Estrella fugaz 5

Estrella fugaz 5

«Estrella fugaz» Fic de lyra

Capítulo 5. Una última vez

Se dio la vuelta en la cama cerrando los ojos con fuerza. Su mente estaba divida. Por un lado aún le temblaba el cuerpo por las emociones vividas esa tarde en el baño con los labios de Ian cerrados en torno a su miembro.

Por otro lado una simple caricia de Tom le había hecho recordar algo que con tanto esfuerzo había logrado olvidar. Solo fue un beso, pero le marcó para toda la vida. Porque era prohibido. Porque era el mejor que había recibido.

Se llevó una mano a los labios, pero el único recuerdo de un beso que permanecía en ellos era el de esa tarde. El de Tom había quedado muy lejos en el tiempo, se esfumó como si nunca hubiera existido, dejándole con ganas de más, aunque sabía que estaba mal.

Suspiró y abrió los ojos. Se había cansado de lamentaciones. Por lo que pudo haber sido. Por lo que nunca sería.

Se levantó de la cama y cogió su móvil. Abrió su cartera y sacó la tarjeta que le entregara Ian. Le pidió que le llamara a la noche, pero él no podía esperar hasta entonces. El recuerdo de Tom era muy intenso, y tenía que hacer algo para alejarlo, aunque se muriera por dentro…

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Tras sentirse expulsado de la habitación de su hermano, Tom paseaba por la suya furioso. ¿Por qué se alejaba de su contacto? ¿Tenía miedo de que le obligase a hacer algo que él no quería?

Eso sería lo último que haría, jamás le haría daño…..

No como él, que permitía que un simple beso les alejara sin remedio. Los días que le sucedieron fueron muy extraños. Si podían, no coincidían en la misma habitación, y menos a solas. No se miraban, no se hablaban….no se besaban.

Dejó de pasear. Así sabía que no iba a conseguir nada. Lo que tenía que hacer era hablar con él, dejar bien claros sus sentimientos. No fue un simple beso, fue el mejor que pudiera recibir y dar.

Salió de la habitación y se dirigió de nuevo a la de Bill, llamando a la puerta para no volver a molestarle.

Adelante—dijo una voz muy alegre.

Entró y le vio delante del espejo. Se estaba quitando la camiseta que tenía puesta para ponerse una camisa de manga larga blanca, lo que le hizo pensar en lo guapo que estaba.

¿Sales? ¿Ya te encuentras bien?—no pudo evitar preguntar.

Si, he quedado—contestó Bill mirándole a través del espejo.

Has quedado con él, ¿verdad?—saltó Tom sin poderse contener—Le vuelves a ver y ya estás de nuevo tras de él. Como entonces.

¡Que sabrás tú! No le conoces, no sabes nada de mi pasado—saltó a su vez Bill furioso.

Sé que te hizo mucho daño—dijo Tom con firmeza—Y que el volverle a ver te ha dejado en mal estado, no había más que verte la cara cuando saliste del baño. Pálido, como si la sangre no te llegara al corazón,….

Para, deja de hablar de algo que no entiendes—pidió Bill levantando una mano.

Si estaba mal cuando salió del baño, no era por lo que Tom creía, que después de verle tras casi un año el recuerdo le había hecho daño. Cuando fue todo lo contrario, le hizo recordar los buenos tiempos y desear más.

Entró en el baño a terminar de arreglarse, sin importarle que Tom se quedase esperando una explicación de sus actos que nunca iba a recibir.

Pero Tom no se conformó con verle arreglarse para otro. Se asomó a la puerta del baño y le miró con el ceño fruncido por el espejo.

Quita esa expresión, no te favorece nada—murmuró Bill antes de que le pudiera decir algo.

Siguió maquillándose con una sonrisa en los labios, lo que hizo que Tom arrugase más el ceño, pero él aunque lo vio decidió pasarlo por alto. Solo quería ser feliz de nuevo, estar otra vez en sus brazos, recordar la manera en la que le acariciaba el cuerpo, recordar sus besos a la luz de la luna…

¿A la luz de la luna?

Sacudió la cabeza enfadado. Ese no era Ian, fue con Tom. Se besaban hasta que al luna los pilló y les hizo separase, dejándole asustado…y hambriento de más.

¿Te ocurre algo?—preguntó Tom al ver su expresión.

Sal—pidió Bill sin mirarle.

¿Qué?—dijo Tom sin comprender.

Bill resopló y dejando con fuerza la sombra de ojos en el lavabo se dio la vuelta y le empujó fuera del baño.

Que salgas—ordenó furioso—Déjame solo, me molesta que estés detrás de mí observando cada uno de mis movimientos.

