
Administración: La autora nos deleita en esta ocasión con un Mini-Fic, que ya está terminado y será publicado día por medio, así que saquen las palomitas y prepárense para leer.
Fic TOLL de Namyukaulitz
Capítulo 1: Practicas de enfermería
Soltó un bostezo cubriendo su boca con su mano en automático, era demasiado temprano pero no le molestaba, estaba contento de estar ahí.
A las tres y media ya estaba vestido con su uniforme azul, con su gafete colgando en su lado izquierdo, llevaba encima un suéter gris debido a que estaba aún oscuro y hacía frío. Camino por los pasillos blancos hacia donde le indicaron que tenía que ir, se sentía tan ansioso y emocionado que no sabía si mantener un rostro serio o sonreír a todo lo que daba.
Cuando llegó a la puerta que le indicaron, exhaló aire y se aseguró de que todo en su apariencia estuviera bien, que sus trenzas estuvieran ordenadas. Extrañaba sus rastas largas y rubias, pero sabía que no serían muy favorables eventualmente, así que tuvo que cambiar su apariencia por unas trenzas negras largas, no le molestaba de hecho le gusta mucho su nueva apariencia, lo hacía ver más formal de cierta forma; en cuanto estuvo seguro de que todo estaba bien, inhalo aire y se preparó para tocar.
—¡Pase, está abierto! —contestó la persona adentro seguido de sus golpes sobre la puerta.
Tom cerró sus ojos. —Bien, este es el inicio de algo muy bueno… —murmuró para sí mismo y tomó el pomo de la puerta para abrirse camino. —Buenos días —saludo con una suave sonrisa.
—Buenos días, muchacho, has venido temprano —el contrario se levantó para extender su mano, mano que por supuesto Tom apretó cordialmente. —Me temo que eres el único que ha venido hasta ahora.
El de trenzas vio a su alrededor, percatándose de que efectivamente solo estaban los dos en la sala. Sus demás compañeros todavía no llegaban o ¿él había sido muy puntual?
—Creí que ya habían llegado algunos de mis compañeros, doctor Schäfer—pronunció Tom, poniendo sus manos detrás de su espalda y tomando una postura recta.
—Oh, no es necesario que me llames por mi apellido, puedes decirme doctor Gustav o solo Gustav, no tengo problema —el doctor soltó un suspiro, no estaba molesto por que solo uno de los estudiantes de enfermería llegara temprano, pero estaba feliz de ver a que al menos uno había llegado a pesar de lo temprano de la hora. —Dime cómo te llamas, muchacho.
—Tom Kaulitz, mucho gusto. Estaba muy entusiasmado de conocerlo, doctor Schäfe… Gustav, es un honor para mí poder aprender con usted —Tom no podía evitar no sentirse nervioso, pues el doctor Gustav no era cualquier clase de doctor, era uno de los más reconocidos de la zona debido a sus logros y su buena fe con los enfermos.
—El gusto es mío, es evidente que eres un buen joven y sobre todo responsable, en el área de la salud eso es esencial. ¿Qué te llevó a tomar la decisión de estudiar enfermería? —Gustav tomó asiento sobre su escritorio, invitando a Tom con un gesto de manos a hacer lo mismo sobre un asiento frente a él.
Tom pensó su respuesta con calma mientras tomaba asiento, el doctor ya tenía una buena imagen de él y no podía estropearla tan pronto. —Bueno, desde pequeño la medicina captó mi atención, pensaba en lo importantes que eran los médicos, enfermeros y todo el personal de medicina para nosotros, salvando vidas y cuidándolas. Pensaba estudiar medicina, pero la carrera era demasiado cara por lo que mis padres no podían ayudarme a costearla, así que tome enfermería, estoy pleno con eso la verdad —contó con sinceridad.
—Entiendo, la carrera de medicina si es un tanto costosa, tuve que tomar turnos de medio tiempo para poder estudiar y costearla —el mayor se rió ante lo último, acordándose de su propia juventud. —Pero la enfermería también es maravillosa y muy importante, ¿qué año vas cursando?
—Estoy en mi último año, doctor —contestó Tom, provocando una expresión de asombro por parte del mayor.
