El rey 35

El rey 35

Fic TOLL de JasonPeace

Capítulo 35

El obispo se volvió hacia la princesa Ria. —Princesa Ria, ¿quiere usted tomar a este hombre como su esposo para vivir juntos según la ordenanza de Dios en la santidad del matrimonio? ¿Quiere amarlo, consolarlo, honrarlo y mantenerlo en la enfermedad y en la salud, y renunciar a todos otros, por el resto de su vida?

Ria miró a Tom después de haber estado mirando al obispo. Tom asintió casi imperceptiblemente mientras sonreía suavemente.

—No quiero.

Un fuerte jadeo vino de la reina como de otros incontables huéspedes.

El rey Rodolfo gritó airadamente, pero Ria ya había corrido por el pasillo y estaba fuera de la puerta antes de que el rey terminara de quejarse.

—¡Espere! ¡Princesa Ria!— Gritó Tom, corriendo tras ella mientras sus padres comenzaban a pelear y los invitados expresaban su indignación.

—¡Princesa Ria!— Tom corrió tras ella al otro lado del patio, finalmente alcanzandola; afortunadamente no podía correr muy bien con su vestido elaborado. —¿Qué pasó?— Preguntó confundido, halando de su brazo para pararla.

La joven princesa lo miró con ojos llenos de lágrimas. —Ese era el príncipe William, ¿no?— Preguntó de repente, sorprendiendo a Tom por completo.

—¿Qué?— preguntó confundido.

—Le vi en el jardín con nuestro chef de cocina, Bill, anoche— dijo en voz baja.

Tom tragó secamente. —No creo que ahora mismo sea un buen momento para discutir esto.

—Creo que ahora mismo es el único momento para discutirlo— argumentó. En realidad, Tom no quería discutir esto nunca. Jamas. —Sé que ha estado buscando al príncipe desaparecido durante siete años. Bill afirmó ser de Begonia y comenzó a trabajar aquí hace cinco años. No me perdí su sorpresa de anoche cuando le dije que había preparado su comida. Es él, ¿verdad?— preguntó amargamente.

Tom pensó que se desmayaría por el estrés. —Sí— finalmente logró sacar. —Pero he hecho una promesa y no tengo la intención de romperla. Nunca habrá nada entre mí y el príncipe William otra vez— prometió débilmente, casi quebrandose bajo sus propias palabras.

—Pero-— empezó Ria pero Tom la interrumpió.

—Eso no significó nada— mintió desesperadamente, tratando de no herirla.

Ria sonrió tristemente, resoplando un poco. —Sé que sí. Toda mi vida he estado deseando que alguien me mire de la forma en que lo miraba usted a él. Toda mi vida he estado esperando a mi rey de cuento de hadas que me ame y me aprecie por encima de todos los demás; cuyo corazón sólo fuera mío. Y cuando le conocí, deseé tanto que fuera usted, pero su corazón nunca me pertenecerá. Estoy agradecida más allá de las palabras de que usted no me abandonó en el altar cuando encontró a Bill, sin embargo sé que nunca nos haríamos felices y que usted siempre miraría atrás a una vida de arrepentimiento si no se casa con el príncipe William en vez de yo.

Tom la miró con desconcierto; este no era el tipo de reacción que había estado esperando de la joven. ¿Cómo iba a explicarle esto?

—Eso no es cierto. Estoy listo para casarme con usted— protestó desesperadamente.

—¿Por qué se casaría conmigo en lugar de la persona con la que realmente desea estar? Prometo que me haré cargo de todo – no tendrá que justificar nada delante de nadie— le aseguró con una sonrisa suave y sabia.

Tom de nuevo tragó pesadamente. —No. Quiero casarme con usted— insistió.

Ria frunció el ceño. —¿Por qué?

