El último Adiós 9

El último Adiós 9

Fic TWC de lyra

Capítulo 9

Bill terminó su relato y Tom no sabía que decir, jamás se hubiera imaginado que David fuera el padre de la hija de Natalie.

— ¿Cómo crees que me siento cada vez que veo a Carol?—estalló Bill en voz baja—Es la viva imagen de David, no puedo evitar recordar que por culpa suya los dos no estamos juntos.

— ¿Cómo pudo hacerte eso?—fue lo único que Tom pudo decir.

Bill suspiró como respuesta, en su momento él también se hizo aquella pregunta pero ya pasados unos años le daba igual la respuesta. O eso creía, porque no había vez que haciendo el amor con Jake cerrara los ojos y retrocediera en el tiempo hacia aquella época en que tan feliz fue junto a un chico al que amaba de todo corazón.

—Ya…ya no importa—susurró Bill carraspeando.

— ¿Por qué no me dijiste nada? Podía haberte ayudado—dijo Tom aún sin podérselo creer.

— ¿Y qué ibas a hacer? ¿Partirle la cara?—preguntó Bill alzando una ceja—Además, fue lo mejor que me podía haber pasado. Estábamos todo el tiempo discutiendo y gracias a Natalie pude irme a realizar mi sueño a Los Ángeles.

—No te creo—dijo Tom con firmeza—Amabas a David, es imposible que me hagas creer que te alegras de que te hiciera daño.

—Me…me lo digo todos los días para poder seguir mi vida como si nada me importara—se derrumbó Bill entre lágrimas—Pero llegada la noche le echo de menos en mi cama….y Jake lo sabe, porque una vez haciendo el amor se me escapó el nombre de David entre gemidos.

—Joder—susurró carraspeando Tom.

—Y ahora lo mío con Jake ha terminado….y David está muerto por mi culpa—sollozó Bill.

—No digas eso—dijo Tom pasando un brazo por sus hombros—Fue un accidente, nadie pudo impedirlo.

— ¡Yo pude!—exclamó Bill—Porque me llamó…el día anterior, me dijo que desde que lo dejamos estaba jodido y no levantaba cabeza, que Natalie no le dejaba llevarse a Carol en Navidades…que me seguía amando y estaba arrepentido por lo pasado.

Tom le escuchaba en silencio sin saber cómo consolarle y sin poder evitar en pensar en lo cabrón que había sido David. ¿Cómo se le ocurría volver a las andadas? Él se sentía mal y acudía a Bill en busca de consuelo, ¿para luego qué? ¿Volver a abandonarlo?

—Quiso que nos viéramos, dijo que cogería el coche esa misma noche y se plantaba a la puerta de mi casa—siguió diciendo Bill—Yo no dije nada y él tomó mi silencio como un sí. Debí haberle hecho cambiar de opinión, pero no sabía que decirle… porque creo que en el fondo lo deseaba…no sé en qué pensaba, estoy con Jake y David ya era agua pasada…

Tom le estrechó en sus brazos tratando de consolarlo. No podía culparlo, el nunca antes había estado enamorado y su pudiera tener otra oportunidad de estar con alguien tan especial, ¿la dejaría escapar?

Como en esos momentos, teniendo a Bill entre sus brazos. Sentía sus labios contra su cuello, sentía su aliento rozar su piel. Cerró los ojos y separando los labios dejó escapar un gemido prolongado.

Sabía que no debía pensar en esas cosas, pero no dejaba de imaginar cómo sería estar con Bill en la cama.

— ¿Tom?—llamó Bill en voz baja.

—Ssshhhh….—susurró Tom bajando la mirada.

Puso un dedo bajo la barbilla de Bill y la alzó con cierta brusquedad, se fue inclinando poco a poco hasta rozar sus labios. Esa vez no se conformó con un simple roce, quiso hacer el beso más profundo pero Bill se lo impidió.

— ¡No!—susurró levantándose de la cama—Recuerda donde estamos.

Tom asintió resoplando, no estaría bien montárselo en casa de su amigo con sus hijos durmiendo en la habitación de al lado. ¿En qué demonios estaba pensando?

—Esto que hacemos no está bien—siguió diciendo Bill en voz baja.

—Solo…solo es un beso—murmuró Tom.

— ¿Y luego qué?—preguntó Bill— ¿Quieres que follemos?

Tom se encogió al escuchar tan dura palabra. Para él no sería follar, sería hacerle el amor a la persona que amaba con toda su alma. Pero le entendía, eran hermanos y había cosas que no podían hacer.

