
Fic de Xim_Alien
2: Just let it go
-Omnisciente-
Bill Kaulitz es un joven de veintidós años, demasiado excéntrico para el gusto de los demás. Lleva el cabello largo, un poco más abajo de los hombros, con delgadas rastas blancas y negras, mismas que se pierden entre cabellos negro azabache. Lleva pintadas las uñas de negro con las puntas blancas, y le gusta maquillarse, cosa que es demasiado para los demás chicos en la universidad a la que asiste. Su aspecto andrógino le permite atraer miradas morbosas, curiosas y también atrae, quizás sin querer, las que con mucha inocencia se dejan atrapar.
Sin embargo, para mala suerte de muchos, Bill tiene novio. Todos lo conocen, es bien sabido quién es, y si alguno tiene un problema con Bill y su forma de ser o de vestirse o de hablar, podrá arreglárselas directamente con Tom. Tom es un chico de veintiséis años, este es más masculino a diferencia de Bill, este lleva el cabello normal, sin rastas ni nada por el estilo, pero debido a que también lo lleva largo hasta por encima de los hombros, suele amarrarlo. Mientras que Bill usa ropa ajustada y en su mayoría, colores oscuros y botas con algo de tacón, Tom suele usar pantalones de mezclilla un poco más sueltos, playeras ajustadas, pero en colores fríos o tierra, y chaquetas de piel, además de las clásicas botas masculinas, esos botines con los que pareciera que usa para trabajar. La imagen de Tom le encanta a Bill, y a Tom le encanta cómo se ve Bill.
Bill es la especie de chico que se suele divertir si es lo que busca, ya sea en fiestas o en alguna habitación con su novio, Tom en cambio, es más fácil que pueda divertirse con Bill sea donde elijan, desde el propio departamento que los papás de Bill rentan para él, o simplemente pasar el rato, a que elija pasar el tiempo con alguien más o incluso ir a un bar o club, hasta reuniones sencillas. Sin embargo, cuando se trata de fiestas y Bill, no hay mucho que pueda hacer, siempre gana su compañero, bueno, lo cierto es que ni siquiera compite por ir a una fiesta o no, cualquier cosa que se le ocurra a Bill para ganar el juego y conseguir que Tom lo acompañe, Tom es quien lo deja ganar, y Tom hace lo que sea por perder, solo para hacer lo que Bill quiera, por verlo feliz y estar junto a él. Y aunque las noches de esas fiestas sean cansadas para Tom, agradece que terminen en la cama.
Para Tom es su último semestre en la universidad, Bill está en su tercer semestre, en repetidas ocasiones han discutido si terminar o continuar con su relación, siempre terminan dejándolo para después, pues Bill se rehúsa a siquiera pensar en una probabilidad donde no esté Tom, mientras que para Tom es mejor pensar en todas las posibilidades que se le puedan llegar a presentar, así sabrán qué hacer en cualquiera de esos casos.
—Tenemos que hablar, ahora —sentencia Tom, levantándose de la barra desayunadora para ir al comedor, donde descansa Bill luego de haber corrido de regreso a su departamento por culpa de la lluvia, odiaba mojarse con lluvia.
—Conoces mi respuesta —declaró, haciendo que Tom cerrara los ojos en señal de hartazgo.
—No puedo ir y venir —explicó Tom rodando los ojos—. Bill, estaremos muy lejos si continuamos.
—Confiaré en ti —continuó Bill, decidido a que fuera lo último que podría decir.
—No lo creo, te pones celoso por cualquier chico o chica que se me queda viendo —contestó Tom, sin permitir que Bill ganara esta discusión—, no quiero imaginar qué va a pasar después.
—Haz lo que quieras, ve a donde quieras, haz tus sueños realidad, pero no voy a cortar contigo, te amo y esperaré aquí, en el mismo lugar de siempre hasta que puedas visitarme. ¿Entiendes?
—¿Es tu última palabra? —preguntó Tom, retando a Bill para que cambiara de tema o diera su brazo a torcer.
—Mejor dime que ya no me quieres —intentó Bill, cambiando la ruta de la conversación, tal vez era lo que Tom estaba buscando.
—¡Vamos! No es eso —continuó Tom sorprendido.
Bill se levantó del comedor, estaba totalmente recuperado, su aliento se había normalizado y estaba dispuesto a pelear si era lo que Tom buscaba. Tom se quedó en su lugar, esperando a que Bill rematara.