Soy tu hermano, es mi deber el vigilar que todo te vaya bien—dijo Tom retrocediendo con torpeza.

Tú lo has dicho. Eres mi hermano, no quieras ser algo más—susurró Bill con firmeza.

Le cerró la puerta en las narices y la dejó bien candada, apoyando en ella las manos, como si de esa manera detuviera esos sentimientos que jamás quedaron enterrados en el fondo de su memoria.

Tom se quedó mirando la puerta con dolor. Por sus palabras, por no dejarle estar a su lado. Se dio la vuelta y salió de al habitación, antes de que le hiciera sentir más dolor. Se encerró en la suya, se tumbó en la cama cubriendo su cabeza con la almohada, como si de esa manera no le llegaran los recuerdos, como si así no sintiera la felicidad de Bill tras pasar la noche con Ian…

&

Salió del apartamento tras despedirse de Georg y Gustav. Sabía que Tom se había encerrado en su habitación para no verle, así que se fue sin despedirse de él. No quería que hiciera o dijera algo que estropease su gran noche, que le hiciera ir a los brazos de Ian con la cabeza en otro lado y no lo disfrutase tanto como quisiera.

Además, se había retrasado por su culpa. Tras echarle del baño le temblaban las manos y no acertaba a pintarse los ojos, que se le habían llenado de lágrimas que caían sin poder hacer nada por impedirlo.

Pero tras respirar hondo y pensar con fuerza que eso no podía pasar, que solo eran hermanos y nada más, logró terminar de arreglarse y calmarse.

Salió a la calle y vio su coche aparcado en la acera. Sonrió y corrió hacia el, entrando en el coche y mirándole fijamente.

¿A dónde quieres ir?—preguntó Ian sonriendo también.

Me da igual, solo sácame de aquí—suplicó Bill.

Ian arrancó el coche sin saber aún donde pueden ir, donde encontrarán la intimidad necesaria para pasar un rato agradable. Sabía que tenía que ser un lugar discreto, Bill llamaba mucho la atención, además de que todo el mundo le reconocería allá donde fueran, y él no quería que le vieran a su lado, que le descubrieran haciendo algo que era su mayor secreto.

Sonrió al pensar en el lugar adecuado. Y girando a la izquierda enfila el coche a una dirección que Bill reconoció enseguida.

¿Vamos a la discográfica?—preguntó extrañado.

Ian solo asintió sin decir nada, sin dejar de sonreír. Era el único sitio en el que no era raro que los vieran juntos. Ya se inventaría alguna excusa de su presencia en al discográfica a esas horas, y la compañía del joven cantante que se movía nervioso en el asiento de al lado.

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Llegaron en menos de media hora y aparcaron en el parking subterráneo. Bajaron del coche y entraron en le ascensor. En cuanto las puertas se cerraron sus labios ya se habían fundido en un profundo beso, sus manos ya recorrerían sus cuerpos en busca del centro de su placer.

El timbre anunció que llegaban a la planta deseada y antes de que se abrieran las puertas ya se habían separado y disimulaban por si acaso. Pero a esas horas no había nadie por los pasillos. Caminaron en silencio, pasando por los cerrados despachos hasta que llegaron a uno y con una gran sonrisa Ian extrajo de su bolsillo una llave y le abrió la puerta.

¿El despacho de David?—preguntó Bill entrando en el.

Me dijo que lo podía usar para una emergencia…y está claro que esta lo es—contestó Ian con una amplia sonrisa.

Volvió a dejar la puerta bien cerrada y tiró la llave por encima de su hombro. Se abalanzó sobre Bill, quien gritó por la sorpresa y rio cuando comenzó a subirle la camiseta y a pasar la lengua por su estómago, deteniéndose al ver esa estrella allí escondida, recordando lo que le dijo el primer día que se la vio, hacía ya más de un año.

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Esto no puede seguir así, si la gente me ve contigo puedo tener graves problemas—trataba de calmar al muchacho que lloraba frente a él.

Pero…yo te quiero…—decía Bill entre sollozos.

Eres muy joven para saber lo que es el amor…y para hacerte un tatuaje sin el permiso de tus padres. Bill, como se enteren….

No lo harán, nadie sabe que….lo hice…por ti.

¿Por mí?

Si, para tenerte siempre sobre mi cuerpo. Es como el que tu llevas en la muñeca…..

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¿Ian?

La voz del Bill adulto le hizo despertar de sus recuerdos. Levantó la cabeza y se le quedó mirando con una expresión de dolor en el rostro.

Te hice mucho daño. Marcaste tu cuerpo por mi y yo te hice sufrir—susurró posando una mano en su estómago.

