
Administración: Me puse muy contenta cuando Xime me envió este archivo. Están todos invitados a disfrutar de una nueva obra de arte de su escritora favorita Xim_Alien
«En la cabaña»
Parte 1
Cada verano, rento la cabaña junto al lago a las afueras de Ámsterdam, y cada verano paso unas vacaciones relajantes en ese lugar. Sin embargo, este verano iba a ser diferente, había llegado para escribir, necesitaba una nueva idea, qué mejor lugar para pensar que estar en medio del bosque. La cabaña es en su totalidad de madera, no se siente otro olor más que del roble, y el fuego cuando enciendo la chimenea, no hay otro material extra adentro. Afuera lo único que se puede ver es el bosque, una cabaña enfrente, que siempre está vacía, y el lago, en invierno se congela, pero en verano, vaya que te invita a meterte. Cada verano es lo mismo, es mágico este lugar, sin embargo, este verano tenía que ser diferente.
Llegué con deseos de relajarme y quizás, empezar una nueva novela, había terminado la gira de mi último libro, así que quería un momento para mí, cero internet, cero mensajes de texto, cero correos, notas de voz y cero problemas. Para eso estaba Nat, mi publicista, y Linda, mi agente de la editorial.
En cuanto llegué, entré a la cabaña para cambiarme de ropa, el lago se veía riquísimo, salí y me acerqué a la orilla, toqué el agua y estaba perfecta. Me metí poco a poco, lentamente, y ahí me quedé, tomando el sol por un rato.
Mi paz se terminó cuando alguien aprovechó el hermoso día para cortar leña. Abrí los ojos y me acerqué a la orilla, él estaba ahí, un hombre de quizás unos cincuenta, sin playera, sin nada que lo cubriera, tal vez pensó que mi cabaña estaba sola, disfruté la vista que el hermoso paisaje de bosque me ofrecía. Él era alto, con tatuajes en el brazo; disfruté de un pecho, abdomen, bíceps y tríceps trabajados, al igual que sus piernas, su miembro y glúteos. No tenía demasiado vello en el cuerpo, solo lo suficiente para que se convirtiera en mi fantasía. Un hombre de mediana edad, con la barba casi blanca al igual que la de su pecho.
No necesitó mucho tiempo para que se diera cuenta de que lo estaba viendo con mucha atención, me sonrió desde su lugar y agité mi mano, aún en el lago, aposté a que me confundió con una chica, como lo hacían todos los hombres que me miraban en los bares de Manhattan, y traté de responder lo más natural, pues venía a mí, completamente desnudo, algo quería, y no quería asustarlo.
—Hola —saludó quedándose a un par de pasos lejos del lago—, ¿te gusta la vista? —preguntó y yo asentí sin emitir ningún ruido que le dejara en claro mi sexualidad—. A mí también para ser honesto. ¿Cómo te llamas?
Y entonces recé para que no fuera un machito que pudiera creerse capaz de “cambiarme” a golpes por haberlo visto desnudo.
—Bill —dije con miedo.
—Es un bonito nombre —agregó y sonreí debido a la sorpresa—. Soy Tom. Renté la cabaña de allá por un mes.
—Encantado.
—Te vi mirándome.
—Sí, lo siento, eres de los que me gustan. Por favor perdóname, lo dejaré de hacer.
—No, tranquilo. Me gusta también lo que veo, en serio. ¿Quieres venir a mi cabaña? Tengo un par de botellas de vino, whisky, tequila y…
—El tequila está bien.
Salí del lago y lo seguí, no pude apartar la vista de su trasero, lo único que me imaginé fue acariciarlo mientras él me penetra.
En cuanto entramos a la cabaña, me hizo seguirlo al minibar, si mi cabaña olía en su totalidad a roble, su cabaña olía a cedro por completo.
Me sirvió una copa de tequila, hablamos de cuáles eran las razones que nos hacían estar ahí y luego tan solo, el alcohol hizo su parte.
—¿Se te antoja? —preguntó sin apartar la vista de mis labios, asentí sin pensarlo dos veces.
—Perdón —dije en cuanto me di cuenta de mi respuesta descarada.
