
Fic TWC de lyra
Capítulo 10
Una hora más tarde dejaban a los niños en casa de sus abuelos. El coche familiar partió rumbo al hospital con Theresa y Georg solo, Gustav iba en el otro coche conducido por Tom. Sentado a su lado iba un silencioso Bill, no había dicho palabra desde que recibieran la maldita llamada y por mucho que Tom o Theresa le buscaran con la mirara él les rehuyó. No quería sus consuelos, estaba bien o al menos eso aparentaba.
Por dentro se sentía muerto, llevaba así desde que David le traicionara…
No, no debía pensar eso. Fue obra del destino, sus caminos tenían que separarse, era inevitable. David quería sentar la cabeza y formar una familia, y él se sentía muy joven en esa época y solo quería divertirse y aprovechar el momento. Carpe diem…
— ¿Estás bien?
Pegó un bote en el asiento al escuchar la voz de Tom, quien tras varios silenciosos minutos se cansó de tenerlo al lado respirando con esfuerzo. Ya le daba igual que Gustav les escuchara sentado tras ellos, no podía dejar que Bill siguiera sufriendo en silencio.
—Sí, no es nada—murmuró Bill carraspeando.
—Es verdad, tienes mala cara—apuntó Gustav inclinándose para verle por el retrovisor—Seguro que has cogido frío.
—Será eso—afirmó Bill en voz baja dirigiendo a Tom una fulminante mirada.
«¿Ves lo que has conseguido?»—le quiso decir—»No quiero que nadie sepa lo mal que me siento, vayamos al maldito hospital, felicitemos a Natalie y luego que cada uno se vaya a su casa».
Tom pareció entender su mudo mensaje y asintiendo con la cabeza puso la radio para evitar conversar. Dio con una emisora donde emitía en esos momentos el último parte de noticias. No fue una buena idea…
«Hoy un día después de la incineración del que fuera productor de Tokio Hotel nos despertamos con otra noticia relacionada con el famoso grupo. Natalie Franz, quien fuera maquilladora del grupo, se encuentra en estos momentos dando a luz al que será su segundo hijo. Recordemos que tiene una hija de la que se desconoce la identidad del padre y que ya fuera noticia cuando se supo en su momento pues corrieron muchos rumores sobre los posibles candidatos, no excluyendo a ningún miembro de la banda…»
—¡Esto es nuevo!—exclamó Gustav resoplando—¿Se creen que Carol es hija de uno de nosotros?
—La gente ya no sabe que inventar—murmuró Tom sin apartar los ojos de la carretera.
Por suerte no siguieron con esa noticia y pasaron a dar el parte del tiempo, anunciando que la nieve parecía dar una tregua y a lo mejor esa tarde podrían reanudarse algún vuelo. Gustav resopló de nuevo al escucharlo, la verdad era que ya le daba igual, había asumido que lo suyo con Susanna había sido siempre una farsa.
«Sigamos recordando viejos tiempos, a continuación escucharemos un tema de Tokio Hotel, quien sabe si tras esta canción se escondía una declaración de amor…escuchémosla…»
Al momento empezaron a sonar los primeros acordes de In Die Natch y la voz de Bill se escuchó por todo el coche.
«En mi interior empieza a hacer frio
¿Cuánto tiempo podremos estar aquí juntos?
Quédate aquí conmigo
Las sombras quieren cogerme
Si nos vamos
Vamos sólo los dos
Eres todo lo que soy
y lo que fluye por mis venas
Siempre nos apoyaremos el uno al otro
No importa donde vayamos
No importa la distancia…»
—La gente tiene una mente retorcida—comentó Gustav—Esa canción es vuestra, no hay declaración de amor escondida ni nada parecido. Si yo tuviera un hermano al que apreciara tanto también se lo diría ya fuera en forma de canción o de lo que sea.
Bill miró a Tom quien estaba pendiente de la carretera, ¿era verdad lo que dijeron en la radio? Para él solo fue una canción más, puede que para Tom fuera algo más. Tal vez fue él quien le animó a fijarse en quien estaba a su lado, cada vez que le cantaba lo mucho que le necesitaba, que era lo que corría por sus venas…que se sentía morir cada vez que no le abrazaba…que rozaba las estrellas cada vez que le besaba…
Llegaron al hospital y esperaron hasta que se reunieron con ellos Georg y Theresa. A juzgar por sus rostros ellos también habían escuchado la misma emisora de radio y estaban enojados.
