Estrella fugaz 7

Estrella fugaz 7

«Estrella fugaz» Fic de lyra

Capítulo 7. La sombra de la duda

Se recostó en la bañera y cerró los ojos. Dejó que la templada agua le enfriase y calmase. Cogió una toalla y tras mojarla se la puso en la frente, gimiendo al notar como su dolorida cabeza se relajaba bajo ese manto de frialdad.

Se mordió los labios con fuerza cuando un sollozo quiso escapar de ellos al recordar lo sucedido esa misma mañana, cuando decidió ir a recuperar el móvil que perdió en pleno acto de amor.

Sus pensamientos están confusos. Recordaba escuchar el timbre del ascensor comunicando que se había parado en esa misma planta. De manera automática se giró para ver quien salía, para verle a él aparecer ante sus propios ojos.

Antes de que pudiera articular cualquier palabra, la niña a la que Tom y él le habían firmado un autógrafo pasó corriendo entre ellos y se abalanzó sobre Ian, a la vez que le llamaba papá.

Esa palabra retumbó en su cabeza como si fuera un disparo, le dañó los oídos y le impidió seguir escuchando. Sintió que la cabeza le daba vueltas y que le costaba respirar.

Algo hizo “plof” en su cerebro y de repente lo vio todo negro. Sintió que las piernas le fallaban y no podían sostener su cuerpo. Sintió que se hundía en la oscuridad pero que no llegaba a tocar el suelo.

Porque Tom reaccionó con rapidez y extendiendo sus brazos le cogió con suavidad, resbalando al suelo con él, quedándose sentado con él en su regazo, acunando su cuerpo, viendo asustado que no abría los ojos.

A los pocos minutos, sintió unas palmaditas en sus mejillas que le hicieron reaccionar. Arrugó la frente y consiguió parpadear. Escuchaba voces a su alrededor pero no entendía lo que decían. Se concentraba en ellas hasta que una voz conocida le llegó hasta sus oídos.

Solo quiero ayudar—decía Ian claramente asustado.

Déjalo, ya has hecho bastante—siseaba Tom furioso.

Separó los labios para hablar, pero de ellos solo surgió un pequeño gemido con el que volvió a caer en la inconsciencia, un lugar en el que no sentía nada.

No sentía el dolor de su corazón rompiéndose en mil pedazos, no sentía las lágrimas que le resbalaban por la cara.

No sintió la voz asustada de David al salir de su despacho y verle tendido en el suelo en brazos de Tom, como pedía a voces que alguien llamara a una ambulancia mientras se agachaba a su lado comprobando que no despertaba.

Despertó en la ambulancia camino del hospital. Tom estaba a su lado y le tomaba de la mano, acariciándole la frente y pidiéndole que aguantara.

En el hospital le descubrieron una bajada de tensión y unos análisis de sangre revelaron una ligera anemia. Estuvo casi dos horas en observación hasta que al fin le dieron el alta. Le mandaron unas vitaminas y le inyectaron alguna sustancia para que su tensión se normalizara.

Nada más llegar al apartamento, subió a su habitación dispuesto a darse un relajante baño.

Y en eso estaba, hasta que Tom llamó a la puerta haciéndole abrir los ojos con cansancio.

¿Estás bien? ¿Puedo pasar?—pidió Tom con suavidad.

Quiso decirle que no, que en esos momentos necesitaba estar a solas. Pero sabía que le había dado un buen susto y que estaba preocupado.

También sabía que tendría en cuenta su estado y no le haría ninguna incómoda pregunta.

Pasa—susurró con voz ronca volviendo a cerrar los ojos.

Tom abrió la puerta y entró despacio, arrugando la frente al ver su estado. Su cara refleja un dolor intenso, con los labios fruncidos y los ojos cerrados.

Se sentó en el borde de la bañera, tratando de no mirar esa parte de la anatomía de su hermano que la espuma del agua apeas cubría.

¿Te sientes mejor?—preguntó carraspeando.

Bill asintió con la cabeza sin dejar de frotarse con los dedos las sienes. El dolor le taladraba el cerebro. Solo deseaba cerrar los ojos y sumergirse en la fría oscuridad, que su mente dejase de trabajar.