Tom realmente quería mentir, pero sentía que se merecía la verdad. Había mucho más en la joven princesa de lo que había pensado, y merecía algo mejor que mentiras.
—Tengo que hacerlo— susurró él en tono de disculpa. —Su dote matrimonial es la única cosa que puede salvar a mi reino. Begonia está completamente en bancarrota porque he desperdiciado toda nuestra fortuna tratando de encontrar a Bill— Bueno, eso probablemente no era la mejor manera de conseguir que alguien se casara con él…

Ria lo miró, aparentemente dividida entre sus emociones. Después de un intenso momento en el que Tom oró por el destino de su gente, levantó lentamente una ceja escéptica.

—Entonces… tiene que casarse para salvar su reino… ¿Eso es todo?— Ella preguntó atónita.

—Sí… —¿Le iba a dar una bofetada? ¿Decirle a su padre? ¿Mátarlo? ¿Cásarse con él?

—¿Por qué no se casa con Bill entonces? ¿No es el único heredero de su reino? ¿Y sus madres han estado buscando alto y bajo por él? Si vuelve a casa, recuperará su corona y el matrimonio con él sería mucho más beneficioso para usted porque son reinos vecinos. ¿No?— Preguntó ella encogiéndose de hombros.

Tom la miró con incredulidad. —¿Qué? —preguntó estúpidamente.

Ria sonrió un poco. —Llévele a casa y salve a sus dos reinos. Voy a aclarar este lío con mis padres y todo eso— le aseguró con un suave cabeceo.

Tom seguía completamente atrapado en lo que había dicho. ¿Cómo diablos no había pensado en eso? Había pasado toda la noche tratando de encontrar alguna solución, pero nunca se le había ocurrido esa… ¿Estaba demasiado cerca como para haberlo visto?

—Usted es brillante. Va a hacer una reina increíble algún día— dijo aturdido, halandola en un abrazo apretado. Sabía que era algo inapropiado, pero esperaba que nadie lo viera.

La princesa sorbió un poco, secándose los últimos restos de sus lágrimas con su pañuelito de seda, pero sonreía alegremente. —Les deseo a ambos toda la felicidad y la suerte en el mundo— dijo suavemente.

Tom asintió, sin saber cómo agradecerle. —Si algun día hay algo que su reino necesite, siempre puede contar con nosotros como aliado.

—Gracias— ella sonrió con un movimiento de cabeza. —¡Ahora vayase antes de que mi padre salga para matarlo!— añadió con una carcajada.

Tom rió temblorosamente, tomando su mano y besándola. —Muchas gracias, su alteza.

—¡Buena suerte!— Le saludó con la mano mientras se apresuraba a alejarse de la capilla de la que salían innumerables invitados, todos hablando enojados.

&

Con el corazón roto, Bill miró el viejo reloj de cocina a través de la puerta de su pequeña oficina. Todo el mundo en la cocina estaba listo, y esperando el almuerzo para ser servido. Eran las 11:09. Tom se había casado hace 9 minutos…

Bill sorbió suavemente, limpiándose los ojos antes de que alguien notara las lágrimas; no podía darse el lujo de llorar por esto ahora porque tenía un trabajo que necesitaba mantener. Todas las lágrimas tendrían que esperar hasta después de las celebraciones…

Pero no importaba lo mucho que tratara de decirse a sí mismo que su dolor tenía que esperar, no podía, asique silenciosamente escapó de la cocina, alegando que necesitaba usar el inodoro antes de que toda la conmoción comenzara. ¿Cómo iba a pasar hoy?

Apenas capaz de ver a dónde iba, corrió hacia los establos cercanos, el único lugar que actualmente estaba desierto y donde sabía que nadie lo vería llorar. Ni siquiera le importaba que probablemente perdería su trabajo por esto; qué importaba de todos modos, cuando el amor de su vida se casaba con otro.

Bill pasó corriendo junto a los caballos, hasta el pajar donde finalmente se desplomó en el suelo, llorando.