—No, está bien —rió—. Hace demasiado calor, y mi ropa sigue empacada, por eso salí así a cortar la leña, además de que no había nadie, acabas de llegar y no lo noté.
—Sí, estás en todo tu derecho de ir por ahí como más te sientas cómodo.
—¿Quieres probarla?
—¿Qué? —pregunté sorprendido.
—Que si quieres probarla.
—¿Qué cosa? —pregunté para estar seguro.
—Mi verga, claro. No has dejado de verla.
Tragué saliva en cuánto me di cuenta y mi boca no pudo evitar salivar más. Me maldije un poco por eso.
Alargó la mano sobre la barra, la tomé y me condujo hacia él, en cuanto me tuvo frente a él, tomó las puntas mis rastas con las yemas de sus dedos y luego acarició el borde de mis labios.
—Eres condenadamente hermoso.
—Gracias.
—Agáchate —me ordenó y lo masturbé tan solo un poco para que terminara de despertar, cuando lo logró, lo condujo con su mano hacía mi boca. La abrí lentamente y él la metió poco a poco. Sabía a sudor, estaba cortando leña así que había sudado, no me desagradó en lo absoluto.
—Oh Bill, hermoso, Bill, oh… oh…
Un par de minutos después me hizo sacarla, la llené de saliva y me levanté, él me tomó de la cintura, me ayudó a sentarme sobre la barra, levantó mis piernas sobre sus hombros y así, metió sus dedos en mi boca, para luego preparar mi agujero. Un dedo, luego dos, luego tres, y por último, su duro y erecto falo, grueso y con las venas marcadas de un adulto fuerte y ejercitado.
Cuando se cansó de follarme así, soltó mis piernas, me ayudó a bajar y me hizo girar para que le diera la espalda, con las manos sobre la barra empezó a cogerme, primero despacio, poco a poco hasta que logró metérmela toda una vez más. Solté un gritito cuando jaló mis rastas. Volvió a sacarla de mi cuerpo, y me llevó a un pequeño sofá, dónde me hizo sentarme sobre él, cuando pudo meterla por completo en mi cuerpo por tercera vez, empecé a moverme y él empezó a disfrutar. Con sus manos en mi trasero me ayudó a bajar y a subir, me abría y me cerraba el culo a su placer, me golpeó un par de veces hasta que soltó un chorrito de su líquido en mi interior, mis rastas por fin se quedaron quietas, y me quedé ahí, sentado, esperando a que mi respiración se regulara, con mis brazos enredados por encima de sus enormes hombros, él echó la cabeza hacia atrás, y yo pude ver su grueso cuello, sus venas, la manzana de Adán subiendo y bajando luego de que pasó saliva.
—Eres exquisito.
—Gracias. Lo disfruté mucho, Tom.
—Quisiera repetir, a menos de que estés cansado.
—Sí, un poco, pero me encantaría.
—¿Puedo proponerte algo?
—Te escucho.
—Puedo… ¿Puedo tratarte como a una chica?
—Estoy orgulloso de mi pene.
—-Lo sé, puedo notarlo, pero eres hermoso Bill, y… mira, tengo una novia en la ciudad, me dejó hace una semana, y para ser honesto, te pareces mucho a ella.
—¿Quieres fantasear con ella estando conmigo?
—Algo así. De hecho, traje conmigo algo que me encantó, prácticamente yo se lo compré, así que es mío.
—¿Y qué es?
—Lencería, una falda, un top y… pienso que te quedaría hermoso.
—De acuerdo —acepté. En cuanto vi la lencería blanca, no me arrepentí.
—Ten, póntelo frente a mí.
Así lo hice, me puse todo sin apartar la mirada de sus ojos, lo vi acariciar su pene mientras yo me ponía cada una de las prendas. Hasta que terminé, tomó mi mano y me hizo agacharme nuevamente.
—Saca la lengua, preciosa.
Así lo hice, se masturbó un poco más y soltó unas gotitas de su semen en mi lengua.
—Estás limpio, ¿verdad?
—Por completo. ¿Y tú?
—Sí, por completo.