Porque cerraba los ojos y lo volvía a revivir todo. La alegría cuando le volvió a besar. La tristeza cuando le volvió a dejar…

Llevas aquí mucho tiempo—comentó Tom tras unos minutos en silencio.

Eso hizo que abriera los ojos y le mirase fijamente, mostrándole todo el dolor que realmente sentía.

Bill, no lo podías saber…—empezó a decir Tom.

Sal, por favor—cortó Bill incorporándose.

Gimió y cerró los ojos frotándose la cabeza con una mano. El dolor se hacía cada vez más insoportable y se sentía un poco mareado. Levantó las rodillas y apoyó la cara contra ellas gimiendo sin poder evitarlo.

Tom alargó una mano con intención de consolarle, pero recordando sus palabras de que no le volviera a tocar, la retiró con rapidez antes de hacerle enfadar.

Solo te quiero ayudar—susurró dolido.

Voy a salir de la bañera y estoy desnudo. Por favor, sal—repitió Bill sin levantar la cabeza.

Avísame si te mareas, te espero fuera—dijo Tom antes de cerrar la puerta.

Bill suspiró cuando por fin le dejó solo. Estiró una mano y destapó la bañera, oyendo como el agua se marchaba por el desagüe, arrastrando con ella parte de su dolor y su llanto.

Se levantó con cuidado y cogiendo una toalla se secó con suavidad. Se la ajustó a la cadera y cogió otra para su pelo. Tras secarse los más que pudo, decidió salir del baño sin mirarse al espejo, no necesitaba que le mostrara el dolor que sentía.

Vio a Tom esperarle frente a la ventana con los brazos cruzados sobre el pecho, mirando al cielo como si esperara algo, tal vez ver en él las respuestas que él con rotundidad le negaba.

Abrió un cajón de la cómoda y sacó unos bóxers limpios en el momento que se volvió.

Estoy bien—contestó antes de que le preguntase.

Te he dejado una aspirina en la mesilla, te la subí porque sabía que la necesitarías—explicó Tom señalándosela.

Bill se dirigió a la cama y se sentó para tomársela. Se quedó con las manos sobre el regazo sin saber bien que decir. Sabía que Tom esperaba una explicación a lo sucedido esa mañana, algo que en esos momentos parecía una broma cruel del destino.

Sentía que se le acercaba y le miraba de pie, sin atreverse a tocarle, haciendo que se odiase más a sí mismo. En esos momentos, lo que más necesitaba era un fuerte abrazo, y Tom por miedo no se atrevía a dárselo.

¿Quieres algo de comer? Te puedo preparar lo que quieras—ofreció Tom con una sonrisa.

Tengo el estómago revuelto—contestó Bill ahogando un sollozo.

Se tumbó de lado en la cama encogiéndose todo lo que pudo, levantando las rodillas contra el pecho y abrazándoselas.

Déjame solo, por favor—suplicó en un lamento.

Tom asintió en silencio y abrió la puerta para hacer lo que le pedía.

Sabes que pase lo que pase, siempre estaré a tu lado, que puedes contar con tu hermano—murmuró antes de cerrar esa puerta.

Lo sé—susurró Bill cerrando los ojos con fuerza.

Se acomodó mejor en la cama, poniendo una mano bajo su mejilla y dejando escapar un nuevo suspiro. Sentía que los párpados le pesaban, o tal vez era que de repente se había quedado sin fuerzas.

No podía hablar, no podía llorar, no podía obligar a su cerebro que dejase de pensar…que no le trajera más recuerdos dolorosos, que le permitiera olvidar aquella lejana vez en la que entregó su cuerpo al creerse enamorado por primera vez….

.

UN AÑO ANTES

No podían disimular lo nerviosos que estaban bajo tantos focos, con todas esas cámaras sacando fotos solo a ellos cuatro, que no hacían más que intentar obedecer a esas voces que les suplicaban que les miraran y les dirigieran una sonrisa.

Tras varias poses tímidas al principio, consiguen relajarse y posar con naturalidad, sonriendo más abiertamente al público allí congregado.

Chicos, ya tenéis que entrar—avisó David sonriendo.

Estaba muy satisfecho con el trabajo que estaban realizando sin elevar ni una sola protesta. Quizás para ellos era solo un juego, que cantaban solo por diversión, sin darse cuanta de que era algo mucho más serio.

