Encantado, Tom 8

Encantado, Tom 8

Notas: Llegamos a la recta final de esta historia tan cortita, pero que me hizo muy feliz.

Les aclararé algo que tal vez no entiendan. Han pasado tres años desde el último capítulo. Y eso es todo, enjoy.

Fic TOLL de Rhianne

Capítulo 8

La música es agresiva, un poco perturbadora a veces.

El traje le pica un poco en el cuello, y suelta los dos primeros botones de la camisa para estar más cómodo.

El lugar está a reventar, y aunque debería hacer más calor dada la fecha, aún entra un aire húmedo cada vez que alguien abre la puerta del club, y el aire acondicionado no ayuda.

Pero no importa.

Se pasea entre la multitud, los vasos de whisky brillando bajo las luces blancas, como perlas de oro líquidas perdiéndose en las gargantas de la gente.

Sonríe y se arregla el pelo con la mano, porque lo siente desordenado y odia esa sensación.

Avanza entre todo ese grupo de gente, que ríen mientras observan a la banda, y hablan de cosas que no entiende, escuchando la música que lo relaja, y pensando en que a pesar de todo, está deseando que la noche se acabe.

Está nervioso y no sabe por qué pero le ha cogido un pánico terrible a las presentaciones.

Un hombre alto y canoso, muy del estilo Clooney, lo saluda con la mano y te da la enhorabuena. “Gracias”, murmura, “un placer, espero que se esté divirtiendo”.

Y todo te sale tan natural como siempre. Debe ser verdad que es como montar en bici, nunca se olvida.

Justo en ese momento, mientras avanza haciendo de buen anfitrión, Sam se le acerca con una sonrisa del tamaño de Alaska, como un torbellino, el vestido violeta arremolinándose en sus tobillos.

—Buenas noticias, jefe.

—Te he dicho mil veces que no me llames…

Ella rueda los ojos.

—Sí, sí, no te pongas pesado. ¿A que no sabes qué canción fue vendida?

Claramente, había sido esa canción. Eso no es lo que te deja en shock. ¿Quién la habría comprado?

— ¿Has conseguido venderla?

—Hmmm, hmmm. Y por una pasta además. No sabía cuanto pedías por ella, porque tu decisión de “quien la quiera, que pague y la tendrá” no me lo dejó fácil. Le puse un alto precio, y ha colado.

Le sonríe y le da la enhorabuena una vez más sin ni si quiera consultarte nada, ni pedirle permiso. Como si Bill no fuera el jefe. A lo mejor obligarla a que lo llamara Bill no había sido tan buena idea después de todo.

Suspira y va hacia donde están porque no se fía del comprador o sus intenciones. Le gustaba demasiado esa canción como para venderla sin más.

Representaba demasiado.

&

Así, desnudo como está, y con cuatro pares de ojos tirando de él en direcciones opuestas, no sabe qué hacer.

Lo mira y algo se le revuelve por dentro, como flashes de lo que ha sido su vida con él. Cuatro años de relación y buenos momentos.

—Por favor… al menos déjame hablar contigo a solas —murmura, la voz rota y no recuerda la última vez que lo vio llorar en público, porque es demasiado orgulloso.

Lo mira con los ojos verdes acuosos, preguntándose si su vida habría sido diferente si hubiera conocido a Tom cinco años atrás, cuando tenía apenas unos doce o trece años y él unos diecinueve.

Si hubiera sido él y no Collin, estaría ahora en la misma posición. ¿Estaría Tom pidiéndole una segunda oportunidad con lágrimas en los ojos? ¿Le habría jodido lo suficiente como para no saber si se merecía ni siquiera la oportunidad de explicarse?

Mira hacia atrás y lo ve en la cama.

Desnudo, perfecto, mirándole con la duda en la garganta y la compresión en los ojos.

Comprensión.

No ira, no enfado, no rabia, ni siquiera celos.

Comprensión y confianza, y no lo escucha pero sabe que desde donde está le está queriendo decir “haz lo que tengas que hacer, lo que sea mejor para ti”

Han pasado varías horas desde todo lo demás, y aún tiene la piel un poco rosa, y algún que otro arañazo, y parece un ángel caído, venido desde el infierno para torturarle.

