
Fic TOLL de JasonPeace
Capítulo 12
—Oh, hola— dijo Hale un poco incierta. —Tengo algunas… cosas que necesito hacer— Y con eso, desapareció en la parte de atrás de la tienda, justo cuando el hombre con el que había estado hablando se levantó y se dio la vuelta para enfrentarse a Tom. Era Bill. Tom parpadeó dos o tres veces, sólo para asegurarse.
Durante uno o dos minutos, se quedaron allí en silencio, mirándose el uno al otro. Bill se veía tan viejo… No. Crecido. Obviamente lo era, no se habían visto en 12 años, pero… Bill siempre había parecido tan joven y salvaje. Ahora se veía tan… poco salvaje. Su loco cabello negro se había ido, sustituido por un corte de pelo bastante ordinario que no le convenía en absoluto, según Tom. Parecía tan normal. Tan diferente que antes, y sin embargo tan… atractivo.
Tom quería darse una bofetada. Este no era el momento adecuado para pensar en esa ridiculez.
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La garganta de Bill estaba seca y se sentía como si alguien le hubiera puesto un tremendo peso en el pecho que le hacía difícil respirar. Estaba tan enojado con Tom, que ni siquiera podía pensar bien. Además de haber sido abandonado así, ahora estaba furioso porque Tom había criado a su hija. No es que Bill hubiera querido hacer eso, pero igual; le hubiera gustado saber al menos.
Entonces recordó que Tom ni siquiera sabía que no era su hija. ¡Pero igual! Incluso una niña de 11 años se había dado cuenta, ¡Tom debería haber prestado una mejor atención! ¡¿Y ahora se atrevía a escribirle cartas de amor y enviarle flores?! ¿O eso había sido Hale…? No le había entendido bien antes. No, obviamente eran de Tom – ninguna niña de 11 años haría algo así por su cuenta.
—¿Qué estás haciendo aquí, Bill? — Tom interrumpió su enfurruñada preocupación que de repente se convirtió en tristeza al oír el tono áspero.
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No había sido la intención de Tom sonar tan grosero, pero estaba tan molesto que había salido mal.
—Em… Recibí tus mensajes— dijo Bill torpemente.
—¿Qué mensajes?— preguntó Tom confundido.
Bill frunció el ceño un poco. —Las flores y las notas— Buscó algo en su chaqueta y luego le entregó unos pedazos de papel.
Tom alzó una ceja; esas eran las etiquetas de regalo que usaban para notas personalizadas. Su estómago se retorció dolorosamente al escanear las palabras escritas allí; él los había escrito años atrás. En ese viejo diario azul que se parecía al que Hale había tenido últimamente. ‘Oh. Claro,’ pensó estúpidamente una vez que su choque inicial había terminado.
Bill se aclaró la garganta torpemente, dándole una mirada expectante.
—Yo no los envié— dijo Tom abruptamente, devolviéndole los papeles.
—¿Qué?— preguntó Bill con incredulidad. —Tu hi- esa chica de allí— le señaló al fondo de la tienda —dijo que los habías enviado.
Así que lo sabía. —Sí, pues, te mintió. Ella te envió las notas, no yo. Siento mucho que tenías que venir hasta aquí— dijo con prisa, acercándose a la puerta y abriéndola. —Me temo que no fue más que una tonta broma de niños. Me aseguraré de que no vuelva a suceder. Lo siento mucho. Ten un buen viaje de regreso a casa— Señaló la puerta con la esperanza de que Bill entienda.
Aparentemente lo hizo, porque lentamente salió de la tienda, luciendo confundido y… ¿triste? ¿Por qué estaba triste? ¿Realmente lamentaba haberle dejado…?
Lo que sea, no importaba; Tom no tenía tiempo para esto. Muy bien, tenía tiempo, pero simplemente no quería hacer esto más; Bill había arrancado su corazón una vez, no estaba a punto de cometer el mismo error de nuevo.
—Cuídate, Bill— dijo en voz baja mientras cerraba la puerta, apartando a Bill de su vida.
Bill no intentó decir nada, así que Tom cerró la puerta con llave, no queriendo ver a ningún cliente en ese momento. Tenía que hablar con Hale.