Les acompañó hasta el backstage en el que esperaron a que les llegase el turno de cantar. Era solo una pequeña actuación seguida de una entrevista y en una hora estarían de nuevo en el apartamento.

Les observó relajarse cada uno de ellos a su manera. Gustav se colocó sus auriculares y con los ojos cerrados escuchaba su música favorita recostado en el sofá. Georg se encontraba delante del pequeño catering tratando de elegir que comería a continuación. Y los gemelos se sentaron juntos en un sofá aparte, hablando de cosas que ellos solo entendían.

¿Has visto que de chicas había? Apuesto que esta noche cae una—murmuró Tom a su hermano guiñándole un ojo.

¿Podrías pensar en otra cosa que no sea solo el sexo?—pidió Bill gruñendo.

No es culpa mía que te quieras conservar virgen hasta el final de tu vida—dijo Tom con una pícara sonrisa.

Eres un imbécil…que sabrás tú mi vida—siseó Bill enfadado.

Se levantó y salió antes de oír de sus labios más crueles palabras. Caminó entre la gente allí reunida, la mayoría desconocida. Vio al fondo a David hablar con uno de los productores del programa. Se imaginaba que el resto también lo serían.

Salió de la abarrotada habitación muriéndose por un cigarrillo, sabiendo que tenía que hacerlo a escondidas para que no le echasen una regañina por no cuidar su voz, pero en esos momentos lo necesitaba con desespero.

Caminó por los vacíos pasillos buscando el lugar ideal para fumar sin ser visto, acariciando mientras sonreía el bolsillo interior de su cazadora en el que había escondido un par de cigarrillos y un encendedor.

Abrió la primera puerta que vio y entró en un despacho poco iluminado. Miró la mesa y vio sobre ella un cenicero, suspirando aliviado y cerrando la puerta tras de sí.

Caminó hacia la mesa mientras ya sacaba el cigarro y lo encendía por el camino, aspirando profundamente con los ojos cerrados.

¿Nadie te ha dicho que fumar es malo?—dijo una voz a sus espaldas.

Se giró con rapidez mientras tosía por la impresión, llevándose una mano al pecho sintiendo que su corazón se quería salir de él por el susto.

Entonces le vio. Tumbado en un sofá que había a la derecha del despacho y que él no había visto.

Perdón, ya me voy—se disculpó caminado hacia la puerta.

Espera—llamó el hombre levantándose.

Bill se paró ante la puerta tratando de esconder el cigarro a su espalda, sabiendo que ya era inútil porque le había visto claramente fumando.

Sé lo que vas a decir, que debo cuidar mi voz y esto es lo peor, que además me destrozo los pulmones….

Solo te iba a pedir una calada—cortó el hombre sonriendo.

Bill no pudo evitar sonreír también. Sacó la mano de detrás de su espalda y le ofreció el cigarro, quien lo cogió y se lo llevó a los labios, aspirando profundamente tal y como él lo hizo antes.

Mmmm…..Lo necesitaba—susurró soltando el humo.

Eso mismo me pasa a mí—dijo Bill cogiendo el cigarro de nuevo.

Me llamo Ian Taggert. Soy uno de los productores del programa. Y tú debes ser Bill Kaulitz, cantante y líder de Tokio Hotel.

Bill asintió sonriendo sin decir nada. Le había gustado mucho que le llamara líder.

Te sigo desde hace tiempo—dijo Ian para su asombro.

¿Sí?—preguntó Bill extrañado.

En esa época tú eras un niño que cantabaIt´s rainning men, mientras que yo producía ese programa también—explicó sonriendo Ian—Me dio pena que no lo ganaras, me fije en ti, lo hiciste muy bien.

Gracias—susurró Bill sonriendo de placer.

Veo que has crecido, y me encanta el cambio—siguió diciendo Ian sin poderse reprimir.

Bill se puso nervioso al escuchar sus palabras. No por el tono en que las había dicho, sino porque le había gustado escucharlas salir de él.

Ian percibió su cambio de actitud, sabía que le había puesto nervioso y a la vez confuso. Decidió dar un gran paso antes de perder su oportunidad. Se acercó más a él, quien no tenía más salida que la puerta cerrada a su espalda, contra la que se apoyó dispuesto a escuchar lo que le tuviera que decir.