¿Poe qué era tan estúpido?
¿Por qué no se había casado con el Rey Pico de Tordo cuando tuvo la oportunidad? ¿Por qué no se había quedado con Tom? ¿Por qué no había vuelto? ¿Por qué no lo había escuchado cuando trató de explicarse?
¿Por qué siempre tenía que ser tan tonto?
Lo único que lo había mantenido cuerdo durante los últimos años era el odio que había sentido por la traición del rey y Tom, pero ahora que sabía que Tom lo había amado verdaderamente y no lo había herido intencionalmente por rencor, estaba muriendo de remordimiento. Esta vez ni siquiera podía culpar a Tom por romper su corazón – había hecho eso todo por su cuenta.

El sonido repentino de alguien subiendo los escalones de madera hacia el pajar lo sacó de su lástima e inmediatamente silenció sus sollozos, secándose los ojos y la nariz. —Estaré allí en un momento—, murmuró con la voz más firme que logró antes de mirar hacia arriba y jadear en silencio cuando el rey de repente se paró frente a él, vestido con la elaborada túnica de boda.

—¡Tom! Q-quiero decir… Rey Pi- Thomas… ¿Qué… qué está haciendo aquí?— tartamudeó, sintiéndose como un idiota. Estaba sentado en medio de un montón de heno, que se le pegaba a la ropa y al pelo, y todo olía a caballo. ¿Qué diablos estaba haciendo el rey de repente aquí?

Tom se sentó lentamente, obviamente sin importarle que se estuviera cubriendo de heno, y se apoyó contra la viga de madera al lado de Bill. —La boda está cancelada— suspiró suavemente, dándole una sonrisa débil.

Bill lo miró incrédulo. —¿Q-qué?

—La princesa Ria se negó a casarse conmigo. Parece que soy un candidato de matrimonio muy impopular… En serio, es la segunda vez que me rechazan. Aunque la última vez fue mucho antes de que llegase a un matrimonio… Pero aún así fue bastante horrible. Sabes, conocí a este príncipe una vez… Su belleza era legendaria… Pero aunque había oído hablar de ella con frecuencia antes, siempre pensé que la gente estaba exagerando. Sin embargo, un día realmente lo vi con mis propios ojos y me di cuenta de que tenían razón…

Bill se tragó un sollozo, aunque esta vez no era puramente de miseria.

—En realidad, es una historia muy divertida. Bueno… tal vez no en el tipo de ja-ja, pero ya sabes. Porque nunca quise casarme… Mis padres me habían estado presionando para que le propusiera a este príncipe durante casi dos años, porque querían arreglar este ridículo conflicto de un lago que hemos tenido… Totalmente estúpido. Realmente no quería porque mis padres me estaban usando para resolver sus pequeños problemas… Pero cuando lo vi… me enamoré tanto de él que fui allí y propuse de todos modos. ¿Puedes creerlo? En serio le propuse a un completo extraño que no quería casarse conmigo más de lo que yo quería casarme con él antes de saber lo hermoso que era… Soy un imbecil tan superficial—

Bill rió suavemente, sorbeando y limpiando sus ojos que tenían lágrimas por otras razones.

—Y este príncipe resultó ser un maldito canalla. En serio… Prácticamente arruinó mi vida social. Lejos y cerca, los reinos y los tribunales se burlaban de mí por ese príncipe… Pero en lugar de odiarlo, como lo haría cualquier otra persona, me vestí como un mendigo sucio, viví en una casita sucia y helada que casi me mató, me bañé en un helado río y caminé dos millas a mi reino todos los días, ¡sólo para estar con él!— El rey sacudió la cabeza con una risa antes de fruncir el ceño un poco.
—Por desgracia, estaba demasiado asustado para decirle la verdad porque pensé que me dejaría… Incluso mucho después de que él resultó ser la persona más increíble del planeta, del quien me enamoré de nuevo – y esa vez no solo de su belleza – no pude decirle la verdad. Supongo que en parte también estaba asustado que en caso de que no me dejara simplemente por lo que le había hecho, nos alejaramos por la vida real… Tenía tanto miedo que la cercanía que teníamos como mendigos no duraría si no fuéramos forzados a vivir juntos… —Thomas finalmente se volvió hacia él con una triste expresión.
—Y cuando por fin tuve suficiente valentía para decirle la verdad, eligió al mendigo sobre el rey… ¿Puedes creer eso? ¿Qué clase de príncipe preferiría estar con un mendigo que con un rey?— se acercó para limpiar con suavidad los restos de las lágrimas en la mejilla de Bill.

