
Fic TWC de lyra
Capítulo 3
Fue una ceremonia muy emotiva. Todos los que quisieron decir unas palabras subieron y pasaron unos minutos hablando de lo importante que fue David en sus vidas, relatando alguna anécdota incluso graciosa que los hizo sonreír en esa mañana fría.
En los primeros bancos estaban sentados los familiares. El padre de David muy serio no paraba de consolar a su mujer que destrozada de dolor lloraba amargamente a su lado.
Tom los miraba y sentía los ojos llenos de lágrimas. No podía dejar de pensar como sería si él o Bill muriera antes que sus padres, lo destrozados que se quedarían…y él sin Bill a su lado. Siempre dijeron que donde iba uno, el otro le seguiría…incluso más allá de la muerte.
Aunque no había más que verlos en esos momentos, más distanciados que nunca, sin un lazo que los uniera. Llevaban meses sin verse, y por raro que sonara no se echaban de menos tanto como la gente esperaba. Cuando Tokio Hotel desapareció cada uno tiró por su camino y quitando alguna reunión familiar apenas coincidían o hablaban. ¿Dónde quedó esa hermandad de la que siempre alardeaban? ¡Si hasta Bill compuso una canción solo para ellos dos! In die nacth</I>, le gustaba escucharla cuando más nostálgico estaba, recordando como en los conciertos que daban Bill se la cantaba a él solo en el escenario, como le miraba y con los ojos llenos de lágrimas le decía que era lo que corría por sus venas, que era suyo y nunca dejaría de serlo…
Se puso en pie cuando la ceremonia terminó. David sería incinerado en la intimidad y tras dar el pésame a los padres todos se retiraron. Salieron de la iglesia pero apenas pararon unos minutos, la lluvia que había caído esa mañana se había transformado en una fina cortina de nieve que amenazaba con caer con más fuerza.
Y así fue, 5 minutos después de dar el último adiós a David empezó a nevar con más intensidad. No tuvieron más remedio que dejar la conversación para otro momento, o eso creían todos hasta que Theresa les invitó al apartamento a tomar un café.
—Si no tenéis otros planes—murmuró al ver el gesto de algunos.
—Un café estará bien—apuntó Dunja sonriendo.
Silke y Patrick asintieron en silencio. Gustav consultó el móvil antes de decir que sí también, solo quedaba Natalie que aludiendo un fuerte dolor de cabeza se disculpó dejando el café para otra ocasión. Todos lo entendieron y se despidieron de ella y su marido, deseándoles una feliz Navidad de paso.
—Dale recuerdos a la pequeña Carol—murmuró Theresa abrazando a Natalie.
—Iremos a veros en enero—prometió el marido de Natalie estrechando la mano de Georg—Seguro que Santa Claus deja algo en casa para Tomi y Charlie.
Georg asintió y una vez todos despedidos entraron en sus respectivos coches. Gustav fue con ellos al apartamento, un taxi le había llevado directamente desde el aeropuerto. Había llegado al funeral de milagro, era el único vuelo que saldría y había conseguido plaza a última hora. Sabía que corría el peligro de quedarse aislado por la nieve, pero no podía faltar en ese día tan señalado.
También sabía que si eso pasaba Georg no permitiría que pasase la noche en un hotel y que le esperaba una cama en el antiguo apartamento. Ya lo había hablado con Susanna, se quedaría si hiciera falta esa noche y regresaría al día siguiente…o eso esperaba, el vuelo podía cancelarse por la nieve y las carreteras estarían igualmente nevadas. Solo esperaba no tener que pasar el día de navidad lejos de Susanna, habían planeado pasarla en Aspen esquiando y dentro de dos días tendrían que salir de viaje. Su relación no es que estuviera pasando por un buen momento y eso podía ser la gota que colmara el vaso. Se había prometido a sí mismo hacer lo imposible por solucionar las cosas, pero sabía cómo se pondría Susanna si la dejaba sola en esa fecha tan señalada, de nada serviría la «excusa» de la muerte de David, ya le había dicho que tras tanto tiempo no le debía nada, y ella jamás se rebajaría a volver a ver a Tom tras haberla dejada plantada.
Una vez en el apartamento Georg se encargó de preparar un café para sus invitados que se tomaron acompañado de unos bizcochos que Theresa había hecho el día anterior. Se sentaron en el salón, admirando las fotos de los gemelos que llenaban las estanterías.