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Bill miró la puerta cerrada, sin saber qué hacer. Tom lo había echado. Era más que obvio que no quería tener nada que ver con él, ¿qué podía decir? ¿Debería intentar cambiar su opinión? ¿Luchar por él? ¿Pero para qué? Tom lo había hecho muy claro, hace ya 12 años, que no quería tener nada más que ver con él, ¿cuál era el punto ahora?
Las cartas no habían sido de Tom, sino de… la hija de Bill que había usado a Tom como una excusa para conocerlo. Con razón odiaba a los niños.
Tristemente, se dirigió hacia el coche y entró. —Vamos a casa.
—¿Qué pasó? ¿Te dijeron algo? — preguntó Georg preocupado.
Bill suspiró, sacudiendo la cabeza. —Wendy murió hace diez años. Solo quiero irme a casa. No hay nada aquí para mí.
Esto era demasiado para él. Demasiados sentimientos, demasiada información, demasiados recuerdos. Ver a Tom solo sirvió para recordarle de todo lo que había perdido, y le tomó toda su fuerza para no derrumbarse delante de sus amigos de quienes deseaba que no habrían venido con él.
Sabía que tarde o temprano tendría que lidiar con la cuestión de Hale, pero en este momento no podía. Ahora mismo sólo quería ir a casa y morir en paz.
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Enojado, Tom cerró de golpe la puerta de su apartamento encima de la tienda, y se dirigió a la sala de estar donde Hale le dio una mirada aprensiva.
—Estás castigada— gruñó con furia.
—¿Qué? Pero-
—¡Hasta que mueras! — Tom casi gritó. —Hale, ¿cómo pudiste? ¿Qué estabas pensando? — puso sus manos en las caderas, fulminándola con su mirada.
—¡Pero tú dijiste que aún lo querías!
—¡Eso no quiere decir que quería volver a verlo! ¿Cómo pudiste enviarle notas de amor en mi nombre? ¡De mi diario! ¿Dónde está? — exigió con ferocidad.
—¡Pero a él le gustaron!
—¿Y quién diablos pagó por esos tres ramos? — gritó, recién ahora recordando este hecho.
—Yo lo hice… de mi mesada— murmuró en voz baja.
Tom la miró, sintiendo repentinamente que su enojo desaparecía. —¿Por qué? — preguntó suavemente. Hale apenas tenía mesada porque Tom no podía pagarlo, así que debió haber sido una asignación de un año entero para ella.
Hale le dirigió una mirada triste y un débil encogimiento de hombros. —Leí en tu diario cuánto le echabas de menos y cómo te sentías por él, así que busqué su dirección y le envié lo que escribiste, ya que obviamente tú eras demasiado cobarde para hacerlo.
Tom suspiró pesadamente, pasándose la mano por la cara. —Hale, no he escrito nada en ese diario en casi 10 años. Ninguna de esas cosas estaba destinada para ser vistas por Bill.
—¿Por qué no? Lo escribiste sobre él, ¿verdad? — preguntó confundida.
—Sí, pero eso no quiere decir que haya querido que lo supiera. Bill hizo su elección.
—Fue una elección estúpida. ¡Quizá se arrepienta!— Hale lo interrumpió exasperado, levantando las manos.
¿Podría ser eso…? De ninguna manera… ¿Pero tal vez…? ¿Realmente lo lamentaba? ¿Todavía quería estar con él…? ¿Qué era esa mirada triste cuando Tom lo botó? ¿Era por eso que había venido? No, no lo era porque había venido sin siquiera saber ya que las notas no tenían su nombre. Así que básicamente se había venido porque tenía notas aleatorias de una persona desconocida y quería saber quién era, ¿Verdad?
Pero, ¿qué hay de su expresión de remordimiento?
Tom se estaba volviendo loco.
—Ay. No lo sé, Hale— suspiró. —Simplemente no quiero involucrarme con Bill más.
—¡No es que tengas que casarte con él!— Objetó Hale. —Por lo menos no de inmediato. Podrías llegar a conocerlo un poco primero— agregó con una sonrisa de esperanza.
Él la miró con sequedad. —Claro.
Continúa…
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