
Administración: Este fic está publicado en AO3 por el autor, pero varias personas me han dicho que no pueden entender como funciona la plataforma porque está en inglés, por tanto lo ponemos aquí.
Fic TOLL de JasonPeace
Capítulo 1
Había una vez, en una tierra muy lejana, un hermoso joven príncipe con el nombre de William Kaulitz II. Junto con sus madres, la reina Elena y la reina Arabella, vivía en un gran palacio en el reino de Geranea, cual había caído en una guerra de cien años con el reino vecino de Begonia. Dicha guerra había desgarrado los dos reinos, todo debido a un lago que separaba sus tierras, y del cual ningún reino estaba dispuesto a dar marcha atrás.
Aunque el príncipe fue bendecido con astuta inteligencia y una belleza que era bien conocido en toda la tierra, era igual de arrogante y frío, sin jamás preocuparse por alguien mas.
.
—Buenos días su alteza!
Príncipe Bill gruñó, parpadeando hacia el sol. —¡Fuera! — Gruñó con enojo a la sirvienta que estaba tirando hacia atrás las cortinas.
—Pero, su alteza, sus madres están esperando para el desayuno…. o el almuerzo… — dijo con urgencia, continuando con su tarea.
—Estoy cansado y quiero dormir. ¡Le ordeno que deje mi recámara de inmediato! — Bill ordenó furiosamente, llevándose las mantas sobre la cabeza. Él sabía por qué sus madres querían verlo; querían hablar sobre mañana. Mañana. Otro de esos terribles días en que tenía que escuchar a un sinnúmero de pretendientes que querían casarse con él debido a su tierra y heredero; al demonio con todos ellos.
—¡Pero, su alteza! — Continuó la sirvienta.
—¡¡Largo!! — gritó el príncipe, lanzando la hermosa jarra de agua de porcelana que siempre mantuvo en su mesita de noche, en caso de que tuviera sed por la noche.
La sirvienta dio un grito de horror y salió corriendo de su habitación, cerrando la puerta al salir. Genial, ahora tenía que cerrar las cortinas por su cuenta. Bill decidió que era demasiado esfuerzo, así que se acurrucó bajo las sábanas, tratando de encontrar un poco de sueño de nuevo.
Por supuesto que no sucedió porque sólo unos pocos momentos después, su sirviente, Andreas, entró con su ropa, acompañado de varios funcionarios que arreglaban su baño por las mañanas.
—Buenos días su alteza — Andreas lo saludó en la forma educada de costumbre, mientras Bill se asomó por debajo de las sábanas; hoy prometía ser un día horrible.
—Sus madres lo están esperando para el almuerzo en una hora, y después el sastre real está aquí para una última prueba de su atuendo para mañana — Andreas continuó mientras colocaba la ropa de Bill sobre la pantalla desplegable tras la cual el príncipe solía desvestirse.
Bill murmuró unas palabras poco favorecedoras mientras salía de la cama malhumorado, apartando un sirviente que estaba tratando de ayudarlo a levantarse. —No me toques con tus garras sucias, campesino! — Gruñó al hombre que retrocedió de inmediato, inclinando profundamente la cabeza a modo de disculpa.
Colérico, Bill fue hacia la pileta de lavar y ordenó a sus sirvientes que lo lavasen , era demasiado vago para hacer algo tan mundano por sí mismo.
—¡Ay! No uses una esponja tan dura! Está hecha de madera o qué ?! — chilló con rabia, lanzando la esponja infractora a través del cuarto. —Tráeme una nueva!
Uno de los sirvientes corrió a toda prisa para conseguir una nueva esponja mientras los otros utilizaban dos paños para lavarlo hasta que hubiera otra esponja.
La esponja no regresó a tiempo para lavar a Bill, así que los dos sirvientes comenzaron a secarlo con cuidado, mientras que un tercero peinaba a través de su pelo desordenado.
—¡Ah! ¡Me estás arrancando el pelo! ¡Un pollo podría hacer un mejor trabajo con sus garras! — El príncipe se quejó airadamente con una mirada feroz al hombre cual trataba peinarlo.
—Su Alteza — Andreas rápidamente llamó su atención antes de que Bill logró arañar los ojos del sirviente por lo que estaba haciendo a su cabello. —Traje dos vestidos diferentes para usted hoy. ¿Cuál prefiere? — Preguntó, indicando los dos atuendos que estaban siendo sostenidos por dos de sus sirvientes.
