El rey 5

El rey 5

Fic TOLL de JasonPeace

Capítulo 5

Un extraño sonido chirriante sacó a Bill de su incómodo sueño. Con pereza abrió los ojos y parpadeó al  sol de la mañana que brillaba en la casa…. Bill se quejó en voz alta, sentándose y mirando a su alrededor buscando el  extraño sonido.

—¡AH! ¡¿Qué rayos es eso ?! —Bill gritó histéricamente, saltando desde el banquillo tan rápido que aterrizó en el suelo junto a la cabra que había estado frotando su cabeza contra la pata de la mesa.

—¡Eh, tú! ¡Campesino! ¡Hay una cabra aquí adentro! —Bill gritó al trovador que asomó la cabeza por la ventana para ver lo que estaba pasando.

—Llévala afuera y ordéñala— el hombre se encogió de hombros antes de desaparecer de nuevo.

—¿Qué?— Bill escupió con  incredulidad, corriendo a la ventana. —¡¿Esperas que toque las obscenas… cositas de ese animal?!

El hombre no levantó la vista de donde estaba cortando madera. —Se llaman ubres. Y sí, espero que hagas eso, así que manos a la obra —ordenó oscuro.

Bill se quedó sin aliento. —¡Cómo te atreves a hablarme de esa manera, sinvergüenza! Soy el príncipe de Geraneia, ¡y no me hablarás de esa manera!

—En realidad ya no lo eres— respondió el hombre con calma. —Ahora, por favor ordeña la cabra, Bill.

Bill casi se desmayó por el shock – nadie se atrevía a llamarlo simplemente por su nombre, excepto sus padres. —¡Ordeñala tú mismo, cateto sucio!— Gruñó con furia, retirando su cabeza dentro de la casa y mirando a la cabra. —Animal repugnante— se burló y se sentó en la mesa ya que no había ningún otro sitio para sentarse; iba a permanecer sentado ahí  por el resto de la eternidad si tenía que ser porque no había manera de que fuera hacer trabajo manual como un campesino común.

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Tom gimió en voz baja, mirando hacia la madera que estaba tratando de cortar; este era el peor trabajo del mundo. Era tan agotador y difícil…
‘Gracias a dios que soy rey y sólo estoy haciendo esto por diversión…’ Aunque en realidad lo estaba haciendo por ese arrogante mocoso que ni siquiera podía ordeñar una cabra. No es que Tom había ordeñado alguna vez una cabra, pero al menos estaba dispuesto a intentarlo.

—¡Fuera!— Bill gritó histéricamente, persiguiendo a la pobre cabra fuera de la casa con una escoba.

La cabra baló en voz alta, y Tom sabía que era porque quería ser ordeñada; Georg y Gustav le habían informado acerca de todas las cosas que había que hacer y ordeñar a la cabra era uno de ellas. Genial… Ahora tenía que ordeñar a la cabra, porque el príncipe se negaba a hacerlo.

Excepto Tom no tenía idea de cómo ordeñar cabras. Seguro sabía la teoría – Gustav le había explicado – pero nunca lo había hecho antes.
‘Y entonces yo tendría que tocar sus cositas…’ pensó y arrugó la nariz. De ninguna manera; sólo tenía que esperar hasta… más tarde. Hasta que Bill lo hiciera, o hasta que  le crecieran más grandes y se atreviera a hacerlo él mismo.

Tal vez debía transmitir sus conocimientos de la  cabra a Bill para que estuviera preparado en el caso de que algún día bajara de su corcel.

—Bill— Tom dijo con firmeza al entrar en la casa; el príncipe estaba sentado en la mesa, los brazos y las piernas cruzadas, sin mirarlo.

—¿Qué?—Espetó con molestia.

—Voy a la ciudad a trabajar – Voy a estar de vuelta en la noche, así tú-—

—¿Qué?— Gritó el príncipe. —¡¿Te estas yendo?! ¿Qué diablos se supone que voy a hacer aquí todo el día? ¿Y quién me va a hacer la comida? ¡Estoy hambriento! ¡Y que alguien encierre a esa cabra pendeja porque me está volviendo loco! — Gruñó con rabia.

—Hay un montón de verduras en el jardín para que puedas cocinar algo. Y la cabra se callará, tan pronto como la ordeñes- —Tom lo  trató con calma pero el príncipe le interrumpió de nuevo.