—Yo…me conformo con que estemos juntos—dijo Tom en un susurro—No quiero volver a separarme de ti…no quiero volver a decirte adiós y no volverte a ver hasta pasados unos meses o porque se haya muerto alguien…

Bill arrugó la frente al escucharlo, no hacía falta que muriera alguien para que ellos dos se re encontrase. Pero llevaba razón, desde que Tokio Hotel se separara sus caminos habían tomado rumbos distintos y él ya estaba cansado de la vida que llevaba. Pero le daba miedo admitirlo, que la gente le señalara con el dedo y dijera que una vez más hacía trizas un sueño, y que David había muerto para nada…

Si en esos momentos viviera y ellos siguieran juntos, ¿qué le diría si se lo planteara? Él lo habría dejado todo por él, se hubiera mudado a Los Ángeles para que pudiera desfilar tanto como él quisiera, y llegado el momento de plantearle regresar a Alemania, ¿le seguiría de nuevo? ¿O ya se habría él también cansado?

—Es tarde, hablemos mañana—dijo Tom suspirando.

Bill asintió con la cabeza y esperó a que se levantara y le devolviera la cama, pero al parecer Tom tenía otros planes en la cabeza.

—Durmamos juntos—pidió Tom alargando una mano—Prometo no hacer nada.

Suspiró y cogió esa mano que le tendía, se metió con él en la cama y cerró los ojos dándole la espalda. Dormirían juntos como tantas veces habían hecho sin importar que ya fueran mayorcitos, pero en esos momentos necesitaba tenerle cerca por si se volvía a derrumbar de nuevo…

A la mañana siguiente Bill se despertó en los brazos de Tom, no sabía cómo había acabado allí. Se habría movido en sueños o tal vez Tom le abrazara al sentirle dar vueltas en la cama. No podía culparle de nada, además, se sentía muy a gusto sobre él recostado.

Suspiró reacio a moverse, si por él fuera se pasaría el resto de la vida de esa manera. Pero unas voces infantiles al otro lado de la puerta le hicieron abrir los ojos y maldecir por lo bajo. Al momento sintió que abrían la puerta y trató de incorporarse, pero Tom le tenía cogido con firmeza.

—Te dije que estaría aquí—escuchó decir a Charlie señalando a Tom con la mano.

— ¡Niños!—llamó Georg en voz baja yendo tras sus hijos— ¿Qué os he dicho?

Los niños soltaron una risa traviesa y cerraron de nuevo la puerta.

—Tío Tom está durmiendo con tío Bill—explicó Charlie.

—Bueno…dejadlos descansar—murmuró Georg—Bajad a desayunad y como no os portéis bien escribo a Santa Claus y se lo cuento.

—La carta no llegará a tiempo—dijo Tomi sin creerse la amenaza de su padre.

—Pues le mando un fax o un e_mail—apuntó muy serio Georg.

Esa vez su amenaza surtió efecto y los dos niños bajaron a la cocina corriendo en absoluto silencio. Georg fue tras ellos tratando de no echarse a reír.

Bill lo había escuchado todo y en esos momentos sonreía pensando que Charlie y Tomi eran mucho más traviesos que él y Tom y tenían salida para todo. Suspiró y se iba a levantar de la cama cuando miró a Tom aun profundamente dormido. Sus labios estaban separados y sentía su cálido aliento salir de ellos y rozarle el cuello.

Se estremeció sin poder evitarlo, hizo caso omiso a su conciencia e inclinando la cabeza besó con suavidad sus labios. Un breve roce, nada más… ¿cuántas veces lo había hecho? Tom siempre le besaba primero y él siempre esperaba a cuando compartían cama y llegaba el nuevo día. Se despertaba el primero y aprovechando que Tom dormía y no podía decirle nada dejaba en sus labios un tímido beso.

Beso que dio por finalizado cuando sintió algo duro golpearle el estómago. Se sonrojó de inmediato y separándose de esos labios salió con rapidez de la cama. Se calzó unas deportivas y bajó a desayunar a la cocina, tratando de no pensar en esa reacción inesperada.

Entró en la cocina donde Georg y Theresa daban de desayunar a sus hijos con paciencia, quienes veían unos dibujos animados en la televisión que había en una esquina de la cocina.

— ¿Qué tal has dormido? ¿Y tu mano?—preguntó Georg nada más ver a su amigo.

—Todo bien, gracias—contestó Bill esbozando una sonrisa con esfuerzo.

