Hematofilia 2

Hematofilia 2

Fic TOLL de Namyukaulitz

Capítulo 2: Lluvioso

Bill, o el chico de los vendajes como lo había apodado Tom luego de aquella conversación con el doctor Gustav, no se había vuelto a aparecer en el hospital en los próximos días, cosa que alegraba de cierto modo a Tom, ya que esperaba no verlo en el hospital de nuevo o al menos no por esas razones por la cuales sabía que la gente en el hospital ya estaba acostumbrada a verlo.

Sus primeros días de prácticas fueron sencillos, pero pronto se dio cuenta lo exigente que podía llegar a ser el hospital, por lo que se mantenía del hospital a su hogar y de su hogar al hospital, tratando siempre de dormir lo suficiente para no morir de sueño en las prácticas, a pesar de sentirse agotado no perdía el ánimo y siempre iba con un buen rostro al hospital para ayudar a los pacientes.

Se había hecho cercano con el doctor Gustav, al igual que también con la cajera de la cafetería que se llamaba Natalie y con uno de sus compañeros de prácticas, Georg. Todo marchaba bien incluso si algunos días podrían llegar a ser sumamente ajetreados y tan cansados que Tom simplemente llegaba a su hogar a caer rendido sobre su cama.

—Pase un buen día, cuídese —Tom le sonrió a la anciana frente a él, le había ayudado a entender su medicación.

—Muchas gracias, cariño, tú también cuídate —la anciana le regaló una tierna sonrisa y comenzó a alejarse con lentitud debido a su edad.

Al verla alejarse, Tom suspiró y estiró su cuello hacia un lado.

—¿Ya terminaste? —preguntó Georg detrás de él, haciendo que este volteara a verlo.

—Si, quería que la ayudara con su medicación, las ancianas son tan adorables —soltó Tom con una leve sonrisa.

Georg torció sus labios hacia abajo en una mueca. —Son tan adorables… que lo más tierno que me han dicho la última vez fue llamarme hijo de puta, porque no quería que la ayudara a bañarse —se quejó.

Tom soltó una carcajada. —Bueno, no todas son necesariamente tiernas, deberías ser más suave con ellas, no están acostumbradas a que un desconocido las ayude a bañarse.

—¡Claro que soy suave con ellas! —exclamó Georg ante la risa de su compañero. —Las trató con más suavidad que a mi propia abuela.

—Entiéndelas, tampoco estoy de acuerdo con el hecho de que te traten así, pero son los gajes del oficio —Tom levantó sus hombros despreocupadamente.

—Lo dices con tanta facilidad porque encantas a todos con facilidad —sí, Tom era muy encantador al parecer.

—¿Qué? yo también he tenido malos ratos con los pacientes, es solo que supongo que no con tanta frecuencia… —bueno, tampoco podría negarlo, Tom era consciente de que encantaba a varios, sobre todo a las pacientes femeninas.

—Oh, claro, estoy seguro de que no tiene problemas de que un chico como tú las ayude a asearse —Georg sonrió ladino y se cruzó de brazos. —Como sea, ya es hora de nuestra salida y a decir verdad estoy demasiado cansado.

—Tienes razón, ya es hora de nuestra salida, pero prometí ayudar al doctor Gustav con unos asuntos así que saldré más tarde —avisó Tom.

—Bueno no tardes demasiado, se ve que lloverá pronto —Georg soltó un suspiro y palmeó el hombro contrario. —Nos vemos mañana, Tom.

—Hasta mañana, Georg, no llegues tarde.

&

Tal y como lo había dicho Georg, comenzó a llover no mucho después, había salido tarde luego de ayudar al doctor Gustav con sus asuntos y ahora se encontraba corriendo con prisa hasta llegar a una parada de autobuses, empapándose en el proceso.

—Me lleva la… debí haberme quedado en el hospital a esperar que dejara de llover —murmuraba para sí mismo, sintiendo las gotas de lluvia caer sobre él, llevaba su confiable suéter gris pero no era impermeable así que se estaba mojando de todos modos.

Estaba cerca de llegar a la parada de autobuses, viendo como todos abordaban el autobús, corrió con fuerza para no quedarse, hasta que subió la última persona y el autobús cerró sus puertas, comenzando a marcharse.

—¡No, no, no, espera! —su grito fue inútil, ya que no fue escuchado por el chofer dejándolo bajo la lluvia. Tom apretó sus ojos frustrados, sabía que el próximo autobús pasaría dentro de mucho, por lo que tuvo que resignarse a quedarse debajo de la parada y esperar.

