
Fic de Xim_Alien. Temporada II
Capítulo XXVI
Las luces en la oscuridad pasan rápidamente a través del vidrio del auto, el viento que entra por la pequeña abertura de lado de Tyler, me refresca un poco y me hace sentir mejor que hace unas horas.
—¿Te sientes bien, Bill? —me pregunta apoyando su mano derecha sobre mi pierna.
—Me siento extraño, quiero ir al baño.
—Sí, pronto llegaremos a mi casa. Faltan algunas calles.
Trato de buscar mi celular en los bolsillos de mis pantalones, sé que es de noche, pero no sé con firmeza la hora. Tal vez Tom… Esté más tranquilo.
—Diablos.
—¿Qué pasa?
—No encuentro mi celular, debí olvidarlo allá.
—Aquí tienes.
Me sorprende su reacción al dármelo, lo tomo y lo enciendo, 9:30 de la noche. Lo desbloqueo y hay un mensaje de un número desconocido.
Por favor contesta, soy Lorain, Tom está conmigo, estamos muy preocupados. Por favor, devuelve la llamada, es celular de mi primo, nuestros números dejaron de entrar hace tres horas a tu celular. Por favor, llámanos.
Vuelvo la mirada, hacia el sujeto que ahora me lleva a no sé dónde, no sé qué ha hecho con mi celular. ¿Por qué o para qué desviar las llamadas de Tom y las de Lorain?
—¿Puedes parar en esa gasolinera?
—Ya falta poco para llegar.
—Es que… Mi estómago, me duele y…
Hago amago de querer vomitar, rápidamente se estaciona frente a la gasolinera y yo puedo entrar a los baño, que aunque son asquerosos me limito de mirarlos, sólo quiero devolver la llamada.
—¿Bueno, Bill, eres tú?
—Sí, necesito que me escuches y que te alejes de Tom.
—Ok, espera un segundo… Dime.
—Acabo de hacer algo estúpido.
—¿De qué hablas?
—¿Tom te ha contado de Tyler?
—Sí.
—Pues él me llevó a tomar en cuanto salí de la universidad, después…
—¿Qué pasó, Bill?
—… No puedo decírtelo así.
—Bill ¿por qué lloras? Dime qué está pasando, iremos por ti. ¿Dónde estás?
—¡Bill, tenemos que irnos!
—¿Es él? Bill, por favor di algo.
—¡Ya voy!… Mañana iré al centro comercial, te veré allá a la 1:00. Ve tú sola. Dile a Tom que estoy bien.
Finalizo la llamada a pesar de escuchar los gritos desesperados de mi amiga. Pero ahora lo entiendo todo y cada vez entiendo menos. Tyler borró el historial de llamadas, bloqueó los números o los desvió. Cualquiera de esas dos opciones, da un mismo resultado, no quiere que me comunique con ellos. Y lo peor de todo… acabo de engañar a Tom.
Salgo del baño encontrando a Tyler en la tienda, comprando varias cosas, comida entre ellas.
No podía decirle nada a Lorain y menos por teléfono, tenía que hablar con ella cara a cara. Sólo que no sé qué haré ahora. Tyler no me dejará así como si nada, si ya desvió las llamadas, qué más podrá hacer.
El poco camino en el auto, se tornó silencioso y un poco incómodo a mi parecer. No lograba entender mi posición dentro de todo esto. Comenzaba a sentir repulsión de mí mismo.
—Bienvenido. No es muy grande pero, sólo para mí es perfecto.
Un departamento sencillo, con los muebles básicos y una decoración bastante básica.
—Puedes acomodarte. ¿Tienes hambre? Puedo preparar lo que sea.
—En realidad, sólo quiero descansar, mañana tengo que regresar y hablar con Tom, aún sigo mareado. Creo que tomé demasiado.
—No lo creo.
—¿Perdón?
—No creo que sea buena idea que regreses. Él ya no te quiere, no lo busques, puedes quedarte y juntos podemos formar una familia.
—Como te lo dije, estoy mareado y cansado. Quisiera descansar.
Retrocedo al ver que sus pasos se dirigen a mí, su tono de voz me asusta y me hace sentir muy extraño, como si estuviera completamente demente y planeando esto paso a paso.
—La habitación está…
—Descuida, dormiré aquí. Buenas noches.
Me acuesto sobre el único sofá dentro de la estancia, Me mantengo dándole la espalda para evitar que me siga hablando. Me siento victorioso al escuchar la puerta de alguna habitación cerrarse.
Sólo espero un momento más, hasta que mi interior se destruye por completo. Ya no aguantaba más, mi garganta estaba asfixiándome y todo estaba matándome. No podía creer lo que había hecho.
