El último Adiós 4

El último Adiós 4

Fic TWC de lyra

Capítulo 4

Se quedó mirando la rosa sonriendo sin poder evitarlo. Al fin, su hermano había llegado.

—Sabía que te lo pensarías y vendrías—murmuró girándose.

Bill le miraba con lágrimas en los ojos. Se movió con rapidez y le dio un fuerte abrazo que Bill agradeció profundamente.

—Siento el retraso—susurró Bill con los ojos cerrados.

Llevaba horas metido en un avión, rezando para que dejara de nevar o lo hiciera sin parar. No sabía que era lo que realmente quería, si ir a dar su último adiós a David o no. Sabía que la iglesia estaría llena y al verle la gente cuchichearía. Dirían que ahí estaba ese niño que con escasos 18 años se enamoró del que fuera su productor y no dudó en gritarlo a los cuatro vientos, haciendo que cayera sobre el grupo un sonado escándalo.

No le importó que David tuviera muchos problemas, o que sus padres quisieran incluso denunciarlo. Defendió su amor por él con uñas y dientes y como había cumplido ya la mayoría de edad pudo hacer al fin otro de sus sueños realidad.

Hizo el amor por primera vez con David, que pacientemente le enseñó donde tocar y cómo besar. Bill disfrutó mucho, y tras esa magnífica noche su personalidad cambió. Dejó de ser ese niño tímido y asustadizo, ya no se cortaba y aprovechaba cualquier ocasión para demostrar su gran amor, ya fuera en una fiesta donde le besaba hasta la saciedad o en alguna entrevista donde le nombraba como el gran amor de su vida.

Pero resultó que no lo fue. Cuando se disolvió el grupo Bill había crecido y madurado. Quiso ser modelo y lo consiguió. Quiso mudarse a Los Ángeles…y David no le siguió. Él tenía su trabajo en Alemania y no lo podía dejar así como así, y sabía en el mundo en que se movería Bill. Viajes de arriba abajo, fiestas hasta altas horas de la madrugada….y él ya tenía cierta edad donde solo quería algo de paz.

Sabía que con él a su lado, Bill no podría hacer su sueño realidad y cortó con él con todo el dolor de su corazón. Bill no lo aceptó, le pidió que se dieran tiempo y se lo pensara, pero…David lo estropeó y entonces Bill si lo aceptó y 4 meses después presentaba a su nuevo novio en sociedad, con el que solo duró una semana. No le importó y siguió buscando sin éxito otro gran amor que nunca llegó.

— ¿Tienes frío?—preguntó Tom al sentirle estremecerse en sus brazos.

Bill asintió y alzó a cara de donde tan cómodamente la tenía. El cuello de su hermano desprendía un agradable olor y por una vez tras 4 días de intenso dolor esbozó su primera sonrisa.

—Te he echado mucho de menos—susurró Bill contra su piel.

—Y yo a ti—respondió Tom.

Se le quedó mirando, sus labios temblaban del frío y la emoción. Bajó la cara y como ya hiciera con 20 años…probó de nuevo sus labios. Le besó con suavidad en ellos, sintiendo como la frialdad que reinaba daba paso a su cálido aliento. Cerró los ojos y se sumergió en el beso, en los recuerdos que llegaron a su mente y que creía bien escondidos en el fondo de ella…

Tras una de sus muchas peleas con David, Bill lloraba metido en su cama pensando que jamás encontraría a alguien que le amara sin pedir nada a cambio.

—Me tienes a mí—dijo Tom sin pensar.

—Eres mi hermano—contestó Bill entre lágrimas.

—Y siempre te amaré—susurró Tom antes de apoderarse de sus labios.

Le pilló desprevenido, Bill se dejó besar hasta que el sonido del móvil les hizo separarse. Era un mensaje de David donde le decía lo tonto que era y le pedía perdón además de otra oportunidad más.

Se separaron y se miraron a los ojos, preguntándose qué les había dado…

—Me tengo que ir—susurró Bill.

—Lo siento…yo no…—dijo Tom con torpeza.

—Adiós, Tom—se despidió sin volverse.

Un simple adiós, nada de preguntas sobre porque lo había hecho…o si pensaba repetirlo de nuevo. Le dijo adiós y un mes después se disolvía Tokio Hotel. Bill se marchó lejos y él le imitó en otra dirección. Sus caminos jamás se volvieron a encontrar si no era por un motivo justificado, como cuando le dio un infarto a su padre o algún cumpleaños de su madre, que los obligaba a ir a verla sin poder dejar de preguntarse cuando se abrió ese abismo que los separaba a ambos.

—Me tengo que ir—dijo de repente Bill.

Pestañeó como si saliera de un sueño. El beso había terminado y Tom no se había enterado. Nuevamente le decía adiós su hermano y sabiendo que era mejor dejarle ir, le dio un último abrazo y le soltó suspirando.

—Mantente en contacto—pidió Tom en vano.