Estaba cansado, mojado, hambriento y ahora tendría que esperar a que pasara el otro autobús.

Se refugió de la lluvia debajo de la parada y se abrazó a sí mismo, pensando en que debería comprarse un suéter impermeable la próxima vez que tuviera la oportunidad. Solo esperaba no enfermarse debido a que ya estaba empapado por la lluvia, ya que no quería tomarse unos días de sus prácticas, sabía que eran sumamente importantes.

Saco su celular de su bolsillo, afortunadamente no se había mojado, observó la hora y se dio cuenta que con suerte no llegaría a las ocho de la noche a su hogar, pensó en distraerse un poco de su mal rato viendo cosas en Instagram, cosa que hizo e ignoro todo a su alrededor, mataría el tiempo de alguna manera mientras llegaba el otro autobús.

—¿Qué haces aquí a esta hora?

Tom volteo enseguida, estaba solo en la parada por lo que sabía que era lógico que le hablaran a él, además reconoció la voz de inmediato.

—Oh, hola —saludo Tom con una tenue sonrisa, al ver a Bill a solo un metro de él con un paraguas en mano y una bolsa en la otra. —Perdí el autobús, estoy esperando el otro.

—Eso veo, pero es tarde para que estés aquí ¿saliste tarde de tus practicas o algo así? —Bill hablaba con una voz neutra, pero observando fijamente al contrario, percatándose de lo mojado que estaba.

—Me quede haciendo unos asuntos después de mi hora de salida —Tom explicó desviando su mirada al sentir la mirada de Bill sobre él. —¿Tú qué haces aquí? No te he visto en el hospital… Supongo que eso es bueno.

—Vivo cerca de aquí —respondió Bill. —Si, supongo que lo es.

Tom recordó los veinte dólares que el contrario le dejó por haberle invitado el desayuno la primera vez que se vieron y rápidamente le miró. —Sobre la otra vez, no era necesario que hicieras eso ¿sabes? no me mal entiendas, realmente lo agradezco y creo que fue un buen gesto de tu parte, pero no era necesario que me dejaras dinero, yo invite.

Bill lo interrumpió al ver que Tom tenía la intención de sacar su billetera, siendo claro lo que iba a ser. —No, no te preocupes, tómalo como un agradecimiento por el desayuno de esa vez ¿bien?

—Pero es demasiado, no es correcto que lo reciba así… —Tom fue interrumpido antes de estornudar repentinamente.

—No es bueno que esperes aquí, mientras llueve y estas todo mojado, ¿cuándo llega el próximo autobús?

—Dentro de unos cuarenta minutos, creo —el de trenzas sacó un pañuelo de su bolsillo y dio otro estornudo, se maldijo para sus adentros, esperaba que solo fueran estornudos comunes y no una señal de que iba a enfermar.

—Vas a enfermar si lo esperas todo ese tiempo aquí con este clima —Bill incluso con un paraguas, se había preparado con un abrigo para salir.

—Lo sé, pero tendré que esperar, no tengo otro remedio —Tom cerró sus ojos y sorbió de su nariz.

Bill apretó el agarre de su paraguas y se quedó en silencio unos momentos. —¿Por qué no vienes a mi departamento? —sugirió de forma suave, no quería que pensara que era un psicópata, pero tampoco podía juzgarlo si lo hiciera, esta era la segunda vez que se encontraban.

Tom parpadeó un par de veces al escucharlo y se negó. —No quiero incomodarte —esa misma frase se le hizo reconocida a ambos, sobre todo a Bill quien sonrió levemente.

—Para nada, ¿dejarte aquí bajo la lluvia, arriesgándote a que enfermes? Se que es raro debido a que es la segunda vez que nos vemos, pero lo digo con buena intención —respondió Bill y levantó la bolsa en su mano. —Además compré un ramen extra, la primera vez fui tu acompañante de desayuno, ahora serás mi acompañante de cena, para estar a mano, ¿te parece? Prometo que no soy un asesino que busca chicos jóvenes y objetivamente atractivos.

Tom no pudo evitar reírse ante lo último. ¿Qué tan mal estaría aceptar? Era eso o quedarse bajo la lluvia con frío y hambre, y Bill le estaba ofreciendo cubrir esas dos necesidades, probablemente solo estaba tratando de ser amable y tampoco tenía cara de ser un asesino, así que asintió. —Ganas, acepto ser tu acompañante de cena, así me asesines luego, es mejor que quedarme aquí.