—Pff … eso es lo mejor que pudiste encontrar? — Bill criticó, mirando las prendas con desaprobación. —Me puse este la semana pasada ya – quémalo. Y ese … pues hay una buena razón por la que no he usado ese todavía – es repugnante. ¡Tiralo a la basura y consígueme algo nuevo! — el príncipe ordenó, cruzando sus brazos frente a su pecho desnudo.
—P-pero su alteza — Andreas comenzó a hacer excusas.
—¡Ahora! — Bill gritó con rabia y Andreas inmediatamente se retiró con las prendas aún sostenidas por los otros dos sirvientes.
Sin embargo, antes de que Andreas consiguiera abrir la puerta, el conjunto de puertas dobles se abrió, y entró la reina; Bill gimió silenciosamente.
—¡Reina Arabella! — Andreas y todos los sirvientes se inclinaron ante ella.
—¡Buenos días, querido! — Le saludó, saludando a los funcionarios al pasar junto a ellos.
—¡Madre! ¿Qué quieres aquí? — Bill gruñó, agarrando una bata para cubrir su cuerpo expuesto.
— Ya son las 12:40, mi amor. Sólo quería ver cómo estaba yendo todo — Arabella sonrió.
— No voy a tener el almuerzo de hoy. ¡No tengo nada que ponerme! ¡Nunca dejaré mi habitación nunca más! — el príncipe hizo un puchero.
—¡Na, na, mi vida! — La reina trató de calmarlo. — Tienes tanta ropa preciosa. Estoy segura de que tienes algo perfecto para ponerte? — Preguntó esperanzada.
—¡No! — Bill se quejó, negando la cabeza. —¡No voy a salir de esta habitación hasta que me den ropa nueva! ¡Y nueva joyería porque la mía es vieja y fea!
—Pero querido, donde se supone que debo encontrar ropa en tan poco tiempo? El sastre real está llegando hoy día – ¿por qué no simplemente usas una de sus otras prendas hermosas en este momento, y hoy le podemos pedir que te haga algo nuevo? — su madre le sugirió rápidamente.
—¡Pero ya me he puesto todas esas! — Bill dijo mohíno.
—¿Por qué no te pones uno que no has usado hace mucho tiempo? — La reina trató de persuadirlo.
—Bueno ya ¡pero sólo esta vez! Más vale que tenga ropa nueva la próxima vez que tenga que ir a alguna parte! — Bill resopló con fastidio.
—¡Por supuesto, mi amor! ¡Cualquier cosa por ti! — La Reina Arabella le sonrió.
Con un suspiro de derrota, Bill irrumpió hacia su cuarto donde Andreas y los dos servidores buscaban a través de los infinitos bastidores de ropa.
—¿Qué hay de éste, su alteza? Siempre amaba ésta — Andreas alzó la negra túnica de terciopelo para él.
Bill rodó los ojos. —Esta bien, lo que sea. Vísteme, y ¡date prisa! Estoy hambriento — ordenó a los sirvientes que inmediatamente comenzaron a vestirle.
&
El reino vecino de Begonia fue gobernado por el joven, desinteresado Rey Thomas Trümper IV, que fue coronado a la temprana edad de 18 años debido a una enfermedad crónica de su padre. Sin embargo, él prefería pasar sus días con paseos a caballo y con lectura, que con sus deberes reales, y había rechazado cualquier acuerdo de matrimonio que sus padres habían tratado de hacer para él, porque era un romántico de corazón que quería casarse por amor – mucho para la consternación de sus padres.
.
—¡Su Majestad!
El Rey Tom suspiró, mirando hacia abajo desde el árbol que había trepado. —Geo, ¿con qué frecuencia te he dicho que no me llames así? Sobre todo cuando no hay nadie más alrededor de todos modos— se rió, mirando abajo hacia uno de sus escuderos y mejores amigos.
Georg rió. — Su padre desea verlo … mi rey — agregó con una sonrisa.
—Genial … ¿ahora mismo? — Tom suspiró, cerrando el libro que había estado leyendo.
—Si, en este momento. Dice que es urgente — Georg asintió pensativo. —¿Qué está haciendo ahí arriba de todos modos? — Preguntó con curiosidad.
—Ocultandome. De mi padre y el resto del mundo — Tom gimió, levantando su libro para que Georg lo vea.
—¡Usted y su poesía! Eso no le va a ayudar a ser un mejor rey tampoco — Georg meneó la cabeza con una sonrisa.