—¿Cuándo fue tu última cogida? —preguntó de repente, sin dejar de verme en el piso frente a él.
—Hace un mes —contesté.
—¿Tienes a alguien?
—Es mi editor, soy escritor así que… él y yo tenemos algo cada vez que nos vemos —mentí.
—Ya veo, aún así te siento tan estrecho, como si nadie hubiera entrado en ese agujerito por años.
—Lo siento.
—No, no me malentiendas, amo tu culito y me mata sentirme como me siento en tu interior… es simplemente cómodo, placentero y apretado.
Me ayudó a levantarme y me sentó en sus piernas. Acarició mis piernas, y usó una de sus manos para acariciar mi pene desde el interior de la tanga mientras devoraba mi boca, jalaba mi labio inferior, y jugaba con mi lengua como se le venía en gana.
—Móntame, delicia —me pidió y me levanté solo un poco para volver a abrir mis piernas y sentarme encima de su gorda erección—. Gime en mi oído, di mi nombre, bebé, pídeme más, dime que soy tu papi.
—Oh papi, dame más duro, papi, oh Tom, ¡Tom! ¡Dame más! ¡Dame más duro! —gemí con una voz afeminada que me sorprendió.
—Ven —dijo cuando soltó un poco más de leche en mi agujero. Sin salir de mí, ni dejar de besarme, me levantó en sus brazos, y me acostó en la cama de su habitación, esta estaba desordenada, y pude oler su loción y su sudor en las sábanas—, ponte en cuatro, nena —dijo luego de sacarme su miembro.
—¿Así, papi? —pregunté y escuché su risita complacido.
—Sí, así, voy a preñarte, mi amor, quiero que te quedes con mi lechita adentro, ¿está bien?
—Oh sí, dame toda la lechita que quieras darme, papi, te prometo que no la desperdiciaré.
—Oh, preciosa —dijo orgulloso de mi respuesta.
Y entonces me penetró una vez más, levantó mi culo y me hizo pegar el pecho en las sábanas, me hizo tener otro orgasmo y enseguida, él se corrió dentro de mi cuerpo, sentí su líquido calentito, y apreté para no dejarlo salir, lo cuál lo hizo gemir de una forma tan sensual, que me hizo sonreír.
—Bendito Dios te encontré aquí, Bill —dijo de repente, no contesté, estaba sumamente agotado—, ¿quieres quedarte aquí conmigo?
—Vine para descansar y escribir una novela.
—Oh, y ¿vas a escribir de esto?
—No si no quieres. Puedo escribirlo pero cambiaría tu nombre.
—Sí, cambia mi nombre.
—Ya está.
—Entonces ven en cuanto se te antoje que te coja otra vez, ¿sí?
—¿Cuándo te vas?
—En dos semanas. ¿Y tú?
—El plan es quedarme todo el mes.
—Perfecto, estaré aquí las veces que quieras.
—Gracias.
Me levanté de la cama, me quité toda la lencería y volví a quedar completamente desnudo para él.
—Ven aquí, preciosa —alargó su mano y la tomé, me atrajo a él aún en la cama y besó mis glúteos, los lamió, y los estrujó. Con su mano libre agarró mi miembro y lo acarició.
—No puedo dejar de fantasear contigo.
Me giré, posó su cabeza en mi abdomen y sus manos pasearon a gusto por mis piernas, hasta mis glúteos otra vez, los abrió y jugó con ellos un rato más, luego besó mi abdomen, mi tatuaje de un estrella en mi costado derecho y luego, justo en el mismo momento, me metió dos dedos.
—¿Sientes esto? —asentí haciendo una mueca de placer—. Vete a tu cabaña antes de que vuelva a cogerte a la fuerza.
—No sería a la fuerza, aceptaré cualquier posición, cualquier cosa que quieras yo lo haré.
—Me encanta escucharte decir eso. Pero estoy cansado. Vete, por favor.
—¿Puedo venir a buscarte después?
—Sí, por supuesto, eres excelente montándome. Yo nunca estoy satisfecho, y ahora que te conocí, algo me dice que estaré ansioso de verte otra vez.
—Puedo venir esta noche si así lo deseas.