—¡Ya te dije! ¡No voy a ordeñar esa bestia repugnante! —Bill vociferó con frialdad.

Tom decidió ignorarlo y simplemente continuó hablando. —Le echas un puñado de avena de la canasta afuera— apuntó hacia la ventana —y mientras la cabra come, la puedes ordeñar. Primero le limpias con cuidado los pezones con un trapo seco, y tomas este balde— cogió el balde de leche, sosteniéndolo para que el príncipe lo pudiera ver —y pones la leche allí. Fácil — terminó con un encogimiento de hombros, esperando que no hubiese olvidado nada.

—En tus sueños lo haré— Bill se burló, rodando los ojos.

—Volveré para la cena— Tom asintió, agarrando su laúd y yendo afuera; no podía esperar a llegar a casa y comer algo decente – ni mencionar alejarse de Bill.

—Lo que sea— el príncipe se quejó cuando Tom salió de la casa para caminar a la ciudad.

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Un rato después de que el trovador se hubiera ido, Bill se asomó por la otra ventana que se dirigía hacia la parte delantera de la casa; el mendigo estaba a unos cientos de pies del camino de tierra y pronto desapareció en el bosque.

Con un profundo suspiro, Bill se sentó de nuevo, mirando alrededor de la sucia casa y tratando de ignorar a la maldita cabra que todavía estaba balando como si su vida dependiera de ello. —Cállate, estúpida cabra— Bill murmuró oscuramente.

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—¡Mi rey! ¿Cómo le fue? —Gustav se precipitó hacia él prado donde habían acordado reunirse para que Tom pudiera cambiarse de ropa y volver a su vida como rey sin que nadie supiera lo que estaba haciendo.

—Fue horrible— Tom gimoteó indignado; Georg le palmeó el hombro con simpatía.

—¿Qué pasó?—

—Pues… estamos casados— dijo secamente, levantando la mano con el anillo que lo encadenaba a una de las peores personas que había conocido. —Y él es una pesadilla total. No creo que esto vaya a funcionar — Tom lamentó con tristeza.

—Vamos, señor, no se desanime. Sabíamos que el niño era una carga. Sólo tenemos que ser pacientes –  mejorará —Gustav asintió sabiamente

—¿Qué pasa si no lo hace?— Tom suspiró, empezando a cambiarse a su atuendo habitual.

—Entonces aún lo podemos abandonar en el bosque – los lobos también necesitan comida después de todo—Gustav comentó casualmente.

Tom y Georg le dieron una mirada perturbada. —Sí, lo que él dijo— Georg se rio entre dientes. —Va a estar bien, estoy seguro. Solo necesita un poco de tiempo

—Sí— Tom suspiró, casi vestido. —Pero en serio, ¡¿por qué nos dieron una cabra?!—

Gustav fijó sus lentes, de la forma en que siempre lo hacía cuando explicaba a alguien algo muy simple. —Debido a que la mayoría de los campesinos tienen cabras. Ellos dan leche fresca cada día, y como la mayoría de los comuneros no tienen dinero para otra cosa más que verduras, mantienen cabras. —

—Cierto, sabía eso…— Tom murmuró tímidamente, metiendo su ropa sucia en una bolsa y colgándola en un árbol; dejaría todas sus cosas de campesino aquí durante el día, y volvería por ellas en la noche. Pero primero se iría a casa para tomar un baño, comer un enorme y delicioso desayuno, luego hacer lo que estaba en su agenda; tal vez ponerse al día con algunos de sus deberes reales era una buena idea.

—El anillo, Señor— Gustav recordó cuando Tom estaba a punto de subir al caballo que sus escuderos habían traído para él.

—Ah, claro.— Tom asintió, quitándose el simple anillo de plata de su dedo y colocándolo en el bolsillo; probablemente no iría tan bien si sus padres se enteraran que se había casado ayer.

Tom apenas podía creerlo tampoco; realmente se había casado. Con la única persona de la cual jamás se había enamorado, y esa persona era un bruto horrible. Todavía no estaba seguro si consideraba su idea genial o completamente estúpida.

&

A medida que la tarde poco a poco llegaba a su fin, Bill estaba tan hambriento que no podía soportarlo más y se levantó para buscar algo de comida.

En el estante donde el trovador había indicado encontró una hogaza de pan seco del cual  rompió un trozo y lo mordisqueó. Fue sin duda la peor cosa que había comido, pero estaba tan hambriento que apenas le importaba.

