I am here 25

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Fic de Xim_Alien. Temporada II

Capítulo XXV

—¿Tu nuevo amigo? —le pregunto cuando ha dejado el celular sobre el escritorio, junto a su laptop.

—Sí, me invitó a salir e iré… Cuando regresemos podrás disculparte.

—Me dijiste que tiene novia ¿no?

—Deja ya tus celos, no me van y a ti mucho menos.

—Sólo quiero entender porqué quieres salir con él, ¿Qué cosas te dijo? Tal vez te engañó diciendo que tiene novia para atacarte con la guardia baja.

—¿Qué? ¿En serio piensas eso?

—Lo conociste esta tarde y ya le diste tu número, preferiste pasar la tarde con un desconocido a buscarme y tratar de solucionar las cosas, preferiste dejar a un lado a Lorain e ir con un tipo que no conoces de nada. ¿Eso te parece lógico?

—Ya te expliqué cómo sucedieron las cosas, deja de gritar.

—No estoy gritando, me molesta que hayas hecho así las cosas.

—¿Sabes qué?

Lo veo dejar todo de lado e ir por su almohada que se encuentra junto a mí.

—¿Qué haces? —pregunto asustado de la respuesta.

—No creo poder dormir aquí si sigues pensando cosas que no van. Últimamente estás muy paranoico.

Cierra la puerta detrás de sí, dejándome sin nada por hacer ni qué decir.

&

No me gusta esto, es demasiado grande y no puedo con ello. Me atemoriza que esto se salga de nuestro control, él quiere ayudarme, lo sé, pero no hace más que hacerme sentir peor. Tyler no hizo más que escuchar, escuchar que estaba pasando por algo realmente doloroso y que no quería hablar de ello, él lo entendió a la perfección ¿por qué Tom no me entiende? No hizo más que gritarme y golpearlo a él.

Nunca habíamos peleado al grado de dormir distanciados, nunca me había sentido tan presionado. Después de que él estuvo lejos de mí por la orden judicial, pensé que ya nada podría separarnos, ahora tengo miedo, pienso que en cualquier momento esto pudiera desmoronarse, me siento como si nada pudiera valer la pena y rescatarlo. Es que… Sólo quiero que los recuerdos dejen de martillar mi cabeza y su voz, quiero que Tom empiece a dejar de lado la idea que con «hablar», todo se solucionará.

Nada tiene sentido.

&

Abro los ojos y me doy cuenta que el sol está entrando por las ventanas de la sala, me levanto rápidamente para dirigirme a la ducha e ir a la escuela.

Al salir de esta, 12 minutos después, entro a la habitación para vestirme lo las rápido posible. Salgo a la cocina y ahí está Tom, tratando de arreglar su corbata sin éxito, como siempre.

—Te hice algo para que comas allá.

—Gracias —tomo un pequeño respiro y acomodo su corbata sin que se lo haya esperado. Por último, dejo un pequeño beso sobre sus labios—. No me esperes a cenar.

—¿Estarás con él hasta la noche?

—Adiós.

Salgo del departamento rápidamente, no quisiera discutir como ayer por el mismo tema absurdo.

&

—Cielo, debes entender que Tom quiere que tú estés bien. Ayer estaba muy preocupado y por lo que me dices hoy, no te importa.

—No, lo que él quiere es que me olvide de todo y haga de cuenta que nada pasó, algo así no se olvida, Lorain.

—Es que no es eso, entiéndeme, él te ama y no quiere que sigas sufriendo.

—No quiero hablar más… Voy al baño.

Paso por el corredor de la cafetería para ir al baño, pasó por algunos corredores donde transitan varios alumnos. Veo las caras, veo que me miran, que susurran, recuerdo que todo mundo sabe lo que me pasó, me siento estremecer ante las miradas, mi cuerpo reacciona como si tuviera una gran coraza para protegerme del peligro, sin embargo, esta es imaginaria.

Entro al baño con la cara baja, sintiendo que todo el alumnado pude juzgarme y decirme cosas como las que estaban escritas en esa hoja de ayer. Quisiera saber quién fue tan hijo de puta. No es justo que me digan cosas así.