Sabía cómo era Bill, le diría que sí pero pasarían meses hasta que recibiera alguna llamada de él o le volviera a ver. Siempre ponía la excusa de su trabajo, pero él sabía la verdad. No le quería volver a ver, porque ese gran amor que siempre buscó desesperado…era él. Le daba miedo aceptar la verdad y cada vez que se veían, se despedían como si ese fuera el último adiós que se darían.

Como esa vez, le dejó marchar con un solo pensamiento en mente. Se acercaba la navidad, la época cuando los deseos se hacían realidad. Con un poco de suerte, el suyo se cumpliría y en un futuro no muy lejano, ese sería el último adiós que se darían.

Le dio un último abrazo y le acompañó hasta la salida del cementerio. Un taxi le esperaba con el motor en marcha. Quiso darle un beso en la mejilla de despedida, pero tras el último compartido se lo pensó mejor y solo le apretó el brazo con cariño.

—Nos vemos…el año que viene—logró bromear Tom entre tanta tristeza.

— ¿Sigues con la idea de pasar la Navidad con papá?—preguntó Bill de repente.

— ¿Quieres venir?—preguntó Tom esperanzado.

Le vio negar con la cabeza y suspiró resignado.

—Tengo un desfile benéfico y le prometí a Jake acompañarle a ver a sus padres—explicó Bill sin aliento.

Jake…el chico con el que se veía su hermano en esos momentos. Llevaban casi 3 meses, todo un logro teniendo en cuenta sus anteriores fracasos amorosos. Le conocía solo de vista, cuando encendía la televisión y aparecían los dos cogidos de la mano paseando, en un desfile o besándose en una fiesta.

No podía evitar sentir unos celos enormes al verlos, pero era lo mejor que le podía pasar a Bill. Sus besos robados solo pasaban en su cabeza, jamás hablaban del tema y a pesar de que sabían que rozaban el peligro cada vez que se veían, no hacían nada para impedir que sucediera.

En el fondo, los dos lo deseaban…pero el miedo les impedía dar un paso más en esa relación tan especial que mantenían en secreto y con dolor.

— ¿No te quiso acompañar?—preguntó Tom sabiendo que sonaba algo curioso.

—No sabe que he venido—contestó Bill carraspeando—Me dio el pésame por lo de David y sabía que no pensaba venir, pero al final…esta mañana me escapé y cree que estoy desahogándome yéndome de compras.

— ¿Tantas horas?—preguntó Tom perplejo.

—Si bueno…Jake sabe que a veces pierdo la noción del tiempo—se justificó Bill—De todos modos, como no coja el avión en 1 hora sí que se empezará a preocupar y al final se enterará de mi escapadita.

Tom no lo entendía, ¿por qué tantos secretos? ¿No le podía decir sencillamente que iba al entierro de un amigo que había muerto? Si, Jake al igual que el mundo entero sabía lo que hubo entre ellos, pero ya había pasado mucho tiempo, ¿es que iba a estar celoso de un muerto?

—Dale recuerdos a papá—dijo Bill sacándole de sus pensamientos.

Tom asintió y vio como entraba en el taxi y se perdía en la fría mañana. Suspiró resignado, no le apetecía volver al apartamento todavía. Entró en el coche de Georg y condujo hacia la discográfica. Aparcó en el amplio parking en esos momentos medio desierto. Estaba todo tal y como lo recordaba, en el fondo estaba el autobús que habían usado en todas las giras que habían dado.

Lo guardaban como una reliquia, y muchas fans que aún los recordaban se acercaban a la discográfica y lo fotografiaban. Se quedó observándolo desde el coche, afuera aún nevaba y a pesar de la calefacción del coche no pudo evitar estremecerse.

Cerró los ojos suspirando, recordando…Bill había cambiado y no se cortaba un pelo…

Solo habían pasado 2 horas desde el último concierto y ya estaban metidos en el autobús rumbo a la siguiente ciudad donde actuarían. Tenían toda la noche por delante y mientras que Georg y Gustav preparaba la cena, Tom iba camino del baño a lavarse las manos.

Pero estaba ocupado. Solo tuvo que esperar un minuto hasta que salió Bill y no pudo evitar quedárselo mirándolo. Estaba realmente guapo, se había peinado y cambiado el maquillaje, sus ojos tenían entonces una sombra azul y sus labios brillaban bajo esa fina capa de cacao que se había aplicado.

—Tom—le llamó con su dulce voz.

No podía ni pestañear, la visión de Bill le había cortado la respiración.

— ¡Tom!—llamó Bill soltando una risa— ¿Estás despierto?

Asintió al tiempo que pestañeaba y desviaba la mirada. Mejor no seguir mirándolo o iba a pensar cosas que no debiera…como por ejemplo como sería probar esos jugosos labios…

— ¿Puedes hacerme un favor?—pidió Bill en un susurro.

Asintió de nuevo en silencio, si le pedía la luna en esos momentos se la iría a buscar sin pensárselo dos veces.

—Necesito…que te quedes abajo y entretengas a los demás—susurró Bill pasándose la lengua por los labios.

Tom le miró sin querer comprender, dándose cuenta al fin de que el productor no estaba en su asiento de siempre trabajando en su ordenador.