Una tortura perfecta que le da más alivio que cualquiera de lo que él le ha ofrecido hasta ahora.

Y es eso, la compresión, la ausencia de decepción en su mirada, solo el apoyo, lo que le hace ver todo más claro de lo que ha visto hasta ese momento.

—Está bien —le dice a Collin, y por el rabillo del ojo ve cómo Tom cierra los ojos, y aprieta los párpados, como si las palabras pesaran como el cemento. Pero no dice nada.

Deja a Collin en la puerta mientras va hasta la cama y coge toda su ropa, esparcida por el suelo. Se viste despacio, sin mirar lo que se pone, sintiendo la mirada de Tom como el plomo sobre su piel.

Pesa y quema.

Cuando cree que está listo, echo un desastre pero al menos no lo denunciarán por escándalo público, se permite un segundo para mirar a Tom.

Sentado al borde de la cama, observándole sin decir ni una palabra, sin mirar a Collin ni un segundo. Sólo a Bill, sólo a él.

Cuando se queda mirándolo como un gilipollas, va a abrir la boca para decirle algo pero Bill no lo deja.

Se inclina y pega su boca a su oído.

No quiere que Collin escuche lo que tiene que decirle a Tom.

Está tan nervioso que no sabe ni lo que le dice, probablemente algún balbuceo sin sentido sobre que has tenido una visión y que confíe en él.

Pero no sabría decir las palabras exactas.

Le habla, una frase, quizá dos, y le deja un beso en la mejilla.

Él asiente, y lo deja ir, pero cuando Bill está dos pasos más cerca de la puerta, y más lejos de él, se levanta de un salto, y va hacia el pelinegro.

No tiene tiempo ni de pensar en “oh, está tan desnudo como yo hace un segundo”, no tiene tiempo de rodearlo entero para que Collin no lo mire, porque no quiere que lo vea, porque toda esa visión es sólo para él.

Sólo siente sus labios sobre los propios como un sello puesto a presión, con la sensación de que está cerrando un pacto sin saberlo.

No le murmura ningún adiós, pero mientras Bill lo de vuelta, lo siente sobre la piel y la sensación de quemazón no se va. Se extiende por toda su piel como si de todas las sensaciones posibles, solo le quedara esa.

Cuando se separa del mayor, se queda mirando a Collin, ojos desafiantes como espadas cruzadas en una lucha antigua, pequeño y desnudo, agresivo y tranquilo a la vez.

Con una seguridad que no tiene.

Bill le toca la mejilla antes de marcharse.

No es capaz de decir ni una sola palabra más.

&

Sube en el coche con Collin, y su incomodidad se mezcla con su alivio.

Puede que haya música de fondo pero no lo nota, solo siente la sonrisa que se extiende sobre su cara como un peso muerto en su espalda.

Suspira, respira profundo.

“Vamos, eres capaz de esto”

El camino se le hace más largo de lo que sido nunca, quizá demasiados semáforos, parones y acelerones que lo ponen más nervioso de lo que ha estado jamás.

—Gracias —dice él cuando aparca junto a casa, y va a bajarse. Lo mira sin abrir la boca y él añade: —. Sé que no me lo merezco, Bill, pero estoy tan contento de que estés aquí…

Sólo asiente. No se le ocurre qué más decir y no sabe ni por donde va a empezar a reconstruir su vida después de todo.

Sube a casa, y cuando está dentro, las paredes se cierran sobre él con una risa maníaca.

“Has vuelto” parece que te gritan “sabíamos que no tenías tantas pelotas”

Sonríe amargo mientras se sienta en el sofá y ve cómo Collin se sienta a su lado.

—Yo… no sé por donde empezar esto —es Collin el que habla, llevando siempre el ritmo de la conversación. Bill está haciendo el suficiente esfuerzo escuchándolo sin vomitar — Sé que nos hemos distanciado mucho en los últimos meses y que no he hecho las cosas como debería. No tengo excusa para hacer lo que hecho pero supongo que… que yo sólo…—le coge la mano.

La de Bill está fría en comparación a la de él, pero lo deja.

Mira sus manos y sigue hablando.

—Supongo que yo sólo te echaba de menos, Bill. Echaba de menos al hombre del que me enamoré, que componía sin parar, sobre cualquier cosa, sobre mí.