—Los dos han heredado tu pelo—comentó Silke mirando a Georg sonriendo.
—Aún recuerdo lo largo que lo llevabas entonces—intervino Dunja suspirando.
Georg sonrió también suspirando, se había cortado su melena hacía ya varios años y él también la añoraba. Pero ya tenía una edad y un trabajo donde se tenía que hacer respetar, ya no era ese niño de 15 años que fundó un grupo de rock con sus mejores amigos. Ahora estaba casado, con dos hijos y otro en camino.
—Se acabaron las peleas por el secador y la plancha, ¿eh?—intervino Gustav dando a su amigo un ligero codazo.
—Era una guerra cuando él y Bill coincidían en el baño—murmuro Patrick como si nada.
Se hizo un silencio tenso, todas las miradas se dirigieron a la única persona que tomaba su café con la mirada perdida. Mencionar al ex cantante, el gran ausente en ese día era como recibir un jarro de agua fría.
—Perdón, ¿me decíais algo?—preguntó Tom pestañeando.
No estaba siguiendo la conversación, estaba mirando por la ventana y cuando volvió la mirada todos le observaban en silencio como si esperaran que les contestara.
—Hablábamos de Bill—aclaró Gustav carraspeando.
—Ya—murmuró Tom moviéndose incómodo en su asiento.
— ¿Por qué no ha querido venir?—preguntó Gustav yendo directo al grano.
—Tenía trabajo—contestó Georg por Tom.
—Yo también, y lo he dejado para asistir al entierro de mi amigo—señaló Gustav.
—Chicos por favor, no es el momento—intervino Dunja tratando de poner paz.
—Es que…no lo entiendo—insistió Gustav.
— ¿Qué es lo que no entiendes?—saltó ya Tom—Ha muerto el que fuera su primer amor, ¿crees que está en condiciones de asistir? No le ha conseguido olvidar, y lo último que necesita es verlo muerto en su ataúd, ¡joder!
No quería saltar así delante de sus amigos, pero estaba harto de la situación. Ni él mismo sabía por qué no había asistido Bill, solo hacía conjeturas al igual que los demás.
Se levantó y echó a correr escaleras arriba. Estaba realmente enojado, no sabía dónde se dirigía hasta que sus pies le llevaron al que fuera y seguía siendo el estudio de grabación. Georg lo usaba para probar allí a los jóvenes talentos de los que se encargaba, en esos momentos estaba a oscuras pero aún recordaba donde estaban las luces.
Las encendió de un manotazo, asustándose al ver su reflejo en el cristal que separaba la cabina de grabación del resto de la estancia. Allí era donde Bill se pasaba las horas encerrado hasta que tenía grabada una sola canción. Él le observaba desde el sofá que aún estaba en un rincón apartado, le veía cantar tan concentrado…intercambiando miradas juguetonas con David, que de pie a su lado coqueteaba sin inmutarse con su hermano.
Resopló resignado, le costó admitir que estuvieran juntos pero si era lo que Bill quería, a él no le quedaba más remedio que aceptarlo.
— ¿Tom?
Era Georg quien le llamaba. Como en los viejos tiempos, Gustav le sacaba de quicio y Georg era el encargado de poner paz. Bill…hubo un tiempo en que era él quien lo hacía, pero desde que empezara a verse con David pasaba más tiempo encerrados los dos en su habitación haciendo Dios sabe qué y entonces no estaba para nadie más. Ni siquiera para él.
—Siento haber gritado—se disculpó de nuevo resoplando.
—Ya…bueno, hoy es un día extraño—murmuró Georg carraspeando—Gustav me ha pedido que te diga que lo siente, que habló sin pensar.
Tom asintió, en el fondo sabía que Gustav lo había dicho porque al igual que él estaba preocupado por Bill y no lo terminaba de entender.
—Esto…Patrick, Dunja y Silke se van ya—explicó Georg—Está nevando cada vez más fuerte y las carreteras se pondrán peor con el paso del tiempo. Gustav está llamando al aeropuerto, pero mucho me temo que esta noche ocupará la otra habitación que tenemos libre.
—Yo también me voy—anunció Tom de repente.
— ¿Cómo?—preguntó Georg sin entender.