Se sentó a la mesa y al momento Georg le puso un bol con cereales, tostadas con mantequilla y un zumo de naranja recién exprimida. Sonrió pensando en lo bien que se acordaba su amigo de lo que le gustaba de desayuno, allí se sentía como en casa. Si le dieran a elegir, viviría con Georg y su familia, solo que…cada vez le costaba más volver a ese apartamento en el que quedaron atrás muchos sentimientos…

— ¿De verdad que estás bien?—preguntó Theresa en voz baja sentándose a su lado.

Bill la miró y asintió con la cabeza, viendo como ponía una mano sobre la que no llevaba vendada y con cariño de la apretaba.

—Anoche os vi—dijo Theresa con naturalidad.

— ¿Qué?—gritó Bill sin querer.

—No podía dormir tras lo que me contaste y fui a verte—explicó Theresa—Primero pasé por la habitación de los niños y al no ver a Tom ya sabía dónde estaba. Solo me asomé y os vi, estabais dormidos y Tom te abrazaba…me hicisteis recordar a mis hijos, pensando que no debería reñirlos cada vez que Charlie tiene miedo y termina durmiendo en la cama de Tomi.

—Hay momentos en que necesito que Tom me abrace—confesó Bill—Es el único capaz de consolarme cuando siento que…

No llegó a terminar la frase, no era apropiado decir que cada vez que se sentía morir un simple abrazo de Tom le hacía coger las fuerzas necesarias para seguir adelante.

Theresa sonrió y le ayudó a servirse la leche en los cereales al tiempo que Tom bajaba y daba los buenos días a los gemelos.

—Siéntate, que te sirvo—le invitó Georg.

Tom sonrió y ocupó una silla al lado de Charlie quien le tendió una tostada untada en mantequilla de la que probó un pequeño pedazo.

— ¿Gustav aún no se ha levantado?—preguntó Tom extrañado, pues su amigo era la puntualidad personificada.

—Mucho antes que nosotros—contestó Georg pasándole una taza de café—Llamaba al aeropuerto para saber si seguían cancelados los vuelos….y me temo que sí, ahora mismo estará hablando con Susanna.

Bill y Tom se miraron suspirando, mucho se temía que a Susanna no le iba a hacer mucha gracia que la dejasen plantada en Navidades, y así fue. Minutos después bajó un abatido Gustav que se sentó a la mesa suspirando resignado.

—Lo mío con Susanna ha terminado—explicó sin necesidad.

—Esa chica no te merecía—saltó Tom para sorpresa de todos.

— ¡Tom!—susurró Bill negando con la cabeza.

—Es la verdad—insistió Tom—Siento mucho decírtelo y más en estas fechas, pero ella jamás te quiso y si estaba contigo era solo por interés y…

—Y por si tenía alguna oportunidad de volver contigo—terminó Gustav la frase por él—Y así me lo ha dicho, dijo que si no salía ningún vuelo y yo no tenía los huevos necesarios de coger un coche e ir a su lado tú si los tendrías.

—Así solo conseguiría que a Tom le pasase lo mismo que a David—murmuró Bill echándose a temblar.

La sola idea de perder a alguien más le daba pánico, y más si era su hermano. La historia volvería a repetirse, un antiguo amante correría por estar al lado de la persona a la que una vez llegó a amar perdiendo la vida por el camino.

—A mí no me pasará—afirmó Tom cogiéndole la mano—Ella no significa nada para mí, aquí estoy rodeado de todas las personas a las que amo y si piensa que os voy a dejar solos y más en estas fechas lo lleva claro.

Bill no sabía que decir, escuchaba en silencio sintiendo la mano de Tom sobre la suya acariciándosela, sintiendo unas ganas irrefrenables de volver a besarle.

—Lo siento mucho, de verdad—dijo Georg mirando con lástima a su amigo.

—En el fondo es lo mejor—murmuró Gustav suspirando—No sé porque no corté yo antes, sabía que no me amaba pero…

—La necesitabas—terminó Bill por él la frase—Necesitabas tener a alguien a tu lado, que te abrazase cuando lo necesitabas, que te consolara cuando…

«Cuando te vas a dormir todas las noches llorando por un amor pasado»</I>—pensó con dolor.

Así hacía él con Jake, no le amaba. Nunca le amó, era un chico muy simpático que se preocupaba de su bienestar, que estaba allí cuando más lo necesitaba…pero no era Tom. Echaba mucho de menos a su hermano, el único capaz de consolarle cuando más lo necesitaba o de arrancarle una sonrisa aun cuando sus mejillas estuvieran húmedas por las lágrimas.