— ¿Cómo?—preguntó carraspeando.

—Hazlo, por favor—suplicó Bill cogiéndole una mano—He logrado que David suba a los dormitorios y…queremos algo de intimidad…

Sus palabras no podían ser más claras. Querían follar, y el resto del mundo incluido él les estorbaba.

— ¿No podéis esperar?—preguntó tratando de soltar la mano.

—No llegaremos al hotel hasta dentro de 4 horas, y yo no podré resistirlo más—susurró Bill haciendo un puchero.

No supo que contestar, o más bien no quiso hablar. En su mente se estaba formando una imagen que le estaba revolviendo el estómago, Bill y David desnudos haciendo el amor como dos perros en celo, desesperados como si el mundo se fuera a terminar en 4 horas…

— ¡Sabía que lo harías!—exclamó Bill tomando su silencio por un sí.

Se inclinó y le besó en la mejilla con rapidez, echando a correr escaleras arriba sin poder evitar soltar una tonta risita.

Tom se quedó en la puerta del baño sin entenderle, escuchando como le llegaba la ahogada voz de David diciéndole a Bill lo cachondo que estaba antes de apoderarse de sus labios y entregarse a un profundo beso…

— ¿Tom?

Se volvió con rapidez, alguien le llamaba golpeando la ventanilla con los nudillos. Bajó el cristal y esbozó con esfuerzo una sonrisa.

— ¿Estás bien?—preguntó Silke asomándose.

—Sí, yo…necesitaba algo de aire fresco y he terminado aquí—explicó Tom por encima.

—Ya…yo tenía unos contratos que firmar y decidí venir y dejarlo todo atado antes de Navidad—se explicó Silke a su vez—Mañana tengo una reunión con un grupo nuevo que Patrick y yo llevaremos, iba a ser hoy pero…tuvimos que aplazarla.

Tom asintió suspirando, recordando el caos que se desataba cuando iban a la discográfica y David en persona les hablaba de la siguiente gira o sesión de fotos que les había salido. Le escuchaban ansiosos, imaginándose la de ciudades que visitarían o lo mucho que se iban a divertir haciéndose las fotos.

Como en una ocasión al principio de todo, tuvieron una sesión de fotos en una casa medio abandonada. Contaba con una piscina en el sótano que en esos momentos estaba vacía, con algunas hojas secas en el fondo. Se metieron en ella y tras hacerse unas fotos en las escaleras aprovecharon un momento de descanso para jugar con las hojas secas. Se las tiraron entre risas sin saber que el fotógrafo capturaba cada momento.

Esas fotos fueron muy apreciada por las fans, como las que se hicieron llenos de barro de arriba abajo. Aún recordaba la manera en la que Bill se pasaba las manos por el pecho para extender el barro sobre la camisa de manga larga blanca que llevaba…también recordaba ver a lo lejos a David observándolo todo, babeando por su hermano…

— ¿De verdad estás bien?—preguntó de nuevo Silke preocupada al ver el serio gesto que le recorría la cara.

Tom pestañeó y asintió sonriendo con esfuerzo. Había sido un error acudir a la discográfica, dolorosos recuerdos se habían apoderado de él y no lo deseaba en esos momentos.

—Tengo que irme o llegaré tarde a comer—murmuró poniendo el motor en marcha.

— ¿Cuántos días piensas quedarte?—preguntó Silke reacia a dejarle—Podíamos hacer una cena y ponernos al día de nuestras vidas.

—Queda poco para Navidad y si se despejan las carreteras mañana iré a ver a mi padre como tenía previsto—contestó Tom impaciente por irse—Hace mucho que no le veo y pasaré unos días con él.

—Claro…llámame si hay cambio de planes—pidió Silke dándose por vencida.

Le veía en tal mal estado que no quería que condujera, pero Tom estaba decidido a irse en esos momentos de allí. Le comprendía, a ella le pasaba lo mismo. La discográfica ya no era la misma tras la marcha de los chicos, y ahora que David tampoco estaba se replanteaba pedir el traslado fuera de Alemania.

Viendo que ya podía irse, Tom se despidió de Silke y salió derrapando del parking. Dio un amplio rodeo antes de volver al apartamento, para entonces nevaba con más intensidad y mucho se temía que iba a tener que quedarse un par de días.

Dejó bien aparcado el coche de Theresa y salió de el resoplando. Caminó todo lo deprisa que pudo con cuidado de no caerse, estaba a punto de llamar al timbre cuando una sombra a su derecha le hizo girarse.

Había una persona agazapada bajo la nieve y se dirigió a ella sin temor alguno, esbozando una amplia sonrisa en sus labios…

—Bill—llamó en voz baja.

Continuará… 

por lyra

Escritora del Fandom

Un comentario en «El último Adiós 4»
  1. Pobre Tom, me da tanta tristeza verlo tan melancólico y tan enamorado de un amor imposible. Ojalá Bill le corresponda en algún momento de sus vidas.
    Bill no se fue? O se lo imaginó? Necesito saber más 😘😘😘🙏

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