Bill dio un suspiro de asombro, cerrando los ojos contra el toque que casi le hizo llorar de nuevo.

—Desafortunadamente, tuvimos un horrible malentendido que nos costó siete años de nuestras vidas… Siete años durante los cuales no hice nada aparte de buscarlo, esperando contra la razón de que mi príncipe todavía estuviera allí afuera, escondiendose porque malinterpretó la situación… Y que algún día podría encontrarlo y explicarle.

Bill abrió los ojos al sentir el aliento del rey reflejándose en sus labios que pronto fueron cubiertos por los del otro. Bill dio un sollozo ahogado en los labios de Tom y se desplomó contra él, incapaz de sentarse derecho. Quería gritar y llorar, pero eso realmente tendría que esperar porque Tom lo estaba besando. El mundo entero tenía que esperar hasta que terminaba, porque en serio, ¿con qué frecuencia realmente llegaban a hacer esto?

Recuperando un poco de fuerza, Bill envolvió sus brazos alrededor del otro hombre, tirando de él en un apretado abrazo y profundizando el beso que hizo gemir a ambos.

—Te extrañé tanto— susurró Tom en sus labios.

Bill asintió con la cabeza, incapaz de encontrar su voz hasta que toda la situación comenzó a hundirse y se alejó con horror.

—Espera un minuto… ¿Qué hay de tu reino?— Bill había estado tan atrapado en el bello discurso del rey que había olvidado por completo la razón por la que no podían estar juntos.

—¿Qué hay del tuyo?— preguntó el hombre a cambio.

—¿Qué? —preguntó Bill aturdido. —Trabajo en una cocina.

—¿Y de quién era esa elección?— El rey Thomas sonrió con una ceja levantada, pero Bill se limitó a mirarlo fijamente.

—¿Qué quieres decir con eso?— preguntó lentamente.

—¿No sabías que tus madres también te han estado buscando durante todos estos años? Eres el único heredero de tu reino… Sin ti, alguien más se hará cargo, ¿de verdad quieres eso?— Preguntó con una sonrisa.

Bill seguía mirándolo fijamente. —¿Crees que mis madres me querrán de vuelta?— preguntó incrédulo.

—Claro que si, Bill, ellas te aman. Lamentaron casarte conmigo justo después de que nos marchamos… Te echan mucho de menos y también te quieren de vuelta— El rey le aseguró con firmeza, pero Bill vaciló.

No es que no quisiera estar con Tom, por supuesto que quería, más que nada, pero cuando pensó en su infancia y juventud en el palacio, parecía tan vacía en comparación con la vida satisfactora que había construido para sí mismo aquí.

—Y entonces…— Tom dijo lentamente, empujándose de la pared y arrodillándose delante de él. Bill tragó nerviosamente, tratando de no hacer ningún sonido chillón mientras el rey tomaba su mano y colocaba un lirio de agua en ella. ¿De dónde siempre sacaba esos?
—Y entonces podrías volver a tu reino, tomar tu lugar legítimo en el trono y reinar sobre tu pueblo de la misma forma asombrosa que dominaste el resto de tu vida. Y tal vez algún día, casarte conmigo y gobernar como rey a mi lado— Tom dijo suavemente, besando la palma de su mano junto al lirio.

Bill tragó con dificultad, tomando la flor de él. —¿No estamos ya casados?— preguntó vacilante.

Continúa…

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