—¿Entonces? Siempre que hablamos de esto dudas de mis sugerencias. Quieres una opinión y cuando te la doy, dudas de lo que digo.
—Es que pienso que cuando veas que no podré venir tan seguido como crees, vayas a decepcionarte.
Tom quería que Bill entendiera que la idea de una relación a distancia no iba a ser tan fácil como lo creía, Tom no se iba para seguir estudiando, no, Tom necesitaría irse al otro lado del país por cuestión de trabajo, y quizás no tendría los fines de semana libres como Bill pensaba, no era un trabajo fácil o sencillo, Tom necesitaba experiencia y necesitaba por todos los medios aceptar esta oportunidad si se la daban, faltaban dos meses para que su solicitud fuera a aceptada, dos meses para hacer que Bill entrara en razón, dos meses para que lo aceptaran, Tom quería el trabajo, lo anhelaba, convertirse en el mejor compositor o productor de la mejor casa disquera en Alemania era lo que siempre quiso, por lo que tanto había sacrificado y luchado, y ahora Bill debía entenderlo. Quizás los fines de semana serían los días más ocupados, y no podría viajar para visitarlo entre semana, porque Bill se quedaba a estudiar, y si Tom lo visitaba entre semana, podría haber la posibilidad de interrumpir su rutina, sus tareas, y por supuesto, manchar esa marca impecable de asistencias y tareas entregas en tiempo y forma.
—Puedes estar seguro de que no será así. Ahora, aprovechemos el tiempo, ¿Quieres?
Siempre que podían iban al piso que rentaba Bill. Sus papás pagaban mensualmente una renta sólo para él, en cambio Tom, siempre tuvo que vivir con algunos compañeros de la universidad para compartir los gastos, así que el único piso que tenían disponible para ambos, a cualquier hora, era el de Bill. Terminaron de hablar, de discutir el mismo tema que vienen discutiendo desde los últimos dos meses, y ambos terminan desnudos, en una cama, tratando de que el amor que sienten uno por el otro, llegue hasta el fondo de sus cuerpos, inundados en su propio placer.
—¿Qué vamos a hacer mañana? —preguntó Bill, una vez teniendo su aliento bajo control, descansando su cuerpo completo sobre el de Tom. Este último tenía su mano derecha sobre la espalda desnuda de Bill, mientras que con la izquierda sostenía un cigarrillo.
Bill conoció a Tom en una fiesta de la secundaria, para ese entonces Bill ya contaba con dieciséis años, y Tom veinte. No era una edad en la que muchas personas quisieran que sus hijos conocieran a alguien y para que al final del día, estos se perdieran en los instintos humanos más bajos. Sin embargo, los papás de Bill trabajaban de día y de noche, la única que podía «vigilar» a Bill, era Catherine, su nana desde que nació, y tampoco era de fiar, Catherine contaba con ya cincuenta años detrás de ella, cada una de sus canas reflejaba que no estaba en la tierra sólo porque sí. Catherine había sacado adelante a Bill, prácticamente era su madre para los eventos de la escuela, para las caídas, para los triunfos pegados en la puerta del refrigerador, para todo lo que pudiera conllevar una plática o incluso un regaño. Catherine nunca tuvo hijos, pero con Bill no le hacía falta nada más. En ese entonces, Bill ya conocía el poder que podía ejercer con una de sus miradas, así que no dudó en ponerla a prueba, en cuestión de segundos, el chico de trenzas africanas cayó rendido ante el chico de ojos maquillados, el único que se atrevía a ser como quería ser sin importarle un carajo los demás.
—¿Qué quieres hacer? Dime y te lo cumpliré.
—Cada año me dices lo mismo.
—Es que sigo siendo tu maldito esclavo.
Seis años, justo al día siguiente estarían cumpliendo seis años de relación. Cualquier otra pareja estaría pensando en comprometerse, el problema con Bill y Tom, además de ser hombres, es que eran demasiado obstinados a querer cumplir sus sueños como individuos antes que como pareja. Tom por un lado, había adoptado el sueño de ser productor, luego de que descubrió lo fácil que era el tratar con artistas, ser él quien les ayudara a ser las siguientes estrellas del momento, y en cuanto el estudio tuviera los premios suficientes debido a él, regresaría a la universidad para terminar como el mejor profesor de la historia de Alemania. Sin embargo, Bill sólo quería poder escribir canciones para los mejores artistas, deseaba con su corazón poder escribirle canciones a Britney Spears, tal vez a Paramore, y quizás a esta banda nueva italiana, Måneskin. Bill estaba bien con la idea de que quizás jamás podría pisar un escenario, sin embargo, el escuchar en sus artistas favoritos algunas de sus canciones escritas por él, era algo que nunca estaría en sobre si pasaría o no, Bill tendría que hacer lo que fuera, pero aquello pasaría sí o sí.