—¿En serio? te veo muy joven, ¿cuántos años tienes? —Gustav se sentía impresionado pues por su apariencia Tom se miraba muy joven para él y estaba ya en su último año de la carrera.
Tom se rió con levedad ante la sorpresa de su mayor. —Tengo veintiún años, los cumplí recientemente.
—Muchacho, que orgullo, tus padres deben de estar muy orgullosos de ti, apenas tienes veintiún años y ya pronto te graduaras —dijo, acomodando sus gafas.
—Muchas gracias —agradeció Tom bajando su rostro para no dejar ver su sonrisa apenada, se sentía halagado por recibir esas palabras del doctor. —Mis padres están muy orgullosos de mí, no podía defraudarlos después de todo lo que han hecho por mí…
Su charla se vio interrumpida cuando una alarma proveniente del celular del doctor sonó fuertemente.
—Perdona, olvide desactivar mi alarma… Aun es muy temprano, apenas son las cuatro con cuarenta y cinco. ¿Ya desayunaste?
Tom negó, se había levantado a las tres para estar listo con tiempo y poder llegar ahí. Había estado tan ansioso y emocionado que casi le había costado dormir para llegar bien descansado, por todo eso se le había pasado por alto tan siquiera la idea de desayunar. —No, lo olvidé por completo.
—Uhm, pues tus compañeros aun no llegan y el hospital está tranquilo, puedes ir a desayunar a la cafetería para iniciar bien el día —el doctor se estiró sobre su asiento.
—Pero, ¿si pasa algo y tengo que estar aquí? —Tom se lo tomaba muy en serio, a pesar de que esas solo fueran sus prácticas.
—No te preocupes, si pasa algo podré sobrellevarlo. Anda ve, el desayuno es la comida más importante del día para tomar energías, te aseguro que necesitarás esas energías aquí —aconsejo con suavidad, después de tantos años de experiencia sabía que era importante estar bien descansado y alimentado en un área tan exigente como lo era la médica.
Tom no lo pensó mucho, tampoco iba a darle la contraria al doctor así que obedeció, tal y como si el ir a desayunar fuera su primera tarea. Se despidió del doctor, diciendo que no tardaría mucho y salió de la sala.
Debía admitir que no conocía bien el hospital, pero esperaba no perderse y tener que pedir ayuda a alguien. Camino por los pasillos, viendo los fríos y vacíos que estaban debido a la hora, le extrañaba un poco ya que antes de enviarlos a él y a sus compañeros a las prácticas les habían advertido de que ese hospital era demasiado frenético a todas horas, pero ese día estaba demasiado calmado y hasta solitario que daba las vibras de una película de terror. Esperaba ver gente yendo de un lado a otro y todo lo que se podría esperar, pero todo estaba muy pacifico al parecer.
Al recorrer más pasillos fue encontrándose con gente, la mayoría eran personas que esperaban afuera de las habitaciones de sus familiares, uno que otro enfermero o médico que pasa por ahí totalmente metido en sus asuntos, no podía evitar imaginarse que pronto sería uno de esos enfermeros que se miraban tan importantes y imponentes, claro le falta mucho para llegar a ese nivel, mucho que aprender. En uno de los pasillos se encontró con un mapa del hospital que indicaba a donde se encontraba la cafetería, por lo que tomó el camino directo que ahí indicaba.
Cuando entro a lo que él entendió como el ultimo pasillo para llegar a la cafetería, pudo divisar a una persona sentada a unos metros, cosa que le pareció un tanto raro, conforme se iba acercando se iba dando cuenta de los detalles de esa persona, era sumamente contrastante el cabello negro largo y ropa negra con el pasillo blanco que era simplemente imposible pasar de largo sin verle.
Al haber reducido unos metros de distancia, pudo reconocer que se trataba de un chico, pero lo que llamó su atención fueron sus brazos. Estaban vendados al menos hasta los codos, pensó en pasar de largo pero viéndolo bien parecía una persona muy joven, demasiado. ¿Era un adolescente? fue lo que pasó por su cabeza de inmediato.
¿Qué hacía un adolescente solo, en esas condiciones y a esas horas? ¿dónde estaban sus padres? ¿Los doctores sabían que él estaba ahí?
Se sintió preocupado por el chico desconocido, su sentido de altruismo lo hizo actuar, se acercó a pasos suaves tratando de no verse muy invasivo.