—Qué poca vergüenza, decir eso de David—estalló Georg sin poder evitarlo—O insinuar que uno de nosotros podía ser el padre de Carol. Desde luego habría que demandarlos, yo no pienso quedarme de brazos cruzados y si puedo hacer algo a esa locutora se le va a caer el pelo.
—Si lo haces jamás dejaremos de ser noticias, y yo no quiero serlo—dijo Bill, abriendo al fin la boca—Si te planteas denunciarla dirán que escondemos algo y no pararán hasta averiguarlo, sin importarles a quien tengan que hacer daño.
Tom estuvo de acuerdo con sus palabras, era mejor callarse y que dijeran lo que les diera la gana. Si no solo conseguirían estar en portada en cada revista, no pararían de investigar hasta que el secreto saliera a la luz y Bill sería el único perjudicado…
— ¡Bill!
Todos se giraron y Bill no pudo evitar casi esconderse tras Tom al ver avanzar hacia ellos a Silke, Dunja y Patrick.
— ¡Qué sorpresa!—exclamó Silke abrazando con fuerza al es cantante.
—No me digas más, quisiste venir a tiempo y llegaste tarde por el temporal—dijo Patrick apretándole el hombro con cariño.
—Si…más o menos—murmuró Bill, abrumado por ser el centro de atención.
—Por lo menos estás para conocer al hijo de Natalie—intervino Dunja, como si eso fuera un consuelo.
— ¿Qué sabéis?—preguntó Theresa.
—Roger me mandó un mensaje hace un minuto, la subieron a quirófano hace media hora—explicó Dunja, refiriéndose al marido de Natalie.
— ¿Va algo mal?—preguntó Theresa muy preocupada.
—Por lo visto el niño viene de nalgas y le van a hacer una cesárea—contestó Dunja suspirando—Están en la segunda planta, Roger está en la sala de espera.
Se dirigieron hacia allí sin mediar palabra, sabían que no podían hacer nada más que ofrecerle su apoyo a Roger. Le vieron enseguida, paseándose por un pasillo muriéndose por poder fumarse en ese momento un cigarro. Tras él estaban sus padres y los de Natalie y todos se saludaron, siendo Bill de nuevo el centro de atención.
—Es una pena que no hayas podido venir antes—comentó Roger tras estrecharle la mano y llevándoselo aparte—Imagino como lo estarás pasando…Natalie está destrozada.
Bill solo asintió con la cabeza, sabía que Roger estaba enterado de la paternidad de Carol. Por lo que pudo saber se lo comunicó antes de aceptar casarse con él, tenía que saber que David jugaría cierto papel en su vida, no dejaban de tener con él una hija a la que pasaba mensualmente una pensión y visitaba siempre que quería. Natalie jamás le puso algún impedimento y Roger no sería tampoco quien lo hiciera.
—No deja de repetirse que si le hubiera dejado a Carol tal y como David le pidió…—siguió diciendo Roger—Pero él debía entender que esas fechas son para pasarlas en familia, y la niña solo sabe que él es…era un amigo de su madre que venía mucho por casa. Ya quedaron en su momento que David se encargaría de pasarle una pensión por la niña, hasta que se casó conmigo y ya no hizo falta que siguiera…
—Roger perdona, pero me siento algo mareado—cortó Bill con cierta brusquedad.
—Oh, lo siento—murmuró Roger carraspeando—Siento haber estallado así contigo pero es que quiero que entiendas lo mal que lo está pasando Natalie, se siente culpable de su muerte.
«Ya somos dos»—pensó Bill suspirando.
Por suerte no pudieron seguir hablando, una enfermera salió del quirófano llevando en brazos al hijo recién nacido de Natalie. Todos se acercaron a verle, incluido Bill pues de lo emocionado que estaba Roger le cogió del brazo y se lo llevó casi a rastras.
— ¿Y mi mujer?—preguntó Roger cogiendo en brazos a su hijo.
—Todo ha ido muy bien—explicó la enfermera sonriendo—Están terminando de suturarla y la subirán a reanimación. Ahora me llevaré a su hijo para terminar de lavarlo y podrá volver a verlo en unos minutos.
— ¿Cómo le vais a llamar?—preguntó Georg con curiosidad.
—Roger, como yo—contestó el orgulloso padre devolviendo su hijo a la enfermera.
Enseguida se pusieron a hablar de lo guapo que era y si se parecía más a la madre o al padre, momento que aprovechó Bill para escabullirse.
