
Fic TWC de lyra
Capítulo 6
Llegada la hora de la cena y tras haber bañado Georg a sus hijos se encontraban todos en la cocina preparando la cena. Cada uno estaba encargado de una tarea, Georg ponía la mesa con la ayuda de los gemelos mientras que Theresa encendía el horno donde dorar el estofado que había dejado esa mañana ya preparado. Gustav ayudaba a Tom a pelar patatas y Bill era el encargado de preparar la ensalada.
—Bueno, en quince minutos esto estará listo—comentó Theresa llevándose una mano a los riñones.
—Siéntate cariño, llevas todo el día de pie—dijo Georg al verla.
Theresa sonrío y ocupó la silla que le retiró su marido, sentándose en ella suspirando.
—Mami, ¿le traerá algo Santa Claus al nuevo hermanito?—preguntó Charlie corriendo a abrazar a su madre.
—Claro que sí, sabe que aún no ha nacido pero también merece su regalo—contestó Theresa sonriendo.
Bill se giró para mirar la tierna escena, como Theresa abrazaba a su hijo pequeño y besaba en la frente siendo observada por Tomi. Se volvió suspirando y siguió cortando tomates mientras pensaba en lo mucho que le recordaba a él y a Tom de pequeños, como su madre tenía que repartir besos y abrazos entre los dos.
—También dejará algo para Carol y su otro hermano, ¿verdad?—preguntó Charlie.
—También, cariño—contestó Theresa asintiendo.
—Tal y como está Natalie, seguro que lo tiene para el día de Navidad—intervino Georg.
— ¿Ya saben que va a ser?—preguntó Gustav.
—Un niño—contestó Theresa.
—A lo mejor lo llaman David—comentó Gustav sin pensar.
No pudo evitar ponerse tenso al escuchar su nombre. Respiró hondo y siguió cortando tomates tratando de no escuchar la conversación que sonaba a su espalda.
—Estaban muy unidos, siempre trabajando codo con codo para que no nos faltase nada—siguió diciendo Gustav—David era como nuestro padre y Natalie nuestra madre.
—Hacían buena pareja—dijo Georg asintiendo.
— ¡Mierda!
El grito de Bill les hizo pegar un bote a todos. Tom fue el primero en ir a ver que le pasaba, abriendo los ojos como plato al ver como se sujetaba una mano con la otra, viendo con horror como la sangre se deslizaba por entre sus dedos.
— ¡Bill!—gritó sin poder evitarlo.
Los niños miraban asustados al ver la sangre, y Georg se encargó de que salieran de la cocina, dejando que Theresa se encargara del herido.
—Se me ha resbalado el maldito cuchillo—explicó Bill respirando con dificultad.
—Ahora te lo curo, mientras…Tom, coge un paño limpio del primer cajón y aprieta la herida con el—pidió Theresa poniéndose en pie.
—A lo mejor le tiene que dar unos puntos, ¿no sería mejor ir al hospital?—preguntó Tom.
—Tranquilo, tengo un botiquín con todo lo necesario—contestó Theresa.
Abrió uno de los armarios y sacó el botiquín mencionado. Ocupó de nuevo una silla y pidió que Tom ayudase a Bill que se sentara a su lado. Gustav se había encargado de despejar la mesa para que Theresa pudiera trabajar mejor.
—Hace dos años Charlie se cayó jugando y se hizo un corte en la frente—explicó Theresa mientras extendía una gasa sobre la mesa—Nos asustamos mucho al ver lo profunda que era la herida y una vez curado en el hospital decidí tener siempre a mano un buen botiquín provisto de aguja e hilo, por si acaso.
Bill la escuchaba en silencio sin dejar de apretar el paño limpio contra la herida de su mano. A su espalda estaba Tom, con una mano puesta sobre su hombro para consolarle.
Tras dejarlo todo preparado sobre la mesa, Theresa se enfundó en unos guantes de látex y le tomó la muñeca. Se apresuró a retirar el trapo que le cubría la mano y examinó el corte, largo y profundo. Suspiró aliviada al ver que no era muy grave, de lo contrario saldrían para el hospital de inmediato.
—No necesitas puntos—murmuró sin apartar la vista de la herida.
—Bien—susurró Bill suspirando.
—Te desinfectaré la herida y vendaré—explicó Theresa cogiendo un frasco de antiséptico.
