El último Adiós FIN

El último Adiós FIN

Fic TWC de lyra

Capítulo 11

Tuvo el tiempo justo de llegar a su casa, darse una rápida ducha y coger una bolsa pequeña. Dejó bien colgado el traje que llevara en el funeral y poniéndose ropa cómoda bajó al garaje. Allí guardaba su preciado coche y tras meter la maleta dentro arrancó y salió dirección a la casa de su padre.

Era un viaje corto pero había vuelto a nevar y debía ir con cuidado. Puso la calefacción al máximo y conectó la radio donde una vez más escuchó la dulce voz de Bill.

Arrugó la frente preocupado, ¿qué patraña se habían inventado esa vez? Por suerte pudo respirar tranquilo, solo estaban repasando viejos temas musicales y en esos momentos Monsoon resonaba en su Audi.

Sonrió al recordar aquella lejana ocasión en que cantaron en directo y hacia el final de la canción empezó a llover sobre el escenario. Quedaron calados hasta los huesos, contaban entonces con 17 años y entre bastidores les esperaban albornoces y toallas. Se secaron entre risas comentando lo bien que había salido, subieron a cambiarse de ropa y allí fue testigo de algo que le partió el corazón en dos.

En el baño, ayudando a Bill a secarse el pelo estaba David. Le extrañó verlos juntos en tan reducido espacio, con la puerta entre abierta. Apenas llegaba a sus oídos lo que se decían, se acercó un poco más preso de la curiosidad, más cuando David se inclinó sobre y Bill y tras susurrar en su oído un «te amo», se apoderó por primera vez de sus labios…

Sacudió la cabeza carraspeando y se concentró en la carretera, fue en ese momento cuando se dio cuenta que lo suyo jamás podría ser. No ya porque fueran hermanos, sino porque Bill parecía sentir algo muy fuerte con una persona que casi le doblaba la edad.

No lo entendía, pero era su decisión y la debía respetar por mucho que le costara y le doliera…

Aparcó el coche ante la puerta de la casa de su padre, apagó el motor y se quedó observándola. Estaba toda ella iluminada, a Jörg Kaulitz le encantaba la navidad y todos los años colgaba lucecitas en las ventanas y adornaba la puerta. Se imaginaba como estaría el salón, habría un árbol de navidad en un rincón justo al lado de la chimenea de donde habría colgado un calcetín rojo con su nombre bordado en letras doradas.

Sobre la repisa de la chimenea su padre siempre colocaba las postales navideñas recibidas, incluida una suya. Sabía que le hacía ilusión y aunque se fueran a ver el día de Navidad le había escrito una y enviado una dos semanas atrás.

Era un gesto que su padre agradecía,… ¿Bill le habría escrito una? Lo dudaba, su hermano apenas escribía ya nada, decía que su inspiración murió el mismo día que Tokio Hotel se disolvió, y Tom mucho se temía que David tenía la «culpa» también de eso. Todas y cada una de las canciones que Bill escribió era una declaración de amor, y al separarse sus caminos no tuvo a nadie a quien cantar. Y su voz se apagó…

Sacudió la cabeza, era mejor entrar en la casa antes de que su padre se asomara a la ventana preguntándose el porqué de su retraso y le viera aparcado en la acera. Salió del coche y cogiendo una pequeña bolsa del asiento trasero se la cargó al hombro y atravesó el jardín de su padre.

Había nevado de nuevo y estaba todo blanco, pero su padre había pasado el día retirando con la pala la nieve a un lado y echado sal para que nadie resbalara. Pudo llegar a la puerta sin peligro de caerse y romperse una pierna, solo faltaba eso ya.

Iba a llamar cuando llegó a sus oídos una dulce voz. ¿Su padre tenía compañía? Lo dudaba, no salía con nadie desde que lo dejara con Casandra, una joven azafata de la que se había enamorado. Pero estaba siempre viajando y fue la distancia la que puso fin al romance, y no la diferencia de edad como muchos pensaban.

La había visto un par de veces solo y le había gustado mucho para su padre, era dulce y amable y a pesar que ya no estaban juntos sabía que una postal suya estaría colocada en la repisa de la chimenea. Mantenían el contacto, más desde que su padre sufriera un infarto, Casandra le envió un ramo de flores y estuvo llamando todos los días para ver qué tal estaba. Incluso le hizo una visita cuando su padre estaba ya en casa y ella pudo cogerse unos días libres.

¿Sería ella quien estuviera allí en esos momentos? ¿O era la televisión que su padre estuviera viendo mientras le esperaba? No lo sabía, había algo que le decía que era voz le era familiar. Pero por más que trataba de identificar esa voz que cantaba «White Christmas» no podía, hasta sus oídos llegaba la melodía tan bien entonada pero a través de la puerta le era difícil identificar quien la cantaba.