Sin dejar de sonreír, Ian levantó una mano y le acarició las puntas del pelo.

Ahora lo llevas más largo, me gusta mucho como te queda—susurró bien cerca de su cara.

Bill solo le miraba sin decir nada. Se había perdido en sus ojos, no podía apartar la mirada de ellos, ni hacer nada para impedir que su mano dejase su pelo y le acariciase el cuello.

¿Tienes miedo?—preguntó Ian antes de continuar.

Bill negó con la cabeza. No tenía miedo, solo estaba muy nervioso, solo quería que ocurriera de una vez lo que estaba deseando desde que le vio por primera vez tumbado en el sofá echándole un repaso de arriba abajo con una gran sonrisa en los labios.

Ian sonrió más al ver que no se apartaba de su contacto. Le aferró más por el cuello y bajó la otra mano hasta su cintura, donde colocó sus dedos levantando el borde de su camiseta y acariciando su suave piel.

Bill cerró los ojos al sentir sus caricias, no pudo evitar separa los labios y dejar que un gemido escapase de ellos.

Ian reconoció esa señal y antes de que se arrepintiera ya se había apoderado de sus temblorosos labios, pasando la lengua por su comisura, obligándole a separarlos más para recibir su lengua dentro, que le exploró la boca arrancando de ella el eco de gemidos y suspiros.

Bill se dejó besar. Es su primera vez y no sabía como actuar. Cerró más los ojos y levantó torpemente las manos, llevándolas a su pecho, aferrándose a las solapas de su cara americana sin dejar de gemir en ningún momento.

Tras varios minutos eternos el beso finalizó con gran satisfacción para los dos. Ian salió de su boca y miró su sonrojada cara, con los labios hinchados tras ese largo beso y los ojos velados por el deseo.

Le sujetó con más fuerza cuando sintió que le fallaban las piernas, soltando una carcajada que enseguida fue contagiada.

Bill no pudo evitar echarse a reír con él, abrazarse a su cuerpo para no caer.

Si no salimos, alguien vendrá en tu busca—susurró Ian decepcionado.

Bill asintió y apoyó las piernas con firmeza en el suelo, viendo que ya podía mantenerse en pie sin ayuda. Se soltó y pasó las manos nervioso por su pelo.

Estás perfecto, no te he despeinado—dijo Ian adivinando sus pensamientos.

No era eso……—se disculpó Bill avergonzado.

Ian se agachó y recogió del suelo el cigarro que se cayó a saber en que momento. Lo apuró y caminó hacia la mesa para apagarlo en el cenicero.

¿Te volveré a ver?—preguntó Bill a su espalda.

Entonces fue el turno de Ian de ponerse nervioso. Por sus palabras, por su tono. Estaba claro que se había quedado prendido de él y ese no era su deseo. Agachó la mirada, consciente de que estaba a su espalda, cerca de él, esperando su respuesta.

Cogió un marco de la mesa sin que Bill lo viera y lo tumbó para que no viera la foto que estaba enmarcada en él. Se dio la vuelta fingiendo una amplia sonrisa.

¿Quieres verme de nuevo?—preguntó, dándole al oportunidad de echarse atrás.

Si—contestó con firmeza Bill.

Si Bill lo tenía claro, entonces él también. Metió la mano en el bolsillo interior de la americana y sacó una de sus tarjetas, que él mismo metió en el bolsillo interior de su cazadora.

Llámame—pidió en un susurro.

Bill asintió sonriendo más. Levantó una mano y se despidió de él caminando hacia atrás, gimiendo de dolor cuando su espalda chocó contra la puerta. Se dio la vuelta avergonzado y salió del despacho en el que entró para desahogarse y encontró una buena sorpresa.

Volvió a la sala con los demás, viendo como David le miraba enfadado porque se había retrasado.

Estaba en el baño—se excusó.

David asintió avergonzado y le entregó el micrófono que sujetó con fuerza contra su pecho sin dejar de sonreír.

¿Y esa sonrisa?—preguntó Tom a su lado.

Bill le miró y la sonrisa murió en sus labios al recordar sus últimas palabras. Le hizo pensar que debía hacer algo para no continuar como Tom muy bien ha dicho“virgen hasta el final de sus días”.

Continuará…

por lyra

Escritora del Fandom

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