Bill notaba que la herida le palpitaba al mismo ritmo que el corazón. Theresa le había retirado el paño a un lado dejándola al aire, era un corte pequeño pero salía mucha sangre lo que podía asustar a quien lo mirara.
—Yo…creo que me voy a ayudar a Georg con los gemelos—dijo de pronto Gustav.
No esperó respuesta alguna, salió de la cocina y dejó que Theresa curase la herida.
—Vete también si quieres Tom, puedo sola—dijo Theresa mirando al otro hermano.
Pero Tom negó con la cabeza y cogiendo una silla se sentó lo más cerca que pudo. Bien era cierto que ver como sangraba una herida no era un espectáculo agradable pero Bill le necesitaba en esos momentos y no pensaba dejarlo solo.
—Esto escocerá un poco—avisó Theresa antes de aplicar la gasa untada en antiséptico—Respira hondo, expulsa el aire, después vuelve a inspirar y mira ese cuadro que hay a mi espalda al tiempo que cuentas las respiraciones.
Bill la obedeció como pudo, fijando la mirada en el cuadro que había en una de las paredes de la cocina. Era un campo verde, salpicado de flores silvestres. Le recordaba una campiña francesa, donde había estado unos meses atrás con Jake. Hicieron un picnic ellos dos solos, cogieron el coche y metieron en el una manta. Sobra decir que aparte del picnic hicieron algo más sobre la mullida hierba…
—No es más que un pequeño corte—explicó Theresa mientras limpiaba la herida—Sigue contando, ¿estás bien?
Bill asintió sin apartar la mirada del cuadro, sintiendo cómo el sudor le resbalaba por la espalda. Tragó con esfuerzo y siguió mirando el cuadro, recordando esa lejana tarde…se veía a sí mismo tumbado medio desnudo sobre la manta, con su largo pelo extendido sobre la hierba y Jake entre sus piernas, embistiéndole con suavidad mientras que él lloraba sin poderlo evitar…
Una vez curada la herida y limpiado todo siguieron por donde lo habían dejado, ocupándose Tom de la ensalada. Bill observaba sentado donde estaba, con la mano herida sobre el regazo. Sus ojos volaban del cuadro colgado en la pared al vientre de Theresa. Una nueva vida crecía dentro de ella, al igual que en Natalie…
Hacía años que no la veía, desde que quedara embarazada de su hija fue como si Natalie se escondiera y meses más tarde Tokio Hotel se separaba. Ella se quedó en Alemania y él se mudó a Los Ángeles. Ni le mandó sus felicitaciones cuando nació Carol ni cuando se casó dos años después con otro productor musical de la Sony.
No, desde que disolvieran el grupo él cortó radicalmente con su pasado, a los únicos que quería ver eran a sus antiguos compañeros. Sobre todo a Georg, le gustaba mucho la familia que había formado y siempre se sintió parte de ella. Theresa era un encanto y los niños adorables, y aunque su trabajo le impidiera verlos tanto como quisiera, no faltaban sus regalos en cumpleaños y fechas especiales.
Como esas Navidades, ya se había adelantado y Georg guardaba en un armario de la sala de ensayos los dos coches teledirigidos que les había comprado una semana atrás. No tenía pensado hacerles una visita hasta Enero o así, dependiendo de su agenda de trabajo. Ni tampoco tenía nada pensado para celebrar las navidades, era una fecha que le daba igual.
Pero no a Jake, quien tras ayudarle a comprar los regalos a los niños le hizo el suyo: pasar el día de Navidad en una cabaña. Bill se quedó sin saber que decir, últimamente no iban bien las cosas con Jake, o al menos por su parte. Era como si se hubiera cansado de él…y no lo entendía…
Apenas había probado la cena, sentía revuelto el estómago. Y estaba muy cansado, habían sido muchas las experiencias vividas en ese día. El largo vuelo desde Los Ángeles, su encuentro con Tom ante la tumba de David…no podía creer que en ese día tan triste pasadas unas horas del entierro todos se comportaran normalmente. Pero bueno, tampoco podían pasarse de luto el resto del tiempo, la vida continuaba y él también tenía que hacerlo.