—No te ofrezcas como algo que puede ser enviado por paquetería.
—Lo siento, papi —dije bajando arrodillándome frente a él.
—Pero no vengas esta noche, se supone que llamará mi ex esposa y no quiero que escuches todo lo que tiene por decirme.
—¿Tienes ex esposa?
—Sí. Ven mañana o, esta vez iré yo a tu cabaña.
—Sí, perfecto.
—Por cierto, Bill, ¿qué edad tienes?
—Veinte.
—Oh por Dios, Bill, ¿sabías que no había estado con nadie menor de veinticinco desde hace diez años?
—¿Sabías que eso es un problema?
—Tal vez, no me importa mucho.
—¿Tienes hijos?
—Sí, una de veintitrés y uno de veinticinco.
—¿Y no piensas que alguien puede estar haciendo lo mismo con ellos?
—Ya estamos grandes, Bill, si te metes con una persona sabes que hay consecuencias de todo tipo, así que ellos tienen todas las opciones en frente y todas las decisiones que tomen estarán bien para mí, si saben aceptar las consecuencias.
—Sí, supongo que tienes razón.
—Mira, es mejor que te vayas, no quisiera entrar en detalles de nuestras vidas, no es como que vayamos a ser algo más.
—Sí, no te preocupes, no estoy buscando eso. Adiós.
—Adiós.
Salí de la cabaña de la misma forma en la que había entrado, me metí a la ducha, y luego me senté a trabajar en la sala de la cabaña, escribí lo que había pasado justo hacía un momento, y luego llamó Erick, mi editor. No le contesté, habíamos peleado porque me engañó con mi hermana. Tenía el mejor material para un libro, engaños, sexo, el bosque y alcohol.
Revisé mi celular y encontré que tenía siete llamadas perdidas entre mi hermana y Erick. Un mensaje de ella decía.
Bill, dónde estás?? Contéstame, solo quiero saber que estás bien.
Y un mensaje de él que decía.
Mi amor, atiende mi llamada, por favor, no significó nada. Debes creerme, quiero pedirte que por favor te cases conmigo, te amo y no puedo vivir sin ti.
Lloré un poco más, la noche anterior había llorado todo el día, y desperté pensando que era suficiente, que vendría a la cabaña para desahogarme con ayuda de las letras, pero luego lo vi a él y funcionó. Me levanté, fui por la botella de vino que había comprado antes de tomar la carretera y la abrí, la bebí hasta que me sentí mareado, y dejé que el efecto del alcohol contestara ambos mensajes.
No te preocupes por mí, solo muérete. Sobra decir que estás despedida, hablaré con Sara para que te liquide. Ah, por favor, vete al infierno.
Y uno más.
¿Es verdad? Mira, hablemos entonces. Estoy en la cabaña, ven si es verdad que me amas.
Debía poner todo listo, Tom vendría, estaríamos cogiendo y eso sería lindo que lo viera Erick. Ya quiero que llegue.
Dieron las ocho de la noche cuando él llamó a la puerta de mi cabaña, pasaron justamente diez minutos después de que mandé el último mensaje. El corazón empezó a palpitarme tan rápidamente que de repente lo sentí en la garganta, recordé lo que había hecho horas antes y pude sentir un dolor en mis mejillas a causa de la sonrisa traviesa que se plasmó en mi rostro, y es que si Erick decidía conducir de noche solo para hablar conmigo, me resultaría perfecto, Tom ya estaba aquí. Me dirigí a la puerta, aún con la bata de baño puesta y una toalla enredada en mi cabeza para absorber el agua de mis rastas.
—¡Hola, Bill! —dijo en cuanto me miró a través de la persiana.
—Hola, Tom, pensé que vendrías en la mañana —respondí con un tono neutro al abrir la puerta—. Adelante, por favor.
—Sí, lo pensé, pero discutí con mi exesposa y mi exnovia llamó para decirme que ya sacó todas sus cosas de su departamento. Traje esto.
Alargó sus manos con un pay en ellas y me lo tendió, traté de no reaccionar de ninguna manera y solo decir “muchas gracias, no te hubieras molestado”, pero lo que salió de mi boca no fue nada de eso, sino una risita burlona, que hasta para mí sonó ofensivo, así que me tuve que explicar de inmediato.