No esperó más, cogió aire y tocó el timbre de la puerta. Esperó hasta que su padre acudió a abrir, para entonces habían dejado de cantar. Al minuto la puerta se abrió y saludó a su padre con un abrazo.

— ¡Papá!—exclamó besándole en la mejilla.

—Tom, tenía miedo que la nieve no te dejara venir—saludó Jörg estrechando a su hijo.

—Aún no me creo que esté aquí—comentó Tom echando una mirada sobre el hombro de su padre.

Tras él había alguien. Arrugó la frente tratando de saber si le reconocía o no, le era muy familiar. Su padre no le había dicho que habría más invitados…

Al momento sus ojos se abrieron como plato, ante él estaba Bill. Su hermano, cuyo pelo se había teñido y cortado. Lo llevaba rapado a los lados y un flequillo ligeramente levantado y hacia atrás peinado. Su color de ahora era un rubio algo más intenso que el suyo, pero con el tiempo se aclararía y si alguien les mirara no sabría decir quién era Bill o quien Tom.

— ¡Sorpresa!—dijo Bill sonriendo.

Aún no daba crédito a lo que veía y oía. ¿Qué hacía ahí Bill? ¿Por qué ese cambio de imagen? ¿Qué había pasado?

—Después hablamos—murmuró Bill, como si le hubiera leído el pensamiento.

—Bill se presentó esta mañana—explicó Jörg a su hijo mayor—Ha sido una agradable sorpresa, casi no le reconocí y por poco no le cierro la puerta en las narices.

—Si te hubiera llamado no sería una sorpresa papá—dijo Bill entre risas—Pusiste una cara que…

—No te rías de papá—intervino Tom apuntándose a la broma—Avísale la próxima vez, no le provoques otro ataque al corazón.

Jörg resopló como respuesta y dejó que sus hijos se burlasen de él mientras iba a la cocina y terminaba de poner la mesa. Bill le había estado ayudando a cocinar y tenían un pavo en el horno junto con una bandeja de galletas caseras.

—He traído vino—apuntó Tom sacando de su bolsa una botella.

—Perfecto, así ya tenemos 2—apuntó a su vez Bill.

— ¿Tú también…?—preguntó Tom alzando una ceja.

Bill asintió sin dejar de sonreír y Tom le imitó. Le echó un repaso de arriba abajo, iba vestido con ropa formal, nada de esos modelitos brillantes o con plumas que le gustaba tanto llevar. Y se le veía más relajado y feliz, se moría por preguntarle qué le había pasado….y por qué se fue sin despedir…

Decidió esperar a terminar de cenar, no quería sacar ese tema de conversación ante su padre. Habían ido a celebrar la Navidad, no a tirarse los trastos a la cabeza.

Fue una velada agradable, charlaron sobre cualquier tema evitando el porqué del drástico cambio de Bill o el entierro al que ambos habían asistido días antes. Terminada la cena ayudaron a su padre a meter los platos usados y vasos en el lavavajillas y dejaron un poco recogida la cocina, pasando al salón a tomarse una copa de champán junto con algunos dulces incluidas las galletas que Bill quiso hacer esa mañana.

Aprovecharon también para intercambiarse los regalos, siendo Bill el único que no recibió nada pues nadie le esperaba.

—De verdad, no importa—dijo Bill con firmeza—Veros es mi mejor regalo.

Y antes de que nadie dijera nada más separó los labios y se puso a cantar. Ahí estaba la dulce voz que Tom escuchó al llegar, ¡qué mejor que la voz de su hermano, como regalo! Hacía mucho que no le escuchaba y aunque desafinó algunas notas, no se desanimó y su voz se dejó escuchar alta y clara.

Sentado en su sofá le escuchaba cantar de pie en medio del salón, caminando hacia el árbol de navidad que su padre había iluminado. No se lo pensó dos veces y se unió. Cantaron un villancico tras otro hasta que se les terminó el repertorio. Entonces su padre aplaudió orgulloso de sus dos hijos, que a pesar de tener buenos amigos con quien celebrar la Navidad habían preferido una simple cena en compañía de su padre.

Dos horas después estaban cada uno en su cama. Bill y Tom compartían habitación, desde que su padres se separaran hacía ya unos 23 largos años, su padre se había mudado a la misma casa donde se encontraba y dispuesto la otra habitación con dos camas para cuando sus hijos les hacía una visita.

Y ahí estaban, cada uno metido en su cama. Permanecían despiertos, ambos sabían que tenían un tema pendiente pero ninguno de los dos se atrevía a hablar primero.

—Lo siento—susurró Bill tras varios silenciosos minutos—Siento mucho haberme ido sin despedir, pero no podía permanecer en el hospital más tiempo.

—Lo comprendo—susurró Tom también—Sabía que te sería muy difícil ver a Natalie sin recordarlo todo.