Bill le hizo una señal para que se acercara y se pusiera junto a él, debajo del paraguas, cosa que hizo Tom, poniéndose a su lado.

—¿Así que saliste por comida? —cuestiono Tom, para hacer platica mientras iniciaba a caminar junto a Bill.

—Si, tenía pereza de cocinar, así que salí a ver si podría encontrar algo bueno en una tienda de conveniencia —explico.

Tom desvió su mirada hasta los brazos contrarios, no lograba verlos debido a que el abrigo los cubría, pero tenía curiosidad por cómo estaban sus heridas, si estarían comenzando a sanar, pensó que sería inapropiado preguntarle, pero no podía decir que no le preocupaba.

&

El edificio donde vivía Bill era como el típico edificio de apartamentos de Nueva York que verías en una serie, lo cual le trajo más preguntas respecto a él. ¿De qué trabajaba? ¿o aún seguía siendo un universitario? ¿Qué estudiaba si lo era?

Subieron por el elevador, hasta llegar al piso donde se encontraba el hogar de Bill, en cuanto abrió la puerta dejó entrar primero a Tom, quien vio con curiosidad su alrededor.

—Lamento si está un poco desordenado, soy yo solo —articulo Bill un tanto avergonzado.

—No ocurre nada, a mí también me cuesta mantener mi espacio impecable siempre —más que desordenado, Tom solo podía describirlo como abandonado, quizás era porque solo era Bill viviendo en un lugar así que parecía tan solitario.

Bill dejó el paraguas en la entrada y luego se dirigió a la cocina, dejando a Tom pasar a la sala.

—Siéntate si quieres, mientras yo preparo el ramen —exclamó Bill, la cocina daba vista a la sala, por lo que no tenía que levantar mucho su voz.

—Gracias —pero antes de poder sentarse recordó que estaba mojado por lo que pensó que dañaría el sofá. —Bueno, no parece que mates gente aquí —Tom continuó con la broma de unos momentos atrás.

—Te lo dije, no busco chicos como tú para asesinarlos —respondió Bill sin verle, mientras ponía a calentar un poco de agua en la estufa. Luego salió de la cocina para ir a una habitación que Tom no supo identificar, pero al verlo salir de nuevo con una bata en sus manos dedujo que era el cuarto de baño. —Toma, tu suéter está totalmente mojado, puedo ponerlo en la lavadora si quieres.

Tom sonrió con levedad ante su amabilidad, se retiró el suéter y luego tomó la bata, para ponérsela, sintiéndose abrigado de inmediato. —Muchas gracias, en serio, no sé cómo agradecerte lo que haces por mí.

Bill tomó el suéter de sus manos. —No pienses en eso, no podía dejarte ahí afuera con esta lluvia —aclaró, volviendo a salir de la sala, después de unos momentos volvió junto con Tom. —Tengo secadora, así que no te preocupes, estará seco dentro de unos minutos.

El de trenzas inspeccionaba su alrededor con su mirada, era muy obvio que Bill vivía solo, aunque lo que más captó su atención fue la mesa de centro, en la cual había un cenicero con muchas colillas de cigarro.

—¿Desde hace cuánto vives solo? —cuestiono, buscándolo con la mirada, observando como el contrario encendía lo que parecía ser la calefacción.

—Desde los diecisiete —Bill se dio cuenta de la expresión de sorpresa en el rostro de Tom al escucharlo.

—¿En serio? Eras muy joven, ¿tus padres te dejaron así, sin más? —En la cabeza de Tom no podía caber la idea de que unos padres dejaran a su hijo adolescente a su suerte, si incluso él con sus veintiún años no se sentía del todo seguro de salir de casa de sus padres no podía imaginar lo que sería vivirlo siendo adolescente.

Bill negó. —Ellos murieron en un accidente, cuando yo tenía nueve años —explicó con simpleza.

Esa respuesta fue aún peor para Tom, pues no se lo esperaba. —Lo siento mucho…

—No te preocupes, fue hace mucho —respondió apartando su mirada. —No diría que eso fue lo peor ¿sabes? —Bill continuó, mientras se quitaba su abrigo debido a que comenzaba a hacer calor en el departamento por la calefacción, dejando a la vista sus brazos.

Tom le miró con curiosidad, esperando que continuara.