Fue el primero en retirarse a dormir. Todos le desearon buenas noches y se despidió de los niños con un fuerte abrazo. No había traído nada de equipaje, sus planes consistían en regresar a Los Ángeles esa misma mañana tras visitar la tumba de David. Recordando lo que le dijo Theresa cogió el chándal de Georg que le mencionó y se lo puso para dormir.
Se cambió en su antigua habitación, procurando no mirar la gran cama donde tantas noches había compartido con David. Había perdido su virginidad en ella, recordaba lo bien que se había portado David con él y lo pendiente que estuvo de que no sintiera ningún dolor, solo placer…
Se estremeció sin poder evitarlo, en su mente aún estaba fresco tan especial momento, por muy mal que salieran las cosas jamás lo podría olvidar.
Una vez cambiado de ropa se ocupó la habitación que le habían destinado. Era donde los niños tenían sus juguetes y que estaría destinada al nuevo miembro de la familia. Sonrió al ver lo ordenada que estaba, eran unos niños fantásticos y a pesar de que Georg solo contaba con 24 años cuando nacieron había sabido cómo educarlos, y Theresa era una madre estupenda. Formaban una buena pareja y Bill les tenía envidia, pero de la buena.
Suspiró y se metió en la cama, arropándose hasta la barbilla con el gordo edredón que Georg le había puesto cuando preparó la habitación esa misma noche tras la cena. Aparte le había dejado una manta doblada a los pies por si la necesitaba. Había vuelto a nevar mientras cenaban y verlo todo cubierto de nieve daba una sensación de más frío.
— ¿Te ayudo?
La voz de Tom le hizo pegar un bote en la cama, le había asustado. Sonrió al verle entrar en la habitación, pensando desde cuando le estaba observando.
—Estarás cansado—comentó Tom sentándose en el borde de la cama.
—Si—asintió Bill suspirando.
— ¿Y Jake?—preguntó de repente Tom.
Era normal que preguntara por él, llevaba todo el día en Alemania y su novio no había llamado para preguntar dónde estaba o si se encontraba bien.
—Ni ha llamado ni tú a él—siguió diciendo Tom— ¿Estáis peleados?
Bill negó con la cabeza al tiempo que extendía una mano y cogía el móvil. Lo había apagado nada más llegar a Alemania y al encenderlo vio 15 llamadas perdidas de Jake y 3 mensajes que leyó con rapidez.
<I>»¿Bill? ¿Dónde estás? ¿Por qué no coges mis llamadas?»
«Tenemos que hablar, llámame por favor»
«Ya es de noche, has ido al funeral ¿verdad? Sabes que me hubiera gustado acompañado. Dime al menos que estás bien»</I>
Contestó ese último mensaje con un simple <I>»Sí» </I>y apagó el móvil de nuevo.
— ¿Todo bien?—preguntó Tom, que lo había observado todo.
Bill asintió con la cabeza y cerrando los ojos se acomodó en la cama. Quería que Tom captara su mensaje, necesitaba estar a solas con su tristeza. Esperó y esperó hasta que le sintió inclinarse, contuvo el aliento al sentir el suyo acariciarle la piel, separó los labios dispuesto…pero fue su mejilla la que recibió un casto beso.
—Dulces sueño—susurró Tom contra su piel.
Le sintió incorporarse y salir de la habitación apagándole la luz de paso. Había oído su mudo mensaje, le dejaba a solas con sus pensamientos…
— ¿Está bien?
Theresa esperaba en el pasillo hasta que Tom salió de la habitación de juegos de sus hijos. Llevaba rato esperando, Bill era en esos momentos su paciente pero también sabía que Tom estaba preocupado y cuidaría muy bien de él.
—Sí, algo cansado del viaje—contestó Tom suspirando.
—Tú también lo estás—apuntó Theresa—Los niños se están acostando ya, creo que lo mejor es que duerman conmigo y Georg.
—No molestarán—prometió Tom, consciente de que en su estado Theresa necesitaba más que nadie descansar—Son bueno niños.
Theresa asintió y le acompañó a la habitación de sus hijos, donde Georg les ayudaba a ponerse el pijama pidiéndoles que hablaran en voz baja.
—Tío Bill necesita descansar—les decía muy serio.
—Mamá le curó la herida, ¿verdad?—preguntó Charlie.
—Tu madre es la mejor enfermera del mundo—contestó Tom—Y mañana Bill estará como nuevo.