—No es necesario que me des algo a cambio.
—Bueno, mi hija empaca muchos cada que vengo, y no entiende que aunque me gusta algo, puede terminan molestándome cuando tengo suficiente.
—Incluyen las personas —mascullé para mí.
—¿Qué? —inquirió con una risita de lado—. No te escuché.
—No, nada. Me encanta el pay de manzana —dije al tiempo que lo recibía y lo llevaba a la mesa—. Entonces decidiste venir después de dos discusiones.
—Sí, un hombre no puede discutir así y dormir tranquilamente.
—Me lo imagino.
—Si no quieres, me voy sin ningún inconveniente.
—¡No! Perdón por hacerte sentir incómodo, no te vayas.
—No es eso, tampoco quiero que te sientas como carne de reserva.
—No, para nada. ¿Por qué no te sientas? ¿Quieres una copa de vino?
—Sí, por supuesto. Gracias.
Serví dos copas de vino y una de ellas la dejé frente a él. En cuanto tomé mi copa para ponerla frente a mi silla, él tomó su copa, bebió un sorbo y posó su mano derecha en mi cintura. Me paralicé de inmediato, casi me siento como un muerto, me helé porque no de repente no supe cómo actuar, pero recordé que esto me ayudaría más de lo que creía al inicio, y volví para poner mis ojos en los suyos. Me sonrió y se acomodó en la silla para que yo me sentara en sus piernas. Así lo hice.
—Quítate esto —susurró cerca de mi cuello, sentí sus labios en mi piel, húmedos a causa del vino o del vidrio de la copa, quizás de ambos. Al mismo tiempo que me quité la toalla de la cabeza, él desató el nudo de mi bata de baño, la abrió y se quedó ahí, mirando mi tatuaje en la costilla izquierda.
—¿Por qué te tatuas?
—Me recuerdan quién soy y adónde voy. ¿A ti no te gustan?
—Ahora sí.
Acarició cada una de las letras de ese tatuaje, recordé que podría sentirse una especie de borde resaltado para cada una de ellas. En el proceso, también besó mi hombro y mi brazo hasta mi mano, y el dorso de ella, mientras tanto seguía acariciando mis piernas. No podía ver mi pene porque luego de ducharme me puse otra de mis tangas, una rosa ahora, la misma hacía juego con una especie de faldita súper pequeña, el tul rosa pastel podría cubrir únicamente veinte centímetros del elástico de la tanga hacia abajo, la misma traía tiritas para ceñir a los muslos, pero nada de eso me puse por falta de convicción en ese instante.
—De saber que estabas así vengo sin ropa —agregó tratando de quitarse el suéter azúl, abajo traía una playera tipo polo. Sonreí y terminé ayudándolo.
—No te preocupes, yo te ayudo.
Siguió besando mi cuello y me acomodé aún en sus piernas, pero esta vez quise quedar frente a él, con mis piernas a cada lado, así no solo besó mi cuello, sino que también mi boca, y luego fue por mi pecho. Se quedó ahí un momento. Luego de unos segundos, sentí sus manos en mi trasero, jugó con él, abrió mis nalgas, las estrujo, hizo a un lado mi tanga y lo noté pelear con ella.
—¿La puedo romper? Me estorba la puta.
—Cuando me lleves a la cama, destrozala si quieres —contesté levantando su rostro para que pudiera verme y besé su boca otra vez.
Se levantó conmigo, sosteniéndome de la cintura, enredé mis manos y mis piernas en su cuerpo para no caer en el proceso. Me depositó en la cama y trepó encima de mí para besar mi boca, jaló mi labio inferior, mordió la punta de mi lengua, bajó por mi pecho y lamió mi abdomen, desde mi ombligo hasta, la línea que divide mi pecho, se entretuvo otro ratito jugando con mis pezones, los mordió despacio, los jaló y los mamó unos cuantos segundos.
—Me gustas mucho —confesó.
—Y tú a mí —confesé sintiendo mis mejillas arder.
