
Administración: Vamos a darle mucho ánimo a Nathaly para que siga deleitándonos con sus hermosas historias, ok?
Fic TOLL de Nathaly Kaulitz
Capítulo 16
Bill come sus frutillas como si fuera su última noche con vida. Yo, por otro lado, decidí comprarme un helado.
— ¿Qué pediste?
— Vainilla.— Contesto neutral, aún que la razón por tener tantas ganas de comer algo relacionado con la vainilla, es él.
Él asiente con su cabeza, yo me limito a verlo mientras lleva otra frutilla a sus labios. Estos se acentúan en cada mordida que da, como el color de estos se vuelven más intensos ante el tinte de la frutilla.
Demonios.
Vuelvo a saborear la vainilla en mi boca, aunque me siento un poco decepcionado. Aún sigue sin saciarme.
— No pareces satisfecho con eso.— Dice el divertido. Estira su mano en mi dirección con la frutilla entre sus dedos.— ¿Quieres?
Parece un niño pequeño, con sus labios manchados y sus ojos cargados de felicidad.
— No, prefiero mi helado.
— Tú te lo pierdes.
Hace una linda mueca con sus labios. Mi corazón va muy rápido y él tiene toda mi atención en este instante.
No debo incomodarlo.
No debo…
No lo incomodes…
— ¿Quieres helado?
Bill parece pensarlo un poco desde el otro lado de la alfombra. Relame sus labios de tal manera que me hace desearlo aún más, pero aparto mi mirada tan rápido como puedo. Entonces gatea hacia mi, con esa sonrisa en sus labios.
Queda de rodillas frente a mis piernas y abre un poco su boca, esperando que lleve la cuchara hacia esa dirección, sin embargo, me atrevo a tomarlo del mentón.
Un seco suspiro sale de sus labios, estamos tan cerca que mi corazón se ha acelerado y es inevitable no exhalar con pesadez sobre su rostro.
No lo hagas.
Sus labios se entreabren, sus mejillas toman ese lindo color rosado y finalmente pongo la cuchara en su boca.
Lo suelto como si aquello no hubiera pasado y sigo comiendo de mi helado mientras él se sienta frente a mi, con la mirada en sus pies mientras saborea el helado en su boca de forma tímida.
— Está rico… — Dice en un bajo susurro. — Le gustó.
Parpadeo varias veces, recordando ese pequeño detalle y llevando mi vista a su vientre.
A él también le gusta la vainilla.
o ella… por supuesto…
— Pero le gusta más la frutilla.— Vuelve a llevar una enorme frutilla a su boca, vuelve a saborearla como si fuera lo último que comería.
— ¿Seguro no quieres?
— Si tanto insistes, ven y dame tú mismo…— Digo en forma de gracia, pero me sorprende cuando toma de mi rostro, sujeta la frutilla entre sus dientes mientras la acerca a mi boca. Mi corazón va muy rápido en estos momentos.
Me sujeto a su cintura, también me obligo a mantener la calma. Sus ojos me miran avergonzados durante unos segundos y finalmente, tomo la frutilla con mi boca.
Él se aparta casi al instante.
Esta provocándome.
¿Por qué me daría la frutilla de esa forma si no?
Saboreo la fruta, dejo que el jugo se exprima en mi boca y relamo mis labios antes de volver a verlo.
— Si, está buena. — Admito.— Y es muy dulce…— Lo miro de una forma muy intimidante que solo veo su garganta tragar pesado.— ¿Pero sabes que es más dulce?.
Me he inclinado hacia adelante, aprovecho su distracción para apartar el pote de frutillas para así dejarme el paso libre hacia él.
— ¿A-algo más dulce?.— Está nervioso, y no puedo culparlo.
— Tú eres más dulce.
Bill abre su boca y vuelve a sorprenderse ante mí acercamiento, le toma una mala jugada porque termina por caer hacia atrás, eso me da una buena ventaja.
Sus ojos me miran con ese brillo inexplicable, abre su boca aún manchada y deja sus manos en su lugar, arriba justo a cada lado de su cabeza, como si estuviera rindiéndose.
Dame un poco de pelea.
— Si, tú eres más dulce, Bill.— y aprieto ligeramente su muslo y me dejo caer sobre su cuerpo. — Eres delicioso.