—Pero para eso tiene que dormir, y vosotros no debéis hacer ruido—insistió Georg.
Los niños asintieron y terminaron de ponerse el pijama. Tom dejó que sus padres les arropara en la cama que compartirían los hermanos y echó una carrera a la habitación que había ocupado la noche anterior. Se puso allí su pijama y cogiendo su neceser salió justo en el momento en que Gustav le dejaba libre el baño.
— ¿Qué tal Bill?—preguntó Gustav.
—Bien, ahora duerme—contestó Tom.
Le dio las buenas noches y entró en el baño a lavarse los dientes. Cuando regresó a la habitación de los niños estaban los dos metidos en una de las camas mirándole en silencio. Sonrió y ocupó la que le habían dejado libre. Apagó la luz…y a pesar de que se lo había prometido a su madre, Charlie durmió con Tom de nuevo…
Eran las 2 de la noche, y Bill estaba despierto. Había podido dormir algo gracias al analgésico que se había tomado antes de acostarse, pero en esos momentos la herida de su mano parecía estar ardiendo. Recordó que le había dejado la caja de analgésicos en un armario de la cocina y decidió bajar a tomarse otro junto con un vaso de leche caliente.
Se levantó y minutos después se encontraba sentado en la cocina bebiendo su vaso de leche. Nuevamente sus ojos estaban clavados en el cuadro, no podía sacarse a Jake de la cabeza en esos momentos. Le debía una buena explicación, no solo de su comportamiento de ese día sino de toda su vida, de esa mentira en la que estaba viviendo por no atreverse a ser sincero…
Suspiró y apartó la mirada del cuadro, sentía los ojos llenos de lágrimas. Miró su mano vendada y no pudo evitar romper a llorar, recordando el motivo por el que se le escapó el cuchillo. Hablaban de Carol, la hija que tuvo Natalie en la época de Tokio Hotel. Recordaba todo lo ocurrido como si hubiera pasado el día anterior, como se enteró de que estaba embarazada y su vida quedó destrozada…
—Sabía que estarías aquí.
La voz de Theresa le hizo dar un salto.
—Perdona—se disculpó Theresa entrando del todo en la cocina.
—No pasa nada—murmuró Bill carraspeando.
Trató de limpiarse las mejillas de lágrimas, pero Theresa vio su gesto y se le acercó preocupada.
— ¿Bill?—llamó en voz baja.
Ocupó una silla a su lado y puso una mano sobre su hombro, tratando de consolarlo en vano.
—Sabía que la muerte de David te afectaría más que a nadie—empezó a decir Theresa.
—No…no lloro solo por eso—susurró Bill carraspeando.
—Oh… ¿Te duele tal la mano?—preguntó Theresa preocupándose más de lo que ya lo estaba.
—No, me acabo de tomar un analgésico—contestó Bill encogiéndose de hombros—Es…otra clase de dolor.
Theresa asintió y se le quedó mirando. Le veía muy triste, había algo que le impedía vivir con tranquilidad y hasta que no hablara con alguien no lo podría superar.
—Sabes que…que puedes hablar conmigo—dijo en voz baja.
Bill se la quedó mirando sin saber que decir. Por un lado, lo último que quería era abrir heridas que pensaba que ya estaban cicatrizadas, por otro… ¿a quién engañaba? Llevaba años guardándoselo todo, y llegaría el momento en que estallara. A Tom se lo quiso contar en su momento, pero su maldito ego se lo impidió. No quería que supiera que era un fracasado, que no solo le habían dejado sino que también le habían humillado.
— ¿Bill?—llamó Theresa poniendo una mano sobre la que Bill no llevaba vendada.
Se le llenaron de nuevo los ojos de lágrimas, sintió un nudo en la garganta y cogiendo aire profundamente dio rienda suelta a aquello que le quemaba las entrañas.
—Carol…Carol es hija de David—confesó en un hilo de voz.
Continuará…
Ohhh si, mis deducciones fueron acertadas. El padre era David y por eso Bill ha estado en constante depresión y con sentimiento de humillación. En verdad no se le puede culpar por sentir eso.
Estoy un poco confusa, la primera noche que pasó Tom en casa de Geo se quedó Tomi a dormir con él y ahora fud Charly, pof favor aclarame quien es el más pequeño de los dos