El rey 8

El rey 8

Fic TOLL de JasonPeace

Capítulo 8

El sol ya estaba bajo en el cielo cuando el pequeño prado finalmente apareció. Al igual que ayer, la chimenea estaba humeando, y todo lo demás parecía normal. Sin embargo, cuando Tom se acercó, se dio cuenta de que la cabra estaba pastando tranquilamente en lugar de balando como si su vida dependiera de ello – ¿Bill la había ordeñado?

—Hey— Tom murmuró en voz baja a la cabra al pasar junto a ella, pero la cabra no desprendía ninguna señal de querer ser ordeñada hoy de nuevo, así que procedió a la casa donde se encontró con Bill, sentado en la cama, sin dejar de leer el libro de Tom.

—Buenas tardes— Tom trató el consejo de Georg en tratar de hablar con su marido.

—Buenas tardes— el príncipe respondió con acritud, sin levantar la vista de su libro.

—¿Tuviste un buen día?— Tom preguntó con cuidado; obviamente, Bill no estaba de humor para hablar. Por otro lado… ¿cuando realmente estaba de humor para eso?

—No— Bill dijo bruscamente, cerrando el libro con tanta fuerza que el polvo salió de sus páginas, y luego se dio la vuelta, mirando a la pared. —Buenas noches.—

Tom suspiró profundamente; a este ritmo no serían amigos ni en diez años …

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Con rabia, Bill se quedó mirando la pared. ¡Osaba ese mendigo a preguntar cómo había sido su día! Era obvio que su día había sido terrible, ¡cómo se atrevía siquiera preguntar! Bill estaba furioso- como odiaba a ese hombre.

Durante unos minutos oyó al trovador hurgar en la casa antes de que el bobo comenzara a hablar de nuevo.

—¿Ordeñaste a la cabra?— preguntó en ese paciente y agradable tono que ponía loco a Bill.

—No, se ordeñó a sí misma— Bill se burló sarcásticamente.

El hombre estuvo callado por unos segundos, pero finalmente continuó hablando. —Gracias.—

Bill quería darle un puñetazo. ¿Por qué demonios siempre tenía que ser tan agradable? ¿No podría simplemente ser un imbécil para que Bill pudiera odiarlo en paz?

—¿Queda algo de leche?— El trovador preguntó después de unos pocos momentos de silencio; ese tipo no podía callarse.

—No, lo derramé accidentalmente. Perdón.— Bill se burló con una sonrisa; de ninguna manera le iba a dar leche a ese mendigo después de que se había pasado la media tarde obteniéndola de la maldita cabra. Esta bien, la cabra no era maldita… Cabra era genial, pero aún así.

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Tom se quedó mirando incrédulo la espalda del príncipe; ¿realmente había derramado la leche a propósito para que Tom no pudiera tomarla? No era como si realmente le importara porque ya había comido y podía obtener toda la leche que quisiera, pero Bill no sabía eso. ¿El príncipe había derramado deliberadamente la leche a pesar de que ellos supuestamente eran tan pobres? ¿Qué clase de persona hacía algo así? Por todo lo que Bill sabía, Tom no había comido nada en todo el día; este príncipe era de lejos la persona más despiadada que jamás había conocido.

—Oh, está bien. Puede suceder— Tom dijo en voz baja, con ganas de pegarle a ese príncipe arrogante en su bonita cara, pero negándose a rebajarse a su nivel; sería una persona civilizada y trataría de arreglar las cosas entre ellos. Después de todo, él estaba enamorado de este hombre y quería ganar su corazón, ¿verdad? ¡¿Verdad?!

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Bill apenas podía creer lo que acababa de escuchar – ¿el mendigo efectivamente había dicho que estaba bien que hubiese derramado la leche? En realidad no la había derramado – la había bebido – pero eso no era el punto. El hombre ni siquiera sonaba muy molesto. Tal vez un poco decepcionado, pero no enojado.

—En todo caso, tuve un día de suerte hoy porque había una feria en la ciudad, por la cual gané lo suficiente para comprar ropa nueva que pueda ser más cómoda— el trovador continuó después de otra breve pausa.

Bill se dio la vuelta para mirarlo; ¿hablaba en serio?