Frente a un mingitorio, comienzo a hacer mis necesidades, no hay nadie adentro, todos aprovechan al máximo la hora del almuerzo.

Mi celular comienza a sonar dentro de mis pantalones, después de terminar, respondo la llamada.

—Hola, Tyler.

—Hola, Bill. ¿Interrumpo tus clases?

—No para nada, dime.

—Sólo hablo para confirmar nuestra cita… Bueno, lo que planeamos ayer.

—Por supuesto, nada cambia, te veo donde quedamos a las 2:35.

—Sí, excelente. Bueno eso era todo, tengo que irme. Aprende mucho.

—Gracias, nos vemos.

Lavo mis manos y salgo del baño para ir al edificio donde corresponde a mis siguientes clases.

Durante mi recorrido, siguen dirigiéndose a mi las miles y molestas miradas juzgadoras, burlonas y las mismas que me repudian. Nunca me imaginé que todo esto pasaría en mi vida, en menos de tres minutos.

Entro al salón y todos guardan silencio, sólo Lorain, quien jala hacia sí, mi butaca para quedar lo más cerca a mí.

Toda la clase guarda silencio en cuanto alguien entra al salón, nadie continúa mirándome y ya no escucho los comentarios absurdos de Caroline, una chica que siempre habla sobre todos, menos de ella.

—Profesora, ¿me permite dar un aviso? —la maestra asiente y el chico que ha entrado, nos da la cara para empezar a hablar—. Hola chicos, como ya algunos conocen la nueva situación, mis compañeros de 8vo semestre y yo, estamos organizando una campaña para dar preservativos y pruebas de embarazo… Pueden solicitarlas en la entrada de este edificio, esperamos a chicas y… también para los chicos.

En su rostro, se dibujó una sonrisa de la cual tuve miedo, sus ojos se dirigieron directamente a mí sin ningún problema, no había visto una sonrisa tan maligna como esa, mis ojos debieron desviarse por unos segundos porque cuando la he levantado nuevamente, ya no había nadie frente al grupo, sólo pude oír una enorme carcajada afuera del salón, él, acompañado de otros chicos.

El salón, estalló en una risotada, tampoco pude soportarlo. Sólo bajo la mirada para que los demás no se enteren de lo tanto que me afectan sus burlas.

—¡Todos son unos idiotas! Vamos, cariño.

Lorain, como puede, logra sacarme del salón. Mis lágrimas caen directamente al suelo y mis pasos la siguen a ella.

—Creo que iré a hablar con nuestra coordinadora.

—¿Quieres que te acompañe?

—No, regresa a clase, estaré bien.

No me responde, pero tampoco me espero a obtener una respuesta contraria a lo que le pido. Mis pasos me llevan a la oficina de la maestra, pero no hay nadie. Busco a Roger pero tampoco sé exactamente en qué salón pueda encontrarse.

A mitad de patio, en medio de los árboles y del verde césped, mis pies se niegan a dar un sólo paso de más. Los alumnos que se encuentran deambulando, queriendo perder clase o tomando descanso en una hora libre, no son capaces de hacer que mi mente se pierda. Sigo recordando, siguen mirándome y sigue lastimándome.

—Es ese el chico.

—Fenómeno.

—No lo puedo creer.

—Que asco.

—Que horror.

—Es un castigo por tener esos gustos.

Cada comentario llegaba a mis oídos, retumbaban en mi cabeza y se hacían más dolorosos por cada segundo.

Mis pasos vuelven a dirigirme hacia alguna parte de la universidad, no estoy seguro de adónde, pero me dejo guiar mientras siguen llegando a mí frases de mal gusto y miradas que se vuelven obscenas.

Mis piernas, de repente adquieren una velocidad de la que no soy capaz de controlar, cruzo calles sin el mayor cuidado, paso por el medio de la gente sin darme cuenta que las golpeo sin querer. Soy algo, o alguien puede detenerme.

—¡Bill! Bill, espera.

Volteo la mirada a quien me ha detenido al tomarme del brazo con la fuerza suficiente como para frenarme en mi carrera.

