
Fic de Xim_Alien. Temporada II
Capítulo XI
Ambos, disfrutando de un agradable sábado, disponemos del día para ver películas en el sofá. Bill yace acostado a lo largo del sofá, si cabeza está sobre mis piernas y en ocasiones ríe al escuchar las tonterías de Cid, en la Era de hielo, de la cual sólo pongo atención en algunas escenas esporádicas, ya que me distrae mi precioso Bill cuando acaricia su vientre. Lo he atrapado haciendo eso desde ayer que llegué del trabajo.
El teléfono que se encuentra junto al sofá empieza a sonar con mucha insistencia, sólo muevo el brazo para levantar la bocina y llevarla a mi oreja.
—¿Sí? Diga.
—Hola, Tom, soy Georg.
—Ah, hola. ¿A qué se debe tu llamada? —le pregunto esperando una noticia que amerite una llamada después de casi cuatro años.
—Disculpa que te moleste pero… es difícil porque…
—Sólo dímelo.
—Bien, ¿puedes… proporcionarme el número de… de algún abogado? —sus últimas palabras las escucho en un susurro. Entiendo el porqué no podía decirlo, recordaba al abogado que me había ayudado en el caso que enfrenté, aunque me comía por dentro la duda de saber ¿para qué quería Georg un abogado?
—Claro, permíteme un segundo.
Me muevo despacio para que Bill se levante y yo pueda levantarme e ir a mi habitación por la tarjeta de presentación de Erich. Ahora entiendo porqué Georg no podía hablar, era lógico, quería que le diera el número del abogado que me ayudó en mi caso, caso que gracias a él mismo tuve que experimentar.
—¿Georg?
—Dime —me responde aún con dificultad en su voz.
—El número es 089 89 30 16 38
—Muchas gracias, siento haberte molestado con esto.
—No hay problema, pero ¿todo bien? —pregunto volviendo a la sala, Bill permaneció en el sofá viendo la TV.
—Pues… Markus, encontró a una bebé y queremos adoptarla.
—¿En serio? Genial, pues les deseo suerte y espero que todo salga bien.
—Gracias, nos vemos luego.
Escucho un suspiro abatido del otros lado de la línea, dejo la bocina y hago que Bill tome su lugar en mis piernas como hace un momento.
—¿Georg? —me pregunta viendo la TV desde mis piernas—. Hace mucho no llama.
—Sí, quería el número de Erich.
—Tu abogado —su voz me hace gracia, el tono que usó fue el adecuado para denotar un poco su desconcierto.
—Sí, Markus encontró a una bebita y quieren adoptarla.
—Aww ¿en serio? —Bill se levanta de nuevo y queda sentado justo a mi lado, impresionado por la nueva noticia; muevo la cabeza de manera afirmativa—. Genial, espero que les otorguen la adopción. Entonces de eso habló Georg con tu jefe.
—Sí, al parecer es ese el problema.
Bill se mantiene sentado junto a mí, la película apenas va a la mitad y como me la sé de memoria, observo a Bill sin que se de cuenta, al menos no al momento; sus manos las deja inertes sobre sus piernas, sólo me doy cuenta que acerca su mano derecha a su vientre, al igual que hace unos momentos. Me mantengo fijo en su perfil, fijo la vista en sus movimientos, tratando de que mi ángulo visual no sea tan obvio y que se de cuenta que en realidad lo veo a él. Mientras su mano se mantiene en su vientre, sus gestos no son de desagrado, pero tampoco veo alguno de felicidad o de incredulidad si quiera, es mas, no veo ningún sentimiento mientras su mano sigue en el mismo lugar.
—Voy por algo a la cocina ¿quieres algo? —me pregunta a la vez que se levanta del sofá.
—Uvas y un poco de jugo —le respondo atento a sus movimientos.
Todo el día desde ayer ha estado con la ropa que usa para dormir, tampoco se trata de una pijama, sólo es un pantalón de tela lo bastante viejo para ese fin y una playera de igual forma, aún así, luce muy atractivo. No imagino como podré sobrevivir sin hacerlo como antes, mantendré en mi cabeza la idea de que debo soportar este tiempo, de lo contrario, puedo lastimado a él y a ese pequeño viene.
&
—Entonces te espero en el restaurante a las 9:30.
—Ahí me tendrá, mi señor.
—Bueno, tengo que irme. Te amo.
—Te amo.
Me despido de Jim después de que haya anudado mi corbata y de un beso en los labios. Salgo de casa con dirección al restaurante donde me contrataron de mesero, no es un trabajo perfecto pero necesitamos dinero. Nadie conoce los verdaderos gastos de una casa, agua, luz, gas y todos los demás servicios, hasta que tú mismo los pagas.
Hace unas horas, estábamos en el funeral de mi padre, un funeral que debí haber tenido en mente desde que recibí el paquete. Tom tenía razón, como siempre.
Pensé que Bill lo haría ir como en la boda de Georg, sin embargo, vi que eso no lo logró, aunque también lo agradezco. En cuanto llegué al cementerio donde se llevaría a cabo el entierro, muchos señores me vieron extraño, hasta mi propia madre, fui de la mano de Jim, sólo eso era el motivo de miradas descuidadas y continuaban mirándonos, haciéndonos sentir incómodos y pensando que nos humillan sin sentir ningún tipo de remordimiento o algo parecido. Nosotros luchábamos por hacer a un lado esas miradas.
—Alex, ¿qué haces aquí de esa manera? —me había apartado mamá de Jim para decirme eso únicamente—. ¿Quieres burlarte de tu padre en esta situación?
—¿No estás enterada del paquete que nos envió él a Tom y a mí?
—¿De qué paquete hablas?
—Ya veo. No me voy a ir, tampoco actuaré como un extraño hacía mi esposo, espero que al menos tú lo entiendas, porque toda esta gente son lo peor, pero que víboras y cucarachas juntas. Por eso no está aquí, Tom. Ahora lo entiendo.
—¿Dijiste esposo?
—¿Es lo único que escuchaste?
Mi madre no hizo más que mirar hacia algún lugar ajeno a mi mirada y a la caja que yacía detrás de nosotros.
—Sí, mi esposo —me doy la media vuelta para ir a dejar algunas flores a la tumba que apenas van a cubrir con la tierra—… no creo que me vuelvas a ver en tu vida —le digo viéndola a la distancia.
Jim se acerca a mí y yo dejo un ramo de rosas rojas sobre la caja en color plata. Vuelvo a tomar la mano de mi esposo y así, salimos de la fúnebre reunión familiar y de amigos.
Es duro darte cuenta que a pesar del tiempo y los problemas, tu propia familia aún sigue rechazándote, te rechaza a pesar de que saben que tu felicidad depende de con quién estás. Al parecer Tom conoce más a nuestros padres.
—Aquí tiene su comida. Crema de champiñones y para el señor…
—Yo no pedí esto.
—Oh, lo lamento, disculpe por favor. En un segundo traigo si plato.
—Que sea rápido, llevo aquí esperando mucho —regreso a la cocina sintiéndome idiota.
—¿Por qué devuelves el plato?
—Lo siento, señor, me equivoqué de mesa.
—Deja de estar en las nubes y ponte a trabajar.
—Sí, señor.
Tenía que poner atención a mi trabajo, al fin de cuentas, lo de mamá ya había pasado.
Debería escuchar un poco más a Tom.
Continúa…
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