Una vez que había terminado con el hambre, se asomó lentamente por la puerta, sólo para asegurarse de que no hubiera nadie alrededor, y luego fue al patio que tenía un huerto generoso que estaba rodeado por una simple valla de madera, probablemente diseñada para mantener a la cabra fuera, cual aún no había callado.

—¡Si no te callas, te pego!— Gritó Bill, pero la cabra solo lo miró, balando aún más fuerte.

Con rabia, Bill  marchó hacia la cabra, cuya voz estaba matando los pocos nervios que aún le quedaban. Por supuesto, ahora que en realidad estaba de pie delante de la cabra, no logró pegarle porque se sentía mal; no era culpa de la cabra ser  un animal tonto. La cabra caminó un poco hacia él, moviendo su colita y balando, como si esperara que Bill  respondiera ; recordó al trovador diciendo algo acerca de ordeñar, pero … —De ninguna manera, ¡¿por qué siquiera estoy pensando en eso?! ¡Por supuesto que no! Bill decidió con firmeza, caminando de nuevo la casa y cerrando la puerta.

Con un gemido, se sentó en la cama de paja del trovador y miró alrededor de la pequeña casa de campo; todo estaba sucio y un desastre total; obviamente su… marido… no se molestaba en hacer mucho por allí. Ni siquiera parecía como si pasase mucho tiempo aquí. A Bill no le gustaban los lugares desordenados porque era muy limpio y ordenado; por supuesto en su palacio tenía sirvientes que se aseguraban de que sus habitaciones siempre estuvieran limpias y ordenadas, pero aquí … aquí parecía como si un tornado hubiese pasado por la casa de campo. Tal vez debería limpiar un poquito, por su propio bien. También podría darle algo que hacer, ya que solo habían pasado unas pocas horas desde que el trovador se había ido y Bill estaba empezando a perder la cabeza del aburrimiento.

Con otra mirada por la ventana para asegurarse de que el mendigo no volviera  aún, Bill lentamente comenzó a recoger objetos al azar desde el suelo: ollas, ropa, un zapato viejo que no parecía tener un par, y para su gran sorpresa, incluso un libro; el trovador sabía leer? Probablemente no. Probablemente el libro era para hacer fuego solamente. Bill resopló, dándole una mirada sospechosa al libro. Era un libro de poesía. Sí, el mendigo definitivamente solo lo tenía para quema porque Bill realmente no creía que una patética persona como ese hombre leyera libros tan buenos. Sin embargo, le dio algo que hacer durante el resto del día, y pronto se olvidó de la ridícula idea de limpiar.

Al menos hasta la noche cuando empezó a oscurecer hasta que fue demasiado oscuro para seguir leyendo en el interior de la casa, en cuanto Bill pasó casi 20 minutos tratando de encender un fuego. Había visto a sus sirvientes hacerlo muy a menudo y parecía tan fácil cuando ellos lo hacían, pero ahora que tenía que hacerlo, era casi imposible.

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Tom suspiró mientras se cambiaba de nuevo a sus trapos sucios antes de despedirse de sus escuderos a quienes ya extrañaba, sabiendo que tenía que regresar con su horrible marido, quien probablemente se estaría quejando e insultando hasta que se durmiera. Lo cual probablemente sería muy pronto ya que no soportaba estar en la misma habitación que ese príncipe del infierno.

Con la pequeña bolsa y su laúd colgada del hombro, caminó la media milla desde donde los Gs le habían dejado, hasta la casita, ansioso por ver lo que Bill había hecho durante todo el día. ¿Siquiera aún estaba allí? ¿Se había ido de regreso a su palacio? ¿Había matado la cabra? ¡¿Quemado la casa?!

Tom se quedó paralizado de horror cuando vio humo elevándose sobre los árboles, y echó a correr.

Finalmente se acercó al claro que albergaba su casa, Tom era un manojo de nervios, por  todos los escenarios de terror que pasaban por su  cabeza, todo lo que podría haber ocurrido a Bill durante ese día, sin embargo, cuando la casa apareció a su vista, parecía perfectamente normal. El humo se elevaba desde la chimenea y nada parecía fuera de lugar. Tom casi se desmayó de alivio, y sus emociones cambiaron, desde  la preocupación a la confusión; ¿Bill había hecho un fuego…? ¿Todo por su cuenta? ¿Sin quemar la casa?