Bill sonríe ante tal confesión, no podía sonreír más, le dolería la mejillas y la mandíbula entera de hacerlo y no le importaba en absoluto. Le resultaba inquietantemente cursi y romántico lo que acaba de decir, y es que no a menudo escuchaba algo así, Tom era más del tipo de hacer referencias sexuales y alabar su cuerpo en demasía, prefería hacerle algún cumplido en relación con lo que veía que con lo que sentía.
—Ya me tengo que ir. Tengo cosas qué hacer —dijo Tom, luego de que Bill se separara de sus labios, beso que vino poco después de las sonrisas.
—No, no te vayas.
—Mañana nos vemos en la escuela.
—Bien —dijo Bill sin nada más qué hacer, bajando del cuerpo de Tom pero no de la cama.
—Pasaré por ti mañana.
—Sí, por favor.
—Bien, te amo.
Tom se levantó y empezó a vestirse, luego de estar preparado, salió de la habitación y posteriormente del departamento de Bill.
Al día siguiente, Tom manda un mensaje a Bill para que este último bajara y se pudieran ir. Tenían ese acuerdo, cuando Tom fuera al departamento de Bill para recogerlo e irse a la universidad, Tom no entraría, de lo contrario, estos se quedarían enredados en las sábanas y no podían permitirse una falta.
Todo marchaba sobre ruedas, los planes iban justo como ambos querían, no había nada que los pudiera detener. Tom se graduó, su madre lo visitó desde el pueblo donde vivía y lo abrazó fuertemente, le dijo que el orgullo que sentía por él no se terminaría nunca.
Tom debía de marcharse el siguiente viernes, su solicitud había sido aprobada y Bill jamás olvidaría esa fecha, el año quedaría grabado en su mente como una placa de metal grabada, tres de octubre del dos mil catorce, y Bill organizaría una fiesta el día anterior como una despedida y un “espero con ansias tu regreso”, una fiesta en su propio departamento, la cual terminó con muchos chicos alcoholizados, la música a todo volumen y la carta de la pasantía en la disquera que se dirigía a Tom como nuevo miembro del equipo, donde lo felicitaban por haber obtenido el cargo de ingeniero de audio, y que resaltaba que habían encontrado en Tom, ese aire fresco y nuevo que la disquera necesitaba.
Al día siguiente, cuando todos pudieron irse por su propio pie, ambos hicieron las maletas de Tom, Bill terminó por limpiar el departamento y en punto de las seis, llegaron a la estación de trenes. Bill lloró desconsoladamente, mientras repasaba en su cabeza una escena típica romántica de una parejas despidiéndose en la estación, y se preguntó si sería prudente echarse a correr en línea paralela al tren, gritando que lo amaba y que lo esperaría, pero era más grande la tristeza que sentía porque su rutina tendría que reajustarse ahora sin él, y su propia desesperación lo hizo flaquear y solo lo abrazó fuertemente para evitar caerse, y así mojó el hombro derecho de su amado que estaba próximo a tomar el siguiente tren hasta la siguiente visita que ambos desconocían fecha, propósito y circunstancias.
Cuando el tren llegó, Bill supo que no tenía más tiempo, no tenía otra opción, y entonces le dio el beso de su vida, de esos lentos para hacer que dure una eternidad, tratando de memorizar todo en absoluto para jamás olvidarlo, y Tom se dejó hacer, y al último, Tom limpió los ojos y mejillas de su pareja. Bill no lo pensó más y corrió en paralelo al tren cuando éste avanzó, y cuando por fín dejó de verlo, dejó de ondear los brazos, pero no de llorar, el amor de su vida se había marchado, no era capaz para decirle lo mucho que quería que no se fuera, que se quedara con él para hacer una vida juntos, no podía ser egoísta porque en el fondo, Bill también quería realizar cosas, materializar sus propios sueños y realizar todas esas cosas llamadas planes aún y, debía dejar que las alas de su novio se desplegaran. Aunque le parecía que terminaría con su propia vida.
Y Bill nunca supo por cuánto tiempo tendría que dejarlo marchar.
Continúa…
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