, en exactamente 4 horas y 28 minutos, el amor de su vida se casaría con alguien más, y no había nada y nadie en el mundo que lo evitara.
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Tom miró vacíamente su reflejo en el espejo, mientras que sus ropas fueron ajustadas por varios sirvientes. En menos de una hora estaría casado.
—¡Oh, te ves tan guapo, querido!— La reina Francesca sorbió emocionalmente, despidiendo a los sirvientes una vez que terminaron con los toques finales de su túnica y elaboradas ropas que lo hicieron sentir un poco tonto.
—Thomas, querido, ¿qué ocurre? ¿Por qué te ves tan malhumorado? Debes considerarte afortunado. ¡La princesa Ria es una verdadera joya!— Ella continuó preocupada, de pie delante de él y mirándolo fijamente.
Tom asintió con la cabeza. —Lo es—
—Entonces, ¿qué ocurre?
Por primera vez, Tom tuvo la impresión de que realmente quería saber y se molestó en escuchar porque permaneció en silencio un rato, esperando una respuesta que Tom no podía darle.
Finalmente ella suspiró con una sonrisa triste. —Sé que no es con quien verdaderamente quisieras casarte. Sé que tu corazón todavía pertenece a ese príncipe, pero… Es una elección inteligente, mi vida. Ella será una buena reina con el tiempo— dijo suavemente, y por primera vez en su vida Tom se sintió comprendido por su madre. ¿Por qué nunca habían podido hablar así antes?
—Me casé con Bill en secreto— murmuró Tom antes de que pudiera detenerse. Su matrimonio había sido mantenido en secreto del mundo entero para evitar un escándalo – o peor, una guerra – pero él realmente quería decirlo.
—¿Qué?— preguntó Francesca confundida.
—¿Sabes el mendigo con quien el príncipe William se vio obligado a casarse? Era yo— finalmente admitió.
La reina jadeó. —¿Qué?— preguntó de nuevo.
—Lo siento— murmuró Tom silenciosamente, inclinándose hacia el sofá y cayendo sobre el.
—Oh, querido… ¿Por qué no me lo dijiste? ¿Qué pasó?— Ella preguntó suavemente, sentándose a su lado y abrazándolo. Tom había esperado que estuviera furiosa, pero tal vez había malinterpretado a su madre.
Y así, Tom derramó su corazón quebrantado hacia ella. Para su gran sorpresa, ella era comprensiva y reconfortante, sin pronunciar una sola palabra áspera sobre todos los errores que había cometido.
—¿Qué voy a hacer?— murmuró Tom desesperado una vez que terminó con su patética historia.
Francesca suspiró pesadamente. —Ojalá pudiera decirte que olvidaras todo esto y te escapes con Bill, pero sabes tan bien como yo que dejarías en pobreza y miseria a tu reino si lo hicieras. La vida no es un cuento de hadas – la infancia no prevalece para siempre, y sólo los jóvenes corazones rotos se esconden en el país de Nunca Jamás.
Tom asintió lentamente. No podía permitirse seguir sus propios sueños; su vida pertenecía a la corona, no a sí mismo.
—Debemos bajar a la iglesia. La ceremonia comienza pronto— dijo Tom en voz baja, levantándose con una respiración profunda.
Su madre también se puso de pie, envolviendo sus brazos alrededor de él en un apretado abrazo antes de salir de la habitación sin otra palabra. Tom la siguió hasta el vestíbulo, donde sus caballeros ya estaban esperando; no les había hablado de Bill.
—Su Majestad— Ambos se inclinaron ante Tom y Francesca, antes de seguirlos hasta la iglesia bellamente decorada donde la princesa Ria y el rey Rodolfo ya los estaban esperando.
La princesa llevaba un vestido azul claro, y parecía un sueño. Ella pudo haber sido la chica más hermosa que Tom había visto, pero aun así su belleza palideció en comparación con la de Bill.
Intercambiaron algunas palabras a las que Tom no pudo prestar atención, antes de que las trompetas anunciaran la entrada del rey y de su mujer, la reina Francesca, las damas de honor, los caballeros, etc., hasta que sólo quedaron Tom y Ria, esperando su turno para caminar juntos al altar.
—¿Está todo bien, mi rey?— Ria susurró justo antes de que comenzara la marcha de la boda, anunciando su entrada.
Tom tragó pesadamente para no vomitar, y asintió, incapaz de hablar. La princesa le tomó el brazo suavemente y lo guió a través de las puertas que daban al gran salón de la iglesia que estaba lleno de innumerables personas que Tom nunca había visto antes. Inmediatamente trató de encontrar la cara de Bill entre ellos, pero no pudo verlo en ninguna parte; tal vez no estaba aquí.
El pasillo hacia el altar parecía eternamente largo, y cada paso era más pesado que el anterior; sus pies se sentían como si estuvieran hechos de plomo, pero finalmente llegaron de todos modos, y el obispo comenzó a hablar.
—Honrados reyes y reinas, estimada nobleza. Nos hemos reunido aquí hoy para unir a la hermosa Princesa Ria Isabella Charlotte Sommerfeld II y al noble Rey Thomas Trümper IV en matrimonio. —El hombre se volvió primero a Tom. —Rey Thomas, ¿quiere usted tomar a esta mujer como su esposa para vivir juntos según la ordenanza de Dios en la santidad del matrimonio? ¿Quiere amarla, consolarla, honrarla y mantenerla en la enfermedad y en la salud, y renunciar a todos otros, por el resto de su vida?
Tom miró los ojos ligeramente inciertos de Ria y sonrió con tranquilidad. Él no abandonaría a su pueblo.
—En el nombre de Dios, yo, Thomas Trümper, te tomo a ti, Ria Sommerfeld, a ser mi esposa, a tener y mantener desde este día adelante, para bien, para mal, en riqueza, en pobreza, en enfermedad y en salud, para amar y apreciar, hasta que la muerte nos separe.— Aunque hablaba con confianza, Tom se sentía como un espectador que simplemente estaba observando la vida de otra persona cayendo en ruinas con esas palabras.
Continúa…
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