
Fic de Xim_Alien. Temporada II
Capítulo X
Salgo de la universidad sintiendo varias miradas enfocadas en mí, de repente siento un ligero vuelco en el estómago, como si todos supieran a lo que he venido, como si ya todos supieran lo que me pasa, me hacen pensar que la profesora tenía un micrófono y una cámara, pero debo estar paranoico.
Regreso al departamento, pero no llegó a hacer lo que siempre hago al llegar de la escuela, lo que antes era normal en mi rutina era hacer la comida, hacer mi tarea, esperar ansioso a la llegada de Tom. Supongo que será difícil acostumbrarme a otra rutina, mientras encuentro una a seguir.
Creo que será mejor esperar mientras veo una película, hace mucho no me entretengo con una buena película.
《Seis horas después》
Llego al departamento y entro rápidamente.
—¡Amor! ¡Estoy en casa! ¿Dónde estás?
Debe estar en la habitación durmiendo o ya habría respondido.
Entro hasta esta y sí, efectivamente está dormido. Me siento a su lado en la cama y beso su mejilla. Sólo se remueve un poco, tomó una manta y lo arropo. Acaricio su frente haciendo para atrás algunos de sus cabellos, lo dejo seguir durmiendo y salgo para prepararme algo de comer.
Me siento en el pequeño comedor de la cocina y empiezo a devorar un delicioso spaghetti con las albóndigas de carne, ya que el doctor Hamilton le ordenó a Bill que se alimentara bien.
En lo que el spaghetti va desapareciendo de mi plato, mi mente trabaja para traer algunos recuerdos. Recuerdos que con el paso del tiempo los he ido ocultando gracias a otros y otros.
—Hola —su voz me saca de mis pensamientos, lo volteo a ver y trae los o nos hinchados y el cabello revuelto.
—Hola —se inclina hasta que nuestros labios pueden tocarse en un dulce beso—. ¿Cómo te fue en la escuela?
—Bien, mi coordinadora me dijo que hablará con los profesores y que verá la manera de ella pueda venir para hacerme los exámenes.
—Eso se oye bien. ¿Pero cómo hablará con tus profesores?
—Me dijo que no debía preocuparme, que aunque les dirá que no iré, no será literal con mi problema… ¿Qué te dijo tu jefe?
—Primero se quedó sin palabras, ya después me dijo que no me preocupara, aunque debía pensar en contratar alguien más.
—¿Por qué? —pregunta alarmado.
—Me dijo que Georg está en problemas también, aunque no me dijo de qué tipo y, él pues acaba de ser papá también, su secretaría y él tuvieron un bebé.
—Vaya, como que es temporada o algo. Pero… ¿Georg? ¿Qué problemas tendrá?
—No lo sé, antes de hablar con Gustav me lo encontré y no se veía fuera de lo normal, me dijo que tenía mucho trabajo. Pero cuando le dije a Gustav que me vería distante de mi trabajo por algún tiempo, se preocupó, y más cuando le terminé de decir todo.
—¿Cuál fue su reacción? —nuevamente me pregunta pero ahora lo hace con miedo.
—Pues de sorpresa, le mostré los resultados de sangre y hasta se quitó las gafas, no podía creerlo —Bill lleva sus manos a su rostro, empieza a temblar pero de manera muy liviana—. Me dijo que te cuides mucho, que puede ayudarnos en lo que le sea posible, que mi trabajo no es problema y su igualmente no dirá nada a nadie. Así que puedes estar tranquilo.
—También me dijo eso la profesora, pero no me siento totalmente seguro, es como si algo dentro de mí me dijera «no confíes en nadie, las personas son malas»
—Basta, amor. No pasará nada y nadie le dirá nada a nadie. Además, creí que ya habías superado eso de la confianza a personas que no conoces.
—No, lo superé contigo porque me enamoré de ti, pero no de las demás personas.
—Bueno, aún así, debes confiar en las personas, si no, todo sería más difícil.
—Supongo… oye, ¿mañana es la fecha?
—No iré —sabía a qué se refería y no había cambiado mi decisión.
—Tienes que hacerlo, Tom. Por favor, debes ir y perdonar.