—Pues si estás libre en Navidad quédate por favor—pidió Theresa.

— ¡Sí!—dijeron dos voces infantiles.

—Y que también se queden tío Tom y tío Bill—apuntó Charlie.

—Cariño, ellos no pueden—dijo Theresa mirando a su hijo—Tío Tom irá a ver a sus padres y tío Bill a un amigo.

Amigo…los niños eran muy pequeños aún para saber que a Bill le gustaban los chicos y convivía con uno. Cuando los niños fueron siendo más conscientes de lo que les rodeaba Georg y Theresa hablaron con él seriamente, le pidieron que no dijera nada hasta que fueran lo suficientemente mayor para entenderlo. Y él estuvo de acuerdo, no permitiría que los niños sufrieran algún trauma por su culpa.

Además, sería más complicado al no tener pareja estable, y tampoco les quería dar tan mala imagen.

— ¿Podemos hacer galletas?—preguntó Charlie mirando a su madre.

—Cocinar es de niñas—murmuró Tomi resoplando.

—Bill y yo de pequeños cocinábamos con nuestra madre—dijo Tom mirando a los niños—Y nos encantaba hacer galletas.

—Las de chocolate con pasas eran mi favoritas—intervino sonriendo Bill—Recuerdo como mamá nos arremangaba para que no nos manchásemos y nos colocaba uno de sus delantales, pero siempre terminábamos con la cara llena de harina.

Todos rieron al escucharlo, felices de ver a Bill también sonreír. El día anterior había sido muy duro para todos, pero sobre todo para él. Querían animarlo y se pasaron la mañana haciendo galletas para alegría de los niños y también de los adultos.

Por suerte esa mañana apenas nevaba y una vez terminado de cocinar Georg y Gustav se llevaron a los niños a dar un paseo dejando que Theresa descansara y Bill y Tom se ofrecieron a dejar impoluta la cocina.

—Déjame a mí, tú casi no puedes con la mano—dijo Tom apartando a un lado a Bill—Yo me encargo de fregar lo del desayuno.

Bill resopló como respuesta y se dedicó a recoger la cocina guardando en un armario la caja de cereales y en otro las galletas. Sabía perfectamente donde iba cada cosa, nada había cambiado desde que ellos vivieran allí. Era como si nunca se hubieran ido, y siempre que regresaban eran bien recibidos.

— ¡Bill! ¡Tom!

Tom casi dejó caer la taza que estaba lavando cuando escuchó que Theresa los llamaba. Cogió un paño y se fue secando en el las manos mientras echaba a correr escaleras arriba seguido de Bill.

— ¿Qué pasa?—preguntó entrando en la habitación que compartían el matrimonio.

—Es Natalie, se ha puesto de parto—anunció Theresa muy emocionada.

—Por un momento pensé que eras tú—dijo Tom entre risas.

—Aún me quedan meses, gracias—rio Theresa—Me ha llamado su marido, la han ingresado a primera hora de la mañana y acaba de romper aguas. Hay que avisar a los demás.

Dicho y hecho cogió el teléfono y marcó el número de su marido. Al poco estaban todos en casa organizándose, dejarían a los niños al cuidado de los abuelos de nuevo. Por suerte la carretera estaba despejada y podrían coger el coche sin riesgo.

—Con un poco de suerte conoceréis al nuevo miembro antes de volver a vuestras casas—comentó Georg como si nada.

A su lado, Bill permanecía en silencio. ¿No pretenderían que él fuera también a conocerlo, verdad?

Había jurado no volver a ver a Natalie si era posible, y en esos momentos quedaría como un antipático por no ir a verla ni felicitarla.

Y Tom y Theresa sabía por lo que estaba pasando, los dos le dirigían mudas miradas de lástima.

¡Cuánto lo odiaba! Le hacía recordar como en el pasado quiso una vez contárselo todo a Tom, el porque de ese repentino distanciamiento no solo del grupo sino entre ellos dos. Pero no quería que se compadeciera de él ni que sintiera lástima, y muchos menos que le echaran en cara que ya sabía dónde se metía al mantener una relación con David. Podía escuchar los reproches que le haría, que si era mayor, que si sus caminos se separarían…que él no era quien le convenía…

¿Y quién lo era? ¿Acaso él, su propio hermano?

Continuará… 

por lyra

Escritora del Fandom

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