Bajó esta vez para hacer a un lado la tela rosa, liberó mi erección y la besó en primer lugar, luego procedió a lamerla como paleta de hielo, y cuando por fin se la metió por completo a la boca, me hizo gritar su nombre, pero no fue todo, aprovechó para empezar a preparar mi agujero, sentí cómo introdujo un dedo, lo cuál me hizo arrugar las sábanas y echar mi cabeza lo más atrás que pude.
—Ponte en cuatro, bebé.
—Sí, papi.
Así lo hice, no perdí un solo segundo, me hizo pegar el pecho en la cama, hizo a un lado la tela rosa y su lengua fue la que me preparó esta vez, lo escuché escupirme, introdujo su lengua una vez más y luego dos de sus dedos esta vez, volvió a escupir, y repitió el mismo proceso tres veces más.
—Voy a entrar.
—Sí, papi, destrózame por favor.
Su verga entró en mi cuerpo, primero de a poco y luego con movimientos lentos que se convirtieron en frenéticos y cada vez más rudos, reventó mi tanga con sus manos luego de unos segundos. El reloj de mi mesita de noche junto a la cama me decía que no faltaba mucho para que Erick llegara si es que decidió conducir ahora, así que me concentré en su erección dentro de mí, en los golpes que provocaban su piel y la mía, gemí su nombre, grité unas cuantas veces que no parara, gemí aún más cuando me golpeó en mi trasero, así que le pedí que me castigara porque era malo con voz triste. Eso le prendió porque aumentó la rapidez y la fuerza de sus penetraciones, y siguió golpeándome.
—Voy a preñarte otra vez —dijo.
—Oh sí, papi, dámela toda.
Y explotó, no vi mi rostro, pero podría jurar que mis ojos se quedaron blancos, mis mejillas debieron colorearse de un rojo carmín increíble, mi saliva se desbordó de mis labios, y puedo jurar que mi sudor goteó hasta tocar las sábanas.
—¿Terminaste? —preguntó con un dejo de preocupación en su voz—. No me di tiempo de masturbarte.
—No… tranquilo, estoy bien.
—Te la chuparé si quieres.
—Estoy bien, me masturbé yo.
—Lo siento, bebé.
—Está bien, no te preocupes. ¿Quieres que te monte? O ya estás cansado.
—Déjame… descansar un poco.
Se recostó con la espalda contra la cabecera de la cama, y tomó mis rastas, acercó mi cabeza a la suya para besar mis labios, y luego la bajó hacía su pene, aún con el sabor del chorro que dejó en mi interior.
—Trágala, Bill, chúpala y trágala toda.
Así lo hice por lo que me parecieron cinco minutos, mi quijada quedó cansada, exhausta, y no pude hacer otra cosa que quitarme de ahí abajo. Besé su abdomen y subí hasta atrapar su boca. Sin soltar su lengua, pasé a acomodarme encima de él, él me tomó por el trasero para jugar otra vez.
—¿Quieres que use algo en específico?
—No, me gustas así tal y como estás.
Sonreí satisfecho, y me penetré yo mismo con su falo erecto todavía. Me ilusionó muchísimo cuando se encendió la pantalla de mi celular, mostrando el nombre de mi editor, lo dejé pasar y, volví al tocador, ahí estaba yo, me gustó ver mi piel blanca, mi tatuaje en la costilla izquierda, mi pecho desnudo, la curvatura de mi espalda que terminaba en mi redondo y blanco trasero, el mismo que dejaba ver la base de un pene cada vez que me levantaba unos cuántos centímetros para que pueda sacarla lo suficiente y luego volver a hacer que toque fondo al sentarme nuevamente.
—¿Te gusta verte?
—Me encanta.
Escuché el pestillo de la puerta, porque Erick siempre tuvo la llave de la cabaña, escuché cuando cerró la puerta, y noté que Tom empezó a buscar el origen de esos ruidos, puse mis manos en su pecho para detenerlo, y concentré, contrayendo mi ano y lo vi poner los ojos en blanco, me mordí el labio porque conseguí lo que quería, y entonces él entró.
—¿Qué…?