—No iré por dos razones, la primera: ?me quedaré aquí a cuidarte; y la segunda: no quiero ver a mamá. Ir será lo peor que pueda hacer en esta vida.
—¿Por qué estás tan molesto con ellos? Entiendo que no los hayan criado como hubieses deseado, pero eso fue hace mucho tiempo, yo ni siquiera nacía y, aún tienes ese pesar en ti.
—Ya sé, ha sé que debo intentar dejarlo atrás pero simplemente no puedo. Para mí ellos eran mis personas favoritas, me gustaba verlos trabajar, a veces imaginaba que eran los únicos con el poder e hacer eso, los veía siempre con cosas nuevas, compraban tanto y siempre nos daban todo, todo lo que podíamos pedir nos lo daban, era de lo mejor. Después llegaron tus papás y entonces, ellos nos dieron algo nuevo, algo que jamás pudimos imaginar, y eso no costaba la misma cantidad de todos nuestros juguetes justos. Dime, ¿por qué si contaban con todo el dinero del mundo, no nos pudieron dar algo que no valía precisamente millones? Cuando leí la nota, sus palabras hicieron que algo diera un vuelco dentro de mí, sin embargo, creo que no ha cambiado nada, me siento absorto y… honestamente, no siento ningún cambio para bien.
—Entonces, ¿definitivamente no irás al funeral?
—… No, tal vez vaya después a su tumba, si me acompañas.
—Claro.
&
Bajo del auto cuando lo he estacionado y apagado en el garage. Veo a la puerta que conduce del garage al interior de la casa, no quiero entrar, de sólo pensar el cómo se siente estar dentro es como si me dieran una bofetada en el rostro y, por si fuera poco, también una patada en los testículos. Pero, la diferencia que siento hoy de otros días es abismal, pues a mi mente llegan las palabras de Gustav.
Desde hace tiempo hemos trabajado juntos, a veces solíamos hablar el 40% de nosotros y el 60% de trabajo. Pero hoy, hoy fue como tomar una sesión de psicología gratis. Le conté todo, desde el principio, lo que yo quería, lo que Markus pensaba y lo que teníamos ahora. Al principio sólo escuchaba, cuando dejé de hablar, lo único que dijo fue «Tienes 33 años, piensas tener una familia a los ¿40, 50? ¿Cómo vas a disfrutar de esa familia?» Primera bofetada.
Sus palabras cambiaron después de unos segundos de estar las acomodando. Me dolieron aún más. «¿Hubieras preferido que el hombre que quieres hubiera dejado a una recién nacida en la calle? ¿Eso no te hubiera decepcionados? ¿Lo hubieras felicitado por hacer caso omiso de una bebé en la calle? No sé qué esperas, hombre, otros en tu lugar estarían felices.» Segunda bofetada.
«No seas idiota, yo sé que ser padre es algo nuevo y asusta, pero tienes a tu pareja, ya eres adulto y supongo que sabes solucionar los problemas por ti solo ¿no? ¿O es que en serio te acobardaste?» Tercera bofetada con una patada en el orgullo.
Tal vez sí fue eso, me acobardó la idea de ser papá tan pronto, sin siquiera verlo venir, y lo peor, dejé que Markus se fuera de la casa. Joder, si hubieran sido más hombre, más valiente, más… no lo hubiera dejado ir.
Entonces ¿qué estás esperando para ir por él?. En verdad eres idiota.
Arranco el auto nuevamente, después de que esa voz me hablara. Conduzco por algunas cuántas calles pensando en lo primero que haré cuando lo vea. Tal vez pueda besarlo y abrazarlo fuerte mientras le ruego que me perdone. O quizás puedo pedirle perdón primero y luego besarlo, aunque si no hay nadie en su casa, me deje hacer cosas con él, hace días no hago nada de nada. Que idiota fui.
Por fin llego a la casa de sus papás, tocó el timbre y sale su madre.
—¡Georg! Que bueno que has venido —su rostro refleja preocupación, como si alguien hubiera… muerto.
—¿Qué ocurre? ¿Dónde está Markus?