—¡Voy a fingir que no oí eso!—Tom río, sacándole la lengua.
— Baje, mi rey, su padre tiene a todo el castillo en busca de usted — rió Georg.
—Bien, bien, ya voy— asintió el joven rey, saltando desde el árbol.
—¡Su Majestad! ¿Dónde ha estado? ¡Hemos estado buscándolo durante horas! No se trepe a este tipo de árboles altos, Majestad, es posible que se lastime — el escudero Gustav de repente apareció de la nada y lo regañó con uno de sus tonos de madre.
—Relájate Gusti, estoy bien — Tom le aseguró, palmeando el hombro de su amigo preocupado. Desde que había llegado a ser rey, Gustav no había dejado de preocuparse sobre todo lo que hacía, tratando de mantenerlo fuera de peligro, incluso si el daño se suponía que era un árbol.
—Sí, y no hemos estado buscando durante horas, sólo por unos minutos, en realidad — Georg rodó los ojos sobre el comportamiento preocupado de Gustav.
—¡Fue por lo menos media hora! — Gustav justificó.
—¡Relájense, chicos! Me encontraron y estoy bien. Vámonos—Tom se rió de sus amigos mientras se iban camino de vuelta a sus caballos.
—¿Alguna pista sobre lo que mi padre quiere? Déjame adivinar, es por mañana, ¿cierto? — el rey suspiró pesadamente; desde que su padre se había retirado debido a su enfermedad, las responsabilidades de su reino habían caído en él a pesar de que sentía que no estaba preparado para ello, y ahora sus padres sentían que necesitaba casarse con el príncipe vecino porque se arreglaría el conflicto del lago entre sus reinos.
El príncipe vecino era William, quien tenía que elegir un pretendiente mañana – eso era todo lo que Tom sabía de él. Debido al conflicto entre sus reinos, nadie sabía mucho sobre el príncipe, pero Tom estaba seguro de que no quería casarse con él.
—Thomas querido, ¿dónde has estado? — Su madre, Francesca, preguntó tan pronto como entró en la habitación de su padre.
—Afuera para leer uno de esos ridículos libros de romance, ¡sin duda! — su padre, Fredrick, se burlaba de él desde su cama. El momento no duró mucho, porque pronto comenzó a toser y quedó incapaz de hablar mientras su esposa corrió a su lado.
—¡No, no, mi vida, piensa en tu salud y no te alteres! — Ella le dio unas palmaditas en la espalda.
—¡Suéltame, mujer! ¡Estoy perfectamente bien! —Tosía fuertemente.
Francesca envió a Tom una mirada de desaprobación. —¡Tú comportamiento imprudente pronto será su muerte!
—¿Qué? — Tom murmuró en voz baja. —Si no hice nada…
—Déjanos, Fran. Thomas y yo tenemos que hablar de padre a hijo—Fredrick le dijo a su esposa que asintió y salió de la habitación, mientras que Tom comenzó a lamentar su decisión de haber venido aquí.
—Siéntate, hijo mío — su padre le indicó a la silla junto a la cama que su madre había ocupado antes.
Con un suspiro inaudible, Tom se sentó; cada vez que su padre decía algo que incluía ‘ hijo mío’, las cosas estaban a punto de empeorarse.
—Thomas—Fredrick empezó solemnemente, y Tom tenía el deseo de rodar los ojos. —Ya tienes 20 años y eres responsable de nuestro país. Por eso, mañana, espero que estés en tú mejor comportamiento en el cortejo del príncipe William. Él es un partido maravilloso para ti, y la unión con su reino será de gran beneficio.
—¿Qué beneficio? ¡La única razón por la que quieres que me case con él es para que ese ridículo lago finalmente sea tuyo! —Tom gimió exasperado.
—¡Ese lago siempre ha pertenecido a Begonia! ¡Hasta que hace 200 años Geranea de repente dijo que era de ellos! — exclamó su padre, entrando en otro ataque de tos.
—Y ahora ustedes quieren obligarme a un matrimonio sin amor con un desconocido para que puedan reclamarlo como suyo otra vez? — Tom preguntó incrédulo; ya habían tenido esta conversación varias veces, pero no importaba lo mucho que trataba de razonar con su padre, el no dejaba el tema.
