Encantado, Tom 6

Encantado, Tom 6

Notas: Primero, quiero agradecerles por el cariño que le han tomado a la historia, de verdad. Nunca me esperé que les gustara tanto, más que todo porque soy nueva y es mi primera historia «larga». En serio, mil gracias además por los comentarios, me hacen feliz <3.

Ahora sí pueden odiar a Collin, enjoy!

Fic TOLL de Rhianne

Capítulo 6

Cuando entra al departamento, Scotty no va a recibirlo, y eso es raro porque Scotty lo adora y nunca dejaría de ir a verlo nada más llegar.

Eso hace que se ponga alerta.

Eso, y los sonidos ahogados que vienen del baño.

La casa de Tom tiene muy pocas paredes; las de la cocina, la habitación, y el baño, y eso hace que los sonidos lleguen a cada rincón de ella casi con la misma intensidad.

Oye largos, bajos y ahogados gemidos.

Gemidos de hombres, ahogados y casi tan densos como el ambiente en sí.

Se acerca con el corazón en la boca, no sabe si cerró la puerta que da al pasillo del edificio, pero le da igual.

Cuando llega y abre, la escena lo golpea como una bala a quemarropa.

Casi puede oler la pólvora y la sangre.

David está detrás de Tom, tomándolo de las caderas, y el menor se apoya sobre los azulejos blancos y grita algo, algo como «Más».

Ambos están de espaldas a Bill, pero Jost lo oye y tuerce la cabeza, mirándolo y sonriendo como el hijo de puta que es.

— ¿Creías que aquí estabas a salvo, Bill? ¿Eso creías? —habla y embiste, y Tom no ve a Bill. Sólo suplica más—. No hay nada tuyo completamente, nada que no podamos corromper. Nada —y ríe. Risa de payaso, de película de terror.

Risa de pesadilla.

Y justo eso lo despierta, está sudando y tiene el corazón a casi en la punta de la lengua, listo para saltar.

Da un tumbo en la cama, y se aferra a lo primero que encuentra; las sábanas, el colchón, un cuerpo caliente.

—No, no, no, no. Tú no. Por favor, por favor.

Bill no es más que un amasijo de cabello, lágrimas, sudor, y «No, no, no, por favor. A ti no, Tom».

No sabe dónde está, casi no se acuerda, pero entonces alguien enciende la luz. Ese alguien es Tom, y el pelinegro quiere morir sin más.

Va a tenerlo.

Va a tener un ataque de pánico ahí.

Puede sentirlo en la punta de los dedos.

—Shhh, tranquilo. ¿Qué pasa?

Tom, con los ojos apenas abiertos, bóxers blancos, y las rastas libres cayéndole por la espalda, el pecho y los hombros lo envuelve con un brazo. Están sentados en la cama, y cuando lo abraza, Bill piensa en volver a respirar.

Hunde la cabeza en su hombro y respira, lo intenta, de verdad lo intenta, pero el sueño, y David sobre su piel…

La presión sobre su pecho no desaparece.

— ¿Qué pasa? ¿Qué era? Cuéntamelo, vamos.

—Yo… tú estabas… y él te… mierda, no, tú no, Tom, tú no… no puedo… respirar.

Y es verdad, a pesar de que huele a miel, a mañana, a avena y está calentito, Bill no consigue respirar. A pesar de que su mano sube por su espalda, como un bálsamo tranquilizador. Simplemente no puede.

—Eh, eh, mírame.

Tom lo separa un poco de sí, y lo obliga a establecer contacto visual, pero el pelinegro no ve nada. El aire no pasa del entorno a sus pulmones por más que lo intenta, y si lo está haciendo, no lo nota.

«Respira, Bill. Respira».

Se le está nublando un poco la vista, pero su pecho sube y baja como si estuviese haciendo un esfuerzo increíble, y puede que Tom esté entrando en pánico también, pero lo disimula.

—Bill, mírame.

Lo haría, pero no está escuchando. Tom lo zarandea un poco y eso hace que capte su atención: —Escúchame, ¿me estás escuchando, cabrón? —Asiente con la cabeza, respirando mal, viendo peor y sintiendo que se le duermen las piernas—. Quiero que respires, y pienses en algún recuerdo bueno, ¿vale? Piensa en algún lugar que te haga feliz. Algo tranquilo, una playa, o algún paisaje bonito.

Y el menor sigue hablando, pero mientras lo hace, la mirada de Bill ha descendido por su cuerpo, sigue con la vista una de sus largas rastas, ve cómo el fin de ésta llega justo sobre su ombligo, y piensa en el contraste que supone, debe haber entre esas dos texturas; su suave piel, y su áspero cabello rubio enredado. Y así, por un pensamiento estúpido, la respiración se le empieza a regular.

Consigue centrar su atención en algo y nota que la resistencia del aire desiste, y que poco a poco su pecho se relaja y está lejos de desmayarse.

—Eso es. Muy bien, muy bien, ya está —le revuelve el pelo, como si fuera un cachorrito.

Cuando el mayor es capaz de levantar la vista de su estómago, está avergonzado por muchas más razones de las quiere admitir.