Al parecer sí, porque sacó diversas prendas de vestir de su bolso y las colocó en el banco. No eran exactamente el tipo de ropa que Bill estaba acostumbrado, pero no tenía nada de ropa de repuesto con él y realmente quería cambiarse en algún momento. Y no olvidemos que no se había bañado en varios días y aunque esto era normal para los mendigos, Bill estaba acostumbrado a su baño diario por las mañanas.

Muy lentamente se levantó de la cama y se acercó cautelosamente a la ropa, medio esperando que el trovador de repente dijera algo desagradable, pero el hombre estaba ocupado ordenando sus cosas antes de buscar el pan que habìa estado en el estante; Bill se lo había comido todo.
Había una punzada de culpa inusual en el estómago de Bill que nunca había notado de esa manera antes; el trovador había gastado todo su dinero en un conjunto de ropa para Bill, mientras que Bill se había asegurado de no dejar una sola migaja de comida por ahí para él. ¿Había pasado con hambre durante todo el día…?

Lo que sea, no es mi problema. No le pedí por la ropa,’ Bill trató de calmar su conciencia, pero no funcionó tan bien como había esperado.

Enojado con el hombre por hacerlo sentir mal, Bill volvió a la cama sin tocar la ropa, alejándose de su marido. El hecho de que el hombre tenía tan poco y todavía estaba dispuesto a compartir con él, era desconcertante y lo enojaba; no quería que el mendigo fuera generoso y amable con él porque quería odiarlo, pero el hombre era tan estúpido y complicaba todas las cosas para Bill, y ahora incluso había conseguido que se sintiera culpable. Maldito sea.

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Por segunda vez esa noche, Tom estaba decepcionado con el príncipe, pero no tanto como antes. No había esperado que estuviera encantado con los trapos viejos que le había conseguido, pero cuando Bill se había levantado, había pensado que por lo menos diría algo. Sin embargo, después de echar un vistazo rápido, el príncipe había vuelto a ignorarlo.

Igual, Tom hizo un último intento de hacer una conversación. —Hablé con un amigo que trabaja en la cocina del palacio y él juntó un par de recetas de cocina para nosotros.—

—¡¿Para nosotros?!— El príncipe gruñó, sentándose y mirándolo enojado. —¿Quieres decir, para  así puedo cocinar para  ¡¿Qué crees que soy – tu sirviente??! ¡Puedes cocinar tus propias putas comidas!

Y con eso se dio la vuelta de nuevo, destruyendo todas las esperanzas de Tom de ser capaz de hablar con él hoy. Obviamente Bill estaba lejos de ser una persona civilizada, por lo que Tom decidió abandonar el tema – al menos por hoy. Estaba herido y decepcionado por el comportamiento de Bill, y tenía media mente de regresar al palacio a dormir allí porque realmente no quería acostarse al lado del horrible príncipe, pero al final decidió no hacerlo y se acostó en la incómoda cama de paja. El príncipe tenía, por supuesto, todas las sábanas y la almohada, por lo que Tom se acurrucó en su ropa sucia, tratando de no pensar en la desesperada situación en la que estaba.

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En cuanto Bill abrió los ojos y parpadeó hacia el sol de la mañana siguiente, el trovador había desaparecido sin dejar rastro, de nuevo dejándolo solo en la casa con nada más que la cabra de compañía. Por supuesto que Bill estaba contento de que el estúpido hombre se hubiese ido, pero había una minúscula parte de su cerebro que estaba decepcionado; después de que el hombre había hablado tanto ayer, Bill había esperado que lo volviera a intentar de nuevo hoy, pero obviamente eso no iba a pasar. No es que hubiese cambiado su pensar, por supuesto – Bill lo odiaba – pero aún así, habría estado bien si lo hubiese intentado otra vez.

Enojado y decepcionado, Bill se marchó afuera para buscar a Cabra, a quien encontró pastando perezosamente en el jardín. Tan pronto como lo vio, Cabra comenzó a balar; Bill supuso que quería ser ordeñada.

—Buenos días, Cabra, ¿Cómo estás?— Bill preguntó mientras regresaba al interior para obtener el balde de la leche y el trapo.

Cabra respondió con un sonoro ‘meh’.