Pasa saliva con dificultad y entrecierra un poco sus ojos.
Tan lindo.
Me deslizo aún más cerca, aspirando el dulce aroma de su piel, tocando la piel de su cuello con mi nariz y quedándome ahí unos minutos más.
Su pecho sube y baja tan rápido que me preocupa, así que me aparto, acomodándome una vez más en mi lugar y terminando mi helado como si nada.
Bill sin embargo, permanece ahí, en la alfombra, con su mirada perdida en el techo y su rostro completamente sonrojado.
— ¿Estás bien?.— Digo de una forma despreocupada.
— S-solo dame un minuto más.
— ¿Puedes respirar bien?
— Y-yo…
— ¿O acaso necesitas respiración boca a boca?.
Se incorpora sin mirarme, acomoda su ropa y se pone de pie dejando de lado las frutillas. Ni siquiera las mira.
— ¿Bill?
No dice nada, se limita a caminar apresurado hacia el baño. Pienso en que quizás debería darle su tiempo, si necesita mi ayuda entonces llamará por mi.
¿Verdad?
¿ÉL…?
¿Realmente está bien?
Tal vez no debí… no debí hacer eso.
Tal vez lo incomodé.
Yo…
¡Demonios!…
— ¿Bill?.— Vuelvo a llamar su nombre. No hay respuestas, solo el ruido del agua corriendo.— ¿Bill estás bien?.
La puerta finalmente se abre, su rostro está mojado, sus ojitos entrecerrados y se aferra con fuerza al marco de la puerta.
Él… No luce bien.
— ¿Tu, tú…?
Su cuerpo se tambalea, me apresuro a tomarlo de la cadera y tomarlo en brazos mientras él se deja caer. Su cabello se sacude un poco mientras me apresuro a llegar al sofá, donde lo recuesto rápidamente.
— Bill ¿Te sientes bien?.
— Solo… creo que fue un mareo.— Su voz suena tan débil que no puedo quedarme tranquilo.
— Te llevaré al hospital.
Voy en busca de los abrigos mientras lo dejo recostado en el sofá. Pero casi al instante en que me aparto él se pone de pie.
— No es nece…
— ¡Bill!. — Caigo al piso, golpeando mis rodillas pero evitando que su cuerpo se golpee, sus ojos se cierran mientras un suspiro sale de sus labios. — Demonios.
&
— ¡Cuando te dije que quería ser tío no me refería a que embarazaras a mi mejor amigo, maldito bastardo!
Alex me toma de la camiseta y me sacude una y otra vez frente a los ojos de Gustav, quien observa su reloj con cierto desinterés.
— ¡¿Cómo pudiste…?!.— Exclama.— ¡¿Si quiera lo has visto?!, es tan frágil y delicado y tú… ¡Tú eres una bestia sin sentimientos!.
— Yo no lo definiría así.— Gustav se aclara la garganta.
— ¡Tú no te metas, nadie te ha nombrado aquí!.— Grita Alex retadoramente.
Gustav levanta sus cejas, incrédulo.
— L-lo siento. — Alex finalmente me suelta. — Es difícil de creer. Yo… No puedo creer que vayas a ser padre y que encima sea de Bill.
— Me ocuparé de él, lo juro.
— Sé que lo harás. — Se cruza de brazos y se sienta en los asientos de la sala de espera. — Bill tiene un corazón frágil, tampoco habla mucho y es difícil saber lo que piensa, pero sé que te encargarás bien de él, si le rompes el corazón yo mismo te pateo el culo.
— Bill y yo no…
— ¡Te pateo el culo!.— Me quedo callado ante su forma asesina de mirarme.
Un Alex molesto es peligroso, incluso para mí.
— ¿Familiares de Bill Trumper?.— Alex se pone de pie. — Él está bien, los desmayos son propensos en personas embarazadas.
— Gracias.— Alex agradece a la enfermera y vuelve a verme.— Bill está sufriendo por culpa de tu estúpido esperma.
Casi al instante lleva sus manos a su boca.
— ¡Dios!, ¡le dije estúpido a mi sobrino! Todavía no nace y ya soy un mal tío.
Lo miró poniendo los ojos en blanco mientras lo persigo por los pasillos del hospital en busca de la habitación de Bill.
Continúa…
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