— ¿Cómo sabías ese truco? —pregunta, con la voz rasposa, y se la aclara, porque suena como si lo acabaran de violar en un callejón de mala muerte.

—Mi madre solía tener ataques así —le sonríe, sonrisa de consuelo—. ¿Quieres contármelo?

—Sólo era una pesadilla. Ya sabes, Collin y… él. En mi cabeza. La misma escena, una y otra vez.

«No Collin, Tú en mi mente. Él tocándote, t.o.c.á.n.d.o.t.e. No quiero que nadie te toque, ¿vale? Nadie. Mío. Absolutamente mío».

Se está volviendo loco.

Tom sólo asiente y le arregla el cabello, apartándoselo de la cara, coloca un mechón detrás de su oreja. Bill piensa que si hubiese sido otro, ese gesto habría quedado hasta femenino, ¿pero en él? En él decía sexo con luces de neón y hasta musiquita de feria.

Y cuando le da un beso en la frente, con la intención de volver a apagar la luz porque debe ser de madrugada y quiere seguir durmiendo, a Bill se le pasa por la cabeza que quiere algo. No sabe qué es, pero sabe que Tom puede dárselo.

Sabe que puede porque ha visto la cara de las chicas cuando él les devuelve la mirada. Rojo virginidad, como si hubiese leído sus pecados, y dijera «Puedo, puedo dártelo, cariño. Lo que pasa es que no quiero».

Bill sabe que puede y ahora él quiere.

A la mierda eso de esquivar sus miradas y su jugueteo. A la mierda pensar en los demás, en los no puedo, en los no debo, y en el miedo. A la mierda todo.

Así que antes de que se separe completamente, el mayor le coge la cara con una mano, y lo besa. Acorta la poca distancia y lo besa, obligándolo a abrir la boca con sutileza.

Suspira contra Bill, mojado y resbaladizo. Y al principio, no se quita. Deja que lo explore completamente, tanteando con cuidado. Cada vez que lo roza un poquito con la lengua, algo se le encoge en el estómago, y algo se le estira más abajo.

Es como lo sospechaba, y mientras Bill lo besa piensa «Wow, mierda», porque en serio, ese beso no tiene nada que ver con el anterior. Y también piensa que sería mucho mejor si Tom le siguiera el ritmo.

Está seguro de que si Tom fuera el que lo besara, y no al revés, ya estaría suplicando en latín, llorando lágrimas de semen y espasmos en el puente del pie.

Lo sabe y el convencimiento de que es así le hace gruñir contra su boca, y besar más duro. Y, «Vamos, Tom. No me voy a romper, joder. Vamos». Y ahora sí que no responde.

Tom se quita de golpe y lo mira con los ojos vidriosos y nublados. —Eh, tranquilo, tigre—murmura. Está serio y se lame los labios, llevándose consigo cualquier rastro de Bill que pudiese tener en el exterior, al interior. Como si quisiera que nada se le escapara —No así, Bill. No te encuentras bien, estás mal.

—Per…

—No digo que no, digo que no ahora. Descansa, sé tú mismo primero, y después, después puedo ser tu cena.

Bill asiente sin vida, porque, vale. Sí, hola, ¿y qué hace con eso? Pero Tom se da la vuelta y se mete en la cama, moviéndose incómodo porque obviamente el bóxer le queda más pequeño.

Suspira audible.

—Genial.

Tom ríe.

—Míralo por el lado bueno, te he salvado del desmayo.

Lo mira en la oscuridad, pero sabe que no le sirve de mucho. No ve su mirada asesina y frustración sexual.

—Pero me diste un particular tipo de dolor.

—Vivirás —vuelve a reír.

—Seh.

Pero a pesar de eso, Tom sigue firme en su negativa, y lo deja en la cama sin poder dormir, con ganas de tocarse a su lado y gemir fuerte su nombre sólo para joderlo y no aguante las ganas de comérselo vivo. Porque es un adolescente con las hormonas revolucionadas.

Va a hacerlo.

Pero luego cae en la cuenta de lo que ha dicho, ahora pensando con la cabeza que dentro tiene un cerebro y no un líquido blanquecino esperando por salir, y, Tom se preocupa por él. Se preocupa mucho por él.

Sonríe como idiota, manda a relajar su cuerpo, y se duerme. Y si tiene más sueños esa noche, no se acuerda.

&

A la mañana siguiente, Tom intenta hacer el menor ruido posible. Bill lo nota porque camina de puntillas, y le susurra a Scotty «Sh, ya voy, espera, nene».

Sonríe contra la almohada y se incorpora en la cama, viendo a Tom correr de un lado para otro intentando ponerle la correa a un Scotty más que nervioso.

—Buenos días.

—Ah, estás despierto —dice, y sonríe. Las persianas no están abiertas, pero la luz solar igual hace su entrada estelar.

— ¿Saldrás? —pregunta, ante el hecho evidente de que huele a café, Tom está vestido y va a llevarse a Scotty.

—Tengo que comprar, y sacar a pasear al bicho este.

—Voy contigo.