Dejé atrás el pasado hace tiempo, y con el mi sufrimiento—dijo Bill con firmeza—Ahora estamos en el presente, y no quiero sentir más dolor, solo a ti dentro de mi.

Se arrodilló ante él, y antes de conseguir una negativa suya metió una mano en sus pantalones y sacó su miembro, rozándolo con la punta de los dedos.

No hace…falta….—dice Ian entre jadeos.

Ahora me toca a mi—cortó Bill sonriendo.

Y tras decir eso, acercó sus labios y dejó un beso en la punta de su miembro, para a continuación meterlo poco a poco en su boca, sintiendo su sabor llenarle por completo.

Ian cerró los ojos y puso las manos en su cabeza, guiándole, ayudándole a marcar el ritmo de las succiones, frenándole cuando sentía que estaba a punto de estallar.

Bill era muy joven y sabía que ni antes ni tras él había estado con nadie, y eso le ponía más cachondo todavía. Saber que sus labios eran vírgenes, que se había estado reservando para él….que su torpeza era a la vez de lo más sensual…

Le obligó a levantar la cabeza y a dejar su miembro. Le hizo apoyarse en la mesa de David, con las manos sobre ella y las piernas separadas. Le bajó con rapidez los pantalones y el boxer, arrodillándose ante él y separando sus nalgas, acercando la lengua y lamiendo su entrada, introduciéndola dentro y arrancándole un profundo jadeo.

Bill arqueó la espalda, le sentía moverse dentro de él, pero iba muy lento y gimió desesperado.

Ian….—suplicó a punto de llorar.

Sus ruegos fueron atendidos, pues lo que sintió a continuación fueron dos dedos en su interior, lo que le hizo soltar un pequeño grito. Contuvo la respiración cuando sintió más dedos, se agarró con fuerza el borde de la mesa cuando le sintió rozar su entrada con la punta de su miembro, frotándose con lentitud contra él.

¡Ian!—suspiró.

Se dejó caer sobre la mesa, apoyó la cara en la dura superficie cuando le sintió avanzar en su cuerpo, apretando los dientes al sentirse lleno.

Ian reposó las manos en su espalda, había entrado del todo y quedado quieto. Cogió aliento y bajó las manos hasta sus caderas, elevándoselas un poco hasta que le tuvo en la posición adecuada.

Solo entonces empezó el duro trabajo de moverse de atrás a adelante. Primero despacio, hasta que el cuerpo de Bill se adaptó al suyo y las embestidas fueron más veloces.

Los gemidos iban aumentando de volumen al ritmo de las fuertes embestidas, llegando a transformarse en gritos cuando una de las manos de Ian abandona su cadera y le frotó el miembro con insistencia, llevándole a la cúspide del placer y haciendo que se derramase en él.

Solo entonces sabía que le había llegado su turno, cuando las oleadas del orgasmo recorrieron el cuerpo de Bill, aprisionando su miembro con sus músculos, haciendo que él se derramara dentro.

Se dejó caer contra su espalda, apoyó la cara en su hombro y jadeó hasta que la respiración se le normalizó y pudo salir de su interior, haciendo que gotas de su simiente le resbalasen por los muslos y se perdieran por sus piernas.

Se vistió de nuevo y le ayudó a incorporarse, girándole y sonriendo al ver su rostro sudado y sonrosado, al ver sus ojos entre abiertos y llorosos.

Le subió los pantalones y terminó de acomodarle la ropa. Le toma por los hombros y besó con suavidad en los labios.

Gracias—logró susurrar Bill entre lágrimas.

Gracias a ti—dijo Ian recogiendo una lágrima y besándola.

Decidieron dar por finalizada la cita. Tras recuperarse de esa gran impresión, abandonaron el despacho que les había servido de nido de amor. Bajaron al parking y subieron de nuevo al coche. Solo habían pasado unos minutos, pero para Bill parecía que habían sido años.

Su cuerpo todavía temblaba, sentía que las piernas no le querían sostener. Se recostó en el asiento a su lado y cerró los ojos un momento, pero el cansancio pudo más que él y dormitó en silencio.

Ian le miraba de reojo, sonriendo al verle en ese estado, maldiciendo al saber que le había fallado. De nuevo.

Se concentró en la carretera, arrugó la frente con preocupación. Sabía que no debía haberlo hecho, que era todo un error. Pero al verle de nuevo todo volvió. Los buenos ratos, su contagiosa risa que nunca jamás se le iba de la cabeza, ….

las lágrimas que derramó la noche que le dijo que le dejaba sin ninguna explicación.

Las nuevas que derramaría cuando todo saliera a la luz.…

Continuará…

por lyra

Escritora del Fandom

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