—¿Estás bien? Pensé que nos veríamos en una hora.

—Ya no soporto más, ya no quiero regresar, todo mundo lo sabe y me miran como si fuera el peor experimento que se presenta en un circo de fenómenos.

—Bill, no eres un fenómeno, mucho menos un experimento. Primero tranquilízate y vamos, te invito un trago o lo que quieras para que me cuentes mejor.

Sus dedos limpian mis lágrimas de mi rostro y con su ayuda, me mantengo de pie para seguir a donde él quiera llevarme. Simplemente no tengo fuerzas para seguir yo solo.

Las calles se quedan atrás con cada paso que damos ambos, hasta que nos encontramos en un bar, un bar que por lo visto, acaba de abrir, pues no hay nada de gente y las mesas al rededor de la pista, apenas están siendo preparadas.

—¿Qué quieres para tomar?

—Lo que sea.

Ambos nos sentamos al frente de la barra. Un tipo alto y de ojos azules, sonríe a Tyler, tal vez ya lo conozca.

—Dos tragos de Vodka, por favor. Ahora sí, dime qué pasa.

—Tom también quiere que le diga lo que siento y pienso, pero yo ya no quiero recordarlo.

—Tal vez sea la mejor forma, desahógate.

—Aquí tienen.

Nuestros tragos están al frente, dudo en si tomarlo o no, pero veo a Tyler que lo bebe como agua.

&

Con el sexto trago, ni siquiera sé lo que ya he dicho.

—Ven.

Su mano toma mi brazo y vuelve a sonreír al chico que nos ha servido cuantos tragos le ha pedido Tyler. Nuevamente, sigo sus pasos con mi mano entre la suya, no sé dónde estamos, no sé qué hora es, no sé si Lorain o Tom me han llamado.

—Siéntate.

—Mi cabeza, siento que da mil vueltas y te escucho chistoso.

—Bill, escúchame bien. Ya no perteneces a Tom, él está enojado contigo porque no soportaste tener al bebé.

—¿Qué?

—Debes buscar a otra persona para rehacer tu vida, puedes enamorarte de otro chico que valga la pena.

—Tom no está enojado conmigo.

—Claro que sí, ya te fijaste si te llamó, son las 7:00 y no ha llamado. ¿Lo ves?

La pantalla me confunde, mis ojos la ven borrosa, pero sus palabras taladran en mi cabeza. Quiero decir que no es así, Tom me ama pero… Mi mirada enfoca la pantalla, 7:00 PM, el registro de llamadas está vacío.

—¿Por qué no me dejas…? ¿Puedo besarte?

—… Tienes novia.

—Mentí y lo siento, pero tenía miedo a que me rechazaras si te decía que me gustas.

Nuevamente vuelvo a sentirme mareado. Sólo entonces me soy consciente de sus besos en mi cuello, sus manos tratando de adentrarse en mis pantalones hasta tomar mi miembro.

La repentina estocada me dice que ya no tengo salida, pero tampoco es tan importante cuando recuerdo sus palabras.

Ya no le importo.

Sus movimientos dentro de mí, provocan los jadeos, los cuales salen de mi boca con más fuerza y volumen, aun si quisiera callarme, no podría, hace mucho que Tom no me toca, hace mucho tiempo que no hacemos el amor.

Mi orgasmo llega cuando siento dentro de mí cuerpo, aquel líquido tibio. Cuando él sale de mí, mi pecho se relaja y ya no me siento como antes, algo ha cambiado.

Sus manos aún acarician mi piel, cada parte de mi cuerpo, mientras que el aliento vuelve a nuestros pulmones.

—Bill… eres perfectamente… Adorable —sus labios dejan pequeñas huellas en mi cuello, labios y pecho.

—¿Puedes… llevarme a casa?

—Claro, te llevaré a mi casa.

—No, llévame con…

—¿Quieres regresar con él? Ya te dije que él ya no te quiere.

Entonces porqué siento que me llama con el alma.

Continúa…

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por Xim_Alien

Escritora del Fandom

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