—En el hospital, la niña se puso muy mal y la llevó hace una hora. No me ha llamado y no sé en qué pensar.
—¿En qué hospital están?
—En el del centro. Corre hijo, por favor, mantenme informada.
Corro nuevamente al auto y no despego la mirada de la calle. En el hospital, ¿qué le pudo pasar a la bebé? No puedo imaginar algo terriblemente malo para que la llevara al hospital y que no llame a su madre, esa señora se preocupa de todo.
Entro al estacionamiento del hospital y dejo mi auto, entró corriendo a la recepción y una enfermera me recibe con preguntas.
—Señor, no puede pasar así ¿a quién está buscando?
—Markus Blake… llegó aquí con una bebé recién nacida.
—Oh sí, aquí está —responde al buscar en una computadora—, está en el segundo piso, mano derecha. Sala de pediatría.
—Gracias.
Mis piernas nuevamente se mueven con demasiada prisa, subo las escaleras cuando un ascensor se ha cerrado y va hacia arriba y, otro apenas va en el piso 7.
Giro a la derecha encontrando una puerta grande con una placa en la que se puede leer «Sala de emergencia, Pediatría». Entro sin esperar permiso de nadie y ahí lo veo a él, sentado en una silla de una fila que se abre entre dos pasillos largos.
—¿Qué haces aquí? —me pregunta al verme acercándome a él.
—Fui a casa de tu madre, ella me dijo que estabas aquí con la bebé. Quería… ¿Qué ocurrió?
—No sé, me asusté cuando la cargué, estaba ardiendo en temperatura, lloraba mucho y lo primero que pensé fue en traerla aquí. Una doctora la está revisando. Tal vez esté enferma de algo a causa de que estuvo en la basura —sus últimas palabras las escucho casi apagadas. Sus ojos se llenan de lágrimas.
—Verás que estará mejor —no tengo idea de qué decir.
—¿Para qué fuiste a casa de mi madre?
—Quería hablar contigo —veo mis manos, sé que su mirada está atenta a mis movimientos.
—¿De qué?
—Ya sabes… de esto. Sólo quiero decirte que te amo y que por favor me perdones, tuve miedo de aceptar algo nuevo, tuve mucho miedo de que algo cambiara entre nosotros por esa bebé, tuve miedo de que esto no fuera como lo tenía planeado, no me di cuenta que yo lo cambié. Perdón.
—No tienes que pedir perdón, yo lo entendí, fue demasiado pronto la noticia, yo también me sentí dudoso al pensar que debíamos mantener a una personita, pero no podía dejarla ahí.
—Por eso te pido perdón, porque sin decirlo textualmente, preferí que la hubieras dejado, con la respuesta que te di, fue como un «¿por qué no la dejaste ahí? Nosotros no tenemos la responsabilidad». Me avergüenzo de eso.
—Tranquilo, sólo interesa el hecho de que estás… dispuesto a intentarlo ¿no?
—Sí, contigo. Regresa a casa a por favor.
—¿Markus Blake?
—Soy yo.
Ambos nos levantamos de las sillas para acercarnos al doctor, quien sostiene una tabla de diagnósticos en sus manos.
—¿Qué es lo que tiene Rachell?
¿Rachell?
—La bebé presenta un cuadro grave de anemia y… necesito hablar con la madre.
Markus voltea a verme con miedo en sus ojos.
—Doctora, nosotros la encontramos hace una semana, estaba abandonada en la calle, la hemos alimentado como se debe desde entonces —respondo seriamente.
—Entonces… ¿la han adoptado legalmente?
Nuevamente, Markus me mira sorprendido y aterrorizado.
—Por supuesto, lo haremos en cuanto salgamos de aquí —vuelvo a responder.
—Llamaré a trabajo social para que se encargue de este caso, será mejor que hablen con un abogado. Por lo mientras, la niña permanece bajo responsabilidad del hospital hasta que la adopción sea legal.
La doctora se retira y veo en el rostro del amor de mi vida, muchas lágrimas correr.
Sabía que esto no era tan fácil como el lo imaginaba y lo hacía ver.
Continúa…
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Que lindo es markus noble 😍🥺