—Hola —saludo con voz suave, casi melosa acompañado de una sonrisa. Se mantuvo distante para no hacer sentir incómodo al contrario.
El chico frente a él al escucharle levantó su rostro que era cubierto por mechones desordenados, tardó en responder unos segundos, parecía que lo analizaba. —¿Hola?
Tom observó el rostro del chico o al menos lo que se podía alcanzar a ver por debajo de los mechones, se sintió aún más intrigado, el chico parecía muy descuidado y demacrado, con pómulos muy pronunciados y ojeras oscuras.
—Veo que estás solo, si no es mucha molestia ¿a dónde están tus padres, chico? —preguntó directamente manteniendo su tono suave.
El contrario frunció su ceño desconcertado ante la pregunta, Tom sintió que la había cagado y que lo había incomodado.
—Eh… Estoy solo, mis padres no están conmigo —contesto antes de cubrir sus brazos con una chaqueta que tenía sobre sus piernas.
Tom trago saliva y se quedó pensativo unos cortos momentos, antes de que pudiera hablar el chico se adelantó a él.
—¿Piensas que soy menor de edad? —cuestiono, como si fuera una situación recurrente para él. —Tengo veinte años, puedo mostrarte mi cédula si es necesario.
—Lo siento, lo siento, pensé que eras un adolescente —Tom se disculpó de inmediato, aunque en realidad no terminaba de creer que el chico frente a él fuera solo un año menor que él, no parecía un adulto a su punto de vista. El momento se había hecho aún más incómodo entre ambos, odiaba los momentos incómodos, pero tampoco quería simplemente alejarse y ser maleducado. —Este… ¿Ya te atendieron? —una pregunta un tanto estúpida viendo que ya tenía vendajes, pero que valía la pena preguntar.
Pareció que el contrario pensó lo mismo que él, vio cómo dirigió su mirada a su gafete antes de contestar. —Si, solo estoy esperando al psicólogo del hospital, llegará tarde así que me han dicho que espere… Tom —dijo leyendo el nombre de su gafete.
Psicólogo, heridas en los brazos… No tardó mucho en entender lo que estaba pasando, era la primera vez que Tom se topaba con una situación así, pero no se apresuró a juzgar y se mantuvo amable. —Ya veo, pero es un poco temprano ¿no crees? —saco su celular para ver la hora, recién eran las cinco de la mañana. —¿Cómo te llamas? ya sabes mi nombre.
—Lo sé, tendré que esperar —la pregunta sobre su nombre lo hizo sorprenderse evidente. —Bill, mi nombre es Bill… —verbalizo ladeando su cabello, para tener una mejor vista del enfermero frente a él.
—Bill es un bonito nombre —halagó Tom al escuchar su nombre.
Bill desvió su mirada hacia otro lado ante el halago y asintió. —Gracias…
Tom sonrió ante la reacción del joven y volteo a ver hacia el final del pasillo, recordando que tenía que ir a desayunar, pero algo dentro de él no quería dejar solo a Bill.
—Tengo que ir a la cafetería… ¿quieres acompañarme? —ofreció sin verle, un poco de compañía no le viene mal a nadie ¿no? —Te invito lo que quieras.
Bill le dirigió la mirada, pensativo si aceptar su invitación o no, bajo su mirada a sus propios brazos. —No quiero incomodarte —argumento, sabía que le gente podría llegar a tenerle rechazo por una muy evidente razón y estaba acostumbrado a eso, incluso a la gente que fingía que no le incomodaba pero que era notorio que si lo hacía.
—Para nada, tú estás solo y yo también técnicamente, no me vas a incomodar —Tom no quería mencionar nada respecto a sus brazos, pero sospechaba que él no quería incomodar con eso, a pesar de no estar acostumbrado a ese tipo de cosas no era lo peor que había visto, a decir verdad, solo le daba impresión por el hecho de que bueno, Bill se infringía eso así mismo.
Pese a que Bill no estaba muy convencido con las palabras del contrario, aceptó pues Tom no le parecía una mala persona. —Está bien, aceptó —se levantó del asiento, tomando su chaqueta, permitiendo que Tom pudiera ver sus brazos por una fracción de segundos antes de volver a cubrirlos con la chaqueta.