Va a poner un pie fuera de la cama cuando Tom se acerca, dejando al cachorro suelto con la correa colgando e intentando morderla.

—Já, no sé con qué ropa. ¿Por qué no te duchas, vas a casa y coges algunas de tus cosas? No puedes vivir sin tus cosas.

Bill se esconde debajo de las sábanas, como un crío de cinco años.

—Mentira —y el edredón amortigua el sonido—, sí puedo.

—Biiiill.

—Tengo dinero, me compraré todo nuevo.

Es una excusa cojonuda, y no sabe por qué no se le ha ocurrido antes.

Pero estamos hablando de Tom, y él siempre contraataca.

— ¿Y las cosas del estudio? Tus composiciones, los instrumentos. Las cosas del club.

&

—Mierda —Tom ríe un poco, y pone una mano sobre la rodilla de Bill por encima de la manta.

—Sabes que tienes que ir —nota cómo se aleja y el perro da un gritito de alegría cuando lo coge en brazos para bajar la escalera del pasillo. El mismo que daría Bill, la reacción normal si Tom lo toma en brazos, sea hombre o animal. No puede negarlo.

— ¡No quiero!

Lo grita, pero el portazo cuando cierra antes de salir es la única respuesta y, mierda.

Café. Ahora.

&

Bill ha tardado un poco.

No es que no quiera salir del departamento, es que… tenía que lavar la ropa de ayer y meterla en la secadora, y después volver a ponérsela.

Y para joderla aún más, no ha encontrado sus calzoncillos, así que ha tenido que abrir el ropero de Tom y ponerse unos. Negros, apretados, pequeños.

Joder, el chaval se empeña en darle dolor de huevos.

Es eso. Definitivamente es todo eso, y que no encontraba azúcar para el café, y que el pelo no le ha quedado como quería. Eso lo ha obligado a ir taaaan lento y no las pocas ganas que tiene de volver a poner un pie en casa.

La posibilidad de cruzarse con Collin ni siquiera se le pasa por la cabeza, porque duele. Físicamente, duele.

Cuando llega, y sube, siente que sus plegarias han sido escuchadas porque no hay nadie y es libre de moverse a sus anchas. Coge seis cosas; ropa, sus cuadernos, la guitarra, el cepillo de dientes, el móvil y las llaves del Audi.

Entra al estudio y revisa el escritorio, porque en uno de los cajones están los papeles del club. Cuando los tiene, sale de la casa, y vuelve la vista un segundo. Mira la ventana del ático, lo que antes era su habitación, y piensa en todas las cosas que fueron, son, y pudieron haber sido.

Y no se arrepiente de que todo vaya mal, porque sinceramente, está bien.

Después de mucho, mucho tiempo, está empezando a estar bien.

&

Han pasado tres días, y Bill está completa y desmedidamente instalado en la casa de Tom.

Cocina en su cocina, duerme la siesta en su sofá, y se ducha en su baño. Sus cosas están ya en cajones, armarios, y también en la lavadora.

En el salón, su guitarra está al lado de la tele, junto a la de Tom.

Y él, él está en la cama, de lado y viendo las ventajas de dormir con Tom y no con Collin.

A Collin tenía que meterle mano. Podía intuirlo, olerlo y casi saborearlo, pero hasta que no lo tocaba, no lo sentía. A Tom no.

Lo tiene clavado en la espalda, durmiendo como un tronco y con la erección casi agrediéndole. Bill sabe que es normal, nada evitable.

Tom se agarra al pelinegro desde atrás, en sueños. Murmura algo inteligible contra su pelo y no sabe qué es, pero da igual, porque avanza con las caderas buscando fricción, y quiere despertarlo, decirle que está bien, que no pasa nada, que lo quiere porque sí y no como segundo plato.

Pero prefiere esperar.

No quiere que nada estropee esto.

&

Van paseando por la calle, y Bill lo ve.

Sólo pasean, y lleva a Scotty en brazos (va a ponerse gordo, porque no lo dejan caminar, pero da igual) y Tom hace alguna gracia sobre eso.

Bill ríe, y entonces ve que Collin también está ahí.

A lo lejos, una o dos cuadras más allá, pero a pesar de la gente, parece que tiene un radar y lo mira como si le perdonara la vida.

Mira a Bill, luego a Tom, y se pone pálido.

Dice algo como «Mierda, Tom. Vámonos».

Y Tom lo ve.

—No puedes evitarlo siempre.

—Y una mierda, sí puedo.

Tom ve a Bill agobiado de verdad, porque le toma fuerte la mano, lo voltea, y caminan en la dirección opuesta a donde está Collin.

«No me sueltes nunca», piensa. Pero no lo dice, porque no quiere ser cursi.

El sexo sí, las cursilerías, no.

Continúa…

Gracias por leer 😉

por admin

Administrador del sitio

Un comentario en «Encantado, Tom 6»
  1. no juzgo a bill, porque vuelvo a lo mismo: si tuviera en carne y hueso a un tom kaulitz calentito y con olor a avena, hasta yo lloraría porque no me da atención

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: Content is protected !!