«Será mejor actuar desde ahora»
Me levanto del sofá para buscar mi celular en el bolsillo de mis pantalones, avanzo hasta la puerta principal pero tiene seguro. Regreso un paso y sobre una mesa junto a la entrada, hay una pequeña llave, con ella abro la puerta. Salgo del departamento a toda prisa, mi cabeza da muchas vueltas por efecto del alcohol, ya duró mucho el efecto. Aún así, trato de controlarlo y salgo a la calle, una calle oscura que no me ayuda en nada.
Busco rápidamente el número del mensaje que envió Lorain, camino hasta una esquina de la calle y como una señal de un ángel, veo una placa con el nombre de la calle.
—¿Bill, estás bien? —no era ella, es él, su voz se escucha tan perdida, sé que está llorando. Mi interior se rompe en millones de pedazos más—. Mi amor, dime dónde estás, iré por ti y lo solucionaremos. Por favor, dime.
Con un susurro, con la garganta aniquilada y un remordimiento creciendo con cada palabra, mencionó la calle.
—No te muevas de ahí, voy para allá.
Los tonos de una llamada cancelada se quedan retumbando en mi cabeza, diciéndome que no falta mucho para implorar perdón. Sé que le he fallado.
Mi espalda, contra la pared contraria de la calle donde Tyler vive, resbala hasta quedarme sentado en el suelo, mis lágrimas caen por mis mejillas y mis pensamientos, no dejan de presentarse ante mi vista como queriendo juzgar mis actos. No merecía menos.
&
Las oscuras calles no ayudaban mucho, la noche estaba encima de mí y no me permitía buscarlo con facilidad.
—Vamos, Bill.
Mis súplicas por encontrarlo sano y salvo salían de mis labios al por mayor. No me importaba nada más, sólo quería encontrarlo con bien.
Freno de repente cuando a mitad de calle veo su figura, las luces del auto lo iluminan y me sorprende de sobre manera.
—Joder.
Bajo del auto y tomo su rostro para cerciorarme de que esté bien, lo único que puedo ver son lágrimas de miedo y arrepentimiento bajar por sus mejillas.
—Diablos, casi te atropello. ¿Qué haces a mitad de calle? —le digo mientras mis manos frotan su cabello y sus mejillas para darle calor, ha estado aquí afuera y la fría noche le ha dejado frío.
—Escuché… el motor.
—¿Qué pasa eh?
Acerco mis labios a los suyos, pero antes de tocarlos, se voltea para rechazarlos. No entiendo, pero me da miedo.
—Tenemos que hablar.
Su voz se descompone más si se puede, mis manos aún sostienen su rostro pero su mirada, hace lo que sea por no mirarme.
—Vamos al auto.
Lo llevo al auto del brazo, pues noto que ligeramente da pasos en falso. Lo ayudo a entrar en el lugar del copiloto y yo me apresuro a entrar frente al volante.
—Te escucho.
—Estaciona el auto en esa calle.
Hago exactamente lo que él me pide y me estaciono al girar en la próxima esquina.
—Bueno, en la escuela…
Trato de mantener total atención en sus palabras aunque en ocasiones esa atención se ve perturbada por las lágrimas y el tono en su voz, la cual se pierde con algunas palabras.
—Él me quitó el celular en algún momento, no me di cuenta… Sólo me mostró el registro de llamadas vacía… Él dijo que no te importaba. Tomé demasiado y él…
—Bill…
Ninguno de los dos podía hablar, él comprendía que yo estaba imaginando el camino de la conversación, mi pecho se estaba apretando y los nudillos se tornaban blancos en mis puños.
—No pensé en lo que estaba haciendo, no… Por favor perdóname. No entiendo como pudo… manipularme tan fácil… Soy un idiota.
—Sí, eres un gran idiota.
Arranco el auto dirigiéndome a, tal vez, nuestro departamento. En el camino llamo a Lorain, diciéndole que nos veríamos allá, pues ya no hacía falta que ocupara otro celular para contactar a Bill. Durante el recorrido, ni mi voz, ni mirada, se dirigien a él por ningún motivo.
Al llegar, sólo estaciono el auto y entro al edificio sin esperarlo. El peor día de mi vida y el peor momento, no sabía si quedarme para solucionar todo esto o… simplemente dar media vuelta y decir «adiós».
Entro al departamento encontrando a Lorain dando vueltas en un espacio mínimo de la sala.
—¿Y Bill?
—No lo sé, sinceramente… Dudo que esto mejore.
&
Entro al departamento en el momento justo de sus últimas palabras, palabras que duelen en mi interior, palabras que desearía fueran una bofetada.
—¿Qué pasó, Bill? Dime por favor.
Ella está tan afectada como cualquiera de los dos. No pensé en el daño que estaba haciendo, tal vez no lo podía comparar con lo afectado que estaba yo mismo, pero, ahora más que nunca, no podía negar que los que están a mi alrededor, también la están pasando mal.
—Me equivoqué, de la peor manera, no merezco el perdón de Tom.