Comenzaron a andar por el pasillo en silencio, Tom quería seguir manteniendo una conversación para que el momento no se tensara de nuevo, pero era claro que Bill no parecía de muchas palabras, así que se mantuvo en silencio hasta que llegaron a la cafetería del hospital.
—Es un poco deprimente —manifestó Tom observando la apariencia de la cafetería, un lugar muy sombrío a su parecer.
—Todo el hospital lo es —Bill mencionó de forma fría.
Tom lo observó de reojo y asintió, tampoco es como si pudiera decir lo contrario, amaba la medicina, pero no podía negar que los hospitales solían ser deprimentes la mayor parte del tiempo por no decir que todo el tiempo.
No perdieron el tiempo y se acercaron a pedir lo que comerían. Tom observó lo que había ya hecho, pidiendo un desayuno tradicional junto a un jugo de naranja, Bill observaba con detenimiento lo que podría pedir.
—Yo voy a querer un café sin azúcar y una rebanada de pastel de zanahoria —hablo, siendo escuchado por la chica empleada.
Tom se dirigió a pagar por la comida de ambos.
—¿Eres nuevo, cierto? —la cajera le sonrió con confianza al verlo. Tom levantó su mirada y sonrió rápidamente, asintiendo. —Ya se me hacía, es la primera vez que te veo aquí ¿prácticas?
—Si, es mi primera vez aquí en el hospital —respondió mientras sacaba el dinero.
La mujer rubia le sonrió, poniendo su cabello detrás de su oreja. —Eso quiere decir que te veremos aquí seguido, es bueno ver caras nuevas de vez en cuando —continuó, tomando el dinero que Tom le ofrecía y cobrándole.
Tom le sonreía de vuelta, hasta que se percató que era visto por su acompañante, quien sostenía su bandeja.
—Cada vez que se me olvide desayunar en casa supongo —era obvio que la chica le estaba coqueteando, a Tom no le molestaba.
—¿Él también está aquí por prácticas? —preguntó curiosa la rubia, dirigiéndose a Bill.
Bill se limitó a verla en silencio, pensando en que si era tonta o ciega, porque él no portaba ningún uniforme de enfermería como Tom…
—Eh, no, no, él no es uno de mis compañeros de prácticas —Tom informó a la chica.
—Oh, ¿entonces qué hace aquí? —siguió interrogando la rubia. Bill se había cubierto con la chaqueta por lo que parecía completamente bien y normal.
—Soy un amigo —cortó Bill, sin que una sonrisa se le acercara en el rostro como a Tom.
—Bueno, Tom, tengo que atender a otras personas —la chica bajó la mirada y le dio el vuelto a Tom. —Disfruta tu desayuno, espero que vuelvas para el almuerzo —dijo por último guiñándole un ojo al de trenzas.
—Gracias —le dio una última sonrisa y tomó su bandeja, alejándose siendo seguido por Bill.
La cafetería estaba casi sola, por lo que había muchas mesas vacías, se sentaron en una al azar. En cuanto se sentaron sobre las sillas color naranja se dispusieron a comer.
—Las chicas suelen coquetearte mucho ¿no? —Bill divagó mientras se llevaba un trozo del pastel a la boca.
Tom levantó la vista de su plato y trago para poder responder. —Casi siempre.
—No las culpo, eres objetivamente muy atractivo —Bill cerró sus ojos dándole un sorbo al café.
¿Lo estaba halagando? No es que le fuese ajeno recibir cumplidos, solo que le sorprendió que viniera de este chico. Tom contempló el rostro contrario, Bill también era objetivamente atractivo a pesar de tener una apariencia demacrada, se fijó sobre todo en la pequeña marca debajo de sus labios, le parecía curioso pues él también poseía una pequeña marca en el rostro, pero sobre su mejilla izquierda.
—Me imagino que tú también debes de ligar mucho, también eres objetivamente atractivo, más que yo me atrevo a decir —Tom se llevó otro trozo de comida a la boca.
Por primera vez Bill dejó escapar una sonrisa leve. —Tal vez, aunque me es difícil encontrar alguien con quien logré congeniar a la perfección —comentó jugando el pastel con su tenedor. —No creo que las citas sean lo mío de todos modos.