—Justo lo que digo— Bill suspiró, trayendo un puñado de grano del barril y luego sentándose para ordeñar a Cabra.

—Sabes, realmente odio a tu dueño. ¿Por qué es tan agradable todo el tiempo? Realmente jode— Bill conversó con la cabra mientras era ordeñada. —En serio, ¿qué demonios le pasa? ¿Por qué no se comporta como una persona normal y se enoja cuando lo dejo morir de hambre? No es que quiera que se enoje … O tal vez sí. No lo sé —. Bill despotricó al azar, con la esperanza que al decir las cosas en voz alta pudiera resolver su dilema interno.
No sucedió.

—Bueno, lo que sea. Èl es sólo un despreciable mendigo de todos modos.— Bill masculló mientras terminaba de ordeñar a la cabra y se alejó de nuevo. No había una gran cantidad de leche hoy porque le había ordeñado ayer por la tarde antes de que el mendigo llegara a casa, pero fue suficiente para él. No había manera de que sobrara algo para ese maldito marido suyo.

De vuelta en la casa, Bill puso la leche en una taza y luego bebió la mitad, dejando el resto para el almuerzo, tenía la intención de cocinar algo de nuevo. ¿Pero que? ¿Patatas otra vez? Probablemente…

Eso le recordó las recetas que el trovador había conseguido -¿Aún estaban en algún lado?

Después de un rápido vistazo alrededor de la casa, las encontró en el banco, justo al lado de la ropa. Primero iba a tomar un baño y cambiarse de ropa, y luego cocinaría. No era como si tuviera algo mejor que hacer de todos modos.

¿Pero donde iba a tomar un baño …? No tenían bañera… y no había agua caliente… ¡¿Eso significaba que Bill tenía que lavarse con agua fría del río?!

Con un triste gemido, Bill cogió la ropa y un pedazo viejo de jabón de la estantería y, a continuación, se dirigió hacia el borde del bosque donde corría un pequeño arroyo.
Con cautela, metió la mano en el agua helada y gimió de nuevo; ser pobre era lo peor.

Después de unos minutos de vacilación, se quitó rápidamente la ropa y empezó a lavarse, con la esperanza de que nadie viniera en ese mismo instante. Sólo tomó unos segundos para que empezara a temblar de frío, y cuando finalmente llevó a cabo todo, sus dientes se estaban haciendo añicos.

Rápidamente se vistió con la ropa nueva, que no olía tan mal como se veía, y se frotó los brazos, tratando de calentarse un poco.

Por supuesto, ahora tenía que lidiar con la ropa sucia cuál debía lavar…Genial. Su vida se había reducido a ordeñar cabras, comer patatas y lavar la ropa sucia… Bill quería morir.
Ni siquiera sabía cómo lavar ropa… ¿Simplemente tenía que ponerla en agua y…? ¿y qué? ¿Usar jabón? Seguro necesitaba jabón, ¿cierto?

Con cautela, cogió la ropa que había dejado tirada por allí antes, y la puso bajo el agua, teniendo cuidado de no dejarlas ir con la corriente. Una vez que estaban completamente mojadas, las sacó del agua y las colocó contra las rocas para enjabonarlas. ¿Que cantidad de jabón debía usar …?
Bill decidió que esto de lavar ropa era horrible.

Mientras lavaba, Bill trató de pensar en todas las otras cosas que tenía que aprender a hacer. Nunca en su vida se había dado cuenta de lo poco que era capaz de realizar – de hecho, nada en lo absoluto. Nunca había aprendido a hacer ni una sola cosa… Por primera vez admiraba a las personas que trabajaban en el palacio – todos eran diestros en una cosa u otra, mientras que Bill… Bill era un melindroso príncipe que era generalmente inútil en todo.

¿Cómo nunca se había dado cuenta de eso antes? Nunca había pensado en ello, ni siquiera por un momento. Había tomado toda su vida dando por hecho, asumiendo que continuaría igual por siempre. Nunca se había molestado en mirar lo que hacían otras personas – nunca se molestó en aprender nada de nadie. ¿Cómo se supone que su vida continuaría así? No era capaz de sobrevivir sólo… ¿O lo era?

¿Realmente era lo suficientemente inteligente como para aprender todo por su cuenta…?

Continúa…

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