—Me asustas, explícate.
—Lo engañé, con alguien a quien no conozco, me dijo cosas que creí al instante… Soy una mierda.
Sus ojos me lo decían todo, estaba tan decepcionada de mí, como incrédula de mis palabras.
—Tú no eres así Bill… No pudiste hacer algo así, no a Tom.
—Pues lo hice. Y si ya no quieres hablarme, lo entenderé.
—¡No! No llevan meses juntos, llevan años, y… No permitiré que se termine por algo así. Hoy dormirás aquí, mañana hablaras con Tom, cuando ambas mentes estén frías. Por lo mientras descansa y ve pensando en un plan para que demuestres tu arrepentimiento y tu amor —camina hacia la otra habitación y yo me quedo sin hacer nada.
—Lorain —hago que vuelva su mirada a mí—. Gracias por estar aquí.
—Evito que la sigas cagando. De nada.
Al día siguiente despierto cuando escucho una puerta cerrarse, tengo los ojos hinchados y m levanto del sofá sintiendo que la habitación gira miles de veces, con esos giros, va mi cabeza, retumbando como un tambor, pero en vez de sonidos, va el dolor.
Doy pequeños pasos hasta llegar a la habitación de Tom, la cual se acababa de cerrar en cuanto desperté. Tocó dos veces a la puerta.
—¿Qué quieres? —me pregunta desde adentro.
—Hablar contigo.
—Yo no —me responde nuevamente desde adentro de la habitación—. Iré con Alex —sale de esta pero, pasa de mí como si no fuera alguien—… Puedes quedarte o irte si quieres. Me da igual.
Sus palabras son tan hirientes, que me rompen desde adentro, es un dolor que me impide seguir respirando, hay una presión en mi pecho tan grande, que me duele cada vez que mi corazón da un latido.
Lo veo irse, cerrar la puerta detrás de él y dejándome aquí sólo, sin nadie que me pueda decir un «deja que se le pase, todo marchará bien después de que se le pase el enojo».
Pero era obvio que nadie iba a decirme algo así, sólo sé que Lorain puede tener razón como siempre, así que ahora que se ha ido, puedo hacer algo para que cuando regrese, sepa que sólo fue un estúpido error.
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—Hermano, no creo que lo hiciera como tú piensas. Sé que con lo que pasó pueda estar distante, pero de eso a engañarte por buscar placer en otro… No me suena a él.
—No lo sé, lo único que sé es que me traicionó, él… No es cualquier cosa.
—Por esa misma razón dale una oportunidad de explicarte todo.
—¿Crees que deba hacerlo?
—Tom, han pasado por muchas cosas, la más fuerte, tu arresto. Además, darías tu vida por él ¿no? —respondo un sí moviendo la cabeza—. Pues entonces no le dejes vía libre a ese idiota, da todo por Bill.
No necesitaba más palabras de aliento, había dicho algo que me llenó por completo. No le iba a dejar el camino libre. Bill es mío, Lily y Robert me lo dieron y no lo dejaría. Aunque tampoco sería tan fácil.
Me levanto del sofá y me despido de Alex. Salgo de su casa y, en mi auto, recuerdo el camino de ayer.
Al llegar a la misma calle, aguardo sólo un segundo dentro de mí coche para pensar que es la mejor decisión que puedo tomar. De repente, en un segundo lo puedo ver saliendo y caminando hacia mí. Me bajo del auto y atajo sus pasos.
—Espera, Bill, un idiota está frente a mí.
Sólo necesitaba un incentivo, para actuar. Un movimiento rápido, un solo segundo bastó para que el resultado fuera verlo en el suelo. El celular botó algunos metros lejos de su dueño, lo tomo y lo acerco a mi oído. Finjo una voz diferente para hacerle saber que soy él.
—Por favor, no me busques, no quiero volver a verte. Amo a mi novio, quiero estar con él solamente, quiero que todo se arregle y estemos como antes. Perdón si te hice pensar que podría pasar algo más pero no. En serio, no vuelvas a buscarme.
Espero a que él finalice la llamada para regresar a ese infeliz.
—No te mato porque no desperdiciaré mi tiempo, sólo vine a dejarte claro que él es mío, apártate.
—No sabes qué tanto gimió conmigo.
Nuevamente, mi puño se impacta en su rostro, abriendo una herida enorme de la cual empieza a brotar mucha sangre.
—No importa que me mates, es un niño increíble en la cama, lo disfruté al máximo.
Ahora no sólo es mi puño, sino también mi zapato impactado en sus…
—Así, ya no podrás acostarte con nadie —me burló frente a un cuerpo inconsciente.
Ahora, lo único que falta, es llegar al departamento y con la noche estrellada, volver a comenzar. Tal vez fue una traición, pero lo más importante, es que estaré aquí, para crear más momentos buenos, juntos.
Continúa…
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