—Sentía que me ahogaba—explicó Bill—En el baño me miré en el espejo…y vi tu reflejo. Entonces lo comprendí todo, no podía seguir negándome que…que te amo con toda mi alma, que a tu lado lo de David no fue nada. Siempre has estado cuando más lo necesitaba, me has apoyado y nunca me has defraudado.

Tom le escuchaba en silencio, era lo que siempre había querido escuchar pero tras lo pasado con David… ¿y si Bill estaba mal? ¿Estaba en shock por lo ocurrido? ¿Y qué pasaba con Jake?

—Lo he dejado todo—siguió Bill explicando—Cuando llegué a Los Ángeles llamé a mi representante y le dije que abandonaba por motivos personales. Llamé a Jake…y le dije que todo era una farsa, que lo sentía mucho y que le dejaba. Sé que le he hecho mucho daño pero no puedo permanecer a su lado sintiendo lo que siento por ti.

Se levantó de la cama y se metió en la de Tom quien le hizo un hueco sin decir palabra.

—Hoy he vuelto a cantar solo por ti—susurró Bill—Sabía que te iba a ver y no podía dejar de sentirme muy feliz. Siempre que tengo momentos malos tarareo In Die Nacht por lo bajo, la canción que escribí solo para ti.

—Siempre que la escucho cierro los ojos—explicó Tom sonriendo—Pensando si alguna vez se haría realidad todas esas cosas que me cantas.

—Llévame contigo y abrázame, de otro modo estaré colgado solo en la noche—cantó Bill a su oído—No quiero estar aquí solo, quedémonos juntos en la noche…

No pudo seguir cantando más, Tom se apoderó de sus labios y empezó a besarle con lágrimas en los ojos. Por fin su deseo se había hecho realidad, sabía que siendo Navidad no podía ser de otra manera y al fin tenía eso por lo que tanto había llorado: el amor puro de su hermano…

Se quedaron a comer con su padre y entonces regresaron, Bill tenía aún tenía que poner en orden ciertos asuntos como la venta de su ático y trabajo pendiente y Tom le llevó al aeropuerto. Su vuelo salía en 20 minutos y le acompañó hasta la puerta de embarque.

—No tardaré muchos días—dijo Bill con una amplia sonrisa—Tenía trabajo pendiente que he de cancelar y prefiero hacerlo en persona. Sé que voy a defraudar a mucha gente, pero estoy ya cansado de ser popular. Quiero retirarme a un pueblo tranquilo donde nadie me reconozca y poder vivir en tranquilidad.

— ¿Qué te parece Loitsche?—preguntó Tom alzando una ceja—Tengo una casita en las afueras sin ningún vecino a varios kilómetros a la redonda.

—Me parece perfecto—contestó Bill suspirando.

«El vuelo con destino a Los Ángeles está a punto de embarcar, por favor dense prisa en facturar su equipaje y vayan a la puerta número 103″—anunciaron por megafonía.

Bill debía darse prisa, se colgó al hombro la pequeña bolsa que se había llevado y con al billete de una mano se preparó para embarcar. Pero…no podía hacerlo, irse sin despedirse de Tom. Echó un vistazo a su alrededor, había poca gente y aprovechó el momento.

Dio un paso y cogiendo de la solapa de la cazadora que llevaba tiró de Tom y se apoderó de sus labios. Se fundieron en un profundo beso ajenos a miradas indiscretas, quien pasara por su lado solo vería dos chicos besándose, nada más. Con su nuevo corte de pelo Bill pasaba desapercibido y de Tom ya nadie se acordaba.

Se separaron y Bill susurró un “te quiero” antes de echar a correr no fuera que el avión despegase sin él. Entregó su billete a la azafata y una vez le desearon un feliz vuelo se volvió y le lanzó a Tom un beso.

Tom sonrió suspirando, en menos de una semana tendría a Bill compartiendo su cama. En su cabeza no estaba la idea de hacer el amor, solo querían pasar juntos la eternidad. Nada ni nadie volvería a separarlos jamás.

Echó a andar hacia su coche imaginándose lo que sería vivir los dos juntos, compartir cada hora del día y la cama cada noche. Como dormirían abrazados con fuerza para que nadie los separase, como se desearían con un profundo beso en los labios felices sueños…como nunca se dirían adiós ni hasta luego, siempre sería un…»te quiero».

F I N

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por lyra

Escritora del Fandom

3 comentario en “El último Adiós FIN”
  1. Aunque me alegra que al final se quedaran juntos, Bill estaba obsesionado con David, y supongo que eso no va a desaparecer de un día para otro. Pero estoy segura de que Tom hará que se olvide de él y que vuelva a amar completamente a alguien.
    P.s. se me hace raro leer un fic en el que se lleven bien con su padre, no abundan de este tipo en el fandom.

  2. Al parecer ese fue el final, me alegra que por fin los chicos se reconciliaran y decidieran ser felices de un buena vez
    Gracias!! 💐💐💐

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