Y por primera vez, levanta la cabeza y lo mira.

—Eres tú quien me ha ahuyentado, Collin, no yo. Tú quien prefirió centrarse en su trabajo en vez de ayudarme cuando estaba pasando una mala racha, y tú quien ha preferido follar con otro antes que solucionar tus problemas de cama conmigo… así que no me vengas con que me echabas de menos cuando…

—Eh —le coge la cara con las manos, lo tiene cerca, respira casi sobre Bill y huele bien—, no he dicho que lo haya echo bien, sólo estoy intentando decirte cuales han sido los motivos que me han llevado a hacerlo mal. Pero podemos arreglarlo, quiero arreglarlo. Te echo de menos, Bill.

—Creo que David estaba supliendo bien esa parte, ¿no?

Él cierra los ojos. Arrepentimiento e ira mezclados.

—Lo siento Bill, en serio, pero no es nada. Está acabado. Te juro que lo termine en el mismo momento en el que…

Pero se calla.

Porque sabe que lo que viene después es “me pillaste”

Bill se pregunta si las cosas hubieran sido diferentes si nunca lo hubiera cazado. ¿Seguiría acostándose con él sin intentar arreglar lo suyo?

—No creo que pueda volver a pasar por esto, Collin. Es demasiado, no puedo…

—Shhh, lo sé, lo sé, pequeño —Se acerca más y posa sus labios contra los de Bill. Tímido, dulce y conocido— te prometo que va a cambiar, que va a estar bien… te lo juro”

Y Bill sólo sonríe pequeño.

— ¿Y con las canciones? —pregunta.

— ¿Qué pasa con eso?

—Estoy harto de no poder hacer lo que quiera, ni vender lo que quiera, Collin. Necesito poder trabajar en lo que me gusta, no en lo que es mejor para la bolsa, la economía o el maldito país”

—Dios, está bien cariño. Tienes razón. Podemos exponer todas tus composiciones, seguro que se venden.

Y esa frase es la que lo deja paralizado en el sitio.

“exponer todas tus composiciones” dice, como si quedaran canciones que exponer, como si Collin no hubiera roto y destrozado todo.

Como si…

—Voy a hacerte algo de comer, ¿vale? ¿Por qué no te das una ducha y seguimos hablando ahora

Asiente sin fuerza sólo para que se levante del sofá y le deje espacio.

Quizá era la excusa que necesitaba. Quizá es que eso que ha dicho ha hecho clic en su cabeza como una pieza encajada en lugar correcto.

Quizá lo había decidido desde el “confía en mí” que le ha susurrado a Tom en el oído antes de marcharse.

Todo estaba decidido en su mente, pero él no lo veía. Las decisiones estaban tomadas y sólo estaba aquí para dejarlo en su lugar.

Tal vez esa frase es la que lo hace reaccionar y descubrir todo lo que estaba oculto, pero estaba.

Lo tenía decidido mucho antes de nacer.

Sube sin discutir con Collin, sin mediar palabra.

La última vez que vino fue porque Tom le recomendó hablar con él, arreglarlo, escucharlo.

Hoy está aquí por su propio pie, y por primera vez en mucho tiempo va a hacer algo por sí mismo.

No por Collin.

No por Tom.

Por él mismo.

Porque las mentiras son horribles y ve como una película en el cine lo que sería su vida si vuelve a donde empezó, y no le gusta nada lo que ve, porque sólo ve mentiras acumulándose como errores del tetris.

Quizá Tom no sea la decisión más acertada, después de todo tenía tantas posibilidades de salir mal como todo lo demás, pero al menos era algo nuevo, distinto.

Limpio, claro y fácil.

Tan fácil que cuando llega a su habitación y baja la maleta del armario para empezar a coger cada una de sus cosas, ni siquiera siente presión en el pecho. Ni remordimientos, ni miedo.

Está haciendo lo correcto, y lo mejor para todo el mundo.

Pero sobre todo, estás haciendo lo mejor para él.

Y es todo lo que importa.

Continúa…

Sólo uno más y termina.

por admin

Administrador del sitio

Un comentario en «Encantado, Tom 8»
  1. wey no mames, no estoy entendiendo nada, o sea, dejó a tom pero está dejando a collin también? wtf que está pasando

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