—Después del accidente de mis padres tuve que vivir con mis tíos —contó, entre tanto iba a la cocina para apagar la estufa, debido a que el agua ya estaba caliente. —Te imaginaras, fue un cambio brusco para un niño, se supone que los adultos debieron ser mi apoyo, pero fue todo lo contrario. Mi tía y su esposo eran… complicados —Bill hizo una pausa, recordando cómo fue esa etapa de su vida, los constantes gritos de parte de su tía y esas otras cosas que quería borrar de su memoria.

—¿Eran abusivos contigo? —masculló Tom, con pena en la voz.

—Creo que abusivos es una palabra muy corta, gritos, golpes e incluso… otras cosas, era claro que no me querían con ellos —Bill prosiguió hablando mientras abría ambos rámenes para verter el agua caliente. —Me acogieron porque así recibirían el seguro que mis padres habían dejado para mí en caso de que les ocurriera algo, yo no supe de esto hasta mis dieciséis años, que los escuche hablar del seguro, al saberlo no dude en planear cómo escaparme de ellos, cosa que hice a los meses.

Tom se limitó a escucharlo en silencio, observando sus brazos que estaban envueltos en vendajes blancos, ahora lograba comprenderlo mejor, entender su situación.

—¿Y tú? ¿vives solo? —Bill cambió de tema al darse cuenta de que estaba contando de más.

—No, yo aun vivo junto a mis padres —confesó. —Bill, realmente lamento que hayas pasado por eso, siendo tan joven —Tom quería decir más, pero no lograba encontrar las palabras correctas.

—No hablemos de mí más, aunque, de todos modos, gracias —Bill le regaló una tenue sonrisa, apartando la mirada del ramen por unos momentos. —Háblame de ti, ¿Cómo te llevas con tus padres?

—Se que nos conocemos hace poco, pero puedes considerarme tu amigo a partir de ahora —soltó Tom, antes de escuchar la pregunta de Bill. —Me llevo bien con ellos, no han sido los mejores padres, pero hicieron todo lo posible por mí, estoy muy feliz de tenerlos como padres, la verdad.

—Eso es tierno —Bill tomó ambos rámenes sus manos y caminó hasta la sala para ponerlos sobre la mesa de centro. —Ellos pagan tu carrera ¿no?

Tom se avergonzó un poco y asintió, no quería parecer un hijo de papi y mami que era financiado en todo, pero tampoco iba a negarlo. —¿Y tú estudias?

Bill ladeo su cabeza un poco. —No realmente, no continúe con mis estudios luego de terminar el instituto, pero hago trabajos como traductor ocasionalmente para algunas personas, así que eso y lo que me dejaron mis padres me ayudan a mantenerme.

—Pero vives muy bien para ser tú solo, ¿piensas estudiar alguna carrera en un futuro? —preguntó Tom, ambos se sentaron sobre el sofá, para poder estar más cómodos y comer, dejando un espacio considerado entre ambos.

—Lo he pensado, aunque realmente ninguna carrera llama demasiado mi atención, quizás lo haga en algún futuro, ¿la universidad es difícil? —a decir verdad, Bill no había estado tan interesado en ingresar en la universidad luego del instituto, trabajaba como traductor debido a que su madre era francesa y su padre alemán, así que básicamente creció con ambos idiomas y luego le integraron el inglés, por lo que básicamente era trilingüe.

Tom pensó muy bien su respuesta, pensando en los pros y contras de estar en la universidad. —Depende mucho de qué carrera tomes, también si es algo que te gusta y que genuinamente te apasiona.

—¿Por eso escogiste estudiar enfermería? Es algo que te apasiona, la vez que nos conocimos lo pude notar —Bill se giró para verle, prestando atención al rostro de Tom y como este se tinturo de un rojizo leve.

—¿Es muy obvio? —Tom no podía negar que le gusto el hecho de que el contrario notara su pasión a su pronta profesión.

—Claro, es muy obvio, la mayoría de enfermeros o enfermeras tienen un rostro amargo, pero tú estabas contento, solo espero que no te hagas amargo con el tiempo —bromeó Bill, dándole un leve golpe en el brazo con su codo.

Tom se rió ante lo dicho por Bill. —No son amargados, la mayoría solo están cansados por los turnos largos, por desgracia yo tendré que pasar por lo mismo. Te digo, incluso mis practicas ahora han sido pesadas.

Bill comió del ramen luego de que se enfriara un poco antes de seguir hablando. —Oh, ¿eso quiere decir que luego de que te gradúes, cada vez que te vea, te veré amargado? —comentó, cubriendo su boca con su mano.

—Depende —respondió Tom, probando el ramen que Bill había preparado, soltando un suspiro gustoso al sentir que la comida lo hacía entrar en calor junto a la calefacción y la bata que el contrario le había prestado.