—Necesito tomar aire, vendré para la hora de comer—prometió Tom pasando por su lado.
Bajó las escaleras de nuevo y llegó a tiempo de despedirse de Patrick y las chicas, disculpándose por su pequeño arrebato. También lo hizo con Gustav, quien se disculpó a su vez y le informó que efectivamente esa noche serían uno más a dormir.
—Aún no se lo he dicho a Susanna—murmuró Gustav resoplando.
— ¿Va todo bien?—preguntó Tom, preocupado por el tono usado por su amigo.
—Estamos pasando por una crisis—empezó a explicar Gustav—Llevamos unos meses algo tensos y esperaba poder arreglarlo todo estas navidades, pero…Navidad está a la vuelta de la esquina y como no ocurra un milagro y deje de nevar…
Tom asintió suspirando. Conocía de sobra los arrebatos de Susanna, cuando le dijo que lo suyo no iba a ningún lado se encontró al día siguiente parte de sus cosas en la calle. Susanna se las había tirado por la ventana sin importarle romperle el portátil y destrozarle a tijeretazos algunas de sus gorras que guardaba por nostalgia.
En el fondo, se apiadaba de su amigo…
—Será mejor que la llame cuanto antes, ¿para qué retrasar más lo inevitable?—preguntó Gustav con sarcasmo.
Pasó por su lado y subió a la que sería su habitación para tener algo más de intimidad…o mejor dicho para que sus amigos no le oyeran ya fueran los gritos de Susanna o a él suplicar…
—Será mejor ir a por los niños antes de que nieve con más fuerza—dijo Theresa mirando a Georg.
—Dejémosle tu coche a Tom, quería salir a tomar el aire y no creo que quiera ir andando—comentó Georg mirando a su amigo.
—Gracias, prometo estar de vuelta para la hora de comer—dijo Tom cogiendo las llaves que le tendían.
Se aseguró de tener su cartera con su documentación y móvil y salió corriendo del apartamento. El coche estaba aparcado delante de la puerta y salió derrapando al llegar a la esquina. Tomó aire profundamente y se concentró en la carretera siguiendo el mismo camino tomado por Georg esa misma mañana.
En su cabeza aún resonaba la escasa conversación que había mantenido con su hermano nada más conocer la noticia…
— ¿Qué no vas a ir?—gritó sin poder evitarlo.
—No puedo Tom…por favor, compréndelo—suplicó Bill entre lágrimas.
—Deja a un lado lo pasado, David no era solo nuestro productor, fue la persona que nos cuidó cuando estábamos de viaje y lejos de mamá…era nuestro amigo, se lo debes—insistió Tom en vano.
—No le debo nada—dijo Bill con frialdad.
Tom le escuchaba perplejo por ese cambio de estado, de las lágrimas a una frialdad que realmente asustaba.
— ¿Estás bien, Bill?—preguntó preocupado.
—Tengo trabajo que no puedo dejar así por las buenas—contestó Bill secándose las lágrimas—Díselo a los demás. Y no insistas, por favor.
Colgó antes de esperar una respuesta…con miedo de que Tom dijera algo que le hiciera derrumbarse de nuevo al otro lado del teléfono…
Pero Tom no le hizo caso e insistió e insistió hasta que minutos antes del funeral logró mandarle un esperanzador mensaje, cuya respuesta recibió casi al instante y le hizo suspirar aliviado en parte…
Minutos después estaba de nuevo en el cementerio. Tras haber sido incinerado las cenizas del ex productor descansaban ya en la tumba familiar. Había hablado con el mismo cura que había celebrado el oficio y le explicó cómo encontrarla. La vio al momento, era la única que tenía flores frescas.
Se acercó con lentitud y se inclinó acariciando con su mano la fría lápida bajo la cual David descansaba, retirando a un lado la nieve que sobre ella se había posado. Dejó sobre la lápida una rosa blanca que había llevado consigo. Se incorporó de nuevo y esperó…
Minutos después escuchó un movimiento a su izquierda, pero no se movió. Fijó la mirada en el frío mármol que tenía a sus pies y segundos después otra rosa blanca hizo compañía a la que él había depositado.
Continuará…
Ohhhh creo que al final fue Bill a verlo. Pero por qué de esa manera? Y el pobre de Gustav debería dar por twrminada esa relación que no tiene futuro