— ¿Dónde vas?—preguntó Tom, atento a cada uno de sus movimientos.
—Al baño—contestó Bill en voz baja.
— ¿Te acompaño?—se ofreció Tom.
Negó con la cabeza y se fue por el pasillo preguntando a la primera enfermera que vio por el baño. Quedaba algo lejos y lo agradeció. Casi echó a correr hacia el y nada más entrar por la puerta se encerró en una cabina donde dio rienda suelta a tantas lágrimas derramadas.
No podía más, estar rodeado de gente que sabía lo mal que lo estaba pasando y tratar de aparentar que no era verdad, que lo había superado y dejado atrás. Cuando lo cierto era que solo Tom sabía cómo se sentía realmente, como intentó olvidar a David en vano y por mucho daño que le había hecho, jamás lograría expulsarle de su corazón.
Ni a él ni a Tom, porque cada vez que se volvían a ver tras un largo tiempo, se despedían con un beso. En los labios. ¡Entre dos hermanos!
Y con cada beso que se daba, sentía en su interior algo que no debía. Le amaba…
— ¡No!—gritó en el solitario baño.
Salió de la cabina y fue hacia un lavabo, cogió agua con las manos y se lavó la cara de lágrimas. Se secó a una toallita de papel y al mirarse en el espejo lo vio. Ahí estaba Tom, en su reflejo. Los mismos ojos, los mismos labios…esa sonrisa tan dulce que le dedicaba siempre que le veía…
No se lo pensó más y salió del baño, por suerte Tom se había quedado con los demás y no le esperaba al otro lado de la puerta. Echó un vistazo rápido a la sala de espera, podía ver la espalda de Gustav hablando con Patrick. No veía a los demás, estarían sentados fuera de la vista.
Mejor, no quería que nadie fuera testigo de su huida. Echó a correr en dirección contraria, bajó las escaleras y abandonó el hospital antes de que nadie se diera cuenta. Tuvo suerte y había un par de taxis aparcados en la acera. Se subió al primero y le pidió que le llevara al aeropuerto.
—Con este tiempo no creo que se haya reanudado los vuelos—comentó el taxista.
Bill asintió en silencio al tiempo que cruzaba los dedos. Debía coger un avión que se lo llevara bien lejos…
—Dale un beso enorme a Natalie de nuestra parte—se despidió Theresa abrazando a Roger—Pasaremos a verla a ella y al pequeño Roger mañana por la tarde, cuando esté más recuperada.
—Gracias por haber venido—dijo Roger también abrazándola.
Los demás la imitaron y tras despedirse de Roger y los felices abuelos abandonaron el hospital.
— ¿Y Bill?—preguntó Georg camino del ascensor.
—Aún continúa en el baño—murmuró Tom dirigiéndose a el.
Abrió la puerta y entró, arrugando la frente al hallarlo vacío. Todas las cabinas tenían las puertas abiertas y aunque sabía que era en vano buscó en cada una de ellas algún rastro de Bill. Pero nada. Sobre el lavabo había una toallita de papel echa una bola, pero nada más.
Salió del baño y se reunió con sus amigos contándole lo ocurrido.
— ¿Se ha ido?—repitió Georg sin lograrlo entender—¿Cómo? ¿Por qué?
—Tal vez esté en la calle tomando un poco de aire—murmuró Theresa.
Tom no lo creía, aun así entró en el ascensor con sus amigos y una vez en el hall del hospital echó a correr a la salida buscando a Bill con la mirada. Nada, no había rastro de él.
Suspiró y se fijó en el único taxi que había en la acera y se acercó.
—Perdone, ¿ha visto salir un chico moreno, con el pelo largo?—preguntó cruzando los dedos—Es igual de alto que yo…bueno, un poco más. Vestía una cazadora de piel negra y vaqueros estrechos…
—Sí, salió hace 15 minutos—explicó el taxista—Se lo llevó un compañero.
— ¿Sabe a dónde?—preguntó Tom esperanzado.
—No, lo siento—contestó el taxista.
Tom sintió que se le caía el alma a los pies. Le dio las gracias y se acercó a sus amigos que le miraban con la preocupación pintada en la cara.
—Ha subido a un taxi y se ha ido—murmuró suspirando.
—A lo mejor está en casa—comentó Georg.
—Sí, pero en la suya—dijo Tom con firmeza—Ha ido al aeropuerto a ver si sale algún avión para Los Ángeles.