Al entrar en el patio, vio a la cabra balando mientras mordisqueaba unas cuantas hojas de hierba; obviamente, Bill no la había ordeñado. Tom gimió exasperado, intercambiando miradas con la cabra que le dio un mirada muy expectante.

—Ya vuelvo, voy a ver cómo está Bill, ¿ok?— Tom prometió a la cabra mientras entraba a ver lo que su amado cretino estaba haciendo.

El príncipe estaba sentado en la cama con los pies metidos debajo , leyendo el único libro que Tom había llevado con él; ¿También disfrutaba de la poesía al igual que Tom? Bill parecía una persona tan grosera, a pesar de ser un príncipe, así que Tom estaba sorprendido que disfrutara de algo más refinado que putear a los funcionarios.

—Ya era hora de que volvieras. Esa bestia salvaje me está volviendo loco. Haz algo — Bill ordenó fríamente, ni siquiera levantando la vista de su libro.

Con un suspiro de derrota, Tom puso sus cosas a un lado, cogió el balde de leche y un paño, y se dirigió fuera para revisar toda esta cuestión del ordeño.

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Con cuidado, Bill echó un vistazo fuera de  su libro cuando el hombre recogió un balde y un trapo y volvió a salir sin decir una palabra. Se sintió muy triunfante que el hombre no se opusiera; más valía que ese mendigo sucio aceptara que Bill no tenía ninguna intención de ser su sirviente y no haría  absolutamente nada por aquí.

A través de la ventana vio como el hombre agarró un puñado de grano el cual dio a la cabra, limpió sus cositas y luego se sentó en el tocón del árbol viejo para ordeñarla. En la semi oscuridad no pudo ver mucho de lo que el hombre estaba haciendo, pero al menos ahora la estúpida cabra estaba ordeñada y Bill no tenía que hacerlo. Sin mencionar que finalmente estaba todo tranquilo.
Celestial‘, Bill suspiró suavemente, disfrutando del silencio.

No pasó mucho tiempo antes de que el hombre volviera a entrar con medio balde de leche, y Bill lo ignoró de inmediato, la mirada fija en su libro sobre el que no se podía concentrar en ese momento. El hombre se movió por la casa durante unos minutos en los que Bill se negó a mirarlo; él siempre se negaba a mirarlo porque mirar a un mendigo era simplemente algo que no hacía, por lo que sólo había dado un par de atisbos a él desde la distancia cuando el hombre no estaba mirándolo. Aunque ahora que lo pensaba, tal vez debería echar un vistazo en algún momento – estaban casados, después de todo.

Pero en el momento que Bill estaba a punto de levantar la mirada para mirar a la cara del hombre, éste se acercó y de repente se acostó junto a él sin una advertencia.

Bill saltó hacia la pared con un chirrido cuando la ropa del hombre rozó sus piernas. —¡¿Qué demonios estás haciendo?!

—Voy a dormir, buenas noches— respondió el mendigo con cansancio, de espaldas a Bill.

Bill consideraba darle una fuerte patada para sacarlo de la cama, pero luego decidió no hacerlo; no conocía a este hombre después de todo, ¿y quién sabe cómo era? Podía ser violento cuando estaba enojado o algo… No era difícil para Bill ver que en una pelea física perdería contra él cualquier día, así que enojarlo probablemente no era una buena idea.

Dadas las circunstancias, el trovador había sido muy cortés con él, sin exigir algo, realmente y Bill no quería darle una razón para cambiar ese comportamiento complaciente.
Con un tembloroso suspiro, colocó el libro en la parte inferior de la cama y se acostó tan silenciosamente como pudo ser posible al lado del hombre que no olía tan mal como Bill había esperado. Se apretó contra la pared, tratando de mantenerse lo más lejos posible del otro hombre, se tensaba cada vez que el hombre hacía un pequeño movimiento; estaba medio esperando que el trovador de repente demandara que Bill cumpliera con sus deberes maritales esta noche, y estaba terriblemente consciente de que si tal cosa sucedía, no habría ningún lugar donde correr y nadie que lo ayudara.

Sin embargo, eso no sucedió, y muy pronto el trovador estaba respirando profunda y regularmente mientras el fuego comenzaba a cesar, y una buena hora más tarde, Bill también se sumió en un sueño intranquilo.

Continúa…

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