—Deja de ser ridículo, Tom. No hay tal cosa como un matrimonio por amor – sólo existe en tus historias absurdas. Tú y William llegarán a amarse con el tiempo, al igual que yo y tu madre — insistió Fredrick.
—Pero la odias y quieres que se muera— señaló Tom debidamente.
—…Sí, sì, pero estoy seguro de que tu matrimonio va a ser mucho mejor— su padre asintió rápidamente, descartando el hecho con un movimiento de la mano.
—Ajá— Tom murmuró.
—Lo que estoy tratando de decir-
—Lo que estás tratando de decir es que quieres que me case con un príncipe al azar para que finalmente puedas tener tu precioso lago todo para ti. Debiste haber pensado en eso antes de que me coronaras rey. Como rey, tengo el derecho de decidir con quién, cuando y como , me casaré. Y te puedo asegurar, si alguna vez me caso, será por amor ¡y por ninguna otra razón! — Tom dijo con firmeza, saliendo de la habitación antes de que su padre tuvo la oportunidad de objetar.
¿Cómo se atrevía su padre a prometerlo a su reino vecino sólo por un lago? Era un lago bonito, pero sin duda no valía su corazón.
Frustrado, Tom rabió por los pasillos donde pronto encontró a sus fieles escuderos .
—¿Está todo bien, Majestad? — Georg preguntó cortésmente.
—Sí, Geo … bien— Tom suspiró, sacudiendo la cabeza. —Voy a salir en caballo. Vuelvo en un par de horas.
—¡Pero, su majestad! — Gustav lo detuvo. —¿Qué vamos a decirle al sastre real? Está aquí para adaptar su atuendo para mañana.
Tom rodó los ojos. —No voy a esa audiencia mañana de todos modos, así que realmente no importa. Nos vemos luego, chicos.
—¡Pero-!» Gustav intentó de nuevo.
—Estará de vuelta más tarde, Gusti — Georg detuvo a su amigo para que no moleste al rey que ya estaba a medio camino fuera en busca de su caballo. Tal vez debería ir al lago.
&
—¡Estas prendas son terribles! ¿Cuáles son estos colores asquerosos? ¡¿Quieres que me vea como un bufón?! —Bill gritó al sastre.
—¡No, no, querido! ¡No se ve nada mal! —Reina Arabella trató de calmarlo.
—Madre, no te metas en esto, ¡no sabes nada acerca de la moda! — Bill resopló antes de volver su atención al sastre. —Si yo no fuera una persona tan amable te botaría a los lobos, ¡imbécil incompetente! — Gritó el príncipe con rabia, lanzando la túnica de seda escarlata al suelo.
—M-mi príncipe, ¿tal vez si lo combinamos con un manto negro con borde de piel? — el sastre preguntó con cuidado.
—Ay, está bien, pero sólo del visón más oscuro. No mezcle ninguna de esa fea piel de color marrón en ella — Bill respondió bruscamente, dándose la vuelta para salir de la sala. —Y date prisa con eso. ¡Me espera otro ajuste mañana por la mañana! — Dicho eso, salió al pasillo donde pronto se topó con su madre, Elena; eso no podía ser bueno.
—Bill, ¿cómo fue el probado? — preguntó con escepticismo.
—Terrible— Bill suspiró. — Ese sastre es totalmente incompetente – deberías deshacerte de él.
—No seas siempre tan arrogante, Bill. Hace un trabajo perfectamente bueno para todos los demás, también— dijo con frialdad.
—¿Ah sí? ¡Pues me odia! ¡Está tratando de matarme con estas terribles ropas! —El príncipe se quejó en voz alta.
—Deja de ser tan dramático. Estoy segura de que tu ropa se ve perfectamente bien. Y espero que te comportes un poco mejor mañana. Una vez que estés casado, eres libre de comportarte tan malo como desees, pero hasta entonces espero que no asustes a los pretendientes, ¿entendido? — Reina Elena dijo firmemente.
—Sí, madre — Bill se burló, pasandola y saliendo afuera; a veces simplemente odiaba su vida.
No quería casarse, y no podía creer que sus madres le estaban obligando a hacer esto. No había manera de que se casara con ninguna de esas personas tontas que aparecerían mañana; ninguno de ellos lo merecía de todos modos.
Con rabia, irrumpió en los establos, queriendo alejarse de todo este lío. Tal vez debería ir el lago – ir a nadar o algo así – para quitarse de la cabeza todo este asunto de la boda.
Continúa…
Gracias por la visita, no olvides comentar.