—¡Mierda! —gritó el hombre debajo de mí, y no entendí si fue por la sorpresa de que un hombre más estaba en la habitación, o porque estaba a punto de correrse, pero la respuesta la tuve en el momento, y Tom volvió a correrse dentro de mí.
—¡Bill! ¿Qué diablos?
—¡Lárgate de aquí! —exclamé sin sentirme del todo enojado, el placer estaba ganando.
—¡Me pediste que viniera! —dijo causando lástima con su voz.
—¡Muérete y vete a follarte a mi hermana! —grité mientras Tom trataba de levantarse, y yo de levantarme de él, al hacerlo, estoy seguro que Erick pudo ver esos hilitos de su semen. Sonreí.
—¡Te acabo de pedir matrimonio y me dijiste que lo hablaríamos! ¡Y estás revolcándote con este vejete!
—Oye, más respeto, muchacho. Sí él quiere que le de, le seguiré dando.
—Lárgate, Erick. Era lo que quería que vieras, ahora lárgate.
—¿Es en serio, amor?
—Entiende una cosa, ya no soy tu amor, dejé de serlo cuando decidiste que fuera mi hermana la que te la chupara, y no me importa en lo absoluto, solo deja de verme como si te estuviera quedando a deber un favor. No me debes nada y yo no debo nada. Le diré a la editorial que ya no serás mi editor, y si les causa algún problema la situación, entonces buscaré otra editorial. ¿De acuerdo? Ahora, vete.
Nos miró alternadamente, dio media vuelta y se fue. Yo volví a ver a Tom aún en la cama, él solo me miró estupefacto.
—¿Sabías que iba a venir?
—Sí, lo siento, de verdad.
—No te preocupes, si hizo lo que dijiste, el que debe pedir disculpas es él. Ven aquí.
Fui con él nuevamente a la cama, me senté a su lado y me hizo recostarme en su pecho, comenzó a acariciar mi espalda y mi cabello.
—Me la estoy pasando genial aquí contigo.
—¿En serio? —pregunté levantándome un poco solo para verlo a los ojos.
—En serio, no importa lo que hayas pasado, yo también tuve problemas en la ciudad y preferí huir hasta aquí.
—Bueno, pues somos dos los que prefieren huir al bosque de sus problemas.
—Podríamos…
—¿Qué?
—No, nada.
—Dilo.
—No es nada, olvídalo.
—Vamos, Tom, dilo. Juro que no diré nada hasta pensar en ello.
—Tal vez estoy entrando a la crisis de mediana edad y me hizo pensar en eso.
—Te escucho.
—Bueno, pensé en que como no puedo tener a la misma mujer por más tiempo, y que a ti te engañó ese sujeto con tu propia hermana, y que los dos estamos bien aquí, nuestras cabañas están frente a la otra, podríamos, no sé… tener algo más.
—Me dijiste esta tarde que no pensara en…
—Sí, lo sé, eso fue antes de separarme de ti por un par de horas y darme cuenta de cuánto te deseo.
—Es eso, sexo solamente. Te gusta tener sexo conmigo, nada más.
—Pero… te eché de menos en cuanto saliste de mi cabaña.
—Oh, Tom —admití con una sonrisita divertida.
—Sí, búrlate de mis sentimientos.
—No pretendo burlarme de ti, me encanta que me folles, en serio, me ha gustado cada una de las posiciones en las que me pones, y sentir tu leche dentro de mí…
—Oh, Bill, continúa —dijo acariciando mi mejilla y mis labios.
—Aún la siento dentro, calentita.
—Mi gatita hermosa.
—Hagamos esto hasta que tengas que irte.
—Algo me dice que no podré dejarte ir.
—Entonces ya veremos. ¿Quieres dormir conmigo esta noche?
—Me encantaría.
Ambos nos quedamos dormidos en mi cabaña.
Continúa…
Queda una parte, te invitamos a seguir con la lectura 😉
Admito que me cuesta imaginar a un Tom de casi 50 pirulos, con pelo y barba blancos ._. xd pero me gusta cómo va la cosa 😌
Lo sé, créeme, pero ya era justo y necesario un Tom así en mi colección 😅 además, quería una diferencia de edad grande 🙊