—¿Depende, de qué? —cuestionó Bill, con una ceja torcida mientras se llevaba un poco más de comida a su boca.

—Del porque vayas… ¿Cómo están tus brazos? —Tom se resistió más en preguntarle, así que lo hizo, de forma suave, por supuesto.

Bill se quedó callado unos segundos y limpio su boca con una servilleta. —Están bien, he tenido cuidado de no golpearme.

Tom dejó su comida a un lado y se dirigió a Bill, viendo directamente sus ojos. —Tal vez pienses que soy muy entrometido, pero se ve que eres un buen chico, y realmente me entristece verte así, solo quiero decir que no te juzgo.

¿El contacto físico sería muy pronto? ¿sería muy invasivo? ¿lo haría sentir incómodo? Preguntas que invadieron su cabeza en ese momento, pero Tom solo extendió su mano para tocarle el dorso de la mano, sin acariciar.

El silencio se hizo presente, debido a que Bill no contesto, no estaba incómodo, tampoco era como que el discurso de Tom fuera nuevo para él, lo había escuchado antes, pero el de Tom se escuchaba genuino, creyó que él fue el único que comenzó a sentir una creciente tensión entre ambos, sin saber que Tom se sentía exactamente igual.

—Estás sangrando —interrumpió Tom, alarmado viendo como una mancha rojiza se hacía presente en el brazo en el cual tenía su mano.

Bill apartó su brazo instintivamente y lo cubrió con su otro brazo. —No pasa nada, tranquilo —masculló sin darle mucha importancia.

—¿Tienes vendas o apósitos? Tendrás que cambiarlos, déjame ayudarte con esto —insistió Tom.

Bill no le pudo decir que no, en realidad tampoco quería decirle que no lo ayudará, le indico adonde estaba un botiquín que él solía utilizar cuando estaba solo. Tom fue a traerlo al baño, ya que ahí era donde le había indicado que estaba, aprovechando para lavarse sus manos con jabón, regresando a los pocos minutos de nuevo a la sala con el botiquín en sus manos.

Tom se sentó a su lado, restringiendo el espacio que antes los separaba, a literalmente poder tocarse, ya tenía sus manos limpias así que no perdió el tiempo.

—No tienes guantes, así que lo haré así, pero no te preocupes, me lave muy bien las manos —informo Tom, hablándole como le hablaría a cualquier otro paciente, con la diferencia de que ahora había más confianza entre ambos.

Retiró el vendaje ya sucio, tratando de no parecer muy sorprendido, pues debajo de las vendas habían muchas cicatrices, no dijo nada, pero podía notar que habían unas más recientes y otras más viejas, unas más leves o más profundas, podía arriesgarse a pensar que todo los tipos de cortadas o heridas que le enseñaron en sus clases, Bill las tenía en su brazo, sintió su corazón encogerse, lo trató con cuidado y casi hasta con cariño, limpio el corte del cual provenía la sangre con gasas estériles, para retirar cualquier rastro de sangre, afortunadamente no era un corte muy profundo, así que luego de limpiar y cubrirlo con un apósito, estuvo limpio de nuevo.

Bill quien se había mantenido en silencio observando lo que hacía Tom, siendo totalmente cautivado por el sumo cuidado y tacto que tenía Tom con él, pero también sintió vergüenza de tener parte de sus cicatrices al descubierto, normalmente solía cubrirse por la mirada invasiva de la gente, aunque tampoco los culpaba cuando sus cicatrices abarcaban por completo sus brazos e incluso algunas otras partes de su cuerpo.

—Ya está, ¿Te duele? ¿Cómo te sientes? —las preguntas de Tom, hicieron a Bill salir de sus pensamientos.

—Está bien, se nota que has aprendido muy bien, duele un poco, pero es tolerable, nada fuera de lo común, muchas gracias —contestó, ignorando las sensaciones que ver a Tom limpiando su sangre había provocado en él.

Tom sonrió en grande ante su respuesta. —Te daré mi número, para que hablemos y si necesitas ayuda, me digas de inmediato ¿bien?

El de cabellos largos presto asintió, así fue como hicieron un intercambio de números de teléfono. Terminaron de cenar y Tom eventualmente tuvo que irse debido a que ya se les había hecho demasiado tarde en el departamento de Bill, al final Tom terminó tomando un taxi a pedido de Bill, debido a la hora.

Continúa… 

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por Namyukaulitz

Escritora del Fandom

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