Continuaron conversando mientras terminaban de desayunar, Tom trataba de no ser muy preguntón por lo que hablaron de temas triviales mayormente, pero Bill simplemente le parecía cautivador de una forma extraña que quería conocerle más.
—Tengo que volver, de seguro mis compañeros ya llegaron —informó Tom viendo la hora en su celular.
—Yo creo que el psicólogo del hospital tampoco tarda en venir, será mejor que te vayas ya, las prácticas deben ser importantes… supongo —unos niños pasaron corriendo a un costado de ellos, uno de ellos chocando con Bill específicamente con uno de sus brazos, lo cual hizo que el pelinegro hiciera una ligera mueca de dolor.
—Ay ¿te encuentras bien? —Tom recordó el detalle de los brazos de Bill y se acercó a tratar de atenderlo.
Bill asintió y se recompuso. —Si, no pasa nada —era notable por sus labios levemente torcidos que le había dolido.
—Déjame ayudarte, ¿te duele mucho?
—Tranquilo, no pierdas más tu tiempo, yo estaré bien —Bill se negó, acariciando su brazo levemente por encima de la tela.
Tom se sintió apenado por él, después de haber hablado no conocía mucho de él, pero de cualquier forma al pensarlo bien, debía de haber una razón para que haya sido orillado a causarse eso a si mismo, suspiro pues tampoco podía forzarlo a dejarse revisar. —Trata de ser cuidadoso, cambia el apósito a las veinticuatro horas… —masculló.
—Se cómo tratarlas, pero gracias —Bill agradeció, no había pasado por alto el detalle de que Tom no le había preguntado por sus brazos, como lo hubieran hecho otras personas, cosa que claramente agradecía.
—No hay de que, es importante saber cómo cuidar una herida… Bueno, me voy, fue agradable desayunar contigo, Bill —Tom comenzó a alejarse, si por él fuera se quedaría con el pelinegro hablando por más tiempo, pero no tenía tiempo y le podrían llamar la atención.
—Digo lo mismo, Tom, adiós —Bill le dio una última mirada al de trenzas viendo como este se despedía de él con la mano, como si conocieran de años, cuando Tom giro por el pasillo desapareciendo bajo su mirada hacia sus brazos.
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—Tom, toma esto es para ti —el doctor Gustav llamó la atención del menor sosteniendo una nota doblada, haciendo que este volteara a verlo.
—¿Qué es eso? —pregunto confundido, tomando la nota de las manos del doctor.
—La recepción del hospital me dijo que era para ti, no sé qué sea, ábrelo.
Tom abrió la hoja, encontrándose con un billete de veinte dólares y acompañado de un pequeño texto.
«Olvidé agradecerte por el café y el pastel del desayuno, muchas gracias por invitarme, enfermero Tom. -Bill»
Al terminar de leer la nota, observó a su mayor.
—¿Ocurre algo? —inquirió el doctor, ante la reacción de Tom.
—Uhm… nada, es solo que no me esperaba esto —no le molestaba el detalle, era solo que sabía que el personal médico tenía prohibido recibir dinero directamente de los pacientes ya que podría mal interpretarse de varias maneras, además de que no era ético recibir el dinero. —No sería correcto recibir dinero de pacientes ¿cierto?
Le mostró el dinero a su mayor, el cual sonrió con levedad. —Oh, muchacho, te preocupas por eso. ¿Te lo dejo algún paciente? —interrogó curioso, era el primer día de Tom y ya tenía sorpresas.
Tom asintió. —Conocí a un chico en uno de los pasillos y lo invité a desayunar, se llamaba Bill… Él me dejó esto.
Al escuchar el nombre el doctor arqueo una ceja. —¿Bill dices? ¿no será un joven de cabello largo oscuro o sí?
—Si es él ¿lo conoce? —lo dicho por el doctor consterno a Tom.
—Si, me parece conocerlo, ¿estaba con los brazos vendados, no es cierto? —Tom asintió a su pregunta. —Digamos que más de uno lo conoce aquí, no suele hablar mucho con el personal a menos que sea necesario, ha venido muchas veces en la madrugada por heridas… Pobre chico, parece que no la pasa bien.
Continúa…
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