— ¿Vamos a por él?—preguntó Georg cogiendo las llaves del coche.
—No—contestó Tom sin pensárselo dos veces—Necesita estar solo.
Nadie le llevó la contraria, se despidieron de Silke, Dunja y Patrick y entraron en sus coches, siendo Gustav esa vez quien condujera en vista que su amigo no estaba en las mejores condiciones. Regresaron los primeros a casa y media hora después llegaban Theresa y Georg con los niños.
— ¿Y tío Bill?—preguntaron al no verlo.
—Él…se tuvo que ir—contestó Theresa carraspeando.
— ¿No iba a celebrar la Navidad con nosotros?—preguntó Charlie haciendo un puchero.
—No podía cariño—dijo Georg suspirando.
Tom miró con pena a los niños, gracias a Bill se habían disgustado a un día de Navidad.
«Genial»—pensó resoplando.
—Bueno, no hacemos nada con lamentarnos—murmuró Georg.
—Y es hora de comer—apuntó Theresa.
Fueron a la cocina y entre todos pusieron la mesa. Comieron en silencio, ni los niños pidieron ver la tele para entretenerse. Era como si Bill se hubiera llevado la felicidad con él…
Esa noche Tom ocupó la misma cama en la habitación de los niños, Charlie durmiendo con él fuertemente abrazado. Pero él no podía conciliar el sueño, había tratado de llamar a Bill a lo largo de la tarde, pero tenía el móvil apagado. Al final le mandó un corto mensaje en el que le rogaba que si no había conseguido un vuelo se volviera a casa, que no le echaría nada en cara.
«Ni haberte ido sin despedirte»—pensó tras mandar el mensaje.
Pero llegada la noche Bill seguía sin dar señales de vida, y él estaba muy preocupado.
Cuando llegó el nuevo día se despertaron con la buena noticia que había dejado de nevar y ya no había ningún vuelo cancelado. Lo decían en las noticias, desayunaban viéndolas donde el parte meteorológico anunciaba que la nieve se retiraba y toda la gente que se había quedado en los aeropuertos a la espera de que se reanudaran los vuelos podrían pasar al fin las navidades en sus casas.
— ¿Qué vas a hacer al final?—preguntó Georg mirando a su amigo.
—Pues Susanna ya estará esquiando ella sola o con el primer pringado que se le haya cruzado por el camino—empezó a decir Gustav resoplando—Mis padres hicieron sus propios planes y se fueron a Francia a pasar las navidades en casa de mi hermana, y yo la verdad estoy cansado de tanto viaje.
—Pues quédate con nosotros—dijo Georg sonriendo—A los niños les hará mucha ilusión, y así te distraerás y no pensarás en…bueno, en nada.
Gustav asintió aceptando su invitación, así no se comía la cabeza pensando que dejar a Susanna había sido un error.
— ¿Tom?—llamó Georg—¿Te apuntas?
Los niños le miraron suplicándole con la mirada, hacía mucho de su última visita y esa había sido especial y a la vez amarga. Al día siguiente era Navidad y los niños querían que se quedara a celebrarla con ellos.
—No puedo, lo siento—murmuró Tom, defraudando a los pequeños—Mi padre me espera.
—Claro Tom—dijo Georg sonriendo con esfuerzo—Te estará esperando.
Tom asintió y expuso sus planes de salir de viaje tras el desayuno aprovechando que habían pasado los quitanieves por las carreteras. A diferencia de Bill y Gustav, él había venido en tren y todos fueron a la estación a despedirle.
—Dale recuerdos a tu padre de nuestra parte—dijo Georg abrazándole—Y por favor, ven a hacernos otra visita en cuanto puedas. Esta…no cuenta.
Tom lo prometió y tras soltarse de su amigo se despidió de Theresa.
—Cuídate mucho—pidió Tom abrazándola—Como salga a sus hermanos, este niño te va a dar mucha guerra.
—Niña—susurró Theresa para su sorpresa—Presiento que va a ser niña.
Tom sonrió al escucharla y tras besarla en la mejilla la soltó. Los siguientes fueron los niños a los que abrazó y besó prometiendo volver a verlos en enero. El siguiente fue Gustav y se fundió en otro abrazo con él.
Subió al tren y ocupó su asiento, despidiéndose de los niños a través de la ventanilla cuando el tren arrancó. Una vez en marcha se acomodó en su asiento y cerró los ojos suspirando…no había tenido ocasión de despedirse de su hermano….
Continuará…